29 dic. 2015

La Unsa para Dummies

                                                                     Por José Luis Ramos Salinas 
Las elecciones en la Unsa han culminado, como ya todos saben, con el triunfo de Rohel Sánchez Sánchez, quien ya juramentó como rector y que en su primera sesión de Consejo Universitario ha tomado la decisión de convocar a concurso las plazas de contratos docentes que fueron cubiertas desde julio del año pasado, dejando abierta la posibilidad que pueda hacerse lo mismo con contratos incluso anteriores. La nueva gestión ha querido empezar no impulsada por la inercia, sino queriendo dejar en evidencia, que no tiene por qué asumir lo ejecutado por la anterior, sino que puede modificarlo, o como en este caso, deshacer lo hecho y empezar de cero.
Pero lo acabado de reseñar sería simplemente una atribución administrativa de las actuales autoridades, sino fuera porque se ha convertido en noticia en varios medios de comunicación y, por supuesto, en las redes sociales. Y que los acuerdos de una sesión de Consejo Universitario, salgan en los periódicos como noticia destacada es algo que no se veía desde hace décadas y eso, más que los acuerdos mismos, es un dato que merece análisis.
Debido al proceso electoral, la Unsa ha tenido presencia permanente en los medios durante al menos un mes, y eso ha generado una opinión sobre la universidad que parece haberse instalado fuertemente en el imaginario colectivo. Así, la imagen de la Unsa que Arequipa comparte parece que es la de una institución hundida en la corrupción y en la debacle académica, en donde quienes estudian allí lo hacen en pésimas condiciones y con muy pocas posibilidades de competir en el mercado laboral cuando por fin egresen. Al menos esto es lo que se puede desprender de los constantes comentarios de los radio oyentes y de lo que se publicó con tanta intensidad en las redes sociales en las últimas semanas.
Sin embargo, nada más lejos de la verdad. La situación de la Unsa, en realidad, cambia dependiendo de con quién se le compare. Si queremos establecer cómo está la universidad en base a los ranking mundiales, obviamente quedaremos decepcionados, pero si lo hacemos, por ejemplo, asumiendo que se trata de una universidad pública de provincias, el lugar de la Unsa es realmente destacado. En el Perú, debido a que en el gobierno de Fujimori se dio la posibilidad de que la universidad fuera entendida como un negocio, existen muchas universidades, algunas que en realidad venden títulos, y otras que son universidades de verdad, con un gran número de carreras, entre las que están las de humanidades y las de ciencias duras, y entre esta categoría está la Unsa.
Basta caminar por el campus de la Unsa para darnos cuenta que no se trata de una institución en decadencia, es cierto que falta equipamiento y que las condiciones no son las mejores, pero de allí a decir que la Unsa se está cayendo a pedazos hay una enorme distancia.
En lo económico, la Unsa paga mensualmente a sus docentes y trabajadores un adicional a su sueldo que lo obtiene de recursos propios, y esto no sería posible si sus centros de producción no estarían funcionando.
Además, es bastante conocido cuán requeridos son los profesionales de la Unsa, en varias de las carreras que esta universidad ofrece, y cuánto éxito tienen en el Perú y en el extranjero quienes fueron sus mejores estudiantes.
Dentro de la Unsa funciona la Oficina de Control Interno que no depende de las autoridades universitarias, sino directamente de Contraloría General de la República, y no hay proceso administrativo, incluso algunos bastante rutinarios y de poca importancia, que no pasen  por su supervisión, y hay que reconocer que  no es noticia constante desde hace varios años que se haya encontrado presuntos actos de corrupción.
Rohel Sánchez ha llegado al rectorado con apoyo de los docentes y de los estudiantes, que hacía mucho no tenían tanto protagonismo y empoderamiento, y lo ha hecho prometiendo un cambio, su primera decisión apunta en ese sentido; y esperamos, no que saque a la Unsa del caos, ya hemos dicho por qué no creemos en tal anomia, sino que aproveche toda la potencialidad que tiene esta universidad para no solo ser la mejor universidad pública de provincias (a final de cuentas un premio consuelo), sino una de las mejores del país y con presencia en el ámbito académico mundial. Todas las condiciones anímicas están dadas, y  la oposición reducida a su mínima expresión, así que mejor oportunidad que ésta no tendremos en muchos años. Independientemente de las simpatías políticas, quien no quiera trabajar en ese sentido debe dar un paso al costado, para al menos, no estorbar.



22 dic. 2015

Los candidatos grandes son chicos*

                                                              Por José Luis Ramos Salinas 

Por fin los medios se decidieron a incluir en la publicación de sus encuestas sobre las preferencias para las elecciones presidenciales de abril a candidatos como Verónika Mendoza, Julio Guzmán y Urresti, que hasta hace poco simplemente los agrupaban bajo la denominación “otros”; dando la falsa impresión que las y los ciudadanos de este país tendríamos que decidirnos entre Keiko Fujimori, Pedro Pablo Kuczynski, César Acuña, Alan García y Alejandro Toledo, a los que, con clara intención de favorecerlos, se les llama candidatos grandes. Esta estrategia de los grandes monopolios mediáticos es imitada por el CADE, por obvias razones, y hasta por algunas universidades y otras instituciones que pecan de ingenuidad.
Pero ¿qué tan grandes son los grandes? Resulta que Keiko Fujimori tiene 30% y eso efectivamente la coloca prácticamente como candidata fija para la segunda vuelta (lo que habla muy mal de nuestra formación ciudadana, por cierto); pero allí se acabaron los candidatos con un caudal importante de votos.
Veamos, el segundo es Pedro Pablo Kuczynski, que a penas pasa el 10% y eso en ninguna parte del mundo puede ser considerado como un respaldo significativo; Acuña tiene menos todavía: 8%, pero en lugar de hacer referencia a tan poco arrastre electoral, se le llama el tercero, como si se hubiera posicionado en ese puesto con un porcentaje de votos respetable. Más escandaloso es el caso de la dupla Alan García, Lourdes Flores, que tienen 5% y que esto sea entendido como que esta alianza esté entre las que tienen posibilidades de ganar la presidencia. Ya no hablemos de Alejandro Toledo con 3% y sus allegados peleándose para ser parte de la plancha, tal vez se creyeron que estaban entre los candidatos grandes.
A un punto de los “grandes”, es decir con 2%, aparecen empatados Verónika Mendoza, Guzmán y Urresti, y luego Renzo Reggiardo, Ricardo Belmont, Ántero Flores y Miguel Hilario. Este último aparece con 0,2% y se le ignora por completo por eso, cuando visto de otra forma, está a menos de 3 puntos de Toledo, y a eso en otras circunstancias y con otros intereses, se le llama “empate técnico”. Qué decir entonces de la candidata del Frente Amplio que está a un punto de Toledo, 3 de García y 6 del cantinflesco Acuña. ¿Se le puede considerar fuera de carrera? Y esto que decimos de Verónika Mendoza es válido también para Julio Guzmán y Urresti, y aún para los que van más rezagados.
Lo que quiero decir es que las corporaciones mediáticas nos están robando la democracia, pues ésta es a final de cuentas la posibilidad de elegir entre todas y todos los candidatos y no entre quienes estas grandes empresas han decidido llamar “candidatos grandes”, o con oportunidad de salir elegidos, y que inocentemente y con ánimo borreguil, el resto repetimos en medios más pequeños o hasta entre nuestras cuentas de redes sociales.
Keiko Fujimori se ha ganado con sus votantes un protagonismo en estas elecciones, lo que para mí es lamentable, pero el resto a santo de qué se les ha convertido en protagonistas. ¿A PPK por ser gringo en un país xenófilo? ¿A Acuña por no saber leer, pero sí saber contar los millones que invierte en su campaña que incluye “artistas”, entrevistas y primeras planas? ¿A García por liberar narcotraficantes con el “consejo de Dios”? ¿A Toledo por misericordia?
Y con qué argumento se ha decidido ignorar casi por completo a Mendoza, Guzmán y el resto. Por los votos no puede ser, como creo he podido demostrar.
Sobre los “grandes” hay gravísimas denuncias de corrupción, de oportunismo y de incapacidad. ¿Por qué entonces negarnos el derecho de elegir entre “los chicos”? ¿Solo porque intereses corporativos decidieron sacarlos de carrera? ¿Solo porque no tienen el financiamiento de las grandes empresas que luego contratarán con el Estado?
Considerar a los candidatos “chicos” no solo es darnos la posibilidad de elegir a alguien que no sea el cáncer o el sida, sino, y eso es lo más importante, constituye el rescate de nuestra democracia secuestrada por los poderes fácticos.

