13 may 2018
Contra el Día de la Madre*
6 feb 2018
Cumbres Borrascosas*
*Publicado en el semanario 360º. Edición 22, de febrero de 2018; en la columna del autor, titulada Letra Menuda.
14 mar 2017
La importancia de llamarse Emilia*
Por José Luis Ramos Salinas
Lo que llamamos civilización humana lleva ya varios milenios, a lo largo de los cuales han ocurrido importantes y radicales cambios en la forma en cómo se constituyen las diferentes sociedades. Así por ejemplo, hubo un momento en que la esclavitud era la norma y no precisamente un mal necesario, sino hasta algo positivo y natural. Pero sin importar los siglos que dicho sistema se impuso, llegó a su fin, desmoronándose poco a poco, y no sin ofrecer feroz resistencia, de la cual la cruenta guerra civil norteamericana puede ser un buen ejemplo.
El sistema social que dividía a la gente en nobles y siervos, y que justificaba dicha división en un supuesto escencialismo incuestionable por sus mandatos natural y divino, también se vino abajo con la irrupción del capitalismo, que a sangre y fuego en la Revolución Francesa impuso la idea de que todos los hombres eran iguales ante el Estado. Pero para el ideario revolucionario, hombre no significaba “humano”, sino “varón”, lo que en la práctica quería decir que las mujeres no habían sido incluidas en el proyecto “universal” de la modernidad, quedando la reivindicación de sus derechos como una tarea pendiente.
Esto quiere decir entonces, que desde hace milenios se producen cambios radicales en las estructuras sociales, pero que los mismos no han implicado el fin de la subordinación de la mujer con respecto al varón. Lograr esto, entonces, sería en realidad, la revolución de las revoluciones. Y si todo cambio genera oposición, imaginen cuánto rechazo producirá una transformación tan inédita en la historia de la humanidad.
Es por ello que cuando alguien como Juan Jacobo Rousseau escribe “Emilio, o la educación”, considerado el primer texto de filosofía de la educación, concibe a la misma como una educación de varones. Hay en el libro, formidables y revolucionarias ideas para su tiempo, al plantear la educación como un proceso no para fortalecer a las élites, sino para convertir a los hombres en ciudadanos, es decir, lo contrario de vasallos; personas con deberes y derechos que las convierten en agentes de su propio destino y el de las naciones a las que pertenecen. Pero aquí otra vez, como ya adelantamos, las palabras “hombres” y “personas”, no aluden a la condición humana, sino a la de varones.
Mas esto no implica que Rousseau se haya olvidado de las mujeres. Les dedica la última parte de su libro, en el que explica, a final de cuentas, que las mujeres deben ser educadas para servir a los varones: cuidarlos cuando pequeños, ayudarlos cuando mayores, consolarlos en las derrotas, y honrarlos siempre. La educación en el caso de las mujeres, sería entonces, para formar buenas hijas, madres y esposas.
Por eso resulta risible, en cuanto tragicómico, que entidades estatales y particulares, medios de comunicación y hasta sindicatos que se auto definen como revolucionarios, hayan publicado mensajes por el Día de la Mujer, felicitando a esos “seres extraordinarios que saben ser madres y esposas”. Algunos incluso les han agradecido su permanente “acompañamiento”. Solo faltaba agregar eso de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Sin duda, un neomachismo que por disfrazado quiere pasar por su opuesto, lo que lo hace más peligroso que el machismo grosero y desenfadado.
Lo dicho hasta aquí también explica la gigantesca, millonaria y virulenta campaña: “Con mis hijos no te metas”. El nombre es preciso, pues la preocupación son los “hijos”, que aquí nuevamente significa varones, que pueden verse afectados por un currículo educativo que propone la idea de que las mujeres no deben ser educadas para servir al varón, ni para ser madres y esposas; sino mujeres que interioricen la idea de que su sexo no implica nada respecto al papel que ellas quieran asumir en la sociedad, el que fuese: ama de casa, o estratega militar; profesora de educación inicial o superintendente de alguna compañía minera; secretaria o gerenta; monja o cardenal(a); y que si es que llegan a ser congresistas no deben sentirse orgullosas de que sus esposos las tengan “pisadas”, como si eso fuese una virtud femenina.
