20 feb. 2014

VENEZUELA O LA DEMOCRACIA CUANDO ME CONVIENE*

Por José Luis Ramos Salinas

Para hablar de Venezuela hay que hablar de Cuba y no porque la isla haya sido la inspiración de Hugo Chávez, cosa que dudo pese a todas las simpatías que pudo sentir por Fidel Castro, sino porque la patria de Martí es la pesadilla de Estados Unidos. ¿Cómo un país tan pequeño, con una economía relativamente precaria, y un ejército que carece de armamento potente puede ser una piedra en el zapato para la economía más grande del mundo que posee unas fuerzas armadas que tienen un presupuesto igual al de todos los ejércitos del planeta juntos? Muy sencillo, porque Cuba es la prueba de que existen alternativas al capitalismo, porque es la evidencia que arruina el pensamiento único del que nos habló Ramonet y según el cual, no es posible concebir nada fuera de la economía de mercado.
Pero Cuba no solo es una isla ideológica, sino que también lo es geográficamente, y eso implica una situación muy difícil en la obtención de los recursos naturales que le permita seguir creciendo económicamente; sobre todo el petróleo. Antes de la década del 90 se lo proveía la Unión Soviética, pero tras su desaparición la crisis energética cubana llegó al límite y solo se vio concluida cuando el gobierno de Hugo Chávez decidió intercambiar el oro negro por el trabajo de médicos, profesores y otros profesionales cubanos en las zonas más deprimidas del territorio venezolano. Cuba estuvo de nuevo a salvo
Por eso era y es imperativo que el chavismo caiga, para dejar a Cuba sin apoyo con la esperanza que la crisis avive las contradicciones internas y el gobierno socialista sucumba permitiendo que el planeta sea todo a imagen y semejanza de Estados Unidos. Claro que está China, Vietnam, Korea del Norte, Irán y otros cuantos, pero ninguno de ellos goza del prestigio de Cuba.
En ese intento Estados Unidos ha hecho mucho, financiar y apoyar con inteligencia a los grupos opositores, y hasta llevar a cabo un golpe de Estado contra Hugo Chávez que luego de tener breve éxito terminó en un real y aparatoso fracaso. Tal vez nadie en el mundo podía ufanarse como Chávez de haber ganado tantas elecciones sin que ninguna haya podido ser cuestionada por la comunidad internacional; algunas veces los resultados fueron rotundamente favorables y en otras más bien ajustados, pero la mayoría del pueblo venezolano decidió apoyarlo una y otra vez.  Su muerte, fue la oportunidad para desaparecer su legado, pero pese a todos sus errores Maduro logró ganar las elecciones, las mismas que fueron avaladas por la comunidad internacional.
En esta nueva coyuntura va a generarse una grave crisis económica que va a tener como correlato la escasez de varios productos de primera necesidad lo que provoca gran malestar en parte de la población; lo que va a ser aprovechado por la derecha radical venezolana para intentar llevar las contradicciones al máximo con el fin no de terminar con la crisis económica sino de derrocar al presidente constitucionalmente electo. El plan es provocar lo más posible al gobierno y sus aliados para que respondan con violencia y esto anime a una sublevación general. Es un plan arriesgado y en buena medida implica usar a la gente como carne de cañón; esa es la razón por la que hasta el mayor opositor a Maduro, Henrique Capriles se opuso a los llamados de tomar las calles por parte del ahora detenido Leopoldo López.
El costo de este plan 5 personas asesinadas, la mayoría de las cuales cayeron a manos de grupos cercanos al lumpen que simpatizan con el chavismo y que poseen armas de fuego. Estos grupos nunca gozaron del total favor de Chávez, pero tampoco se tomó muy en serio desarmarlos. Maduro empezó bien acusándolos de contra revolucionarios si usaban sus armas, pero la actitud actual de la máxima dirigencia chavista parece que es la de recurrir a ellos para terminar con las protestas callejeras. Si esto ocurre, al menos en parte, el plan de Leopoldo López habrá tenido éxito por el desprestigio internacional en que caerá la denominada revolución bolivariana.
Sin embargo, no podemos dejar de indicar que otra vez el poder de Estados Unidos se hace evidente en el tratamiento de la información que hacen las principales cadenas de noticias, en que se presenta al gobierno venezolano masacrando a su pueblo. No hay duda, que una sola vida perdida es suficiente para condenar a los culpables; pero es cierto también que con Venezuela se aplica una desproporción francamente escandalosa y que resulta lamentable que la mayoría de gente no la perciba.
Solo un día de protestas en Ucrania ha provocado 25 muertos, 5 veces más que en Venezuela pero nadie le da mayor importancia. Pero eso no es nada comparado con las más de mil personas asesinadas en un solo día de agosto del año pasado por el gobierno de facto egipcio en el desalojo de los musulmanes que ocuparon pacíficamente varias plazas de El Cairo. ¿En ese momento Estados Unidos se puso al frente de la defensa de los inocentes que perdieron la vida? O es que para el imperio no todas las vidas valen lo mismo. Todo parece indicar que es así.

