22 may. 2016

Para neutrales los bomberos*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 

Los denominados debates presidenciales, que en realidad son debates entre quienes pretenden la presidencia, tienen la utilidad de permitir comparar los distintos planes de gobierno y conocer la posición de los candidatos sobre temas que por polémicos suelen evadirlos en sus discursos. Y es que un debate no debe ser la alternada y simple exposición de ideas, sino que debe implicar, necesariamente, que los contrincantes se hagan críticas y se formulen preguntas que los desnuden frente al electorado.
Un debate, parte entonces de un supuesto: que se trata de candidatos que representan proyectos ideológicos, o por lo menos políticos, diferentes. Además el debate está dirigido no a los militantes de quienes polemizan (ellos ya tienen clara su elección), sino a quienes aún permanecen indecisos o que militan o simpatizan con los partidos que quedaron rezagados o fuera de la contienda.
En estas circunstancias, un debate entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski sería bastante singular. Sus proyectos políticos y económicos son muy similares, y las agrupaciones políticas que no pasaron a la segunda vuelta tienen enormes diferencias con ambos. Es casi como decir que digan lo que digan, no lograrán enamorar a nadie. En ese sentido, el debate solo puede tener como objetivo descalificar al opositor ante la ciudadanía. Y es por ello que Keiko trató de evadirlo todo lo que pudo, pues la historia del fujimorismo no es panegírica, sino delictiva; y su partido está lleno de gente como Joaquín Ramírez y Cecilia Chacón; Martha Chávez y Luisa María Cuculiza; y un largo etc. coronado por un patriarca mafioso: el mismísimo Alberto Fujimori.
Su renuencia a debatir en el sur del país fue más que evidente. Ciertos gobernadores regionales le pusieron la excusa en bandeja, y fiel a la tradición fujimorista, no solo rechazó la invitación de Yamila Osorio sino que aprovechó para atacarla. No se imaginó que la joven autoridad le respondería con firmeza y que dejaría en evidencia que Keiko, por más que quiera disfrazarse, es hechura de su padre. No han faltado quienes le han reclamado a Osorio una supuesta falta de imparcialidad, pero la verdad que en estos casos, hacerse el neutral es hacerse el muertito y de allí a mover la cola solo hay un paso. La gobernadora hizo bien y se merece el respaldo ciudadano.
Ojalá que PPK, si se llega a dar el debate, recuerde toda la miasma del fujimorismo, en lugar de hablar de la CTS, que en ese como en cualquier otro tema, las diferencias con su contendora son casi de estilo.

*Publicado en el diario Exitosa del 21 de mayo de 2016



15 may. 2016

El Fujimorismo y las Izquierdas*

                                                     Por José Luis Ramos Salinas 


Los procesos electorales suelen desnudarnos como país. Cosas como el racismo, el machismo, los complejos de superioridad, la hipocresía, el desprecio por la ética, la admiración por el embaucador, la falta de escrúpulos, y otras que por lo general se esconden debajo del tapete, afloran con toda su intensidad y con una desvergüenza que nos hacen dudar sobre nuestro futuro, ya no como nación, sino al menos como país.

Esto toma características interesantes en esta singular segunda vuelta, en la que no compiten modelos económicos antagónicos, ni siquiera diferentes; sino que se trata de que la población decida qué organización política será la encargada de continuar el modelo neoliberal. Ello deja en una difícil posición a la izquierda y esa incomodidad ha hecho evidentes las contradicciones que existen en su interior; y que cada facción empiece a mostrar su rostro tal cual es.

Así tenemos una izquierda liberal, muy europea, que, si bien reniega del neoliberalismo, su bandera es sobre todo la lucha por las libertades civiles y la radicalización de la democracia; por ello es imposible que apoye al fujimorismo, y aunque con disgusto, votará por PPK.

También tenemos una izquierda que ve al sistema electoral no como una oportunidad para frenar a la derecha, sino como parte de los instrumentos de poder de los que goza la burguesía. Por tanto, las elecciones mismas se convierten en el blanco, y, por ende, indefectiblemente, votan viciado; o, cuando lo hay, por algún candidato anti sistema.

