19 jun. 2016

La Crisis de la Paternidad*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 

 

Es sabido que desde hace algunas décadas ya no asistimos a una época de cambios, sino a un cambio de  época, de sociedad. Los más le llaman posmoderna, pero recibe también otros nombres, pero fuese cual fuese la denominación, lo importante es entender que no hay una sola cosa de la sociedad de nuestros padres que no esté sufriendo profundas transformaciones. La economía, la educación, el amor, la sexualidad, la política, etc. no son lo que eran hace solo 30 años. Y la institución paterna no es la excepción.

El domingo, se celebrará en cada casa, el Día del Padre. Una fiesta que ya se ha instalado como una tradición, pero que sin duda ha tomado una connotación radicalmente distinta en los últimos años, por lo que podríamos llamar, la crisis de la paternidad.

La preocupación por los hijos, tal como la entendemos ahora, es un asunto relativamente reciente, que viene asociado al nacimiento del capitalismo, en el siglo XVIII. La autoridad del padre, su estatus de jefe de familia, es mucho más antiguo. Pero son precisamente las bases de ese poder las que ahora se desmoronan.

La frase: “Sea lo que sea es tu padre, ilustra bien cómo la sociedad valoraba la paternidad al punto de que ese solo hecho podía justificar los más grades defectos. Pero esa frase ya no se la cree nadie de las nuevas generaciones. El padre ya no es visto como alguien a quien le debes la vida, y por tanto debes estar siempre agradecido hacia él; porque la vida por sí misma no es algo que tenga valor en la sociedad posmoderna. Sino que a la vida se le puede y se le debeagregar valor o de lo contrario tendremos una vida que no merece ser vivida. Así la paternidad no genera un bien que reclama retribución, sino una deuda para con los hijos, que viene asociada a muchas otras exigencias, a menudo desmedidas, porque la sociedad actual es también la del exceso.

Así el padre común estará muy lejos de lo que se espera de él, y como consecuencia se destruye la figura paterna con una crítica implacable: Los Simpson, Padre de Familia, El Maravilloso Mundo de Gumball, y un larguísimo etc. son buenos ejemplos.

El origen mismo de la paternidad entra en crisis en cuanto a quien resulta beneficiado es el hijo, con la vida. Pues ahora se considera que la paternidad es más bien el producto del egoísmo del padre, que en la búsqueda de la dicha de serlo, no repara en lo que deberá padecer su vástago. Cioran llegóa decir por ello, que la paternidad es un crimen. Por eso, es cada vez más común que los colegios ya no celebren el Día del Padre, y que la fiesta de este domingo, más que de abrazos esté llena de reclamos, resentimientos y de una sana hipocresía.


*Publicado en el diario Exitosa del 18 de junio de 2016

 

12 jun. 2016

Genio y dictadura hasta la sepultura*

                              Por José Luis Ramos Salinas 


El fujimorismo pareciera que se boicotea a sí mismo. El incidente en el aeropuerto arequipeño es bastante ilustrador: una cuantas consignas en contra para desatar la matonería de sus máximos dirigentes, que no tuvieron mejor idea que llamar “terroristas” a sus detractores, mientras los correteaban con el puño en alto. La defensa que hizo Keiko de los agresores, demostró que era muy poco lo que cambió el fujimorismo desde los 90, y que la hija del dictador, pese al maquillaje, se parecía mucho a Martha Chávez y Luz Salgado.

Pese a eso ganó en la primera vuelta, pero a penas dados los resultados, Cecilia Chacón, Becerril y el propio Kenji; otra vez sacaron a relucir la esencia de dinastía despótica que el partido del ex sátrapa lleva en la sangre. Sus declaraciones dejaron clara su vocación dictatorial al señalar que gobernarían sin tener en cuenta a las minorías; que obligarían al Poder Judicial a declarar inocente a Alberto Fujimori; y que el trono en el partido ya tenía un heredero.

