14 nov. 2016

El taxi, la combi y la universidad*

                               Por José Luis Ramos Salinas

El presupuesto de la nación se decide en estos días y por eso el ambiente sindical está movido, con huelgas del Poder Judicial, médicos y docentes universitarios. Curiosamente, el propio presidente ha reconocido en los medios los bajos salarios de estos sectores, y ha llegado a afirmar que conducir un taxi resulta más rentable que ingresar a la docencia universitaria. No se ha negado de plano al aumento, como suelen hacer los gobiernos en estos casos, sino que ha señalado que el problema está en buscar de dónde se saca el dinero, aunque tampoco ha dicho que no lo hay. Paralelamente, PPK y sus funcionarios han criticado acremente a la dirigencia sindical de los profesores universitarios.
¿Debe entenderse esto como una contradicción? No, lo que pasa es que el aumento de sueldos es solo una arista de un asunto mucho más complejo. En realidad, lo que está en juego es el papel de la universidad pública en los nuevoscontextos nacional y mundial, y dentro de ello, la situación de la docencia universitaria debe cambiar a ojos del gobierno.
La ley universitaria, establece que los docentes deben percibir haberes homologados con los magistrados del Poder Judicial. Las universidades y sus sindicatos exigen que se cumpla la ley; por su parte el gobierno, estaría dispuesto a aumentar los sueldos, pero al mismo tiempo crear otra escala de remuneraciones en las que existirían 12 niveles, a diferencia de los 3 que hay ahora. Así, los sueldos realmente altos serían para quienes cumplan requisitos extremadamente exigentes, como tener aportes científicos de nivel mundial. El resto, aún con doctorados y maestrías, siendo excelentes docentes, tendrían que contentarse con sueldos no muy diferentes de los que tienen actualmente.
Por su parte, los rectores de las universidades públicas se han comprometido con elevar considerablemente la calidad de la enseñanza, lo que se comprobaría a través de los procesos de licenciamiento y acreditación que la ley establece; pero siendo los estándares a cumplir tan altos, se requiere mayor presupuesto y docentes mejor pagados.
Esa es la fórmula más acertada en nuestra opinión, aumentode sueldos y aumento de calidad académica. Si se les paga más que se capaciten más y que se les exija más.
Pero, al mismo tiempo otro partido se juega en el Congreso, el de las universidades privadas, cuya fórmula de su millonaria fortuna ha sido: ingreso masivo y libre, pensiones no muy altas, exigencia académica casi nula, docentes sin derechos laborales, ausencia de laboratorios, e infraestructura deficiente. Las exigencias de la nueva ley ponen en peligro esta forma de negociar con la educación, y el fujimorismo y el Apra se han propuesto salvarla. Para ello ya presentaron propuestas en las que las instituciones quesupervisan y certifican la calidad de las universidades, pierden la cierta autonomía que tienen y vuelven a ser controladas por los rectores, como fue con la antigua ley.
¿Pero por qué deberíamos sospechar de rectores elegidos con voto universal y secreto? Ahí está la cuestión, que ese solo es el caso de los rectores de las universidades públicas; las privadas funcionan como una empresa y son en número muy superiores a las públicas; así que cuando haya que elegir a los rectores que supervisen y vigilen la calidad, ya sabemos quiénes serán los Chlimper y los Rey de turno.
Los rectores y los docentes de las universidades públicas no quieren manejar taxis, sino forjar mejores universidades, pero el Apra y el fujimorismo quieren perpetuar en el país una educación superior calidad combi. Contra eso también debería ser la huelga.

*Publicado en el semanario Sin Tapujos del 14 de noviembre de 2016, Arequipa.

