13 may 2018

Contra el Día de la Madre*


Por José Luis Ramos Salinas

Samantha, la de Hechizada, era, sin duda, una “buena madre”, y Darrin, su esposo un “buen padre”; pero qué sería de Bart y sus hermanos, y el propio Homero, sin March, tan “buena madre” ella. Lois, -la de Padre de Familia- deja, en cambio, mucho que desear; pero sobre la que caben muchas dudas es Nicole, madre de Gumball y exitosa ejecutiva que mantiene a sus hijos a raya, al mismo tiempo que no deja de trabajar, sea en la oficina o desde el celular, el poco tiempo que pasa en casa.
El párrafo anterior, aunque a simple vista no lo parezca, es en realidad un mensaje de hondo contenido ideológico. Pues califica a las mujeres de buenas o malas madres, según un conjunto de criterios, que no son naturales, sino que corresponden a cierta visión de la sociedad y de la familia; y toda visión, en el sentido de proyecto, es ideológica.
Pero preguntémonos qué hace de Samantha una “buena madre”. La respuesta es simple y obvia: dedica su vida a su esposo y a su hija. Sus éxitos son los de ellos, lo mismo que sus penas; carece, en realidad, de vida propia. Ese sacrificio, que se exige, a veces solapadamente, y otras, las más, explícitamente, en las tarjetas y mensajes alusivos al Día de la Madre que con “buena onda” distribuyen instituciones estatales y privadas; es la condición necesaria para sentirse una “buena madre”. Es decir, aquella que no comparte un pan, sino que se lo quita de la boca para dárselo a quienes viven a expensas de su hambre. Toda la parafernalia del Día de la Madre: publicidad, agasajos, actuaciones escolares, sentidos discursos, etc. etc.; está destinada a colocar en su sitio a las madres que quieren ponerse respondonas; a aquellas que quieren un proyecto de vida propio; a aquellas que no se creen el cuento que les corresponde cierto papel en la familia y en la sociedad, por el solo hecho de ser mujeres. El Día de la Madre, sea tal vez la mayor celebración machista que exista.
Intentemos demostrarlo en el pequeño espacio del que disponemos. En documentos de “homenaje a la madre”, difundidos por el Sindicato de Docentes de la Universidad San Antonio de Abad del Cusco, podemos leer cosas como estas: “Sin la buena voluntad y la ayuda de la mujer, el hombre iría al final de sus días –sin descendencia- sin un ser humano para continuar su nombre”. O: “Una madre es capaz de dar todo sin recibir nada… De querer con todo su corazón sin esperar nada a cambio”. Es decir, que el papel fundamental de una mujer no es el de ser madre, sino de ser la madre de los hijos del varón; y esto lo tiene que hacer de muy buena gana, si es que quiere ser de verdad una “buena madre”.
Este mensaje ha calado tan hondo, que incluso algunos grupos que luchan por los derechos de las mujeres no han podido librarse del mismo. Señalan, por ejemplo, que una situación más equitativa en las responsabilidades del hogar y la crianza de los hijos, implicaría que el varón ayude a la madre en dichas tareas. No se percatan que al usar la palabra “ayuda”, ya están asignando un papel “natural” a la mujer; y convirtiendo en un altruista al varón que simplemente cumple, por lo menos, con algunas de las obligaciones que le son inherentes a quien vive en una casa, y a quien tiene hijos.
Pero la madre de Gumball se da tiempo para mantener a flote su hogar y criar a sus hijos, pese a la nula ayuda de su esposo; y además, ha logrado escalar a los puestos laborales más altos. ¿Sería, entonces, este el nuevo paradigma de la mujer moderna: madre y alta ejecutiva? ¿O es añadir una nueva explotación a otra ya existente? O acaso, como quieren los grupos religiosos tan activos en nuestro país, ¿debiera Nicole renunciar y dedicarse a su casa, asumiendo el sacrificio de no tener vida propia como máxima expresión de amor?
El Día de la Madre, no tiene por objetivo, al menos en esta etapa social, ensalzar a las madres, sino ideologizar a las mujeres sobre lo que es una “buena madre”. No busca agradecer sacrificios, sino imponerlos como norma, como máxima virtud, a la que toda mujer “digna” debe autosometerse. Por ello, si de verdad queremos a nuestras madres, levantemos nuestra voz contra el “Día de la Madre”.

*Publicado en el diario Noticias del 13 de mayo de 2018

6 feb 2018

Cumbres Borrascosas*

                                   Por José Luis Ramos Salinas

Faltan más de dos meses para que se lleve a cabo la VIII edición de la Cumbre de las Américas en Lima, y el tema se ha convertido en portada de diarios, informes televisivos y pregunta obligada a políticos, líderes de opinión y analistas. La razón: Nicolás Maduro ha anunciado que es bastante posible que esté presente en la cita internacional, donde 12 países de la región estarán representados por sus presidentes o funcionarios de alto nivel.
Los adjetivos contra el presidente venezolano no han escaseado: caradura, ha sido quizá el que más consenso ha obtenido; pero se ha llegado hasta pedir que se le impida el ingreso al país. De hecho, el ex alcalde de Caracas que se refugió en Lima como firme opositor al chavismo, ha señalado que la presencia de Maduro ofendería a los cien mil venezolanos que han llegado al Perú escapando de la terrible crisis económica que padece el país llanero.
De lo que se le acusa a Maduro es de ser un dictador, y de dirigir un régimen corrupto. La adelantada convocatoria a las elecciones presidenciales con el veto de la alianza opositora; y la muerte de un grupo de alzados en armas contra el gobierno venezolano en una operación policial que habría incluido ejecuciones extrajudiciales, han exacerbado aún más los ánimos de quienes ven en el sucesor de Chávez al mismísimo demonio; aunque para Goyo Santos se trate más bien de alguien que se enfrenta al imperialismo con derroche de lindura.
PPK, asumió desde que accedió a la presidencia una posición beligerante contra Maduro, y en el denominado Grupo de Lima un indiscutible liderazgo regional en ese sentido. Pero la situación ha cambiado drásticamente en los últimos meses. Luego de las constantes revelaciones de los nexos de PPK con Odebrecht que en un principio negó una y otra vez, hacen risibles sus acusaciones de corrupción contra Maduro. Que pida que los crímenes de la dictadura venezolana no queden impunes, resulta patético luego de que indultara a un dictador asesino y ladrón, a cambio de apoyo político de una decena de congresistas que consideran a Fujimori el mejor presidente que hayamos tenido. Que PPK hable de violación de derechos humanos resulta cínico luego de la grosera intervención del gobierno para que los crímenes de Pativilca queden sin castigo. No ayuda tampoco que el fujimorismo condecore a Antonio Ledezma por luchar por la democracia, cuando ellos mismos fueron cómplices de fraudes electorales, persecuciones a opositores, compra de la línea editorial de medios de comunicación, adulones de Montesinos, etc., etc.
En otras palabras, lo mejor sería que Nicolás Maduro no venga a Lima el próximo abril; pero no porque la Cumbre de las Américas sea un ejemplo de democracia. (Donald Trump, tampoco debería venir, luego del pestilente gobierno que dirige, y que combina una política de discriminación, con injerencia militar imperialista y extraños acuerdos con grupos terroristas como el Estado Islámico). Sino porque los asientos de la corrupción, el amor por el autoritarismo y la apología de la impunidad ya han sido copados por PPK y el congreso fujimorista, en sus dos versiones, la que lo quiere vacar, y la que lo usa.