Luego vendría lo de Joaquín Ramírez y sus posibles vínculos al narcotráfico, que lejos de provocar una reacción de “que se investigue a fondo”, como lo hubiera hecho cualquier partido; lo que se escuchó es una cerrada defensa de a quien llaman “un gran hombre”. Y lo que hizo Chlimper nos retornó a los tiempos más nefastos de la dictadura de don Alberto y Montesinos, manipulando un audio y recurriendo a un pseudo programa periodístico.

Cuando aún no concluía el conteo de la ONPE, Spadaro, que se ha convertido en algo así como “la quinta espada del fujimorismo”, señaló muy suelto de huesos que el Parlamento le pertenecía a su partido. Y antes, varios fujimoristas habían insinuado que podían gobernar dictatorialmente desde el Congreso, aún si no ganaban la presidencia.

Concluido el conteo de la ONPE, el fujimorismo se niega a aceptar su derrota, y dice que va a esperar la decisión final del JNE, a pesar que sabe que ya PPK es presidente. ¿Por qué lo hace entonces? Para conservar su vena dictatorial, para colocarse por encima de las instituciones democráticas; y para advertirle a todos los que no votaron por él, que de ellos depende sumir al país en la ingobernabilidad. Por ello también ahora se fingen ofendidos por los calificativos que recibieron en la campaña. Sí, los mismos que destruían honras con los periódicos chicha, ahora se rasgan las vestiduras y amenazan con no perdonarnos y desatar una tormenta diluviana para hacer naufragar nuestra precaria democracia.

En ese escenario, quienes votamos en contra del fujimorismo cometeríamos suicidio si creyéramos que lo hemos vencido. En realidad la lucha recién empieza. Estamos avisados.


*Publicado en el diario Exitosa del 11 de junio de 2016


 

6 jun. 2016

Keiko es solo el primer paso*

                         Por José Luis Ramos Salinas 

Aunque todas las encuestadoras dan por ganador a Pedro Pablo Kuczynski, los fujimoristas con ánimo de triunfo, insisten es esperar los resultados del JNE. Nos imaginamos que harán de todo para cuestionar las actas, y ya sabemos lo que hace el JNE cuando tiene que decidir a favor o en contra del fujimorismo. Pese a esto, creemos que ganaron las fuerzas que se unieron, no para apoyar a PPK, sino para oponerse a los dirigidos por Alberto Fujimori y organizados por Joaquín Ramírez.
Aunque las victorias son saludables, suelen tener malas consecuencias como creer que el enemigo ha sido derrotado, y lo que hay que tener muy claro, es que solo se ha logrado vencer a Keiko. El fujimorismo no solo sigue vivo, sino más fuerte que nunca desde el año 2000 en que debió ser borrado del escenario político nacional.
En realidad solo Valentín Paniagua se tomó en serio la lucha contra una organización política que funcionó como una mafia para favorecer la corrupción y hacer desaparecer de las arcas nacionales varios miles de millones de dólares, sin mencionar los crímenes y violaciones de derechos humanos. Es verdad que no todos los fujimoristas cometieron delitos, pero es indudable que los permitieron, los alentaron, los justificaron, y defendieron a quienes sí los cometieron. Por eso resulta tan lamentable que el Alejandro Toledo de la Marcha de los Cuatro Suyos terminara en su gobierno quitándole fuerza al proceso que inició Paniagua. Y absolutamente condenable que García se aliara al fujimorismo para gobernar, convirtiéndolo así, otra vez, en protagonista político. Con ese nuevo estatus se dio el lujo de enarbolar las banderas de la anti corrupción y arrinconar al gobierno de Ollanta Humala.
Lo mejor que le hubiera pasado al fujimorismo es que se democratice, es decir, que se alejara de Alberto Fujimori, que exigiera cárcel para los correligionarios que cometieron delitos, deshacerse de quienes apoyaron la dictadura y la violación de todas las leyes, y que sin pudor alguno pedían “desaparecer” a los adversarios políticos. Si hubiera hecho eso el fujimorismo, ahora sería un partido político como cualquier otro; pero si lo hacía, la verdad es que dejaba de ser fujimorismo; por eso prefirieron insistir en la inocencia de su patriarca, continuar con sus figuras más antidemocráticas, y hasta defender a quienes están bajo sería sospecha de tener vínculos con el narcotráfico.
Lo peor que le hubiera pasado al país es que se fujimorice. Pero eso es precisamente lo que ha ocurrido. Keiko ha perdido, salvo que el JNE vuelva a darle una mano; pero el fujimorismo ha vencido contundentemente. No solo por la aplastante mayoría que tiene en el Congreso, sino porque a la población peruana no le importó el fraude contra Julio Guzmán, no hizo mayor cosa cuando a Keiko la salvaron pese a que cometió lo mismo que Acuña, y no dijo nada cuando el JNE le dio representación en el Parlamento al Apra con una ley caduca. Es decir, el peruano común acepta los fraudes como algo normal.
Pero no solo eso. El apoyo que tiene el fujimorismo es a toda prueba. No importa que hasta la DEA salga a decir que el secretario general del fujimorismo está investigado por narcotráfico, eso no le resta votos. En otras palabras, un enorme sector de la población peruana ha perdido todo atisbo de ciudadanía y vota según calcula si recibirá algún beneficio concreto con el triunfo de uno u otro candidato.
Esa cultura antidemocrática es ahora lo que toca remontar, lo de Keiko solo ha sido el paso primero y el más fácil de dar.

