29 mar. 2016

Un callejón sin salida llamado JNE*

                                  Por José Luis Ramos Salinas 

El Congreso que se va nunca ha destacado en nada, en estos cinco años jamás ha dado una muestra de lucidez que le genere admiración. Por el contrario, su mediocridad era matizada de cuando en cuando con algún escándalo de corrupción y la consecuente componenda. Como los anteriores, desde que el fujimorismo descompuso la clase política, este parlamento merece el olvido pero no el perdón.
Una de las cosas que debieron hacer y que se les exigió desde que los actuales congresistas asumieron sus cargos, fue la reforma electoral. Con una democracia caracterizada por su debilidad y con un sistema político formado por partidos que en la mayoría de los casos eran meros membretes, o tenían dueño cual si fueran un equipo de fútbol, o estaban marcados por un caudillismo decimonónico; se hacía imprescindible impulsar desde la legislación un fortalecimiento institucional de los partidos políticos, y el establecimiento de reglas que impidieran trampas tan burdas a la democracia como el transfuguismo. No sin olvidar, los necesarios filtros para evitar que mafias delictivas obtuvieran representación política a través de la compra de lugares en las listas de candidatos. El narcotráfico y la minería informal ya habían mostrando demasiados avances en la captura del Estado para seguir ignorando este hecho.
Pero los congresistas, si algo tenían claro, es que el poder del que ahora gozaban se debía al caos que tenían la obligación de terminar. Prefirieron sus intereses personales y eludieron la tarea de la reforma electoral. Pero algo tenían que hacer para no quedar tan mal, y no importó que las elecciones presidenciales ya estuvieran a la vuelta de la esquina, y aprobaron un salpicón de artículos que dejó intacta la esencia del problema que debían resolver, y que más allá del débil efectismo, solo sirvió para generar el callejón sin salida en el que estamos respecto a la legitimidad de las elecciones.
Con estas nuevas reglas de juego, absolutamente incoherentes, el JNE  asume el proceso electoral, sin siquiera tener claro el panorama, debiendo enviar consultas al Congreso tan surrealistas como: ¿el artículo tal aplica a este proceso o al siguiente?
Es esta pseudo reforma electoral, y los reglamentos que se hicieron en base a ella, la que generó puntas de flecha envenenadas con las que se podía sacar de carrera a planchas presidenciales enteras. Y esto dependiendo, solo de la voluntad y la vehemencia con la que ese día despertaran los miembros del JNE, que provienen de un proceso de selección que en estas elecciones se ha hecho evidente como totalmente obsoleto y antidemocrático.
El JNE decidió en un inicio jugar al peloteo con el Jurado Electoral Especial de Lima para el caso de Julio Guzmán, y luego poniendo el énfasis en requisitos establecidos en leyes cuestionables, y obviando lo que la Constitución y los Convenios Internacionales establecen para preservar la democracia, lo sacó de carrera; y no al momento de la partida, sino cuando las encuestas lo consideraban el próximo presidente del país. Lo que el JNE dijo, es  que no interesa que haya millones de ciudadanos que quieran que sea presidente Guzmán, porque lo que realmente importa es si el trámite de elección interna de los candidatos se hizo como está establecido en el reglamento respectivo. “La ley es la ley”, y para que no quede duda de su dogmatismo legal, también eliminaron de la contienda a Acuña por entregar regalos en actos proselitistas.
Pero luego vino lo de Keiko y se acabó eso de que había que cumplir la regla a rajatabla, y lo que ya era una intuición generalizada se hizo palpable: estas elecciones carecen de legitimidad y hay suficientes elementos de juicio para calificarlas de fraudulentas. La irregular alianza Apra-PPC, y el cervecero PPK, solo son pruebas adicionales, al escándalo de modificar una ley al momento de sustentar un fallo. Malabarismo legal de los miembros del Jurado Electoral Especial de Lima, que debiera valerles ser sometidos a juicio.
Y así se configura un callejón sin salida. Pues si se anula el proceso electoral y todo vuelve a fojas cero, los partidos de menores recursos económicos se verán en desventaja, pues sus pocos fondos ya habrán sido gastados y no tendrán para solventar una segunda campaña; algo en que no tendrán problema precisamente quienes han sido beneficiados por la poca imparcialidad de las autoridades electorales. Y si el proceso continúa tal cual, la legitimidad de quien gane estará afectada desde el inicio, por el hecho de que a unos se les aplica la ley y a otros no.
La única luz, aunque tenue, sería que se saque de carrera a los que cometieron las mismas infracciones que Guzmán y Acuña ; así estas elecciones habrán sido poco democráticas, pero al menos no fraudulentas. El JNE tiene la palabra, la ciudadanía, también.