*Publicado en el semanario 360º. Edición 22, de febrero de 2018; en la columna del autor, titulada Letra Menuda.

14 mar 2017

La importancia de llamarse Emilia*

                 Por José Luis Ramos Salinas

 

Lo que llamamos civilización humana lleva ya varios milenios, a lo largo de los cuales han ocurrido importantes y radicales cambios en la forma en cómo se constituyen las diferentes sociedades. Así por ejemplo, hubo un momento en que la esclavitud era la norma y no precisamente un mal necesario, sino hasta algo positivo y natural. Pero sin importar los siglos que dicho sistema se impuso, llegó a su fin, desmoronándose poco a poco, y no sin ofrecer feroz resistencia, de la cual la cruenta guerra civil norteamericana puede ser un buen ejemplo.

El sistema social que dividía a la gente en nobles y siervos, y que justificaba dicha división en un supuesto escencialismo incuestionable por sus mandatos natural y divino, también se vino abajo con la irrupción del capitalismo, que a sangre y fuego en la Revolución Francesa impuso la idea de que todos los hombres eran iguales ante el Estado. Pero para el ideario revolucionario, hombre no significaba “humano”, sino “varón”, lo que en la práctica quería decir que las mujeres no habían sido incluidas en el proyecto “universal” de la modernidad, quedando la reivindicación de sus derechos como una tarea pendiente.

Esto quiere decir entonces, que desde hace milenios se producen cambios radicales en las estructuras sociales, pero que los mismos no han implicado el fin de la subordinación de la mujer con respecto al varón. Lograr esto, entonces, sería en realidad, la revolución de las revoluciones. Y si todo cambio genera oposición, imaginen cuánto rechazo producirá una transformación tan inédita en la historia de la humanidad.

Es por ello que cuando alguien como Juan Jacobo Rousseau escribe “Emilio, o la educación”, considerado el primer texto de filosofía de la educación, concibe a la misma como una educación de varones. Hay en el libro, formidables y revolucionarias ideas para su tiempo, al plantear la educación como un proceso no para fortalecer a las élites, sino para convertir a los hombres en ciudadanos, es decir, lo contrario de vasallos; personas con deberes y derechos que las convierten en agentes de su propio destino y el de las naciones a las que pertenecen. Pero aquí otra vez, como ya adelantamos, las palabras “hombres” y “personas”, no aluden a la condición humana, sino a la de varones.

Mas esto no implica que Rousseau se haya olvidado de las mujeres. Les dedica la última parte de su libro, en el que explica, a final de cuentas, que las mujeres deben ser educadas  para servir a los varones: cuidarlos cuando pequeños, ayudarlos cuando mayores, consolarlos en las derrotas, y honrarlos siempre. La educación en el caso de las mujeres, sería entonces, para formar buenas hijas, madres y esposas.

Por eso resulta risible, en cuanto tragicómico, que entidades estatales y particulares, medios de comunicación y hasta sindicatos que se auto definen como revolucionarios, hayan publicado mensajes por el Día de la Mujer, felicitando a esos “seres extraordinarios que saben ser madres y esposas”. Algunos incluso les han agradecido su permanente “acompañamiento”. Solo faltaba agregar eso de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Sin duda, un neomachismo que por disfrazado quiere pasar por su opuesto, lo que lo hace más peligroso que el machismo grosero y desenfadado.

Lo dicho hasta aquí también explica la gigantesca, millonaria y virulenta campaña: “Con mis hijos no te metas”. El nombre es preciso, pues la preocupación son los “hijos”, que aquí nuevamente significa varones, que pueden verse afectados por un currículo educativo que propone la idea de que las mujeres no deben ser educadas para servir al varón, ni para ser madres y esposas; sino mujeres que interioricen la idea de que su sexo no implica nada respecto al papel que ellas quieran asumir en la sociedad, el que fuese: ama de casa, o estratega militar; profesora de educación inicial o superintendente de alguna compañía minera; secretaria o gerenta; monja o cardenal(a); y que si es que llegan a ser congresistas no deben sentirse orgullosas de que sus esposos las tengan “pisadas”, como si eso fuese una virtud femenina.

El enfoque o teoría de género, o si quieren ideología, (las religiones a final de cuentas también lo son), al nivel que el Ministerio de Educación lo quiere implementar, plantea la simple idea, de que independientemente de si somos mujeres o varones, tenemos derecho a elegir nuestro destino. Esa idea es insoportable para quienes consideran que a las mujeres por naturaleza y por mandato divino, les toca un rol de subordinación respecto al varón. Y por eso es que la campaña la dirigen las iglesias católica y evangélicas, directamente o a través de sus organismos de fachada. Iglesias en las que las mujeres no tienen los mismos derechos que los varones, y cuya discriminación quieren expandirla a la sociedad entera como política de Estado. Claro que en pleno siglo XXI se requiere mucho cinismo para decirlo así (aunque lo han hecho), y por eso a menudo usan como excusa el cuco de la homosexualidad, que en el currículo educativo a penas es incluida para dejar en claro que los no heterosexuales son seres humanos y por tanto merecedores de respeto.

La prohibición de que las mujeres cantaran en la iglesia por su pecaminosa voz es de la Edad Media, la idea de que las mujeres deben ser educadas para acompañar al varón es del siglo XVIII. Y la idea de que los hombres y mujeres merecen las mismas prerrogativas no es precisamente del siglo XXI, pero así de atrasados estamos y así como el cangrejo nos quieren hacer caminar.