El taxi, la combi y la universidad*

                               Por José Luis Ramos Salinas

El presupuesto de la nación se decide en estos días y por eso el ambiente sindical está movido, con huelgas del Poder Judicial, médicos y docentes universitarios. Curiosamente, el propio presidente ha reconocido en los medios los bajos salarios de estos sectores, y ha llegado a afirmar que conducir un taxi resulta más rentable que ingresar a la docencia universitaria. No se ha negado de plano al aumento, como suelen hacer los gobiernos en estos casos, sino que ha señalado que el problema está en buscar de dónde se saca el dinero, aunque tampoco ha dicho que no lo hay. Paralelamente, PPK y sus funcionarios han criticado acremente a la dirigencia sindical de los profesores universitarios.
¿Debe entenderse esto como una contradicción? No, lo que pasa es que el aumento de sueldos es solo una arista de un asunto mucho más complejo. En realidad, lo que está en juego es el papel de la universidad pública en los nuevoscontextos nacional y mundial, y dentro de ello, la situación de la docencia universitaria debe cambiar a ojos del gobierno.
La ley universitaria, establece que los docentes deben percibir haberes homologados con los magistrados del Poder Judicial. Las universidades y sus sindicatos exigen que se cumpla la ley; por su parte el gobierno, estaría dispuesto a aumentar los sueldos, pero al mismo tiempo crear otra escala de remuneraciones en las que existirían 12 niveles, a diferencia de los 3 que hay ahora. Así, los sueldos realmente altos serían para quienes cumplan requisitos extremadamente exigentes, como tener aportes científicos de nivel mundial. El resto, aún con doctorados y maestrías, siendo excelentes docentes, tendrían que contentarse con sueldos no muy diferentes de los que tienen actualmente.
Por su parte, los rectores de las universidades públicas se han comprometido con elevar considerablemente la calidad de la enseñanza, lo que se comprobaría a través de los procesos de licenciamiento y acreditación que la ley establece; pero siendo los estándares a cumplir tan altos, se requiere mayor presupuesto y docentes mejor pagados.
Esa es la fórmula más acertada en nuestra opinión, aumentode sueldos y aumento de calidad académica. Si se les paga más que se capaciten más y que se les exija más.
Pero, al mismo tiempo otro partido se juega en el Congreso, el de las universidades privadas, cuya fórmula de su millonaria fortuna ha sido: ingreso masivo y libre, pensiones no muy altas, exigencia académica casi nula, docentes sin derechos laborales, ausencia de laboratorios, e infraestructura deficiente. Las exigencias de la nueva ley ponen en peligro esta forma de negociar con la educación, y el fujimorismo y el Apra se han propuesto salvarla. Para ello ya presentaron propuestas en las que las instituciones quesupervisan y certifican la calidad de las universidades, pierden la cierta autonomía que tienen y vuelven a ser controladas por los rectores, como fue con la antigua ley.
¿Pero por qué deberíamos sospechar de rectores elegidos con voto universal y secreto? Ahí está la cuestión, que ese solo es el caso de los rectores de las universidades públicas; las privadas funcionan como una empresa y son en número muy superiores a las públicas; así que cuando haya que elegir a los rectores que supervisen y vigilen la calidad, ya sabemos quiénes serán los Chlimper y los Rey de turno.
Los rectores y los docentes de las universidades públicas no quieren manejar taxis, sino forjar mejores universidades, pero el Apra y el fujimorismo quieren perpetuar en el país una educación superior calidad combi. Contra eso también debería ser la huelga.

*Publicado en el semanario Sin Tapujos del 14 de noviembre de 2016, Arequipa.