*Publicado en el diario Noticias del  28 de marzo de 2016

27 mar. 2016

El regreso de los fraudes vivientes

                                  Por José Luis Ramos Salinas 

Cuando Alberto Fujimori escapó del país y Vladimiro Montesinos fue capturado, se inició un proceso judicial en el que el asesor reveló como él y el dictador hicieron mil y una fechorías violando la ley y en muchas ocasiones aprovechando vacíos legales o interpretando a su antojo la normatividad legal. El ejemplo más emblemático y repudiable de esto último es la recordada “interpretación auténtica”, que le permitía al sátrapa volverse a postular a la presidencia en el año 2000.
Para que todo esto no terminara con una convulsión social, era necesario añadir a la receta, la complicidad de los medios de comunicación y una dosis muy estudiada de cortinas de humo.
Así, para la ilegal postulación del séptimo presidente más corrupto del mundo, se acordó inscribir su candidatura un 28 de diciembre, a fin de obligar a que la oposición presente las tachas y recursos de nulidad en una época en que la población está distraída. El JNE publicó su resolución desestimando todas las pruebas y razones jurídicas aportadas, un 31 de diciembre, para que pase desapercibida por las fiestas de año nuevo. Los medios de comunicación hablando de lo que sea menos del evidente fraude, hicieron el resto.
Con su postulación habilitada con una resolución que los miembros del JNE firmaron unánimemente, pese a que la misma no fue redactada por ellos, sino por un ministro y un congresista fujimorista en el SIN, empezó la campaña que se caracterizó por la destrucción de los adversarios a través de los medios vendidos a la dictadura, con especial protagonismo de los diarios chicha, que portada tras portada, difamaban a su antojo sobre la vida pública y privada de los candidatos. Es decir, que el fraude no se detuvo en el “legal” bloqueo del referéndum, ni en la ilegal resolución del JNE, sino que se prolongó en la campaña, e incluso al conteo de votos, creciendo Fujimori en cada flash, que eran intercalados con programas cómicos por una televisión que por dinero fue capaz de convertirse en mero cuchitril mediático.
Fue la población saliendo por miles en todas las regiones del país las que pararon el fraude, obligando a una segunda vuelta, que fue aún más fraudulenta, y a una compra y venta de congresistas tránsfugas que dejaba en evidencia que al fujimorismo se le caía lo último que le quedaba de su careta. El golpe de gracia vino con el primer vladivideo, la dictadura de desplomó, pero no fue debidamente enterrada.
Parece que la historia nos está queriendo decir algo, haríamos bien en escucharla.

*Publicado en el diario Exitosa del 26 de marzo de 2016


24 mar. 2016

El fraude y la pedagogía política*

                             Por José Luis Ramos Salinas 

 

Lo que está en juego en estas elecciones es mucho más que el sillón presidencial. Las controversiales, por decir lo menos, decisiones del Jurado Nacional de Elecciones, y la escandalosa forma en la que se fueron sucediendo sus resoluciones (junto con las del Jurado Electoral Especial de Lima) para terminar dejando fuera de la contienda electoral a Julio Guzmán; nos lleva a pensar que lo que aquí está en juego es en realidad la democracia.

Quienes creyeron que con la salida del partido de la antorcha, lejos de apagarse, se encendería la pradera, se equivocaron totalmente. Pero era fácil caer en el error, pues no se trataba de un postulante que no aparecía en las encuestas, sino del próximo presidente del Perú, según los sondeos que preveían su triunfo en una segunda vuelta con la candidata del fujimorismo. El porcentaje que le daban las encuestas implicaba que varios millones de ciudadanos habían decidido darle su voto, y de pronto el JNE los deja sin candidato. ¿Quién hubiera podido imaginar que en lugar de indignarse y convertir en actos de protesta dicha indignación, los simpatizantes de Guzmán empezaron a desojar margaritas para ver a quién ahora le darían su apoyo? Quien pudo convertirse en el protagonista de estas elecciones, aún fuera de ellas, ya ni siquiera aparece en los medios y su anuncio de que su partido no apoyaría a ninguno de los que quedan en contienda ha pasado tan desapercibido, que resulta evidente que lo que fue su activo político no podrá llevárselo para las elecciones del 2021.

