28 jul. 2016

Los tirios, los estratégicos y los tránsfugas*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 


El fujimorismo no es una doctrina, ni un conjunto de ideales, no llega ni a ser un conjunto de gentes unidas alrededor de un hipotético plan de gobierno, me temo que no alcanza ni siquiera al decálogo. ¿Qué es entonces? Una forma de ser. Por eso Becerril hace unos años no era nadie y ahora es la estrella del partido naranja. Cumple con todos los requisitos que impuso don Alberto Fujimori con su estilo cargado de cinismo, desprovisto de moral y con un cierto aire matonesco y bravucón que sus seguidores se han encargado de superar.

Es desde esta perspectiva que hay que entender los tres objetivos que se han trazado, luego de su derrota frente a PPK: ser gobierno en el 2021 cueste lo que cueste (literalmente hablando); destruir al Frente Amplio, en general, y a Verónika Mendoza, en particular; y hacer pasar por democracia la administración dictatorial del Congreso.

Sobre esto último no se cansan de dar pruebas desde que se comprobó que tendrían la mayoría absoluta. La elección de la junta directiva ha sido más que ilustrativa al respecto. Si el Parlamento tiene carácter representativo, pues debían tener cabida en la mesa directiva las agrupaciones que han obtenido mayor cantidad de votos: el fujimorismo, obviamente; el Frente Amplio que es la primera minoría; y Peruanos Por el Kambio, que además es el partido de gobierno. Pero los seguidores del ex sátrapa se propusieron demostrar que el Congreso les pertenecía, y que para ellos hacer lo que les venga en gana no es sino cumplir con el mandato popular democrático. Se reservaron para ellos la presidencia (Luz Salgado, para que no queden dudas que el fujimorismo no ha cambiado un ápice) y la primera vicepresidencia. Pero las otras dos vicepresidencias había que dárselas a alguien que se prestara para maquillar esta actitud absolutamente antidemocrática. El Apra, que si no fuera por el JNE ni siquiera debiera estar en el Congreso, vino corriendo declarándose aliado estratégico del fujimorismo, lo que ya se ha convertido en otra frase célebre más en su sinuosa historia. Pero se necesitaba un grupo político más, y Acción Popular salvó el honor. Solo quedaba APP, quien hizo alianza con PPK en la segunda vuelta, pero cuyos 9 congresistas no han tenido reparo alguno en convertirse en los primeros tránsfugas del nuevo Congreso; así a la mesa directiva va Richard Acuña, quien está allí sin mérito alguno, salvo ser hijo de César Acuña; y ¿hay algo más fujimorista que esto?

Así el fujimorismo ya no tiene 73 congresistas, sino 87; lo que hará que le sea más fácil cumplir con los objetivos señalados arriba, y hará más difícil la lucha de quienes queremos salvar la democracia de los tirios, los estratégicos y los tránsfugas.


*Publicado en el diario Exitosa del 28 de julio de 2016

17 jul. 2016

La democracia antidemocrática*

                                                            Por José Luis Ramos Salinas

Cuando en el año 2002, se produjo la gigantesca e impresionante protesta de la población arequipeña contra la privatización de Egasa y Egesur; Juan Manuel Guillén, en ese entonces alcalde, propuso como alternativa de solución al enfrentamiento con el gobierno, la realización de una consulta popular en la que la ciudadanía decidiera democráticamente si se procedía o no con la subasta de las empresas mencionadas.
Tal propuesta fue rechazada de inmediato por el gobierno, cuyos representantes manifestaron que si las decisiones de Estado se iban a someter a consulta al pueblo, entonces seríamos una democracia participativa, y que lo que está contemplado en la Constitución es que somos una democracia representativa (tal argumento puede ser fácilmente rebatido, pero ese no es el motivo de este artículo). En ese momento debió cambiarse el objetivo de la protesta, puesto que la privatización era mucho menos importante que discutir la esencia de la democracia peruana; lamentablemente, no se hizo. Y la factura de ese error ya la hemos pagado varias veces y otra vez estamos a punto de hacerlo, y parece que con muchas moras y penalidades.
El  fujimorismo ha dado muestras explícitas e implícitas de que piensa hacer en el Congreso lo que le dé la gana. Esto obviamente atenta contra la democracia, pero para Fuerza Popular no es más que acatar lo que llaman el “mandato popular”. Los seguidores de don Alberto, consideran que si los votos del pueblo les dieron mayoría absoluta en el Parlamento, es porque quieren que ellos gobiernen desde allí sin tener en cuenta a ninguna otra agrupación política, ni siquiera a la que ganó la presidencia. Aún así van a tener que ceder un poco, como dejar algunas comisiones en manos de otros partidos, pero no como un gesto democrático, sino en cumplimiento del reglamento interno.
La pregunta aquí es si la democracia consiste en la tiranía de los votos, o si las mayorías parlamentarias solo indican quién debe liderar los debates y los consensos. Es evidente que el fujimorismo ni siquiera es un consenso en su interior, sino un aparato eficiente en ejecutar la voluntad de su dinástica dirigencia. Los consensos los construye comprando tránsfugas. Es también palpable que a Fuerza Popular le cuesta dialogar, lo suyo es la amenaza, el insulto, el golpe. Entonces, el desafío actual del fujimorismo no es tumbarse al gobierno como cree, sino transformarse en un partido democrático. Si lo logra, habrá demostrado que la mitad del país estábamos equivocados; si no, esa mitad, tendrá que recuperar la democracia para el Congreso.


*Publicado en el diario Exitosa del 15 de julio de 2016