Venezuela vive una hora triste y difícil, pero si en verdad nos sentimos demócratas debemos criticar duramente la censura de Internet que ha hecho el gobierno venezolano, así como que no desarme a los grupos marginales que lo apoyan y por supuesto condenar el asesinato de 5 personas y pedir sanción para los culpables; pero al mismo tiempo, respaldar los intentos de diálogo de Maduro que son boicoteados por la extrema derecha y rechazar todo intento de rompimiento del orden constitucional. Y si no dijimos nada cuando pasó lo de Egipto, lo de Ucrania y aquí, en Bagua, mejor sigamos sin decirlo.

*Leído en Radio Yaraví el 20 de febrero de 2014

19 feb. 2014

MARIO SOTILLO*

Por José Luis Ramos Salinas

Una vez le preguntaron a Juan Mejía Baca, si creía que a Borges se le recordaría, precisamente, porque nunca le dieron el Premio Nobel, a lo que el viejo librero, con la agudeza que lo caracterizaba, contestó que en un futuro, la gente sabría de la existencia de ese tal premio porque, en efecto, nunca se lo dieron a Borges.
Y es que hay gente a la que honrarla, honra. Ese es el caso de Mario Sotillo Humire, brillante docente de la Universidad Nacional de San Agustín que lamentablemente falleciera hace 8 días, en medio del silencio institucional de su alma máter, que una vez más no muestra suficiente gratitud paraquienes más aportaron a su engrandecimiento.
Mario Sotillo llegó a ser Rector de la UNSA, y fue uno de los fundadores de lo que es hoy en día la Escuela Profesional de Sociología, que hace solo unos meses cumplía 50 años de historia. Pero no son los cargos, lo más valioso en la trayectoria de uno de los últimos representantes de la intelectualidad erudita con la que contó nuestra ciudad. Mario Sotillo no fue sociólogo, pero sin duda su conocimiento en dicha área del saber era mucho más amplio que el de los que ostentaban el título; feroz autodidacta no dejaba escapar ningún aspecto relevante del saber humano y podía polemizar y conferenciar con rigor y soltura desde la filosofía clásica hasta la astronomía.
En aquella época, esta valía no le fue reconocida, y tuvo que dejar la Escuela de Sociología por presión de un grupo de estudiantes que se valieron de la excusa que no tenía la profesión respectiva para ejercer la
cátedra, los motivos eran otros, y más que políticos se basaban en la ceguera académica de quienes creían que un cartón valía más que el conocimiento enciclopédico que Sotillo tenía. A la distancia, esta ceguera
tiene forma de estupidez en momentos que la Unión Europea se prepara para legislar lo conveniente para que los saberes obtenidos por cuenta propia sean reconocidos oficialmente como parte del currículum vitae de cada quien. Sotillo nunca perdonó la afrenta, pero en mi condición de actual director de la Escuela de Sociología, reconozco tardíamente, nuestras culpas institucionales y pido las disculpas pertinentes.
Y dicho esto es el momento de indicar que Mario Sotillo jamás se doctoró, y que rechazó con humor y contundencia esa posibilidad cada vez que se la sugirieron. Él entedía bien que no eran los grados académicos los que convierten a uno en intelectual, sino la sabiduría que uno pueda alcanzar. Y Sotillo, lo saben bien quienes tuvieron la suerte de ser sus alumnos, era un erudito, un intelectual de esa estirpe ya casi extinta, con el que conversar equivalía a leer varios libros de diversa temática.
Sus tertulias son memorables y junto a José Zuzunaga, Max Neira, Héctor Ballón Lozada y otros, era capaz de convertir un departir entre amigos en una bohemia intelectual a la que si alguno tenía la suerte de estar invitado, convenía tomar notas y si no preguntar, callar y escuchar. Estas reuniones que podían extenderse por horas, en las que el humor se mezclaba con el conocimiento y la crítica, fueron parte importante de la vida de Mario Sotillo.
Cuentan los rumores, que hasta hace poco, cuando ya estaba muy delicado de salud, encontraba la manera de escapar de casa para reunirse con los amigos de siempre y demostrar que si el cuerpo ya no ayudaba, su mente seguía teniendo mucho que aportar. No sé si estas historias sean verdaderas, pero para el caso no importa; al fin y al cabo evidencian que Mario Sotillo no solo hizo historia, sino que también se ha convertido en leyenda.
Quien esto escribe, conoció a Mario Sotillo con ocasión de lo que llaman un momento astronómico especial, sobre el que era necesario entrevistar a alguien que dominara el tema. En esos años trabajaba de periodista y acudí a quien me indicaron como fuente. Ya había terminado de estudiar sociología, pero no sabía que tenía frente a mí, al fundador de dicha especialidad en la UNSA. Yo creía que era astrónomo y lo era.
Por eso, seguramente, quienes fueron sus estudiantes, y muchos de quienes no tuvimos esa fortuna, cuando pase un cometa u ocurra una lluvia deestrellas, abriremos bien los ojos, y veremos a don Mario Sotillo montado sobre algún cuerpo celeste, iluminando con su sabiduría, el firmamento.