Rousseau quería que todos los varones fueran como su Emilio, educados para convertirse en ciudadanos. Pues ha llegado la hora, aunque en verdad un poco tarde, de que las niñas, adolescentes y jovencitas, sean educadas para ser ciudadanas, no de segunda clase, sino ciudadanas de verdad, Emilias que promuevan la mayor revolución de todas: una sociedad sin discriminación alguna. Así de grande es su importancia.

 

 *Artículo publicado en el diario Noticias del 12 de marzo de 2017, Arequipa, Perú.

 

 

 

 

 

 

 

14 nov 2016

El taxi, la combi y la universidad*

                               Por José Luis Ramos Salinas

El presupuesto de la nación se decide en estos días y por eso el ambiente sindical está movido, con huelgas del Poder Judicial, médicos y docentes universitarios. Curiosamente, el propio presidente ha reconocido en los medios los bajos salarios de estos sectores, y ha llegado a afirmar que conducir un taxi resulta más rentable que ingresar a la docencia universitaria. No se ha negado de plano al aumento, como suelen hacer los gobiernos en estos casos, sino que ha señalado que el problema está en buscar de dónde se saca el dinero, aunque tampoco ha dicho que no lo hay. Paralelamente, PPK y sus funcionarios han criticado acremente a la dirigencia sindical de los profesores universitarios.
¿Debe entenderse esto como una contradicción? No, lo que pasa es que el aumento de sueldos es solo una arista de un asunto mucho más complejo. En realidad, lo que está en juego es el papel de la universidad pública en los nuevoscontextos nacional y mundial, y dentro de ello, la situación de la docencia universitaria debe cambiar a ojos del gobierno.
La ley universitaria, establece que los docentes deben percibir haberes homologados con los magistrados del Poder Judicial. Las universidades y sus sindicatos exigen que se cumpla la ley; por su parte el gobierno, estaría dispuesto a aumentar los sueldos, pero al mismo tiempo crear otra escala de remuneraciones en las que existirían 12 niveles, a diferencia de los 3 que hay ahora. Así, los sueldos realmente altos serían para quienes cumplan requisitos extremadamente exigentes, como tener aportes científicos de nivel mundial. El resto, aún con doctorados y maestrías, siendo excelentes docentes, tendrían que contentarse con sueldos no muy diferentes de los que tienen actualmente.
Por su parte, los rectores de las universidades públicas se han comprometido con elevar considerablemente la calidad de la enseñanza, lo que se comprobaría a través de los procesos de licenciamiento y acreditación que la ley establece; pero siendo los estándares a cumplir tan altos, se requiere mayor presupuesto y docentes mejor pagados.
Esa es la fórmula más acertada en nuestra opinión, aumentode sueldos y aumento de calidad académica. Si se les paga más que se capaciten más y que se les exija más.
Pero, al mismo tiempo otro partido se juega en el Congreso, el de las universidades privadas, cuya fórmula de su millonaria fortuna ha sido: ingreso masivo y libre, pensiones no muy altas, exigencia académica casi nula, docentes sin derechos laborales, ausencia de laboratorios, e infraestructura deficiente. Las exigencias de la nueva ley ponen en peligro esta forma de negociar con la educación, y el fujimorismo y el Apra se han propuesto salvarla. Para ello ya presentaron propuestas en las que las instituciones quesupervisan y certifican la calidad de las universidades, pierden la cierta autonomía que tienen y vuelven a ser controladas por los rectores, como fue con la antigua ley.
¿Pero por qué deberíamos sospechar de rectores elegidos con voto universal y secreto? Ahí está la cuestión, que ese solo es el caso de los rectores de las universidades públicas; las privadas funcionan como una empresa y son en número muy superiores a las públicas; así que cuando haya que elegir a los rectores que supervisen y vigilen la calidad, ya sabemos quiénes serán los Chlimper y los Rey de turno.
Los rectores y los docentes de las universidades públicas no quieren manejar taxis, sino forjar mejores universidades, pero el Apra y el fujimorismo quieren perpetuar en el país una educación superior calidad combi. Contra eso también debería ser la huelga.

*Publicado en el semanario Sin Tapujos del 14 de noviembre de 2016, Arequipa.

El taxi, la combi y la universidad*

                               Por José Luis Ramos Salinas

El presupuesto de la nación se decide en estos días y por eso el ambiente sindical está movido, con huelgas del Poder Judicial, médicos y docentes universitarios. Curiosamente, el propio presidente ha reconocido en los medios los bajos salarios de estos sectores, y ha llegado a afirmar que conducir un taxi resulta más rentable que ingresar a la docencia universitaria. No se ha negado de plano al aumento, como suelen hacer los gobiernos en estos casos, sino que ha señalado que el problema está en buscar de dónde se saca el dinero, aunque tampoco ha dicho que no lo hay. Paralelamente, PPK y sus funcionarios han criticado acremente a la dirigencia sindical de los profesores universitarios.
¿Debe entenderse esto como una contradicción? No, lo que pasa es que el aumento de sueldos es solo una arista de un asunto mucho más complejo. En realidad, lo que está en juego es el papel de la universidad pública en los nuevoscontextos nacional y mundial, y dentro de ello, la situación de la docencia universitaria debe cambiar a ojos del gobierno.
La ley universitaria, establece que los docentes deben percibir haberes homologados con los magistrados del Poder Judicial. Las universidades y sus sindicatos exigen que se cumpla la ley; por su parte el gobierno, estaría dispuesto a aumentar los sueldos, pero al mismo tiempo crear otra escala de remuneraciones en las que existirían 12 niveles, a diferencia de los 3 que hay ahora. Así, los sueldos realmente altos serían para quienes cumplan requisitos extremadamente exigentes, como tener aportes científicos de nivel mundial. El resto, aún con doctorados y maestrías, siendo excelentes docentes, tendrían que contentarse con sueldos no muy diferentes de los que tienen actualmente.
Por su parte, los rectores de las universidades públicas se han comprometido con elevar considerablemente la calidad de la enseñanza, lo que se comprobaría a través de los procesos de licenciamiento y acreditación que la ley establece; pero siendo los estándares a cumplir tan altos, se requiere mayor presupuesto y docentes mejor pagados.
Esa es la fórmula más acertada en nuestra opinión, aumentode sueldos y aumento de calidad académica. Si se les paga más que se capaciten más y que se les exija más.
Pero, al mismo tiempo otro partido se juega en el Congreso, el de las universidades privadas, cuya fórmula de su millonaria fortuna ha sido: ingreso masivo y libre, pensiones no muy altas, exigencia académica casi nula, docentes sin derechos laborales, ausencia de laboratorios, e infraestructura deficiente. Las exigencias de la nueva ley ponen en peligro esta forma de negociar con la educación, y el fujimorismo y el Apra se han propuesto salvarla. Para ello ya presentaron propuestas en las que las instituciones quesupervisan y certifican la calidad de las universidades, pierden la cierta autonomía que tienen y vuelven a ser controladas por los rectores, como fue con la antigua ley.
¿Pero por qué deberíamos sospechar de rectores elegidos con voto universal y secreto? Ahí está la cuestión, que ese solo es el caso de los rectores de las universidades públicas; las privadas funcionan como una empresa y son en número muy superiores a las públicas; así que cuando haya que elegir a los rectores que supervisen y vigilen la calidad, ya sabemos quiénes serán los Chlimper y los Rey de turno.
Los rectores y los docentes de las universidades públicas no quieren manejar taxis, sino forjar mejores universidades, pero el Apra y el fujimorismo quieren perpetuar en el país una educación superior calidad combi. Contra eso también debería ser la huelga.