El enfoque o teoría de género, o si quieren ideología, (las religiones a final de cuentas también lo son), al nivel que el Ministerio de Educación lo quiere implementar, plantea la simple idea, de que independientemente de si somos mujeres o varones, tenemos derecho a elegir nuestro destino. Esa idea es insoportable para quienes consideran que a las mujeres por naturaleza y por mandato divino, les toca un rol de subordinación respecto al varón. Y por eso es que la campaña la dirigen las iglesias católica y evangélicas, directamente o a través de sus organismos de fachada. Iglesias en las que las mujeres no tienen los mismos derechos que los varones, y cuya discriminación quieren expandirla a la sociedad entera como política de Estado. Claro que en pleno siglo XXI se requiere mucho cinismo para decirlo así (aunque lo han hecho), y por eso a menudo usan como excusa el cuco de la homosexualidad, que en el currículo educativo a penas es incluida para dejar en claro que los no heterosexuales son seres humanos y por tanto merecedores de respeto.
La prohibición de que las mujeres cantaran en la iglesia por su pecaminosa voz es de la Edad Media, la idea de que las mujeres deben ser educadas para acompañar al varón es del siglo XVIII. Y la idea de que los hombres y mujeres merecen las mismas prerrogativas no es precisamente del siglo XXI, pero así de atrasados estamos y así como el cangrejo nos quieren hacer caminar.
Rousseau quería que todos los varones fueran como su Emilio, educados para convertirse en ciudadanos. Pues ha llegado la hora, aunque en verdad un poco tarde, de que las niñas, adolescentes y jovencitas, sean educadas para ser ciudadanas, no de segunda clase, sino ciudadanas de verdad, Emilias que promuevan la mayor revolución de todas: una sociedad sin discriminación alguna. Así de grande es su importancia.
*Artículo publicado en el diario Noticias del 12 de marzo de 2017, Arequipa, Perú.
14 nov 2016
El taxi, la combi y la universidad*
El taxi, la combi y la universidad*
8 nov 2016
La izquierda desunida también está unida
La unidad se ha impuesto como un valor en la sociedad contemporánea, y la división casi como un crimen. Se aplica a muy diversas cosas, pero en este caso nos interesa analizar el asunto para aspectos políticos.
¿Puede haber unidad en política? Por supuesto, pero esta se obtiene a través de por lo menos uno de estos dos medios: con una ideología bastante definida que se traduce en principios doctrinales que quedan muy claros para todos; o a través de una organización que cuenta con aparatos disciplinarios de una eficiencia extraordinaria. El primer medio es difícil de lograr, si se pretende crecer como opción política, sobre todo en el plano electoral. Del segundo medio, son buenos ejemplos Sendero Luminoso y el Apra.
Si estas premisas son ciertas, hablar de la unidad de la izquierda o de la derecha es un disparate, pues se tratan de etiquetas, no solo confusas en el momento actual (el liberalismo hasta hace poco entendido como de derecha ahora es parte importante de la izquierda) sino que abarcan tanto, que permiten una diversidad enorme en su interior que por antonomasia no puede constituir una unidad.
A la izquierda siempre se le achaca ser divisionista, y se atribuye a esta tendencia la razón de sus fracasos electorales. Que en algún momento haya habido docenas de partidos de izquierda fue sin duda un exceso, pero querer ahora tener solo uno, también lo es. Si no veamos qué pasa en la derecha. ¿Alguna vez estuvo unida? Acaso el Fredemo pueda considerarse el intento más reciente de unidad de las fuerzas derechistas en el Perú, pero si leemos el Pez en el Agua de Vargas Llosa, impulsor de esta unidad, nos daremos cuenta que nunca hubo tal. Pero no le exijamos tanto a la derecha, pensemos solo en sus partidos. Acaso Peruanos por el Kambio no tiene serias fricciones entre los “tecnócratas” y las “bases políticas”; y acaso ese partido no va a morir el 2021 cuanto mucho. ¿Acción Popular no demostró la debilidad de su cohesión cuando en la segunda vuelta su candidato y sus dirigentes apoyaron distintas opciones? ¿El PPC no hizo un papelón al unirse al Apra? ¿Y el fujimorismo no ha tenido que dar una ley anticonstitucional para no sufrir un desbande de sus invitados, léase oportunistas? La derecha no necesita estar unida para no ser vencida.