El JNE quiso hacer pasar su decisión como una prueba de que a sus miembros no les temblaría la mano a la hora de cumplir la ley, caiga quien caiga, por eso dieron la resolución contra Guzmán en un mismo acto con la de Acuña, personaje tan desprestigiado que ni sus candidatos al congreso le expresaron solidaridad. Con esto, querían volver otra vez a las sombras y presenciar sin sobresaltos el resto de la campaña electoral. No calcularon que al sacar a Acuña por regalar dinero en actos proselitistas, ponían en la picota a muchos otros (con más poder que Acuña), entre quienes estaba nada menos que Keiko Fujimori.

Ante la denuncia de que Keiko entregó dinero y bienes a simpatizantes, la primera reacción de las autoridades electorales fue decir que no se podía comprobar lo evidente -con lo que arrojaron más dudas sobre su imparcialidad, si es que todavía alguien creía en ella- y esto originó que aparecieran audios, fotos, videos, declaraciones, etc. en una avalancha de pruebas que ignorarlas significaba terminar de enterrar a la herida democracia peruana.

Al momento de escribir estas líneas, el fujimorismo ha presentado sus descargos (así como lo hizo Acuña en su momento) y se espera que en cuestión de horas el Jurado Electoral Especial, demuestre que no es como ha satirizado el famoso caricaturista Heduardo, haciéndole decir a sus personajes que “para el que va segundo la ley es la ley, pero para la que va primera es la ley del embudo”. Es innegable que Keiko y varios de sus candidatos, incluido el inefable Kenyi, han cometido la misma infracción que el postulante de Alianza para el Progreso. No retirar al fujimorismo de las elecciones solo significará hacer más y más evidente que este proceso electoral carece de legitimidad.

Pero detrás de Keiko no solo está su papá, están los grupos económicos y mediáticos más poderosos del país, cuyo último comportamiento nos recuerdan el basural en que el fujimorismo convirtió al Perú en la década del 90. Así que no hay que tener esfera de cristal para saber que Keikoseguirá en carrera, lo que hará que el poco maquillaje con el que se intentaba disfrazar de democráticas estas elecciones, terminará por correrse. Para no ser tan burdas, las autoridades electorales sacarán de carrera a varios candidatos al congreso del partido naranja, incluso a quien postula para la segunda vicepresidencia, y si la cosa se pone fea, tal vez hasta Kenyi sea sacrificado para que la población se trague el fraude.

En esta condiciones resulta lamentable que los candidatos dediquen sus intervenciones a prometer maravillas a la población, que ellos saben no van a cumplir y que incluso creen que no deberían hacerse. Las elecciones, como suele ocurrir a menudo, ya están muy cerca de una competencia de demagogia. Los postulantes a la presidencia tienen la magnífica oportunidad de demostrar su nivel de estadistas haciendo pedagogía política. Sus declaraciones y actos de campaña debieran servir sobre todo para explicarle a la población por qué es importante la democracia, por qué esta no funciona si ciertas instituciones (como el JNE) pierden legitimidad, y cómo un fraude nos roba lo más preciado que tiene el ser humano: la dignidad.

Igual papel debieran estar cumpliendo las universidades, quienes parece que no se han enterado lo que está ocurriendo en el Perú. Con respecto a lo que consideraban abusos de la nueva ley universitaria hasta salieron a las calles, y cuando se trata de salvar la democracia no parece importarles. Los colegios profesionales también brillan por su ausencia.

Cuando el fraude se ejecute en todos sus extremos, cada quien tendrá la oportunidad de demostrar si tiene dignidad o no.


*Publicado en el diario Noticias del 21 de marzo de 2016


 

21 mar. 2016

La izquierda, el pueblo y la democracia*

                                 Por José Luis Ramos Salinas 


A veces algunas similitudes ideológicas con partidos políticos de otros lares, nos pueden llevar a actuar políticamente de forma parecida; pero el acto político, si bien tiene un contenido ideológico de fondo, depende en gran medida de un aquí y un ahora; y estas dos variables, por lo general, en el Perú tienen matices bastante particulares.

Por ejemplo, cuando Humala ganó las eleccionesteníamos a una Venezuela liderando lo que Chávez llamaba el socialismo del siglo XXI, y con posturas un tanto similares, estaba Evo Morales en Bolivia; Mujica en Uruguay, Ortega en Nicaragua, y otros. Eso hizo pensar que se podía hacer lo mismo en el Perú, pero los votos no alcanzaron y entonces vino la hoja de ruta y las concesiones a los poderes fácticos que terminaron copando el gobierno a solo unas semanas de las elecciones. Así Ollanta terminó apareciendo como un traidor, pero al mismo tiempo, (aunque no causó ningún problema), era algo que no debía repetirse, en opinión de una derecha que no es liberal, ni siquiera burguesa propiamente dicha; sino ultra conservadora y con cierta tendencia al fascismo y al desprecio por la democracia.