*Publicado en el semanario Sin Tapujos del 14 de noviembre de 2016, Arequipa.

8 nov 2016

La izquierda desunida también está unida

                       Por José Luis Ramos Salinas 

La unidad se ha impuesto como un valor en la sociedad contemporánea, y la división casi como un crimen. Se aplica a muy diversas cosas, pero en este caso nos interesa analizar el asunto para aspectos políticos.
¿Puede haber unidad en política? Por supuesto, pero esta se obtiene a través de por lo menos uno de estos dos medios: con una ideología bastante definida que se traduce en principios doctrinales que quedan muy claros para todos; o a través de una organización que cuenta con aparatos disciplinarios de una eficiencia extraordinaria. El primer medio es difícil de lograr, si se pretende crecer como opción política, sobre todo en el plano electoral. Del segundo medio, son buenos ejemplos Sendero Luminoso y el Apra.
Si estas premisas son ciertas, hablar de la unidad de la izquierda o de la derecha es un disparate, pues se tratan de etiquetas, no solo confusas en el momento actual (el liberalismo hasta hace poco  entendido como de derecha ahora es parte importante de la izquierda) sino que abarcan tanto, que permiten una diversidad enorme en su interior que por antonomasia no puede constituir una unidad.
A la izquierda siempre se le achaca ser divisionista, y se atribuye a esta tendencia la razón de sus fracasos electorales. Que en algún momento haya habido docenas de partidos de izquierda fue sin duda un exceso, pero querer ahora tener solo uno, también lo es. Si no veamos qué pasa en la derecha. ¿Alguna vez estuvo unida? Acaso el Fredemo pueda considerarse el intento más reciente de unidad de las fuerzas derechistas en el Perú, pero si leemos el Pez en el Agua de Vargas Llosa, impulsor de esta unidad, nos daremos cuenta que nunca hubo tal. Pero no le exijamos tanto a la derecha, pensemos solo en sus partidos. Acaso Peruanos por el Kambio no tiene serias fricciones entre los “tecnócratas” y las “bases políticas”; y acaso ese partido no va a morir el 2021 cuanto mucho. ¿Acción Popular no demostró la debilidad de su cohesión cuando en la segunda vuelta su candidato y sus dirigentes apoyaron distintas opciones? ¿El PPC no hizo un papelón al unirse al Apra? ¿Y el fujimorismo no ha tenido que dar una ley anticonstitucional para no sufrir un desbande de sus invitados, léase oportunistas? La derecha no necesita estar unida para no ser vencida.
Sin embargo, con el cuento de la unidad, ya sabemos que lo es, se ataca desde los medios permanentemente al Frente Amplio. Y las críticas vienen de la derecha y de la izquierda. El Frente Amplio es un conglomerado de partidos políticos, de grupos de intelectuales y de activistas, y de gente que se siente de izquierda pero que no milita en ninguna de las organizaciones que conforman el FA. Si somos conscientes de esto, entenderemos el gran mérito del Frente Amplio, que se resume precisamente en su nombre. Pudo unir desde activistas por el reconocimiento de la diversidad sexual, hasta marxistas ortodoxos. Y semejante logro, que ojalá se repita en 2021, solo se puede explicar por la tremenda situación de desventaja que tenía la izquierda en las elecciones pasadas, y por el cambio en la derecha que decidió dejar de ser una fuerza de la modernidad capitalista y convertirse en una falange retrógrada y obscurantista.
Pero la situación ha cambiado, la izquierda es una fuerza importante en el Congreso y ha demostrado tener la suficiente viada, como para que el fujimorismo y sus aliados hayan empezado una guerra sucia en su contra desde ahora, por el temor que les vuelvan a arruinar el pastel en el 2021.
Que en esta nueva coyuntura, partidos como Tierra y Libertad, quieran alcanzar mayor protagonismo y actuar con cierta independencia del Frente Amplio, con su propia agenda; no solo es comprensible, sino hasta saludable. Lo mismo, que haya un grupo importante de organizaciones al interior del Frente Amplio, que iniciará en breve la recolección de firmas para su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones. La izquierda, como la derecha, es un abanico, y es bueno que la gente lo vea así, y elija no solo entre derecha e izquierda, sino entre sus matices, por lo menos en una primera instancia, y ya luego, en la segunda vuelta por ejemplo, entre concepciones ideológicas más generales.
El crecimiento de la izquierda, pasa por el fortalecimiento de las varias organizaciones políticas que la conforman. Y eso inevitablemente va a generar una suerte de competencia y de críticas mutuas, que no constituyen mayor problema, si no se olvida que el enemigo es la derecha y no las posiciones no coincidentes de izquierda.
Pero, cuidado, hay una bancada del Frente Amplio, y los ciudadanos que le dieron su voto, lo hicieron por ese esfuerzo de unidad. Allí, en el Congreso, no aplica todo lo dicho, sino que lo que corresponde son los debates a puerta cerrada, si quieren con muertos y heridos, pero cuando se abren las puertas, al momento de fijar posición acerca de lo que está ocurriendo en el país, la izquierda debe demostrar, que a ese nivel no hay fisura alguna.