*Publicado en el diario Noticias del 21 de diciembre de 2015, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda 

15 dic. 2015

LA DEMOCRACIA COMO UN PARTIDO DE FÚTBOL*

                                                                          Por José Luis Ramos Salinas 

Las encuestas para la elección presidencial ya no causan expectativa en la ciudadanía, que no es lo mismo que población, sino desasosiego y hasta incredulidad. Parece que nunca antes hubiera habido elecciones en el Perú, ni gobiernos pasados, ni políticos con historia.
Solo así se explica que el fujimorismo vaya primero, por ejemplo; y que aparezcan con posibilidades de pasar a la segunda vuelta, protagonistas de gobiernos absolutamente cuestionables, e improvisados carentes de virtudes. Los medios de comunicación asumen esto con un entusiasmo que alarma, o con una neutralidad que también preocupa, pues la mayoría de las veces los análisis que acompañan las encuestas, enfocan meramente proyecciones estadísticas, el éxito o fracaso de un estilo de  campaña o cosas por el estilo. Sin tocar lo verdaderamente importante: qué significan estos resultados para nuestra democracia, para la construcción de ciudadanía, y qué  revelan respecto a la memoria y la autoestima nacional.
A veces parece que la tendencia, como en la televisión, es a la baja, y no hacia el difícil, pero necesario proceso, de pasar de ser masa a un conjunto de ciudadanos. Creo que falta poco para que la ciudadanía ya no pueda siquiera ser imaginada. A veces creo que no somos un conjunto de electores con ciertas opciones políticas, sino barristas que con más o menos pasión gritan por la agrupación política de su preferencia. El país está a punto de convertirse en un estadio, y las elecciones en un partido de fútbol, en el que solo falta decir: que gane el que juegue mejor.
Si las cosas son como digo, y no producto de un pesimismo injustificado, me temo que el fujimorismo ha ganado, y no porque Keiko Fujimori llegue a ser presidenta, eso es lo de menos, sino porque todo lo que significa la antítesis de la democracia, se ha instalado en el peruano como sentido común. Creímos, ingenuamente que la mafia fujimontesinista había destruido a la democracia formal, al Estado de derecho, pero parece que también nos destruyó a nosotros mismos.
Las alianzas de última hora solo parecen confirmar lo que decimos en los párrafos anteriores. El sector evangélico que asume la participación política como un mandato religioso libre de sustento ideológico, pasó de Cambio 90 a PPK y ahora al nada piadoso Acuña, que ha logrado atraer también al fantasmagórico  Somos Perú. Pero tal vez la alianza más difícil de entender sea la del PPC de Lourdes Flores, con el Apra de Alan García. ¿Cuáles son las motivaciones de esta alianza? ¿Coincidencias ideológicas? ¿Planes de gobierno coincidentes? ¿O el mero deseo de ganar el partido en un caso, y en el otro de no irse a la baja? Otra vez el fútbol como la gran metáfora de nuestra democracia fallida.
Y esto que vemos en las grandes ligas se repite en las más pequeñas, como las elecciones en la Unsa. La segunda vuelta convocada debido a que ninguna agrupación pasó el 50% ha traído la ventaja de una posibilidad de que las listas que ocuparon los dos primeros lugares puedan explicar mejor sus propuestas, pero no vemos que esto esté ocurriendo. Los candidatos parecen más preocupados en defenderse de las acusaciones mutuas y la prensa también fija allí su atención, pues cuando tiene posibilidad de entrevistarlos, las preguntas son casi siempre respecto a las denuncias, pese a que ya sabemos de memoria las respuestas;  cuando preguntan por sus planes para la universidad, el tiempo es tan corto, que solo alcanza para esbozar algún eslogan: acreditación, no más donaciones, una universidad de calidad, o frases por el estilo.
Pero la segunda vuelta también ha traído la gran desventaja de que debido a lo parejo que van ambas listas y a lo duro que fue la campaña, los sectores más recalcitrantes de ambas agrupaciones han obtenido mayor protagonismo queriendo convertir esto en una guerra, en lugar de un debate académico. Más vinculado a lo que señalábamos en las elecciones presidenciales, es el hecho de que no pocos docentes que participaron del gobierno de la universidad en los últimos años, ahora se hayan pasado a la supuesta oposición y se presenten como el cambio. Los oportunistas nunca van a faltar, pero que la comunidad académica no se percate de esto, es imperdonable.
Tal vez la culpa de todo la tuvo Juan Manuel Guillén, por construir un estadio, tal vez eso hace que creamos que las elecciones no son una competencia de ideologías y posturas académicas, sino un asunto de barras bravas.

*Publicado en el diario Noticias del 14 de diciembre de 2015, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda.




7 dic. 2015

Elecciones en la Unsa*

                                                        Por José Luis Ramos Salinas 

En esta misma columna y por otros medios he criticado duramente a la Asamblea Estatutaria de la Unsa por elaborar un cronograma electoral tan apretado que no daría tiempo ni para conocer a los candidatos, algo de vital importancia en unas elecciones que por primera vez participan los estudiantes y docentes con voto universal. El jurado electoral elegido pudo cambiar los 100 metros planos por el maratón, pero más pesó la amenaza formal de la Sunedu y su ultimátum para que el 31 de diciembre ya haya nuevas autoridades so pena de sanciones económicas y administrativas. También hizo su parte el congresista Daniel Mora, declarando permanentemente en los medios en contra de las actuales autoridades universitarias, no insinuando, sino afirmando que si permanecían en los cargos era para lucrar a costa del erario público, y que yo sepa eso es un delito por lo que no entiendo por qué el parlamentario no hace las respectivas denuncias a la fiscalía, si de verdad de eso se trataba.
La verdad es que la universidad peruana quedó atrapada entre una lucha de intereses económicos por parte de las universidades privadas, algunas de ellas mal llamadas universidades, y partidos políticos que han tenido cautivas durante décadas a varias universidades públicas y que ven en la nueva ley un peligro de perder todo lo que ello significa. En su lucha contra estos intereses extra académicos, Mora no ha mostrado objetivos más loables, sino que también poco o nada le importa la marcha académica de la universidad, siendo capaz de sacrificarla con tal de que se cumpla la ley que él promovió supuestamente con el fin de mejorar la calidad universitaria. Hay que decir además que si las autoridades universitarias, por ejemplo de la Unsa, se quedaban un semestre más, o incluso dos años más, no estaban incumplimiento la ley en lo absoluto, puesto que esta estableció el límite recién para el 2019. Ha sido la Sunedu la que ha interpretado la ley a su antojo y con presiones políticas y mediáticas, ha cambiado en los hechos los plazos establecidos por la ley.
A estas alturas, en pleno proceso electoral, y observando las características que ha tomado el mismo, me tengo que reafirmar que obedecer a la Sunedu y no a la ley fue un error de nuestras autoridades y en especial de la Asamblea Estatutaria.
Una de las críticas a este vertiginoso proceso electoral es que no iba haber tiempo para difundir las propuestas de los candidatos ni la oportunidad de que debatan ente sí. Y esto se ha cumplido y no hay forma de resarcirlo. Las propuestas, en algunos casos, se nota que han sido trabajadas con antelación al proceso electoral, pero como no hay tiempo de explicarlas se ha recurrido al  eslogan publicitario, y más grave, al ataque virulento contra el adversario, ya no para ganar votos, sino para restar los del competidor. Hasta se ha recurrido a matones regresándonos a épocas que suponíamos superadas.
El asunto del debate ha sido peor. Grupos  estudiantiles poco representativos los convocan con una organización que tiene que ser el reflejo de los pocos recursos con los que cuentan, y que en realidad solo sirven para promocionar por las redes sociales un fragmento del debate o del griterío posterior. Resulta curioso que luego del primer debate, si se le puede llamar así, la noticia sea que un candidato no fue y que a otro lo sacaron de competencia gritándole su militancia a Patria Roja. Más curioso que el candidato niegue esa filiación política y quién se la achaque sea un conocido militante aprista. (Evito los nombres porque no me interesa criticar a los candidatos sino al proceso electoral desde ya fallido al que nos ha arrojado la Sunedu).
Para hoy se anuncia en un volante que muestra desconocimiento total sobre las elecciones, un nuevo debate, esta vez al aire libre. Se ha inventado una nueva modalidad de mitin.
Termino dando cuenta de algo que nadie parece haberse percatado. Los más interesados en apurar las elecciones fueron los grupos de opinión contrarios al que está actualmente en el poder: Proyecto Universitario Agustino; pero viendo los candidatos que se han presentado en facultades para decanos, queda claro que este grupo ya ganó las elecciones. Pues sus rivales no han logrado presentar listas en la mayoría de los casos, dando pie a que este colectivo de docentes haya hecho incluso elecciones primarias para elegir a los candidatos entre sus más de 600 agremiados.
Esto quiere decir, que gane quien gane el rectorado este miércoles, tendrá que gobernar con Proyecto Universitario Agustino, pues no puede ser casualidad que algunos de los principales candidatos de los grupos rivales sean profesores que siempre fueron parte de la agrupación mencionada.