Sin embargo, con el cuento de la unidad, ya sabemos que lo es, se ataca desde los medios permanentemente al Frente Amplio. Y las críticas vienen de la derecha y de la izquierda. El Frente Amplio es un conglomerado de partidos políticos, de grupos de intelectuales y de activistas, y de gente que se siente de izquierda pero que no milita en ninguna de las organizaciones que conforman el FA. Si somos conscientes de esto, entenderemos el gran mérito del Frente Amplio, que se resume precisamente en su nombre. Pudo unir desde activistas por el reconocimiento de la diversidad sexual, hasta marxistas ortodoxos. Y semejante logro, que ojalá se repita en 2021, solo se puede explicar por la tremenda situación de desventaja que tenía la izquierda en las elecciones pasadas, y por el cambio en la derecha que decidió dejar de ser una fuerza de la modernidad capitalista y convertirse en una falange retrógrada y obscurantista.
Pero la situación ha cambiado, la izquierda es una fuerza importante en el Congreso y ha demostrado tener la suficiente viada, como para que el fujimorismo y sus aliados hayan empezado una guerra sucia en su contra desde ahora, por el temor que les vuelvan a arruinar el pastel en el 2021.
Que en esta nueva coyuntura, partidos como Tierra y Libertad, quieran alcanzar mayor protagonismo y actuar con cierta independencia del Frente Amplio, con su propia agenda; no solo es comprensible, sino hasta saludable. Lo mismo, que haya un grupo importante de organizaciones al interior del Frente Amplio, que iniciará en breve la recolección de firmas para su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones. La izquierda, como la derecha, es un abanico, y es bueno que la gente lo vea así, y elija no solo entre derecha e izquierda, sino entre sus matices, por lo menos en una primera instancia, y ya luego, en la segunda vuelta por ejemplo, entre concepciones ideológicas más generales.
El crecimiento de la izquierda, pasa por el fortalecimiento de las varias organizaciones políticas que la conforman. Y eso inevitablemente va a generar una suerte de competencia y de críticas mutuas, que no constituyen mayor problema, si no se olvida que el enemigo es la derecha y no las posiciones no coincidentes de izquierda.
Pero, cuidado, hay una bancada del Frente Amplio, y los ciudadanos que le dieron su voto, lo hicieron por ese esfuerzo de unidad. Allí, en el Congreso, no aplica todo lo dicho, sino que lo que corresponde son los debates a puerta cerrada, si quieren con muertos y heridos, pero cuando se abren las puertas, al momento de fijar posición acerca de lo que está ocurriendo en el país, la izquierda debe demostrar, que a ese nivel no hay fisura alguna.
31 oct 2016
La huelga y la ley universitarias*
28 oct 2016
Amigo, Maduro, al pueblo dale duro*
22 oct 2016
La vaca no se acuerda cuando fue tránsfuga*
2 sept 2016
El fujimorismo se revieja*
* Por José Luis Ramos Salinas
No es un error de tipeo, es solo la constatación, si a alguien todavía le quedaban dudas, de que el eslogan acuñado en campaña: el fujimorismo se renueva, era solo eso, un eslogan; una más de las triquiñuelas que le son inherentes a los seguidores del ladrón y violador de derechos humanos, y por desgracia, también expresidente.
Y es que su tan promocionada renovación consistió únicamente en sacar de la lista de candidatos al Congreso a Martha Chávez y a Luisa María Cuculiza, quienes ahora han sido contratadas como asesoras del primer poder del Estado, precisamente por aquellos que hablaban de la renovación. “Tienen mucho que enseñar a las nuevas generaciones”, han llegado a decir, no sabemos si como argumento o como amenaza. Y ya conocemos la larga experiencia del fujimorismo de hacer parecer como asesores a quienes realmente tienen el mando, sino que nos lo cuente una vez más Vladimiro Montesinos.
Así que lo que habrá estos cinco años en el Parlamento es fujimorismo puro y duro: votos por consigna, leyes de interpretación auténtica, maquinaria de difamación a los adversarios políticos, archivamiento de denuncias contra los que se dedican a lo mismo que su ex secretario general Joaquín Ramírez, y todo lo que fue el pan de cada día en los 90, y que, salvo Villa Stein, todos los peruanos conocemos.La novedad, es su papel de víctimas, su nuevo oficio de plañideras del que hacen gala, cada que les preguntan algo; no importa el tema, siempre la respuesta es que Keiko sufrió de una campaña de linchamiento y que siguen esperando una disculpa, supongo del país entero.