31 oct 2016

La huelga y la ley universitarias*

                                       Por José Luis Ramos Salinas 

Durante el gobierno de Ollanta, no sin una fuerte oposición política, se aprobó una nueva ley universitaria, que entre sus principales novedades, está la obligación  de las universidades, de contar con recursos humanos e infraestructura, que garanticen la calidad académica; y además se crea la entidad supervisora Sunedu, a través de la cual el Ministerio de Educación tiene injerencia en las universidades. En verdad, esto es un grave riesgo para la esencia universitaria; para entenderlo, solo imaginen lo que hubiera pasado si Keiko hubiera ganado. Al respecto he escrito más de un artículo.
Cuando se dio la ley, la mayoría de universidades a través de sus rectores se declaró en contra de la misma, debido a que en su opinión la creación de la Sunedu implicaba el fin de la autonomía universitaria. Pero, el Tribunal Constitucional falló que la nueva ley no viola la Constitución. Por su parte, la Federación de Docentes Universitarios, Fendup, se declaró a favor de la nueva ley; lo que motivó que quienes no estuvieran de acuerdo, crearan una Fendup paralela. Al final esto solo sirvió para debilitar al sindicato porque la nueva ley se impuso.
Pero los resultados de las últimas elecciones, han vuelto a poner en peligro a la ley. Y es que el fujimorismo y el Apra, siempre se opusieron a la misma, y hoy tienen el control del Congreso. Su discurso es el de la autonomía universitaria, pero es evidente que sus verdaderas intenciones son otras.
En la dictadura de Fujimori se impulsó la creación de universidades privadas, que más que centros de formación superior, funcionan como negocios tremendamente lucrativos pese a su pésima calidad. De otro lado, el Apra logró convertir a algunas universidades en sus feudos particulares. La nueva ley no termina con estas situaciones, pero las pone en peligro, y eso es demasiado para los grupos políticos aludidos. Por lo que primero pensaron en eliminar a la Sunedu, pero ahora quieren controlarla, lo que sería peor.
En medio de esto, los docentes universitarios convocan a una huelga indefinida. Los reclamos son porque no hay financiamiento para lograr la calidad académica que la ley exige; algo que también los rectores están pidiendo. Por ejemplo, a los docentes universitarios, a quienes se les exige cada vez más, tanto en requisitos como en producción, se les asignan sueldos por debajo de S/ 800,00 cuando empiezan su carrera docente; y para pasar a una categoría superior, otra vez las exigencias son altas, y el posible sueldo, por debajo de quienes también trabajan en el Estado, y no se les pide ni estudios universitarios concluidos. Injusto, por donde se le mire.
El gobierno, confunde adrede, la posición del aprofujimorismo con la de los docentes, a quienes ni les da una cita para dialogar, con la excusa de que se oponen a la ley, cuando se trata de un pedido del cumplimiento de la ley universitaria, que en uno de sus artículos establece sueldos muy distintos que los que actualmente se pagan.
De otro lado, no pocos, ven a las protestas como perjudiciales a los estudiantes. No se dan cuenta, que si el gobierno insiste en disminuir los presupuestos de las universidades y subir las exigencias de infraestructura y recursos humanos, lo que va a ocurrir es que se elevarán las tasas que pagan los estudiantes y se crearán otras. Pero quizá lo peor, será que la universidad se quedará sin suficientes docentes, pues por esos sueldos no habrá interesados; y entonces los cursos se quedarán sin dictar o no se dictarán como debieran porque lo hará un docente con una carga excesiva, o se recurrirá a reducir drásticamente el número de vacantes con lo que se atentaría contra el derecho a la educación.
Pese a todo, los docentes universitarios, tenemos la obligación moral, de no ver al aprofujimorismo como un aliado táctico del momento, sino dejar en claro que, mientras ellos quieren garantizar sus negocios y sus feudos, a costa de la calidad educativa, nosotros queremos una Universidad que ayude a construir un país mejor.

*Una versión resumida de este artículo se publicó en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, del 31 de octubre de 2016



28 oct 2016

Amigo, Maduro, al pueblo dale duro*

                          Por José Luis Ramos Salinas

Venezuela está otra vez en el centro de la atención del continente, y por supuesto, de manera especial, en la mira de Estados Unidos,  cuya campaña electoral a menudo parece destinada no a elegir al presidente de ese país, sino del mundo, cuando no de la Federación de Planetas Unidos.
La legislación venezolana, como pocas,  prevé la figura de la revocatoria presidencial, pero establece también para tal fin, un complejo proceso de cumplimiento obligatorio, al rededor del cual se han dado las últimas luchas políticas entre la oposición y el gobierno, no sin repercusiones internacionales y hasta lo que el chavismo llama “intromisiones” de personajes y países extranjeros.
Para entender este proceso hay que hacer un poco de historia. Hugo Chávez llega al poder en 1999 y se mantuvo en él hasta el 2013, año de su muerte. Por la política anti norteamericana por la que optó, y su apuesta por un “socialismo del siglo XXI”, -que en realidad se trataba de un populismo estatal anti imperialista, con pretensiones de formar una coalición internacional para enfrentarse a los planes de Estados Unidos- se convirtió de inmediato en enemigo público de la ultra derecha mundial y sus aliados, que como suelen hacer en estos casos, desarrollaron una gigantesca campaña mediática de destrucción política de Chávez, y una fuerte presión económica sobre la República Bolivariana. Esto obligó a Chávez a someterse a contantes procesos electorales para desprenderse del mote de dictador que querían imponerle. El difunto presidente demostró ser mucho más fuerte de lo que le pensaban sus enemigos y logró mantenerse en el gobierno con el apoyo del electorado, sin sospecha alguna de fraude. Para ello, sus ambiciosos programas sociales que favorecían a los pobres de Venezuela, financiados por la espectacular alza de los precios del petróleo que abunda en el país llanero; le fueron de gran ayuda.
Paralelamente, Chávez inició una campaña de ideologización de sus simpatizantes, formando para ello en el 2007, el Partido Socialista Unido de Venezuela. El que logró ganar las últimas elecciones, convirtiendo en presidente a Nicolás Maduro.
Pero la situación cambió drásticamente con la caída de los precios del petróleo. Sin divisas, y con el boicot empresarial interno,  la economía venezolana se desplomó. La población empezó a sufrir penurias que no se habían visto antes, y la simpatía por el gobierno, solo se mantuvo en los cuadros más ideologizados. En estas circunstancias se producen las elecciones para el parlamento y la oposición al gobierno toma el control del poder legislativo.
El auge político de la oposición llevan al gobierno a tomar medidas drásticas en su contra, lo que precariza el Estado de derecho, y motiva que diversos grupos, sobre todo juveniles, empiecen a enfrentarse a Maduro enarbolando las banderas de la democracia.
El escenario está armado para proceder con la revocatoria presidencial. Pero, las leyes venezolanas establecen plazos, según los cuales, si tiene éxito la revocatoria asume el gobierno el vicepresidente o se convocan a elecciones. El gobierno ha jugado por ello a demorar la revocatoria, y arguyendo incumplimiento de los requisitos, la autoridad electoral, lo ha suspendido. La oposición ha anunciado que hará la revocatoria tomando las calles. La tensión política está asegurada al rojo vivo.
Maduro, es seguro, convocará a sus propias marchas, las que serán multitudinarias por el arraigo que el chavismo tiene en las clases populares. También ordenará a la policía reprimir a los opositores. Sus enemigos internos buscarán que se dispare la violencia, y Estados Unidos se encargará de convencer a la comunidad internacional, que es necesario derrocar al chavismo.
Sin duda, los reclamos del pueblo venezolano son justos. La situación económica es insostenible, y el gobierno no debe seguir debilitando la democracia. Pero, si cae el chavismo, no ocurrirá un cambio de políticas  de gobierno, sino un cambio de políticas de Estado; y quien tomará el poder, no serán lo jóvenes universitarios, ni los pobres, ni la clase media empobrecida; sino una de las derechas más retrógradas de América Latina. Quienes gobernarán Venezuela serán los empresarios de vena oligarca, que no ven más allá de sus intereses crematísticos, y lo harán en complicidad con Estados Unidos. Y entonces, quienes pelearon por la democracia, quienes gritaron por una economía que beneficie a todos, sabrán que solo fueron utilizados. Ojalá les queden fuerzas para seguir tomando las calles.
Maduro, por su parte, debió entender que a veces es mejor perder el gobierno para salvar al proyecto político y su posibilidad de regresar al poder. Se espera de él, no ciega resistencia, sino una jugada maestra. Parece que no está a la altura.