*Texto leído en Radio Yaraví el 13 de febrero de 2014

7 feb. 2014

SOBRE EL FALLO DE LA HAYA*

Por José Luis Ramos Salinas

Ya han pasado suficientes días desde que el Tribunal Internacional de la Haya hizo público su fallo sobre el diferendo limítrofe entre Perú y Chile, para que podamos hacer un balance menos apasionado sobre el mismo, así como sobre las reacciones que provocó aquí y al otro lado de la frontera.
En primer lugar el Tribunal Internacional consideró que la frontera marítima con Chile empezaba no donde sostenía el Perú, sino varios kilómetros dentro de nuestro territorio, creándose eso que se llama costa seca, es decir, un área que le pertenece a un país pero cuyo mar le pertenece a otro. Lamentablemente, esto parece que dará origen a otra controversia sobre lo que se ha bautizado como el triángulo terrestre. El Tribunal de la Haya debió ser más contundente al afirmar que solo estaba fijando la frontera marítima y que la terrestre se mantenía tal cual, para que Chile no intente lo que parece va a intentar, correr la frontera terrestre al hito marino.
En segundo lugar el Tribunal de la Haya consideró que la línea equidistante debía establecerse a partir de 80 millas mar adentro y no a partir de la costa como pedía el Perú, lo que implica en la práctica que la zona de mayor pesca sigue en manos del país del sur.
Si esto es así, ¿cómo se entiende que el gobierno haya proclamado como un triunfo el fallo? La razón es que aún cuando la línea equidistante se fija 80 millas mar adentro, el Perú recupera una extensa área marítima, aunque esta no signifique gran riqueza ictiológica ni posibilidades de explotación del zócalo. Por ello es que el gobierno chileno ha sido muy claro al afirmar que discrepa profundamente del fallo. Algo que también debió hacer el Perú. Pues si nos declaramos conformes quedamos como unos avivatos internacionales, pidiendo mucho esperando obtener algo, cuando se supone que lo que demandábamos era un asunto de justicia. Cuando se hace justicia a medias, o a un 70%, no es un triunfo, es una derrota de 30%.
¿Eso significa que no debemos acatar el fallo? De ninguna manera, recordemos que fue el Perú el que recurrió al Tribunal y que fue Chile quien fue a regañadientes. No hay discusión allí, el fallo es inapelable y Chile también se ha pronunciado en ese sentido.
Pero querer convertir esto en una fiesta, no solo es ridículo sino insultante para una población que ha sido educada con la máxima de que el territorio nacional es sagrado. Pese a esto el mensaje oficial del presidente Ollanta fue casi aceptable, salvo hacerlo con una imagen de Cáceres detrás suyo, pero salir luego en compañía de su esposa a dar un discurso populachero, fue tan nefasto, como que Alan García se haya adelantado a dar opinión antes de conocerse la posición oficial del gobierno sobre el fallo.
Las voces de quienes esperaban que La Haya nos devolviera Arica también se hicieron escuchar en plazas y algunos medios de comunicación, pero no tuvieron ningún eco. Hasta el diario fujimorista La Razón que no tuvo mejor idea que publicar fascículos sobre la Guerra del Pacífico días antes del fallo, se declaró contento con la nueva frontera y la misma Keiko opinó que ninguno de los dos países había perdido. Con esto queda claro, que quienes querían resucitar odios pasados, han fracasado; lo que no significa que en el proceso de implementación del fallo pudieran intentar otra vez sacar cabeza.
Pero la verdad es que quienes resultaron afectados fueron los pescadores artesanales de Arica, cuya zona de faena ha sido recortada, lo que significa en la práctica una reducción en sus ingresos que el gobierno chileno debiera atender con urgencia, para evitar que el asunto genere sentimientos antiperuanos, si es verdad que queremos la integración. Seguramente también la familia Angelini que controla la pesca en el norte de Chile tampoco ha quedado contenta y estará pensando cómo obtener permisos de pesca en el mar peruano, algo que no es imposible si nos atenemos a nuestra historia.
El gobierno peruano por su parte ha anunciado un plan de desarrollo para la zona de frontera que incluye un nuevo hospital en Tacna. La pregunta es: ¿se necesitaba el fallo de la Haya para construirlo? ¿Era necesario este fallo para apoyar el desarrollo del sur del país? Otra vez, estas medidas, demuestran la falta de perspectiva histórica de un gobierno que solo unos minutos después del fallo perdió la compostura, y eso, ante los ojos de la prensa internacional.

En conclusión, no vencimos en nuestro diferendo marítimo, pero logramos recuperar gran parte del mar que considerábamos nuestro y que estaba bajo control chileno. Solo que no sabemos si cuando el grupo Brescia entre a la zona con sus barcos, estará pensando en Grau, en Cáceres, o en cuánto ascenderá en el ranking de la revista Forbes de los más ricos del mundo.

*Texto leído por Radio Yaraví el 6 de febrero de 2014