*Publicado en el diario Noticias del 7 de diciembre de 2015, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda.


30 nov. 2015

El futuro incierto de las universidades

En junio del año pasado se aprobó en el Congreso la nueva ley universitaria, la misma que recibió una fuerte oposición de los sectores ligados al Apra y al fujimorismo, así como de la Asamblea Nacional de Rectores. La docencia universitaria a este respecto se mostró dividida, al punto que hoy existen dos Fendup, una que reclama por la pronta aplicación de la ley y la otra que se opone a la misma.
Pocos días después de que se aprobara esta ley impulsada por la alianza entre Ollanta y Toledo, se presentaron varios recursos legales ante el Tribunal Constitucional para que este máximo organismo deje sin efecto varios de los artículos más cuestionados: las atribuciones de la Sunedu, el límite de 70 años para ejercer la docencia, la interrupción del mandato de las autoridades elegidas con la antigua ley y otros. El TC se pronuncia recién hace un par de semanas a este respecto declarando la vigencia de la ley en todos sus extremos.
Surge entonces en el Congreso la iniciativa de una ley que permite que los rectores de las universidades que aún no han cambiado autoridades, puedan culminar su mandato, o por lo menos prolongarlo un tiempo más, ya que la Sunedu ha emitido un ultimátum en el que anuncia graves represalias para las universidades que no hayan elegido nuevas autoridades hasta el 31 de diciembre de este año. El debate de esta ley fue boicoteado en una primera instancia por el retiro de los congresistas de la sesión, dejándola sin quórum, y en una segunda oportunidad se acordó pasar la discusión para el 9 de diciembre, pero ahora se ha anunciado que hoy en la Comisión de Educación será sometida a votación con la posibilidad que se archive definitivamente, pero aún es incierto lo que pueda pasar, ya que el oficialismo ha perdido a varios congresistas en los últimos meses y la oposición se ha consolidado.
Mientras tanto en medio de estas idas y vueltas las universidades deben seguir funcionando sin tener claro qué es lo que ocurrirá en el futuro próximo. Las que ya eligieron nuevas autoridades y han empezado su reorganización en base al nuevo Estatuto y la ley, no saben si el trabajo que vienen haciendo será útil ya que Keiko Fujimori y Alan García han declarado que en caso de ser elegidos cambiarían drásticamente la ley. A las que aún no han cambiado de autoridades, la ley les prohíbe nombrar, ascender y cambiar de régimen a los docentes, quienes se ven perjudicados por ello.
En la Universidad Nacional de San Agustín, luego de solucionarse un proceso legal, se aprobó hace poco el nuevo Estatuto y se estableció un cronograma electoral para satisfacer a la Sunedu, pero que viola la ley y que en mi opinión impedirá que el proceso electoral sea un acto verdaderamente democrático, ya que siendo los plazos tan cortos no habrá debates ni mayor difusión y discusión de las propuestas. Lo que hubiera sido ideal siendo la elección de autoridades por primera vez por votación universal, tanto de docentes como de estudiantes.
Son alrededor de 25 mil estudiantes que tienen derecho a votar y recién el viernes se inscribieron los candidatos, por lo que no habrá tiempo ni para que los conozcan, ya que varios de ellos no han tenido una vida institucional lo suficientemente activa para hacerse de una imagen en la comunidad universitaria. Siendo así las cosas es muy probable que el número de votos en blanco y viciados sea bastante alto, lo que restará representatividad a quien salga elegido. Por algo la ley establece que la votación debe hacerse en un plazo no menor de seis meses luego de convocado el proceso. En la Unsa tomará menos de un mes.

*Publicado en el diario Noticias del 30 de noviembre de 2015, en mi columna de opinión: Letra Menuda.

23 nov. 2015

De por qué rezar por la paz es apoyar al terrorismo*

                                                              Por José Luis Ramos Salinas 

Tras el atentado contra los periodistas de Charlie Hebdo, se desató una ola de solidaridad casi unánime en todo el mundo, y esto pese a que la línea editorial de la mencionada publicación ha sido acusada de fomentar el odio religioso. 
Tras la masacre de París, la reacción ha sido muy diferente en estos lares, y no ha faltado hasta quienes hayan sugerido que Francia se lo merecía, por su política intervencionista en Libia y Siria. Los más se han solidarizado con las víctimas, pero han recordado también las muertes provocadas por los bombardeos franceses.
Poco a poco, Siria ha empezado a convertirse en el tema de fondo, pero con un desconocimiento tal que hasta se ha planteado que ambos bandos dejen de disparar y vivamos en paz. Suena bonito, pero es irresponsable sostener algo así.
Francia intervino militarmente para derrocar a Gadafi en Libia, y con el mismo fin apoyó a grupos terroristas, entre ellos a los que ahora han formado el denominado Estado Islámico (ISIS). Este "Estado" se extiende en parte de los territorios irakí (gracias al caos provocado por la invasión estadounidense) y sirio. La represalia francesa ha consistido en bombardear territorio sirio, pero no el que está bajo control del gobierno de ese país, sino bajo la autoridad de los terroristas de ISIS.
Este grupo terrorista, probablemente solo comparable con el  Khmer Rojo de Polpot Pot, usa a la población civil que vive bajo su feroz dictadura religiosa, como escudo humano, y es por eso que cada que las potencias occidentales fingen combatirle arrojando bombas, las víctimas son gente inocente, pese a que el boletín militar oficial indique que fueron depósitos de armas o centros de entrenamiento de terroristas los que fueron los blancos.
A menudo el ataque se produce con drones no tripulados y aquí está la clave de todo, porque la población occidental ya no tolera muertos suyos al otro lado del mundo, entonces ISIS tiene que provocarlos en su propia casa. ¿Para qué? ¿Por qué es tan importante llevar la guerra a Europa o Estados Unidos? Simplemente para que surja el deseo de acabarla de una vez.
Y de hecho ya surgió, y por todos lados ya se escuchan pedidos de paz, fin a los bombardeos, la gente expresa su solidaridad con Siria, sin saber que a lo que llaman Siria es en la práctica otro país: el Estado Islámico. No sería raro por eso que el ISIS en poco tiempo ofrezca dejar de atentar contra Occidente a cambio de que no lo molesten en su objetivo de controlar una enorme extensión territorial en Irak y Siria y someter a la población, que aún no ha podido huir, a un régimen de horror indecible.
Por esto, no podemos pedir un cese al fuego y que vivamos en paz, porque la naturaleza de ISIS es de una brutalidad tal que no puede ser admitida por el mundo. Irak y Siria deben recuperar sus territorios y someter a la justicia a quienes los han usurpado.
Nuestra solidaridad tiene que  ser -siempre- con las víctimas, sean de donde sean, y con el El Partido de los Trabajadores de Kurdistán, que es quien realmente se ha tomado en serio combatir el terrorismo de ISIS, calle por calle, casa por casa y que por cierto, mientras enfrenta a los yihadistas, debe cuidarse las espaldas para evitar las bombas del gobierno de Turquía, miembro de la Otan y en la práctica aliado del Estado Islámico, como otros países que solo lo combaten en apariencia.
A ISIS hay que combatirlo desde la trinchera que nos toque, pedir paz es lo que ellos quieren que hagamos, así que Alejandro Romualdo nunca fue más preciso cuando nos pidió: “no reces cristiano (o musulmán), no reces, que con palabras no se hace nada”.

*Publicado en el diario Noticias del 23 de noviembre de 2015, en la columna de opinión denominada Letra Menuda.