*Una versión resumida de este artículo fue publicada en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, del 24 de octubre de 2016


22 oct 2016

La vaca no se acuerda cuando fue tránsfuga*

                                       Por José Luis Ramos Salinas 

El Congreso con los votos del fujimorismo aprobó una curiosa ley contra el transfuguismo; que condena al ostracismo a quienes decidan abandonar la agrupación política por la que fueron elegidos. Y es que no podrán integrarse a ninguna otra bancada, ni formar una nueva; es decir, se convertirán en parias, y quedarían fuera de toda posibilidad de integrar cualquier comisión, ya que la conformación de éstas, se negocian entre las distintas agrupaciones políticas. En otras palabras, estarán de adorno en el Parlamento, aunque sus votos seguirán contando cuando el pleno deba expresarse.
Esta ley fue el resultado de la renuncia al fujimorismo de la congresista Yeni Vilcatoma; la que hubiera podido ser la primera de varias, y esto había que evitarlo para no correr el riesgo de perder la mayoría absoluta. ¿Pero es que no confía Keiko en la gente que reclutó para integrar la lista de parlamentarios? Claro que no, pues ella los conoce bien; y sabe perfectamente que si se hubiera hecho de la presidencia, sus congresistas hubieran sido como lo fueron las geishas de su padre; pero no habiendo ganado, ¿quién sabe? Tal vez otras ofertas políticas resultaban más tentadoras.
Y es que el fujimorismo no es un partido político, nunca lo ha sido. Por eso pasó de Cambio 90 a Nueva Mayoría; y fue por un tiempo Vamos Vecino, Sí Cumple; después, en su etapa más negra, Perú 2000; para luego convertirse en Alianza Para el Futuro, Fuerza 2011, y finalmente Fuerza Popular. Por eso fue la punta de lanza del neoliberalismo más radical de América Latina y ahora se autodefine como de centro izquierda; y por eso sus líderes, sería mejor llamarlos agentes, cambian cada que hay elecciones; y son reclutados de todas las tiendas ideológicas y partidarias. El fujimorismo es, y siempre ha sido, un grupo de gente con gran olfato para la oportunidad política; y que no conoce más lealtad que a la de sus propios intereses. ¿Puede entonces Keiko confiar en “su” gente? Ella sabe, perfectamente, que no.
Por ello la ley contra el transfuguismo ha añadido un asunto clave: no solo los que renuncian se verán severamente afectados en sus funciones como congresistas, sino también quienes seanexpulsados de sus bancadas. Es decir, que el fujimorismo, ha metido de contrabando en una ley contra el transfuguismo, un mecanismo de disciplina militar al interior de su partido. Ahora, quien no obedezca a Keiko, sin dudas ni murmuraciones, podrá ser expulsado, con las graves consecuencias que hemos explicado.
Pero esta ley podría beneficiar, en el mal sentido de la palabra, a las otras agrupaciones políticas, pues también tendrían que obedecer a los líderes y ni pensar en dejar la bancada. Así que los fujimoristas, pensaron en cómo evitar esto y encontraron una fórmula mágica. Las sanciones al transfuguismo no aplican si se disuelve la alianza política con la que llegaron al parlamento. Así, cruzan los dedos para que el Frente Amplio, se divida formalmente por las fricciones internas, y luego se produzca el desbande de quienes perciben como sus peores enemigos políticos. Esperemos que esto, sea una motivación para que el Frente Amplio siga unido.
Queda claro entonces que esta es una ley fujimorista, por quienes la hicieron, por sus formas, y por sus intenciones. Y pensar que el fujimorismo fue precisamente el rey del transfuguismo, cuando Montesinos compraba parlamentarios al por mayor. Y es que si no tienes mayoría, te pones a hablar del derecho de la libertad política de los congresistas; pero sí la tienes, la vaca se olvida cuando fue una ternera tránsfuga.

* Publicado en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, 17 de octubre de 2016

2 sept 2016

El fujimorismo se revieja*

                                               * Por José Luis Ramos Salinas 

 

No es un error de tipeo, es solo la constatación, si a alguien todavía le quedaban dudas, de que el eslogan acuñado en campaña: el fujimorismo se renueva, era solo eso, un eslogan; una más de las triquiñuelas que le son inherentes a los seguidores del ladrón y violador de derechos humanos, y por desgracia, también expresidente.

Y es que su tan promocionada renovación consistió únicamente en sacar de la lista de candidatos al Congreso a Martha Chávez y a Luisa María Cuculiza, quienes ahora han sido contratadas como asesoras del primer poder del Estado, precisamente por aquellos que hablaban de la renovación. “Tienen mucho que enseñar a las nuevas generaciones”, han llegado a decir, no sabemos si como argumento o como amenaza. Y ya conocemos la larga experiencia del fujimorismo de hacer parecer como asesores a quienes realmente tienen el mando, sino que nos lo cuente una vez más Vladimiro Montesinos.