Aquí también hay una novedad, la insistencia en reemplazar al patriarca Fujimori por su hija, en los discursos. Juran, que hasta le consultan sobre el menú del día, que ella es la líder natural y que incluso Kenji ya entendió esto. Y es que el papel de don Alberto en el 2021 va a ser mucho menos relevante que en las recientes elecciones, hay que empezar a prescindir de él; total, Keiko es Fujimori, así que sigue funcionando eso de fujimoristas.
Su sed de venganza contra el Frente Amplio se ha extendido a lo que ellos llaman el ollantismo, lo que imagino habrá alegrado al Nacionalismo, que sin el fujimorismo que lo recuerde a diario, ya habría pasado al olvido eterno. Como también es habitual, aquí el cinismo es pieza clave, y empiezan a hablar de lucha contra la corrupción, moral y hasta de pecados, en tono profético.
No queda sino imaginar, con cierto alivio, lo que hubiera sido el fujimorismo en la presidencia con este Congreso. Ojalá que PPK no olvide, que él fue quien ganó.
*Publicado en el diario Exitosa del primero de septiembre de 2016
18 ago 2016
El Cardenal no tiene quién le escriba*
11 ago 2016
Pokemon Go Home*
28 jul 2016
Los tirios, los estratégicos y los tránsfugas*
Por José Luis Ramos Salinas
El fujimorismo no es una doctrina, ni un conjunto de ideales, no llega ni a ser un conjunto de gentes unidas alrededor de un hipotético plan de gobierno, me temo que no alcanza ni siquiera al decálogo. ¿Qué es entonces? Una forma de ser. Por eso Becerril hace unos años no era nadie y ahora es la estrella del partido naranja. Cumple con todos los requisitos que impuso don Alberto Fujimori con su estilo cargado de cinismo, desprovisto de moral y con un cierto aire matonesco y bravucón que sus seguidores se han encargado de superar.
Es desde esta perspectiva que hay que entender los tres objetivos que se han trazado, luego de su derrota frente a PPK: ser gobierno en el 2021 cueste lo que cueste (literalmente hablando); destruir al Frente Amplio, en general, y a Verónika Mendoza, en particular; y hacer pasar por democracia la administración dictatorial del Congreso.
Sobre esto último no se cansan de dar pruebas desde que se comprobó que tendrían la mayoría absoluta. La elección de la junta directiva ha sido más que ilustrativa al respecto. Si el Parlamento tiene carácter representativo, pues debían tener cabida en la mesa directiva las agrupaciones que han obtenido mayor cantidad de votos: el fujimorismo, obviamente; el Frente Amplio que es la primera minoría; y Peruanos Por el Kambio, que además es el partido de gobierno. Pero los seguidores del ex sátrapa se propusieron demostrar que el Congreso les pertenecía, y que para ellos hacer lo que les venga en gana no es sino cumplir con el mandato popular democrático. Se reservaron para ellos la presidencia (Luz Salgado, para que no queden dudas que el fujimorismo no ha cambiado un ápice) y la primera vicepresidencia. Pero las otras dos vicepresidencias había que dárselas a alguien que se prestara para maquillar esta actitud absolutamente antidemocrática. El Apra, que si no fuera por el JNE ni siquiera debiera estar en el Congreso, vino corriendo declarándose aliado estratégico del fujimorismo, lo que ya se ha convertido en otra frase célebre más en su sinuosa historia. Pero se necesitaba un grupo político más, y Acción Popular salvó el honor. Solo quedaba APP, quien hizo alianza con PPK en la segunda vuelta, pero cuyos 9 congresistas no han tenido reparo alguno en convertirse en los primeros tránsfugas del nuevo Congreso; así a la mesa directiva va Richard Acuña, quien está allí sin mérito alguno, salvo ser hijo de César Acuña; y ¿hay algo más fujimorista que esto?
Así el fujimorismo ya no tiene 73 congresistas, sino 87; lo que hará que le sea más fácil cumplir con los objetivos señalados arriba, y hará más difícil la lucha de quienes queremos salvar la democracia de los tirios, los estratégicos y los tránsfugas.
*Publicado en el diario Exitosa del 28 de julio de 2016