16 nov. 2015

Elecciones sin candidatos en la Unsa*

                                                                     Por José Luis Ramos Salinas 

Luego de meses de estar paralizada, la Asamblea Estatutaria, en un solo día, cambió algunos artículos del borrador del Estatuto, sin que hasta la fecha sepamos cuáles ni en qué  sentido, a no ser por las declaraciones a la prensa de algunos de sus miembros, tanto docentes como estudiantes.
Ese mismo día también se estableció un cronograma electoral para elegir rector, vicerrectores y decanos con una premura insostenible, que denunciamos en esta misma columna la semana pasada, y que solo duró unos días, pues la misma Asamblea se vio obligada a rectificarse fijando las elecciones para rector para el próximo 9 de diciembre en lugar de la última semana de este mes. En nuestra opinión, este nuevo cronograma sigue siendo poco o nada favorable a un proceso que debe tener un profundo carácter democrático, ya que por primera vez se elegirán a las autoridades universitarias con voto universal y secreto.
Quedan 21 días para las elecciones y ni siquiera sabemos quiénes son los candidatos. Salvo por la agrupación Saberes que postula al médico José Luis Picoaga, ninguna de las otras que competirán (PUA, Idear, Acción Agustina) han hecho pública la plancha que proponen, y Saberes, por cierto, tampoco ha hecho saber a la comunidad universitaria cuáles son sus candidatos a vicerrector académico y de investigación, ya que el vicerrectorado administrativo no ha sido considerado en la nueva ley universitaria.
Si hasta la fecha no tenemos candidatos, nos preguntamos cuándo se harán conocer las propuestas académicas y de gestión, y con qué tiempo se podrán programar debates o por lo menos foros en los que se analicen las mismas desde diversos ángulos, para promover un voto consciente por parte de los más de mil 500 docentes y cerca de 25 mil estudiantes que tienen la responsabilidad de elegir a quienes dirigirán los destinos de la Unsa por los próximos cinco años.
Recién el viernes se eligió el Comité Electoral, y creo, por lo acabado de explicar, que su primera acción debiera ser modificar el cronograma electoral postergando la elección por lo menos dos semanas y así asegurar que esta competencia sea de ideas y propuestas con un carácter académico y profundamente universitario, y no de marketing electoral, entendido en su peor acepción.
Por ello, creo que resulta encomiable que el Proyecto Universitario Agustino, conocido como PUA, haya establecido que sus candidatos a rector y vicerrectores  se elegirán en elecciones internas. Más interesante resulta todavía, que en estas elecciones primarias compitan planchas y no personas, y que se haga bajo la modalidad del voto secreto para cada uno de los docentes que desee participar de las mismas. Claro que siempre hay formas de arruinar estos impulsos democráticos: una excesiva rigidez a la hora de establecer el padrón electoral, o una modificación de las reglas de juego en el último momento, que deje en manos de la dirigencia la conformación de la plancha definitiva. Esperemos que nada de esto ocurra.
Pero otra vez tenemos que advertir que cronogramas como el establecido, atentan contra iniciativas democráticas como la señalada líneas arriba, y que debiera ser imitada por las otras organizaciones en competencia, pero que tienen en el escaso tiempo que queda, un argumento de peso para que la designación sea finalmente a dedo.
Y es que estás elecciones en la Unsa no sólo deben servir para elegir nuevas autoridades, sino para institucionalizar prácticas y procesos democráticos, que deben fortalecerse año a año, elección tras elección, y por ello debo concluir, otra vez criticando a la Asamblea Estatutaria que estableció un sistema electoral para la conformación del Consejo Universitario y la Asamblea Universitaria, que favorece a las mayorías, pues solo obtendrán representación las dos listas con mayor votación, sin tener en cuenta proporcionalidad de votación (se hará en base a porcentajes del 75 y 25%), ni el nacimiento de nuevas corrientes de opinión. El mismo sistema que utiliza Estados Unidos para asegurarse, que salvo los partidos Demócrata y Republicano, nadie tenga representación en el Congreso. Más sano nos parece el sistema peruano, que con la famosa cifra repartidora, permite que las minorías también estén representadas.

*Publicado en mi columna Letra Menuda en el diario Noticias del 16 de noviembre de 2015, Arequipa, Perú.


8 nov. 2015

La Unsa en su hora más decisiva*

                                                            Por José Luis Ramos Salinas 


El día viernes, la Asamblea Estatutaria de la Universidad Nacional de San Agustín se volvió a reunir luego de que por una orden judicial estuvieran suspendidas sus actividades desde mediados del mes de julio pasado. En ese momento,ya prácticamente se tenía concluido el Estatuto, y lo que faltaba era establecer el cronograma de elecciones para las nuevas autoridades. Así que al retomar el trabajo, la Asamblea decidió hacer todo lo que faltaba en una solasesión maratónica que concluyó casi a media noche. Sin embargo, en mi opinión, tanta celeridad no contribuye a la adecuada marcha de nuestra universidad sino que compromete gravemente su futuro.

El objetivo del nuevo Estatuto es adecuar el funcionamiento de la Unsa a la nueva ley universitaria aprobada por el Congreso el año pasado. Tal paso no es poca cosa, pues independientemente de las objeciones que tenemos respecto a la misma –como la pérdida en la práctica de la autonomía universitaria- da a las universidades públicas en general y a la nuestra en particular la oportunidad de operar cambios trascendentales que redunden en una mejora integral de la calidad académica, tanto en la formación de profesionales como en las tareas de investigación científica y producción de nuevos conocimientos. A este respecto, la comunidad académica no puede pronunciarse, pues no se ha publicado dicho documento y lo único que tenemos es un borrador que circuló vía electrónica hace unos meses. Y en estas condiciones, en las que ni siquiera tenemos acceso al Estatuto se convoca a elecciones para elegir a las nuevas autoridades de la Unsa. Algo realmente grave, si se tiene en cuenta que entre las cosas que norma el Estatuto están,  precisamente, los procesos eleccionarios.

Así resulta que por declaraciones periodísticas, porque no se ha publicado ningún comunicado oficial, los más de 25 mil estudiantes y casi 2 mil docentes debemos darnos por enterados que las elecciones para elegir rector,  vicerrectores y decanos ya están en marcha. Y que hoy se conforma el comité electoral sin que nadie sepa, salvo los asambleístas, que dice el Estatuto a este respecto. Pero sí sabemos lo que dice la ley: Cada universidad pública tiene un Comité Electoral Universitario que es elegido por la Asamblea Universitaria cada vez que ocurre un proceso electoral, con una anticipación no menor de seis (6) meses previos a dicho proceso...” Y por ello nos llama poderosamente la atención que la fecha de la votación para elegir al rector y vicerrectores se haya fijado para el 27 de noviembre, pues esto significa que en lugar de los seis meses que la ley considera un tiempo prudencial para organizar una elección tan importante se le dé al comité electoral tan solo tres semanas para tan complicada tarea.

Pero si esto ya nos parece contraproducente, nos parece mucho más grave el cronograma establecido para todo el proceso: el 18 de noviembre se inscriben los candidatos y el 25 se publica quiénes están aptos para competir y dos días después es la votación, lo que quiere decir que los candidatos tendrán para hacer su campaña tan solo un día. Y eso en la práctica no es una elección democrática, sino un sorteo.

Y por qué califico tan críticamente lo que han hecho los asambleístas, pues porque esta vez no se trata de que voten varias docenas de personas, como era en la ley anterior, sino que deben participar alrededor de 30 mil votantes. Y en un día de campaña es obvio que no habrá debates entre los candidatos y ni siquiera una adecuada exposición de sus propuestas, y si a eso le añadimos que lo más probable es que los 25 mil alumnos que votarán no conocerán a los candidatos ni de nombre y mucho menos de trayectoria académica y profesional, me tengo que preguntar cuál será el criterio de los estudiantes para elegir entre uno u otro. Y hasta en los docentedebe de existir desconocimiento, pues los hay quienes solo hace unos años ingresaron a la docencia y quienes tienen poco conocimiento respecto a la trayectoria de quienes no tienen profesiones afines.

Si el argumento es que el gobierno está presionando para la elección de nuevas autoridades, habría que aclarar que el límite es el 31 de diciembre, y bien haría el comité electoral que se elija en aprovechar cada día que sea posible para que éstas sean unas elecciones en las que compitan propuestas y calidades personales, y no una en la que será la suerte la que decida los destinos de nuestra universidad.


*Publicado en mi columna de opinión denominada Letra Menuda, en el diario Noticias del 10 de noviembre del 2015, Arequipa, Perú.

2 nov. 2015

The L Word

The L Word” es el nombre de una serie de televisión en la que se narra las vicisitudes de un grupo de mujeres, todas ellas lesbianas, y por ello con experiencias vitales similares. Al estar ambientada en California, la discriminación que sufren es mucho menor que a la que estarían expuestas por estos lares.