Así que lo que habrá estos cinco años en el Parlamento es fujimorismo puro y duro: votos por consigna, leyes de interpretación auténtica, maquinaria de difamación a los adversarios políticos, archivamiento de denuncias contra los que se dedican a lo mismo que su ex secretario general Joaquín Ramírez, y todo lo que fue el pan de cada día en los 90, y que, salvo Villa Stein, todos los peruanos conocemos.La novedad, es su papel de víctimas, su nuevo oficio de plañideras del que hacen gala, cada que les preguntan algo; no importa el tema, siempre la respuesta es que Keiko sufrió de una campaña de linchamiento y que siguen esperando una disculpa, supongo del país entero.

Aquí también hay una novedad, la insistencia en reemplazar al patriarca Fujimori por su hija, en los discursos. Juran, que hasta le consultan sobre el menú del día, que ella es la líder natural y que incluso Kenji ya entendió esto. Y es que el papel de don Alberto en el 2021 va a ser mucho menos relevante que en las recientes elecciones, hay que empezar a prescindir de él; total, Keiko es Fujimori, así que sigue funcionando eso de fujimoristas.

Su sed de venganza contra el Frente Amplio se ha extendido a lo que ellos llaman el ollantismo, lo que imagino habrá alegrado al Nacionalismo, que sin el fujimorismo que lo recuerde a diario, ya habría pasado al olvido eterno. Como también es habitual, aquí el cinismo es pieza clave, y empiezan a hablar de lucha contra la corrupción, moral y hasta de pecados, en tono profético.

No queda sino imaginar, con cierto alivio, lo que hubiera sido el fujimorismo en la presidencia con este Congreso. Ojalá que PPK no olvide, que él fue quien ganó.

 

 *Publicado en el diario Exitosa del primero de septiembre de 2016

 

 

 

18 ago 2016

El Cardenal no tiene quién le escriba*

                                                  Por José Luis Ramos Salinas 

Hace unas semanas, Cipriani se volvió a ir de boca, esta vez fue en el programa que sin mérito alguno tiene en RPP. La cabeza de la Iglesia Católica dijo que las mujeres violentadas son muchas veces las culpables de las agresiones que sufren, por estarse poniendo en escaparate. Es decir, el prehistórico argumento de que las mujeres provocan con su sensualidad desbordante, y quienes abusan de ellas son en realidad las víctimas de sus demoníacos encantos. Semejante pedrada, mereció de inmediato la repulsa generalizada; pero no solo sirvió para tan justa indignación, sino para que el Cardenal y sus monaguillos se muestren tal cuales. Cipriani no tuvo reflejos, por el contrario quiso medir si podía pasar por agua tibia. Este titubeo le dio la oportunidad a sus fans de mostrarse de acuerdo con lo que llamaron su derecho a expresar su opinión; terminando de hundirlo. Por lo que, a su puro estilo, acusó a quienes lo censuraban de malinterpretarlo con no poca mala intención; pero como las palabras de Cipriani no admitían equívoco, lo único que logró fue añadir a su misoginia una cereza de cinismo. No le quedó más remedio, entonces, que pedir perdón, y dejar en ridículo a quienes se solidarizaron con él.
Pero las frases de quien fuera sacado de El Comercio por plagio, no carecían de contexto, sino que eran parte del discurso en contra de la marcha “Ni una menos”. Cipriani quiso boicotearla desde siempre por la tirria a los grupos feministas que la organizaban. Pero como lo dicho en RPP mereció la crítica de la Ministra de la Mujer, y luego PPK mostrara su apoyo a la marcha, así como muchas otras autoridades, y hasta su engreída Keiko tuiteó a favor; el pedido del Cardenal cayó en saco roto. Finalmente la marcha fue multitudinaria y nacional, al punto de convertir a Cipriani en una rareza, una pieza de museo que más merecería el desván que un escaparate. Y es que el Cardenal ya no tiene quién le escriba, y tampoco debiera tener dónde escribir.
Tanto éxito, sin embargo, en cosas tan delicadas como la situación de la mujer en una sociedad tan machista como la nuestra, suele ser contraproducente. Porque ahora todos, incluida la TV basura hablan al respecto y se ponen la camiseta a favor de las víctimas, convirtiendo una injusticia social en espectáculo y rating; haciendo que lo que son estructuras sociales aparezcan como casos aislados, que comprometen a unos miserables que son presentados como desadaptados sociales y no como el producto necesario de una sociedad como la nuestra. Así el trascendente objetivo de cambiar la sociedad queda transformado en un pusilánime “deberían darles cadena perpetua a estos mal nacidos”. La tarea actual es entonces, ya no solo combatir a Cipriani y a sus aliados, sino también a los oportunistas que pasaron de admirar al Cardenal a imitar a Laura Bozzo.

*Publicado en el diario Exitosa del 17 de agosto de 2016

11 ago 2016

Pokemon Go Home*

                                     Por José Luis Ramos Salinas 

La llegada de este juego al Perú ha provocado el mismo revuelo que en el resto del mundo. Los miles de fanáticos que han empezado a cambiar el paisaje urbano; y los detractores que en tono moralista e hipócrita, señalan que el popular video juego es una señal de la decadencia humana. Esta última actitud no hace sino recordar cuando tras el estreno de Goku, se empezó a criticar la excesiva violencia en programas infantiles, y lo hacían quienes solo unos años antes se destornillaban de risa con Tom y Jerry o el Correcaminos, dibujos en los que eran incapaces de identificar, no solo la violencia, sino la crueldad que los caracteriza; lo que evidenciaba su ceguera y la ignorancia sobre el tema, pues Dragon Ball nunca fue pensado como un producto dirigido a la infancia.
La búsqueda de pokemones a través de la pantalla del celular, genera la referencia a la cultura zombi; pero quienes la denuncian son quienes pasan horas sentados frente al televisor cuales coach potato; o quienes se sienten deportistas porque juegan “fulbito”.
Pero no se nos mal entienda, el fenómeno Pokemon no es algo que debe alegrarnos, pues revela la pobreza estética impuesta en el mundo y el reinado del merchandasing como la nueva cultura contemporánea.
Sin embargo, no se trata de querernos colocar por encima de los poke gamers, aludiendo una supuesta superioridad espiritual, que como hemos visto, no es más que snobismo inverso. Sino que se trata de practicar jiu jitsu, es decir, de aprovechar el vendaval de Pokemon Go para llevar agua a nuestro molino.
Por ejemplo, el juego al usar el GPS, deja en evidencia la precariedad de los barrios pobres hasta para atrapar pokemones, además, pagar ahorra tareas tediosas como largas caminatas, llevando a lo virtual la división del trabajo en base al estrato económico. La tecnología de la realidad aumentada que usa y que tanta fascinación ha causado puede y es utilizada para fines educativos. Y el hecho de exigir ciertos sistemas operativos, no debe llevarnos a comprar un celular nuevo, sino a organizarnos para exigir a los fabricantes la actualización del software, que actualmente bloquean por fines crematísticos.
Entonces el problema no está en el juego, sino en nosotros. El juego debe estar entre los peores de la industria, a nivel artístico, pero igual ese no es el inconveniente mayor; sino nosotros. ¡Pokemon Go Home! Pero nosotros somos las casas, algunos abollados y desvencijados, otros relucientes y lujosos, pero a fin de cuentas, simples pokebolas.