Por eso en estas elecciones la izquierda partió con una posición tan desventajosa; pero sin tomar conciencia de su difícil situación. Pensando en el triunfo electoral de Siryzaen Grecia, o el ascenso de Podemos en España, y la resistencia de la izquierda en Sudamérica, siguió con las mismas banderas; y como todo proceso electoral genera expectativas en la población, finalmente pasó de la críticaprogramática al neoliberalismo, al populismo asistencialista. Colocando en el centro de su discurso político a “el pueblo”.El problema es que la palabra “pueblo” no significa nada, puesto que nadie sabe a qué se refiere exactamente. ¿Son los obreros y campesinos? Pues si alguna vez allí estuvieron las bases de la izquierda, hoy están en el movimiento ecologista, en los colectivos culturales y de defensa de los DDHH, en el feminismo, en los movimientos sociales; y en menor medida en el ámbito universitario. Si con pueblo se refieren a los más pobres, pues su total despolitización los ha hecho presa fácil del clientelismo que promueve el fujimorismo.

Si la coyuntura debe marcar nuestros actos políticos, entonces no podemos hacer como si no estuviéramos frente a un fraude. Y por eso es lamentable que Verónika Mendoza no hiciera alusión alguna a este respecto en su reciente mitinen Arequipa. En la situación actual, y luego de ver las reacciones de los otros partidos, la izquierda debe asumir el papel de defensora radical de la democracia, ni siquiera de la directa o participativa; sino de la formal y representativa; porque incluso esta, le resulta un enorme estorbo al capitalismo global para sus objetivos imperiales.


*Publicado en el diario Exitosa del 21 de marzo de 2016


 

13 mar. 2016

Protestar, castigar y no olvidar*

                                      Por José Luis Ramos Salinas 

Lo que han hecho el Jurado Electoral Especial de Lima con el Jurado Nacional de Elecciones, es un juego en pared, ya evidente, que ya lo quisiéramos para la selección peruana, solo que en este caso ha servido para que la democracia se haga un autogol.
No se puede negar que hubo una irregularidad en la elección interna de la plancha de Todos por el Perú, pero si eso invalidaba su inscripción, ¿no de debió rechazar hace mucho? ¿O cuando Guzmán empezó a subir en las encuestas se decidió ser inflexible? Para quienes esto les conviene y para los legalistas, el JNE solo ha cumplido la ley; pero no es nada nuevo en el Perú, el uso de la ley para afectar los derechos constitucionales. Es por esto que reaccionó la OEA; y que cuando en CNN, el conductor del noticiero leyó que Julio Guzmán había sido sacado de carrera por irregularidades en la elección interna de su postulación, no pudo menos que sonreír. Y es precisamente por eso que la TV basura defiende con uñas y dientes al JNE y minimiza las críticas en su contra, recordándonos el papel que cumplió en los 90. Las cosas están demasiado claras, los grupos de poder han decidido que el partido que batió récords de corrupción mundiales, regrese al poder.
Julio Guzmán tiene la oportunidad de demostrar que no es un pelele como le achacan sus adversarios políticos. El JNE luego de marchas y contra marchas lo saca de carrera y no dice nada sobre la entrega de dádivas del fujimorismo, ni de la violación de los estatutos del PPC. Estas elecciones ya son ilegítimas (aunque probablemente no ilegales), y el candidato de Todos por el Perú debe llamar a la protesta y deberán apoyarla no quienes simpaticen con el partido morado, sino quienes crean en la democracia, sin importar, por ahora, las diferencias ideológicas. Pero para qué tanto esfuerzo si es casi seguro que no habrá  marcha atrás, pues, por una cuestión de dignidad, y  para que se sepa que no estamos dispuestos a regresar al oscurantismo fujimorista.
Y aquí es donde viene el hecho de castigar a quienes han alentado este golpe bajo a la democracia. Ni un voto para Keiko, quien representa el amor a la dictadura; y ni uno para ninguno que prefiera  el cálculo político a los principios que supuestamente defiende.
Y no olvidar, lo que Guzmán mostró en estas elecciones: un partido político alquilado, improvisación y falta de coherencia; para que no vaya a convertirse en héroe sin merecerlo; porque si ahora merece nuestro respaldo, no es por él ni por el grupo económico que representa, sino única y exclusivamente, por la democracia.