La reseña viene a cuenta porque el sábado pasado se desarrolló en Paraguay una marcha en la que la Iglesia Católica compartió tribuna con las evangélicas para protestar contra los proyectos de ley que se han presentado en el Congreso de ese país para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto y la eutanasia. Sus argumentos, como es obvio, tienen un fuerte carácter religioso; pero no se limitaron a criticar las iniciativas legislativas mencionadas sino que enfilaron sus ataques contra lo que llaman la “ideología de género”, y que no es otra cosa que el desarrollo teórico del movimiento feminista; y reclamaron por una educación que se base en el derecho a la patria potestad, o dicho de otro modo, que el Estado se inhiba de incluir ciertos contenidos en la educación escolar, porque estos deben ser tratados única y exclusivamente al interior de la familia.

¿Suena conocido? Recuerda al mal llamado “Manifiesto de Arequipa”, impulsado por el arzobispo de esta ciudad, y que además de oponerse al aborto, y a la unión civil, hace referencia explícita a la educación sexual, la cual, a su entender, debe ser eliminada de los colegios del Estado y pasar a ser una cuestión que solo debe ser asumida por los padres. Entonces, suena conocido y suena medieval.

El fracasado proyecto de ley de la unión civil y el archivamiento del proyecto de despenalización del aborto en caso de violación, han dejado en evidencia que lo que está en juego en nuestro país, no es la unión civil o el aborto; sino la naturaleza de nuestro Estado: laico o religioso. Y esto por la forma en la que se ha dado el debate, no solo en la sociedad civil, donde tuvieron activa participación las organizaciones ligadas a la Iglesia Católica, sino incluso al interior del Congreso, donde algunos parlamentarios, como Juan Carlos Eguren, parecían no representar a sus electores, sino a ciertas creencias religiosas, y en ciertos momentos críticos daban la impresión de ser meros operadores de la jerarquía eclesiástica. Si a esto le sumamos que el pastor Humberto Lay, argumenta sus proyectos de ley con citas bíblicas, comprenderemos el peligro de que nuestro Estado pierda todo atisbo de condición laica, característica imprescindible de cualquier sociedad moderna y columna fundamental para cualquier democracia.

Y Lay llegó al Congreso de la mano de Pedro Pablo Kuczynski, y hace unos días anunció que formará plancha presidencial con César Acuña; y a Eguren se le voceó como candidato presidencial. Por ello consideramos que nuestra condición de Estado laico, establecida en la Constitución, debe ser un tema que debe incluirse en los debates y propuestas electorales.

Las denuncias contra Luis Fernando Figari que el libro de Pedro Salinas ha logrado que sean conocidas por el país, no son lo que más debe preocuparnos; sino las reacciones del sodalicio y de la cúpula del poder católico, quienes quieren tomar a la ciudadanía por estúpida, y con argumentos que no resisten el menor análisis quieren hacernos creer que colaborarán para que se enjuicie y condene a los culpables, cuando en realidad encubrieron los delitos durante por lo menos cuatro años, pues fue en el 2011 cuando ellos recibieron, de parte de los agraviados, las denuncias respectivas. Ahora dicen que no eran competentes y que enviaron el caso al Vaticano y éste reacciona solo después del escándalo enviando a un investigador que ya declaró que no va a investigar. Casi parece el Ministerio de la Verdad investigando al Ministerio del Amor de la novela 1984.

El libro de Salinas, además, ha motivado a que otros denuncien lo que ya es evidente que no fue un exceso de Figari y otros miembros, sino el modus operandi de una organización que regenta colegios y universidades; y ya se han escuchado voces de padres preocupados por sus hijos, para que colegios como el Prescott, que se presumía laico, deje de ser zona libre del sodalicio.

Y lo peor es que estas abominables prácticas y su encubrimiento se hacen con financiamiento del Estado, es decir con el dinero de todos los peruanos. Ya se ha fijado en más de 2 millones de soles la contribución del Estado a la Iglesia Católica para el 2016. Y a pesar de eso, el Ministerio Público no se atrevió a proceder de oficio cuando debió hacerlo. Y a la Fiscalía de Prevención del Delito le falta iniciativa y coraje.

Esperamos entonces que algún candidato o candidata presidencial, tenga el valor de poner como eje central de su plan de gobierno, el cumplimiento irrestricto de nuestra Constitución en cuando al carácter laico de nuestro Estado. The L Word, debe ser ahora de laico.


*Publicado en el diario Noticias de Arequipa, Perú, del 2 de noviembre de 2015, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda.

26 oct. 2015

Trompita, trompón y los trompeteros*

                                                                 Por José Luis Ramos Salinas 
The Washington Post publicó hace unos días que Donald Trump, quien tiene muchas posibilidades de llegar a la presidencia de Estados Unidos, formó su imperio económico gracias a una estrecha y amigable relación con las mafias que controlaban el negocio de la construcción en diferentes estados de Norteamérica. Pero eso no es lo que nos interesa analizar en esta oportunidad, sino la otra revelación del periódico norteamericano: Donald Trump era un permanente contribuyente a los fondos de las campañas electorales de los políticos con posibilidades de convertirse en autoridades de las ciudades donde él tenía intereses económicos. De hecho, no tuvo escrúpulos para violar la ley norteamericana y hacer donativos por encima de los límites legales o hacerlos a través de concesionarias de sus empresas para hacer aparecer como varias, lo que realmente era solo una enorme contribución. Así Trump logró nexos políticos que le servirían para hacer crecer sus negocios al extremo de convertirlo en el multimillonario que es hoy.
La realidad peruana no es muy diferente. Basta pensar en los spots televisivos, muy costosos, con los que nos bombardean los diferentes partidos políticos cada que hay elecciones. ¿De dónde sale el dinero para pagarlos? ¿Y para cubrir los costos de los mítines, de los afiches, de las gigantografías y de todo el material publicitario que una campaña demanda? Pues de los aportes que recibe el candidato de quienes están interesados en lo que podrían obtener de él en caso llegue a la presidencia. Por eso no es raro que incluso se colabore económicamente con dos o más candidatos diferentes e incluso enemigos políticos, pues no se trata de convicciones ideológicas sino de negocios, simplemente.
La ley obliga a los partidos políticos a indicar los montos invertidos en su campaña y el origen de los mismos, pero esta sea probablemente una de las leyes más vulneradas en el país. Basta leer la página Web de la Onpe para comprobarlo: partidos que declaran montos que una simple suma deja en evidencia que son falsos, o que atribuyen sus fondos a donantes que no tienen donde caerse muertos, o la salida fácil e inverosímil de “aportes de los militantes”, incluso en partidos que no tienen vida orgánica. En resumen, en el Perú los partidos ocultan cuánto gastan en su campaña electoral y el origen de esos fondos. ¿Por qué? Porque si declararan la verdad sería muy fácil establecer el pago de favores a los aportantes, a los Donald Trump locales.
Una de las denuncias más graves contra Nadine Heredia trata precisamente de esto. Las anotaciones en sus agendas dan pistas suficientes para averiguar quiénes financiaron la campaña del Partido Nacionalista que ella preside; y a partir de allí se pueden reconstruir los lazos que el gobierno ha establecido para la retribución a los aportantes.
Pero resulta jocoso que quienes la acusan sean precisamente maestros en estas mañas. Pensemos en el Apra y cómo ha quedado bajo clara sospecha tras las investigaciones en Brasil sobre los tentáculos de la gigante Odebrecht; y si queremos ser extremos recordemos a Agustín Mantilla recibiendo en el año 2000, 30 mil dólares de Montesinos para la campaña electoral. El fujimorismo no tiene un mejor historial en esta materia con su actual secretario general investigado por lavado de activos, y su líder, un avezado ladrón. Toledo y el financiamiento de la Marcha de los Cuatro Suyos, etc.
Y esto es tan así, que en el parlamento se ha puesto toda clase de trabas en la aprobación de una ley que permita mayor control sobre los aportes que reciban los partidos.
Por todo esto, Trump es un trompón, Nadine una trompita que hasta anota todo y deja sus agendas al alcance de otros, y el resto de partidos que la condenan, trompeteros hipócritas. A la primera dama hay que aplicarle la ley, pero ese debería ser solo el primer paso, para ir después por los peces gordos, que ahora se pavonean levantando el dedo acusador.