*Publicado en el diario Exitosa del 11 de agosto de 2016




28 jul 2016

Los tirios, los estratégicos y los tránsfugas*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 


El fujimorismo no es una doctrina, ni un conjunto de ideales, no llega ni a ser un conjunto de gentes unidas alrededor de un hipotético plan de gobierno, me temo que no alcanza ni siquiera al decálogo. ¿Qué es entonces? Una forma de ser. Por eso Becerril hace unos años no era nadie y ahora es la estrella del partido naranja. Cumple con todos los requisitos que impuso don Alberto Fujimori con su estilo cargado de cinismo, desprovisto de moral y con un cierto aire matonesco y bravucón que sus seguidores se han encargado de superar.

Es desde esta perspectiva que hay que entender los tres objetivos que se han trazado, luego de su derrota frente a PPK: ser gobierno en el 2021 cueste lo que cueste (literalmente hablando); destruir al Frente Amplio, en general, y a Verónika Mendoza, en particular; y hacer pasar por democracia la administración dictatorial del Congreso.

Sobre esto último no se cansan de dar pruebas desde que se comprobó que tendrían la mayoría absoluta. La elección de la junta directiva ha sido más que ilustrativa al respecto. Si el Parlamento tiene carácter representativo, pues debían tener cabida en la mesa directiva las agrupaciones que han obtenido mayor cantidad de votos: el fujimorismo, obviamente; el Frente Amplio que es la primera minoría; y Peruanos Por el Kambio, que además es el partido de gobierno. Pero los seguidores del ex sátrapa se propusieron demostrar que el Congreso les pertenecía, y que para ellos hacer lo que les venga en gana no es sino cumplir con el mandato popular democrático. Se reservaron para ellos la presidencia (Luz Salgado, para que no queden dudas que el fujimorismo no ha cambiado un ápice) y la primera vicepresidencia. Pero las otras dos vicepresidencias había que dárselas a alguien que se prestara para maquillar esta actitud absolutamente antidemocrática. El Apra, que si no fuera por el JNE ni siquiera debiera estar en el Congreso, vino corriendo declarándose aliado estratégico del fujimorismo, lo que ya se ha convertido en otra frase célebre más en su sinuosa historia. Pero se necesitaba un grupo político más, y Acción Popular salvó el honor. Solo quedaba APP, quien hizo alianza con PPK en la segunda vuelta, pero cuyos 9 congresistas no han tenido reparo alguno en convertirse en los primeros tránsfugas del nuevo Congreso; así a la mesa directiva va Richard Acuña, quien está allí sin mérito alguno, salvo ser hijo de César Acuña; y ¿hay algo más fujimorista que esto?

Así el fujimorismo ya no tiene 73 congresistas, sino 87; lo que hará que le sea más fácil cumplir con los objetivos señalados arriba, y hará más difícil la lucha de quienes queremos salvar la democracia de los tirios, los estratégicos y los tránsfugas.


*Publicado en el diario Exitosa del 28 de julio de 2016

17 jul 2016

La democracia antidemocrática*

                                                            Por José Luis Ramos Salinas

Cuando en el año 2002, se produjo la gigantesca e impresionante protesta de la población arequipeña contra la privatización de Egasa y Egesur; Juan Manuel Guillén, en ese entonces alcalde, propuso como alternativa de solución al enfrentamiento con el gobierno, la realización de una consulta popular en la que la ciudadanía decidiera democráticamente si se procedía o no con la subasta de las empresas mencionadas.
Tal propuesta fue rechazada de inmediato por el gobierno, cuyos representantes manifestaron que si las decisiones de Estado se iban a someter a consulta al pueblo, entonces seríamos una democracia participativa, y que lo que está contemplado en la Constitución es que somos una democracia representativa (tal argumento puede ser fácilmente rebatido, pero ese no es el motivo de este artículo). En ese momento debió cambiarse el objetivo de la protesta, puesto que la privatización era mucho menos importante que discutir la esencia de la democracia peruana; lamentablemente, no se hizo. Y la factura de ese error ya la hemos pagado varias veces y otra vez estamos a punto de hacerlo, y parece que con muchas moras y penalidades.
El  fujimorismo ha dado muestras explícitas e implícitas de que piensa hacer en el Congreso lo que le dé la gana. Esto obviamente atenta contra la democracia, pero para Fuerza Popular no es más que acatar lo que llaman el “mandato popular”. Los seguidores de don Alberto, consideran que si los votos del pueblo les dieron mayoría absoluta en el Parlamento, es porque quieren que ellos gobiernen desde allí sin tener en cuenta a ninguna otra agrupación política, ni siquiera a la que ganó la presidencia. Aún así van a tener que ceder un poco, como dejar algunas comisiones en manos de otros partidos, pero no como un gesto democrático, sino en cumplimiento del reglamento interno.
La pregunta aquí es si la democracia consiste en la tiranía de los votos, o si las mayorías parlamentarias solo indican quién debe liderar los debates y los consensos. Es evidente que el fujimorismo ni siquiera es un consenso en su interior, sino un aparato eficiente en ejecutar la voluntad de su dinástica dirigencia. Los consensos los construye comprando tránsfugas. Es también palpable que a Fuerza Popular le cuesta dialogar, lo suyo es la amenaza, el insulto, el golpe. Entonces, el desafío actual del fujimorismo no es tumbarse al gobierno como cree, sino transformarse en un partido democrático. Si lo logra, habrá demostrado que la mitad del país estábamos equivocados; si no, esa mitad, tendrá que recuperar la democracia para el Congreso.


*Publicado en el diario Exitosa del 15 de julio de 2016