Pero también hay una izquierda que siente desprecio por la democracia, que cree más bien en las dictaduras. Que se declara del pueblo, no porque intente politizarlo con posturas ideológicas, sino porque asume las banderas del populismo asistencialista. Desprecia a la burguesía con toda su alma, no por razones marxistas, sino por su carácter pituco, es decir por el apellido, por la cara, por la etiqueta. Con esta lógica, es del pueblo quien no es pituco, aunque tenga millones en el banco. Si nos fijamos bien, esta izquierda se parece bastante al fujimorismo, y no falta quien sostenga que el de Fujimori fue un gobierno de izquierda, y que es por eso que los sectores D y E ahora apoyan mayoritariamente a Keiko. Lo curioso es que oficialmente el fujimorismo ve a esta izquierda casi como la peste, pero para nadie es un secreto que, desde hace algunas semanas, Keiko ha empezado a coquetear con esos a los que sus seguidores llaman terroristas.

Entonces si gana el fujimorismo, el país será manejado en los más altos niveles por ultra neoliberales sin escrúpulos, y en las bases, por la izquierda antidemocrática. Eso nos haría un país sui géneris y espantoso.


*Publicado en el diario Exitosa del 14 de mayo de 2016

 

 

 

 

11 may. 2016

Los extremos se tocan*

                                               Por José Luis Ramos Salinas


La campaña por la segunda vuelta electoral aún no ha llegado a su clímax, pero es innegable que ésta empezó desde el día mismo en que la ONPE publicó los resultados definitivos. Y el escenario político en el que esta segunda votación se va a producir es bastante singular. En primer lugar, hay un malestar en un sector considerable de la población que considera que se ha llegado a este estado de cosas, debido a la grosera intervención del Jurado Nacional de Elecciones, que retiró de carrera a Julio Guzmán, quien en ese momento era el favorito; y también a César Acuña, bajo argumentos que luego no aplicaría para salvarle la vida a Keiko Fujimori, y por si esto fuera poco, 24 horas antes de ir a las urnas, retrocede a la ley anterior para establecer la valla electoral, y así evitar que el Apra y el PPC dejen de ser partidos políticos reconocidos legalmente.

En realidad Julio Guzmán no está en esta segunda vuelta porque el JNE lo impidió; y el fujimorismo está presente, porque el Jurado le dio una mano.

En segundo lugar, quienes han pasado a la segunda vuelta son las agrupaciones que los electores ubican más hacia la derecha en el espectro político nacional. Barnechea, Toledo, y aún García, eran vistos como más hacia el centro, dentro de sus matices. Así la izquierda resulta invitada de piedra en este balotaje electoral. Pero no se trata de un sector poco significativo, sino que el Frente Amplio y Democracia Directa, sumados, de hecho tendrían un porcentaje mayor con el que PPK llegó a la segunda vuelta. Tenemos entonces a un electorado importante que no ve en ninguno de los candidatos alguna similitud con sus posturas políticas.

Pero de otro lado, Verónika Mendoza, ha sido clara al declarar que lo peor que puede pasarle al Perú es un retorno del fujimorismo, opinión que comparten muchos que están lejos de simpatizar con PPK, pero que de esta manera dan a entender que hay que votar por él, no para apoyarlo, sino para evitar todos los peligros que significa el regreso de quienes destruyeron al país en los 90.

Sin embargo, la izquierda también tiene sus matices, y a estas alturas lo sectores más radicales, ya están en una franca campaña a favor del voto viciado, lo que podría dejar a PPK sin los votos suficientes para hacerse con la presidencia. Pues resulta evidente que el fujimorismo no perderá ni un solo voto por más campaña en contra que se haga, por lo que la única manera de que gane Peruanos por el Kambio es sumando votos, los mismos que la izquierda puede darle.

El fujimorismo, muy suelto de huesos, llama terrorista a todo aquel que simpatice con la izquierda, y obviamente a los radicales” los estigmatiza como poco delincuentes, pero podrían ser precisamente ellos los que conviertan a la hija de don Alberto en la presidenta del país.


* Publicado en el diario Exitosa, el sábado 7 de mayo de 2016