*Publicado en el diario Exitosa del 12 de marzo de 2016

7 mar. 2016

El JNE quiere elegir al presidente*

                                        Por José Luis Ramos Salinas 

La definición más básica (y probablemente la más incompleta) de la democracia es aquella que señala que el poder depende del pueblo o reside en él. Por tanto, en cualquier país del mundo que se presuma democrático, es la ciudadanía la que elige a sus autoridades a través de diversos mecanismos: en un complejo proceso de negociación entre congresistas electos, como en España; o a través de unas largas e intensas elecciones primarias, como en Estados Unidos.
En cualquier caso, para que funcionen las cosas, se requiere un sólido sistema de partidos. Esto es, un conjunto de agrupaciones políticas con una ideología definida, una cierta trayectoria que la hace previsible en sus posturas futuras, y un sistema de formación y visualización de nuevos líderes.
En el Perú, el retorno a la democracia en los 80, nos tomó con una izquierda dividida, pero con una larga historia de organización y lucha contra las dictaduras y una férrea preparación ideológica; con Acción Popular, que venía con el bono de ser el partido que estuvo en el poder cuando el golpe militar; y el Apra que tuvo desde siempre una organización envidiable. Las competencia electoral se dio entre partidos sólidos y la ciudadanía cuando emitía su voto sabía por quién lo estaba haciendo.
En 1985, el panorama no varió mucho, pero desde 1990 el sistema de partidos empieza una acelerada y profunda crisis que se evidencia en la elección de un desconocido como Alberto Fujimori, sin estructura partidaria, ni plan de gobierno, pero con una astucia y una falta de escrúpulos, que va a constituir una dictadura mafiosa que va a destruir todo aquello en lo que debe asentarse una democracia.
Así en el 2000, el escandaloso trasfuguismo mostró al país el nivel al que habíamos descendido; de manera tal que el 2001, cualquier cosa podía pasar, lo mismo que el 2006 y el 2011, con partidos vendiendo su inscripción vigente en el JNE, con una compra y venta escandalosa de puestos en las listas congresales y aún en las planchas presidenciales, con la postulación a la presidencia de cualquiera que creía poder repetir el fenómeno Fujimori, etc.
Tan patética situación, ha merecido un tímido intento por parte de los congresistas, que fueron elegidos en las condiciones descritas, para normar mínimamente un conjunto de exigencias básicas para las agrupaciones que quieran presentar candidatos al Congreso y a la presidencia. Tan elementales, como que se realicen elecciones internas (en realidad con un simulacro de las mismas basta); que la estructura orgánica de cada partido esté debidamente inscrita ante el órgano competente; que no se puedan “invitar” a candidatos más allá de un límite; y que no se compren votos ni con dinero ni con otro tipo de dádivas.
Pero a pesar de que las exigencias hayan sido tan elementales, la realidad estaba muy por debajo de las mismas. Qué mayor prueba que el partido que nos envió a las catacumbas democráticas sea precisamente el que encabeza (no lidera) las encuestas.
Así ahora, aunque con posibilidad de apelación, se ha sacado de carrera a Todos por el Perú, por irregularidades en la conformación de su Tribunal Electoral interno; y a César Acuña, por entregar dinero en plena campaña. No han merecido igual suerte la alianza que postula a Alan García, pese a que la misma tendría algunas irregularidades en su conformación; ni el fujimorismo que desde siempre ha tenido como práctica un clientelismo grosero y ramplón, y que ahora tiene como protagonistas a la propia Keiko, que habría entregado canastas de víveres, objetos de tocador, y artefactos eléctricos, entre sus seguidores; a su hermano Kenyi, otorgando donaciones como parte de su campaña; y a la candidata por Arequipa, Alejandra Aramayo, quien hasta se fotografió en pleno reparto de diversos productos a la gente que asiste a sus actividades proselitistas.
Así parece, que quien decidirá quién será el próximo presidente y cómo se conformará el Congreso, no es la ciudadanía, ni siquiera los partidos,  sino el JNE.
La historia de las últimas resoluciones emitidas por los Jurados Especiales, así como por el propio máximo ente electoral, no dejan duda de que si algo caracterizará a este proceso electoral, es ese tufo a “fraude legal” que se ha empezado a sentir y ante el cual, los candidatos no afectados se muestran tales como son: oportunistas (cuando no incitadores) o verdaderamente demócratas.

*Publicado en el diario Noticias del 7 de marzo de 2016