*Publicado en el diario Noticias de Arequipa, Perú, del 26 de octubre de 2015, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda.


19 oct. 2015

Los Enemigos de la Democracia*

                                                                 Por José Luis Ramos Salinas  

Creer, como sostienen no pocos en nuestro país, que quienes se ubican en la izquierda, son un peligro para la democracia; es como pensar que en un terremoto lo peligroso es quedar sordo por el ruido.
Mientras descubrimos que la política nacional no es algo que se maneja entre compadres, sino entre tíos y sobrinos; y a cada escándalo le sigue uno mayor y que los vicios cometidos por una agrupación política no son la prueba de la inocencia de las otras, sino de los niveles insospechados de cinismo a los que pueden llegar; vamos perdiendo de vista eso en lo que quienes están en el poder y quienes tienen posibilidades de relevarlos están de acuerdo. ¿No debiera llamarnos a sospecha que un par de carteras hayan causado tantos titulares y un acuerdo comercial que compromete la soberanía del país y su futuro a penas si haya merecido atención de las corporaciones mediáticas? ¿No preocupa que las baterías políticas contra el gobierno estén desde hace unos meses disparando sin tregua por lo que fuere, y por un tratado que se negoció bajo la mesa no haya ni una bala de salva? El peligro no está en aquello por lo que se enfrentan el gobierno y la oposición, sino en aquello en lo que tienen consenso.
Nos referimos al Acuerdo de Asociación Transpacífico, TPP por sus siglas en inglés, que vincula a 12 países en aspectos claves, no solo de comercio internacional, sino también de políticas internas, y que tiene un alcance que equivale al 40% de la economía mundial. Este acuerdo se ha venido negociando desde hace años, bajo el impulso de Estados Unidos que actuó como operador político de las 600 corporaciones transnacionales que ven en él una gran oportunidad para controlar la economía planetaria. Por ello, es que era necesario que se hiciera en el más estricto secreto, sin que los millones de habitantes cuyas vidas se iban a ver afectadas tuvieran siquiera idea de qué se hacía a sus espaldas. El misterio terminó en parte cuando Wikileaks logró tener acceso a algunos documentos confidenciales y los publicó en Internet. El mundo se enteró de que quienes deciden el futuro son las grandes corporaciones a quienes nadie ha elegido ni dado poder político alguno. Pero a quienes se persigue es a Assange y a su gente. No es casualidad que los Estados firmantes del TPP se comprometan a combatir, lo que quienes gobiernan el mundo por encima de nuestras democracias llaman, “delitos informáticos” y hasta coloquen en la mira al periodismo de investigación.
¿Pero qué tiene que ver el periodismo de investigación con un acuerdo de comercio internacional? Pues eso mismo, que no se trata de comercio solamente, sino de políticas laborales, protección de datos, políticas de salud y hasta censura de contenidos en Internet. En suma, se trata de un golpe de estado corporativo, como se le ha llamado en Europa, en donde no pocos ciudadanos han salido a las calles para protestar contra lo que consideran un jaque a la democracia. Médicos sin Fronteras ha señalado que este acuerdo pone en peligro el acceso a medicamentos, porque se ha preferido las ganancias de los gigantes de la farmacéutica a la salud de los pobres; y la Electronic Frontier Foundation ha dado la alerta sobre el peligro que el TPP significa para quienes usan Internet como un ejercicio de libertad y democracia. Se trata de dos instituciones de prestigio mundial y a quienes no se les puede acusar de nada; aunque sin duda ahora sufrirán las consecuencias de enfrentarse a quienes controlan el mundo.
Si de verdad fuéramos demócratas, lo que no podríamos perdonar al gobierno de Humala es que haya aprobado el TPP a espaldas de la ciudadanía, y lo que no debiéramos perdonar a la oposición es que sobre este aspecto no diga nada. Cuando el próximo gobierno se haga cargo, vendrán nuevos escándalos, pero el TPP será “un triunfo” que el viejo y nuevo gobierno querrán disputarse.
Mientras tanto seguiremos tapándonos los oídos para que el terremoto no nos deje sordos, mientras las corporaciones transnacionales nos sueltan el techo encima.

*Publicado en el diario Noticias del 20 de octubre de 2015, Arequipa, Perú. En mi columna de opinión denominada Letra Menuda.



12 oct. 2015

¿Mendoza sí, izquierda no?

                                                                 Por José Luis Ramos Salinas 

 

El Frente Amplio dio a conocer el sábado pasado el resultado de las elecciones primarias que se llevaron a cabo hace una semana para que sus simpatizantes de manera universal, secreta y libre eligieran a su candidato o candidata presidencial. La ganadora ha resultado ser Verónika Mendoza, quien actualmente ocupa una curul en el Parlamento, y quien estuviera entre los primeros congresistas que dejaron la bancada del nacionalismo en el 2012 (junto con Javier Diez Canseco), luego del viraje de Humala a la derecha.

Pero no nos interesa en este artículo analizar la trayectoria de Mendoza, sino lo que ha significado estas elecciones primarias para la política peruana.

Si alguien saliera a decir que hay gran nerviosismo en el APRA por saber quién será su candidato a la presidencia, sería el hazmerreír general y el propio Alan lo expulsaría del partido. Si alguien dijera lo mismo del fujimorismo y de Keiko, no solo sería la burla nacional sino que el propio Alberto Fujimori convocaría a la dirigencia del partido a la sala de reuniones que tiene en su celda para hacerles saber que él ya decidió dejar el trono a su descendencia. Si pasara algo similar con PPK, no solo sería la broma del mes, sino que habría que cambiar el nombre del partido, el de los militantes que ya no podrían ser pepekausas, o curar por lo sano y buscar algún candidato que se llame Paúl Palacios Kraus. Si fuera el caso de Toledo, habría que cambiar la T del símbolo de Perú Posible; y lo mismo sucedería con Acuña.

Por ello, estas elecciones primarias, independientemente del proyecto político y la ideología del Frente Amplio, de los que podemos discrepar o no, son una lección de ciudadanía y democracia que merece ponderarse, y que debiera ser ejemplo para los otros partidos, algo que, por lo acabado de explicar, les sería imposible de imitar. Más si quien ganó en el Frente Amplio no fue Marco Arana, quien era el favorito y a quien la prensa desde hace más de un año le llama candidato presidencial. Por eso, habla muy bien de él, que de inmediato haya reconocido los resultados, le haya otorgado su respaldo a Mendoza y que partiera de él la solicitud de anular unas mesas en las que iba ganando pero en las que hubo irregularidades.

¿Pero esto significa que los simpatizantes del Frente Amplio hayan preferido una candidata más moderada? De modo alguno. La candidatura de Verónika Mendoza fue apoyada por algunos de los grupos más izquierdistas del Frente Amplio; y Arana recibió el respaldo de algunos sectores moderados. Se eligió entonces una personalidad, una posibilidad de generar empatía con el electorado, alguien que no tuviera que empezar su campaña con todo lo que los medios han dicho en su contra durante años. Mendoza es mejor candidata, pero en mi opinión, no significa un cambio de postura política del Frente Amplio; y eso es saludable para la democracia peruana: la solidez ideológica y no el peligro de transformaciones camaleónicas. Parte de la derecha se ha percatado de esto y por eso se ha dedicado a demostrar el izquierdismo de la ya candidata.

Además, todo esto le da la posibilidad a Marco Arana de ubicarse más a la izquierda dentro del Frente Amplio, de lo que le ha permitido la presión mediática; convertirse en el ancla ideológica que nos asegure que no se permitirá Ollantas ni Nadines en el Frente. Y es que el Perú necesita una agrupación de izquierda radical que permita que este sector entre al juego de la democracia en lugar de verse obligado al griterío y la trifulca en la puerta del estadio.

Tal vez Arana no lo sepa, pero haber perdido las elecciones internas puede que sea su gran oportunidad. Para aprovecharla, debe empezar por pedirles a los periodistas y a sus simpatizantes que dejen de llamarle “padre”, a no ser que su meta sea el arzobispado y no la presidencia.


* Publicado en mi columna Letra Menuda del diario Noticias del 12 de octubre, Arequipa, Perú.