8 nov. 2016

La izquierda desunida también está unida

                       Por José Luis Ramos Salinas 

La unidad se ha impuesto como un valor en la sociedad contemporánea, y la división casi como un crimen. Se aplica a muy diversas cosas, pero en este caso nos interesa analizar el asunto para aspectos políticos.
¿Puede haber unidad en política? Por supuesto, pero esta se obtiene a través de por lo menos uno de estos dos medios: con una ideología bastante definida que se traduce en principios doctrinales que quedan muy claros para todos; o a través de una organización que cuenta con aparatos disciplinarios de una eficiencia extraordinaria. El primer medio es difícil de lograr, si se pretende crecer como opción política, sobre todo en el plano electoral. Del segundo medio, son buenos ejemplos Sendero Luminoso y el Apra.
Si estas premisas son ciertas, hablar de la unidad de la izquierda o de la derecha es un disparate, pues se tratan de etiquetas, no solo confusas en el momento actual (el liberalismo hasta hace poco  entendido como de derecha ahora es parte importante de la izquierda) sino que abarcan tanto, que permiten una diversidad enorme en su interior que por antonomasia no puede constituir una unidad.
A la izquierda siempre se le achaca ser divisionista, y se atribuye a esta tendencia la razón de sus fracasos electorales. Que en algún momento haya habido docenas de partidos de izquierda fue sin duda un exceso, pero querer ahora tener solo uno, también lo es. Si no veamos qué pasa en la derecha. ¿Alguna vez estuvo unida? Acaso el Fredemo pueda considerarse el intento más reciente de unidad de las fuerzas derechistas en el Perú, pero si leemos el Pez en el Agua de Vargas Llosa, impulsor de esta unidad, nos daremos cuenta que nunca hubo tal. Pero no le exijamos tanto a la derecha, pensemos solo en sus partidos. Acaso Peruanos por el Kambio no tiene serias fricciones entre los “tecnócratas” y las “bases políticas”; y acaso ese partido no va a morir el 2021 cuanto mucho. ¿Acción Popular no demostró la debilidad de su cohesión cuando en la segunda vuelta su candidato y sus dirigentes apoyaron distintas opciones? ¿El PPC no hizo un papelón al unirse al Apra? ¿Y el fujimorismo no ha tenido que dar una ley anticonstitucional para no sufrir un desbande de sus invitados, léase oportunistas? La derecha no necesita estar unida para no ser vencida.
Sin embargo, con el cuento de la unidad, ya sabemos que lo es, se ataca desde los medios permanentemente al Frente Amplio. Y las críticas vienen de la derecha y de la izquierda. El Frente Amplio es un conglomerado de partidos políticos, de grupos de intelectuales y de activistas, y de gente que se siente de izquierda pero que no milita en ninguna de las organizaciones que conforman el FA. Si somos conscientes de esto, entenderemos el gran mérito del Frente Amplio, que se resume precisamente en su nombre. Pudo unir desde activistas por el reconocimiento de la diversidad sexual, hasta marxistas ortodoxos. Y semejante logro, que ojalá se repita en 2021, solo se puede explicar por la tremenda situación de desventaja que tenía la izquierda en las elecciones pasadas, y por el cambio en la derecha que decidió dejar de ser una fuerza de la modernidad capitalista y convertirse en una falange retrógrada y obscurantista.
Pero la situación ha cambiado, la izquierda es una fuerza importante en el Congreso y ha demostrado tener la suficiente viada, como para que el fujimorismo y sus aliados hayan empezado una guerra sucia en su contra desde ahora, por el temor que les vuelvan a arruinar el pastel en el 2021.
Que en esta nueva coyuntura, partidos como Tierra y Libertad, quieran alcanzar mayor protagonismo y actuar con cierta independencia del Frente Amplio, con su propia agenda; no solo es comprensible, sino hasta saludable. Lo mismo, que haya un grupo importante de organizaciones al interior del Frente Amplio, que iniciará en breve la recolección de firmas para su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones. La izquierda, como la derecha, es un abanico, y es bueno que la gente lo vea así, y elija no solo entre derecha e izquierda, sino entre sus matices, por lo menos en una primera instancia, y ya luego, en la segunda vuelta por ejemplo, entre concepciones ideológicas más generales.
El crecimiento de la izquierda, pasa por el fortalecimiento de las varias organizaciones políticas que la conforman. Y eso inevitablemente va a generar una suerte de competencia y de críticas mutuas, que no constituyen mayor problema, si no se olvida que el enemigo es la derecha y no las posiciones no coincidentes de izquierda.
Pero, cuidado, hay una bancada del Frente Amplio, y los ciudadanos que le dieron su voto, lo hicieron por ese esfuerzo de unidad. Allí, en el Congreso, no aplica todo lo dicho, sino que lo que corresponde son los debates a puerta cerrada, si quieren con muertos y heridos, pero cuando se abren las puertas, al momento de fijar posición acerca de lo que está ocurriendo en el país, la izquierda debe demostrar, que a ese nivel no hay fisura alguna.