*Publicado en el periódico Hora 20 del 6 de junio de 2016



5 jun. 2016

Crónica de un suicidio anunciado*

                                  Por José Luis Ramos Salinas 

 

El fujimorismo empezó su campaña para regresar al poder, a penas lo perdió. Fujimori en Japón conducía un programa de radio y en él y en cuanta oportunidad tenía declaraba que volvería al Perú para gobernar. Mientras tanto, Valentín Paniagua y su equipo empezaban el largo y complejo trabajo de desmontar a la mafia, procesar a los asesinos y ladrones, e iniciar el camino, más complicado todavía, de recuperar la moral para el país, y deshacer las estructuras políticas,  mediáticas, económicas, etc. de las que se valió la dictadura para cometer tus tropelías y que nos dejó como una herencia maldita.

Pero al gobierno de Paniagua le sucedió el de Toledo, que decidió, para no agravar la crisis política que lo agobió desdeel inicio, desacelerar la batalla contra la corrupción y elfujimorismo. Después vino García, y él carga la gravísima responsabilidad, no solo de parar completamente la lucha contra la corrupción, sino de devolverle al fujimorismo un papel protagónico en la política peruana, al decidir gobernar en alianza con él.

Cuando llegó Ollanta, el fujimorismo ya era tan fuerte que no solo no era posible pensar en reactivar las fuerzas democráticas que lo pudieran sacar de escena, sino que los herederos del mafioso Alberto, se dieron el lujo de arrinconar al gobierno, enarbolando las banderas de la lucha contra la corrupción.

Así llegamos a estas elecciones, y en lugar de aprovechar el momento político para poner las cosas en su lugar y regresar al fujimorismo a las páginas policiales, los partidos políticos en competencia, de derecha e izquierda, decidieron en la primera vuelta, hacer como si el fujimorismo no existiera, enfrentándose entre ellos, dejando correr libremente a esa maquinaria millonaria y sin escrúpulos que encabeza Keiko y su lugar teniente Joaquín Ramírez. Su poder era avasallador y su herencia omnipresente, por eso el JNE, con una excusasaca de carrera a Julio Guzmán y no pasa nada, luego perdonaría a Keiko pese a las innumerables pruebas de que cometió la misma infracción que le valió la expulsión a Acuña; y para broche de oro, cambia la valla electoral para permitir que el Apra tenga representantes en el Congreso. Tres fraudes que la ciudadanía se comió sin chistar.

Ahora en la segunda vuelta, se habla de la unidad de todas las fuerzas democráticas para impedir el retorno del fujimorismo, y esa unidad se establece detrás de PPK, el menos indicado para semejante tarea. Y eso y todo lo contado, independientemente del resultado de mañana, es la prueba irrefutable que el fujimorismo ha vencido por esa vocación tan peruana de cometer suicidio.


*Publicado en el diario Exitosa del 4 de junio.