4 oct. 2015

De cómo la viveza se convirtió en el antónimo de suicidio*

Por José Luis Ramos Salinas

Varios gobiernos latinoamericanos inician procesos de transformación de sus Estados, el de Venezuela es el que más atención mediática recibe y Hugo Chávez es retratado como el mismísimo demonio.
Es 2006 y en el Perú Ollanta Humala se presenta a la presidencia y de inmediato se le vincula con el presidente venezolano; se le presenta como radical y como chavista y Ollanta no hace mucho para negarlo. Alan García quien participa con un discurso de centro izquierda le gana las elecciones.
El 2011 las oportunidades de Humala son mucho mayores, propone una gran transformación del país que la derecha y los medios de comunicación ven como un intento de convertir al Perú en Venezuela, o por lo menos en la Argentina de los Kirchner, lo tachan de comunista. Pero la población, además de las agrupaciones y partidos de izquierda, lo apoya y logra pasar a la segunda vuelta. Necesita nuevos aliados y nuevas alianzas. Modera, en gran medida, su discurso, logrando que algunos grupos de derecha le den el sí. Son los tiempos de la famosa hoja de ruta con la que gana la presidencia.
Al día siguiente de su triunfo la derecha que es apoyada por los medios de comunicación le empiezan a decir a Ollanta lo que tiene que hacer y con quién formar gobierno. Da la impresión de que gobiernan quienes perdieron las elecciones. Humala cede el ministerio clave de economía y empieza una gran transformación, no del país, sino de su discurso y de sus posturas. Nadine, quien se creía representaba el ala izquierda del nacionalismo, muy rápido cede al glamour del poder y a los elogios de quienes hasta hacía poco eran sus enemigos políticos. Poco después, un grupo de congresistas renuncia al oficialismo y deja libre el camino para que Ollanta vire cada vez más hacia la derecha para contentar a los poderes fácticos y a sus operadores políticos.
Pero la derecha no se siente totalmente complacida y exige más y Ollanta se lo da. La población que votó por él se siente traicionada y de sus aliados originales no va quedando nadie. El papel que el gobierno asumió en el conflicto por el proyecto de Tía María, es la prueba de en quién se convirtió Ollanta, pero también es la evidencia de que la derecha jamás se sentirá satisfecha, que nunca aceptará ni a Nadine ni a Ollanta como parte de los suyos, e inicia una campaña de demolición contra la pareja presidencial. El objetivo es sepultarlos políticamente sin posibilidad de que algún día resuciten con un nuevo discurso de izquierda. Se aprovechan de los indicios de corrupción del gobierno y de los errores políticos que éste comete. Tal vez ahora Ollanta esté empezando a comprender que cuando decidió virar a la derecha luego de ganar las elecciones, en realidad, cometió suicidio.
2015, las intenciones de voto le dan a Keiko Fujimori un apoyo mayor del 30%, es la favorita del electorado y de lejos. Es la representante de la derecha más dura y de los poderes fácticos; y por ello no tiene empacho en elogiar al gobierno mafioso de su padre. Pero eso no le alcanza para ganar las elecciones. Decide entonces aprovechar la tribuna que le brinda la universidad de Harvard para anunciar su giro hacia a la izquierda y elogia a la CVR a cuyos miembros antes llamó terroristas y manifiesta su apoyo a la unión civil y al aborto terapéutico, algo impensable si se tiene en cuenta que ella también representa a los sectores religiosos más conservadores.
¿Keiko está haciendo lo mismo que Ollanta? ¿Si gana las elecciones al día siguiente cederá posiciones a los grupos de izquierda hasta deshacerse de sus aliados de la extrema derecha? Creemos que no, que si la hija del dictador gana las elecciones, al día siguiente desmantelará lo poco que se ha hecho en base al informe de la CVR, que impedirá que se legalice la unión civil y que declarará ilegal el aborto terapéutico o por lo menos hará que sea imposible su aplicación. Un beso de Julio Rosas sellará su retorno al buen camino.
Si lo que Ollanta hizo cuando ganó las elecciones fue suicidio, lo que Keiko intenta es, meramente, una viveza.


* Publicado en mi columna Letra Menuda del diario Noticias del 5 de octubre de 2015, Arequipa, Perú.

1 oct. 2015

El Dador de Realidad*


El común de las personas cuando ve una película de terror se asusta, si es romántica suspira y sufre o se alegra con las vicisitudes de los protagonistas, si es un drama no sería extraño que los espectadores derramen lágrimas y sufran con el sufrimiento de los personajes. La cinta podría tener el formato más realista posible o podría ser una animación por computadora y en cualquiera de los casos, el efecto sería el que acabamos de explicar.

El ser humano vive la ficción como si fuera real, para ello, es cierto, pone de su parte. No es que el cine lo engañe, sino que existe una voluntad y una predisposición a asumir lo que se ve en la pantalla como una realidad, realidad ficcional sin duda, pero realidad. Si en esas mentiras se esconden verdades profundas es algo que no vamos a discutir aquí, pero en todo caso ese asunto ya está bien aclarado por Vargas Llosa en su: “La verdad de las mentiras”.

Ahora, imaginemos no una película o una telenovela, o una serie televisiva; sino un noticiero. Si en la ficción hay un compromiso de parte del espectador para sentir como real aquello que sabe de ante mano que no lo es, cuán más intensa será esta actitud si aquello ante lo que está viene con un sello que dice “realidad”.

La realidad “se ve”, también se escucha o se le huele, pero ante todo se le ve. La vista ha ido quitando terreno a nuestros otros sentidos desde el Renacimiento y en la actualidad es casi una reina acompañada de vasallos. Piénsese solo en como el diagnóstico médico ha ido prescindiendo del olfato, del oído y del tacto, para entregarse por completo a la vista. Cada vez son menos los médicos que usan el estetoscopio y prefieren ver un electrocardiograma  o una ecografía, y si todavía queda algún galeno que huela a su paciente debe tratarse de un caso extremadamente excepcional. En el “Ensayo sobre la ceguera”, de Saramago, se narra sin concesiones como hemos creado el mundo a partir de la vista.

La televisión y la fotografía resultan entonces pruebas irrefutables de realidad, aunque cualquier camarógrafo o fotógrafo aficionado sabe que eso no es así. Filmar esto y no aquello, fotografiar en tal ángulo o en tal otro, son en esencia modificaciones de la realidad, por no decir una manipulación de la misma.

Pero por lo que explicábamos en el primer párrafo y por el consentimiento de facto de que los noticieros muestran los hechos tal y como ocurrieron, el ser humano promedio, vive el noticiero cual si estuviera viviendo la realidad. Solía repetirse el dicho “pon los pies en la tierra”, cuando quería pedirse a alguien que dejara de soñar y viviera la realidad, aunque ésta no fuera precisamente halagüeña. Ahora, para igual exhortación habría que decir: “pon los pies en el noticiero”, o “mira noticieros y deja de soñar”.

Hasta aquí nos hemos referido casi exclusivamente al formato televisivo, pero todo lo dicho vale también para la radio o la prensa escrita. Además téngase en cuenta que hoy las radios muestran videos, lo mismo que los periódicos. Para comprobarlo basta entrar a sus páginas Web o a sus cuentas en las denominadas redes sociales. Pero aunque no lo hicieran, lo importante es que aquello que difunden tiene también el sello de “realidad”, un sello que además muy pocos cuestionan. Entonces también se podría decir. “prende la radio y deja de soñar”; o “lee el periódico y pon los pies en la tierra”.

Es cierto que a veces se descubre que aquello que fue presentado como verdad por algún medio de comunicación no lo era, o por lo menos no lo era tanto; pero en esos casos se considera que ha habido una intención dolosa, una voluntad de engañar; porque lo que los medios hacen normalmente, la que es su función por antonomasia, es hacernos vivir la realidad.

Llegamos entonces a la ya vieja pregunta: ¿los medios reflejan la realidad o la crean? Si, junto con Thomas Kuhn y todo el pensamiento posmoderno, coincidimos que la realidad está formada, por lo menos en parte, por la mirada; es decir que la realidad no es un dato a ser aprehendido, sino que se construye a partir de nuestro particular punto de vista; deberemos concluir que los medios no reflejan la realidad aun cuando se esmeren en hacerlo; porque el solo relato (fílmico, auditivo o textual) de la misma, implica un constructo.

Entonces, en una sociedad mediatizada, es decir una sociedad en la que los medios de comunicación tienen una omnipresencia y su influencia llega a todos los aspectos de la vida social, todos y todas terminamos viviendo en una realidad que ha sido creada por los mismos. En una sociedad mediatizada y globalizada, donde un terremoto al otro lado del mundo podemos verlo en tiempo real; donde terminamos conociendo de cerca realidades de latitudes muy lejanas; resulta imposible poner los pies en la tierra, no quedándonos más remedio que ponerlos en las noticias (relatos y por tanto constructos de los hechos noticiosos).

Ya hace mucho que se dijo: “salgo en la televisión luego existo”, y más recientemente “salgo en Internet luego existo”; pero la verdad es que existimos, respiramos, y caminamos, sobre aquello que la televisión, Internet y en general los medios de comunicación han hecho existir.

Pero los medios no son robots, aunque algunos procesos de la fabricación de la noticia ya se han automatizado (hoy en día muchas de las noticias que leemos las han escrito no humanos, sino software), sino que están formados por personas, y estas personas se llaman periodistas. Y a estas alturas de lo dicho ya resulta evidente la enorme importancia social de esa profesión. En un mundo posapocalíptico es probable que haya un “dador de sueños”; pero en el mundo preapocalíptico que vivimos, necesitamos de “dadores de realidad”, y esos son los periodistas.


* Publicado en el diario Noticias del 01 de octubre del 2015, con motivo del Día del Periodista.

28 sep. 2015

El deporte de dispararse a los pies*

Por José Luis Ramos Salinas 

El día de ayer empezó a circular en distintos medios de comunicación una encuesta que recoge las opiniones de la ciudadanía acerca de la pareja presidencial. Los titulares advierten que tanto Humala como Heredia llegan a mínimos históricos de simpatía, pero la verdad es que hace meses a penas si pasan el 10% de aprobación; no se trata tampoco de un fenómeno político suigéneris en nuestro país, sino recordemos como Toledo tuvo que gobernar con una aplastante desaprobación que lo persiguió casi durante todo su periodo, y eso que la economía crecía en esos años y que de Ecoteva ni se hablaba.
También suele ocurrir lo opuesto, como el relativo buen índice de aprobación con el que García concluyó su segundo mandato, solo para que después su partido no pueda  presentar una candidatura a la presidencia y su posterior descalabro en la votación obtenida para el Congreso.
Pero regresemos a la desaprobación de Ollanta y Nadine que tiene una novedad interesante, por primera vez, el presidente está mejor considerado que su esposa, levemente, pero mejor. ¿Qué ha ocurrido para que la imagen de quien solo hace poco más de un año se voceaba incluso como posible candidata de peso a la presidencia, haya descendido al 11% de aprobación? Obviamente, los escándalos que la hacen sospechosa de corrupción. Sus carteras y tarjetas de crédito, el caso Martín Belaúnde Lossio y sobre todo sus famosas agendas que casi no dejan dudas de que para la campaña del nacionalismo se usaron fondos ilegales.
Esto debiera ser una excelente noticia para la democracia peruana, la ciudadanía no perdona a sus políticos comprometidos en presuntos casos de corrupción. Pero lo increíble, es que parece que los peruanos terminaremos disparando la pistola anticorrupción a nuestros propios pies. Pues basta leer la página Web de la ONPE para saber que el financiamiento ilegal de campañas electorales no es la excepción sino la regla, y allí están comprometidos varios de los partidos cuyos miembros ahora se rasgan las vestiduras por las agendas. Por lo que resulta curioso que la investigación fiscal, sin duda justa y necesaria, solo se dirija a un partido y no a todos de los que existe evidencia razonable de que obtuvieron financiamiento ilegal. Y ya resulta tragicómico que los congresistas acusadores quieran aprobar una ley que facilite el financiamiento ilegal de sus agrupaciones políticas.
Pero por si esto fuera poco, en la misma encuesta que comentamos se da cuenta de que Keiko Fujimori va de lejos primera en las intenciones de votos. Y entonces no se puede entender cómo quienes castigan la sospecha de corrupción por un lado, quieren premiarla por otro. Y más surrealista todavía que quienes quieren dejar paralíticos a los choros, quieren tener de presidenta a quien fue parte –como primera dama- de la dictadura más corrupta de la historia peruana, y que no exhibe el menor gesto de arrepentimiento, sino que  ella y su partido declaran sus intenciones de repetir lo que hicieron en la década del 90. Y el mismo sondeo de opinión, establece que para casi todos los ciudadanos, la honestidad de los políticos es un requisito indispensable para darles su voto y enseguida que no creen que haya políticos honestos. ¡Cómo se puede entender esto! Tal parece que los encuestados no comprendieron las preguntas o que la política peruana sigue siendo incomprensible desde la racionalidad.

*Publicado en el diario Noticias del 28 de septiembre de 2015, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda.

21 sep. 2015

De Guatemala a Kenyipeor

                                                                                  Por José Luis Ramos Salinas 

Hace unos meses en Guatemala estalla un escándalo de defraudación aduanera en el que estaban implicados altos funcionarios del régimen; por sus características es difícil que hubieran podido actuar a espaldas de la cúpula de poder. Las autoridades judiciales así lo entienden, y aunque con tropiezos y a veces con lentitud, se inicia un proceso de investigación que alcanza a la misma vicepresidenta Baldetti quien ya purga prisión desde hace un mes. En esas circunstancias se desata la indignación ciudadana que toma las calles para exigir justicia y reclamar una actitud implacable contra la corrupción. Se hace evidente que el mismo presidente Pérez Molina sería parte de la mafia que intentaba enriquecerse con los dineros del Estado, pero éste, como suele ocurrir en estos casos, responde con bravuconadas. Los guatemaltecos y guatemaltecas no soportan la idea de tener un presidente que todo indica que es un ladrón y piden su renuncia, pero él se aferra al cargo, sabe que sin el poder de la primera magistratura del Estado su suerte estaría echada. A la indignación de los sectores populares se suma ahora la de los empresarios y de la casi totalidad de la denominada sociedad civil. La situación de Pérez Molina es insostenible, renuncia a su pesar y la justicia lo priva de libertad.
Al mismo tiempo hay elecciones en Guatemala y la ciudadanía usa como único criterio que no haya sobre el candidato o candidata sospecha de corrupción. Así resulta ganador Jimmy Morales, un cómico de televisión que exhibía como mayor virtud no haber sido parte del sistema político guatemalteco tan mal visto por los electores.
Esto que podría ser la historia de un país que se derrumba, es en realidad la historia de un país que intenta levantarse. La lucha contra la corrupción no es un síntoma de que algo está podrido, sino un síntoma de que la gente empieza a hartarse de lo que hiede. Bien por Guatemala, aunque la opción por Morales, en mi opinión, no es la solución sino a penas un paliativo.
En nuestro país las cosas van directamente en dirección  opuesta. No estamos pasando por un proceso de lucha contra la corrupción, sino del camino de regreso hacia la misma.
En el colmo del cinismo, la corrupción empieza a ser blandida como bandera electoral. “Voten por nosotros, los corruptos, los que robamos millones, los que violamos los derechos humanos, los que convertimos a las Fuerzas Armadas en una cueva de ladrones, a la policía en nuestra fuerza de choque partidaria, al congreso en una caricatura grotesca, a las municipalidades en objeto de chantaje, al poder judicial en defensor de los corruptos, a los medios de comunicación en ventiladores de miasma contra nuestros enemigos políticos, y al SIN en un aparato de tortura, extorsión y planeamiento de crímenes bajo la adulación más ramplona de parte de los que ahora otra vez queremos el poder”, es lo que los fujimoristas han empezado a decir a diario. 
No se trata de un partido político que se desmarque de sus cabecillas corruptos y asesinos, y que con un mea culpa intente llegar a la presidencia, no, nada de eso. Se trata de un partido corrupto que pone como héroe al jefe de la mafia, a quien ascienden a los cielos como “el mejor presidente de la historia del Perú”, en boca de Martha Chávez, que no es casual que tenga un lugar tan privilegiado en las huestes de Keiko. Se trata de una organización, que no se siente arrepentida de haber destruido la democracia, sino que a su dictadura le llama “democracia delegativa”, en el balbuceo de Kenyi, y que “fue lo mejor porque en ese momento se necesitaba mano dura”.
Así las cosas, ahora se entiende con meridiana claridad el pedido de que el ejército patrulle las calles, que los pobladores se conviertan en linchadores, y el uso del término “terrorismo” para delitos comunes. Se necesita otra vez mano dura, es decir, una democracia delegativa, otra vez a Fujimori mandando a través de Keiko, quien siempre lo apoyó en sus tropelías. Nos piden nuestro voto para robar al mejor estilo de la historia peruana y para destruir la democracia. Al menos deberíamos agradecerles su sinceridad.

*Publicado en el diario Noticias, el 21 de setiembre de 2015, en la columna de opinión denominada Letra Menuda.