1 nov. 2009

El Feminismo y la Academia

Debo primero saludar los 30 años de resistencia de la Floras a la política del desprestigio de la que hablaba Jossy Cárdenas. Y, segundo, debo confesar que desde que Virginia Vargas nos contó ayer que antes no invitaban a hombres «porque ya saben lo que decían», me invadió un miedo terrible porque yo no sé qué decían; ojalá no los repita esta tarde. En tercer lugar, después de escuchar todas las ponencias, no podía dejar mi texto tal como lo concebí inicialmente, pues significaría que todo me entró por una oreja y se me salió por otra, y eso motivaría que la mujer que amo, que me está esperando en Arequipa para revisar este trabajo, me condenaría con su frase lapidaria favorita: «pareces hombre». Así que he tenido que reescribir varias cosas, espero que la redacción final está a la altura de este seminario.

ESTAR EN LA UNIVERSIDAD ES UNA COSA (NO DE LOCOS, COMO DICEN LOS DE RÍO SINO) DE MACHOS*

Por José Luis Ramos Salinas

ramosdesal@yahoo.com

En una actividad programada por el sindicato de docentes de mi universidad con motivo del Día Internacional de la Mujer, dije sentirme honrado de que me sentaran en medio de mujeres para hablar del feminismo, entonces una de las asistentes pidió que se me nombrara “mujer honoraria”. Pero creo que aún estoy muy lejos de merecer semejante título, tampoco me gusta mucho el término «feministo», que nos trajo Rocío Silva Santisteban; prefiero, como ya lo he dicho antes, el de mujer barbuda; así, no solo formo parte de esa mitad de la población mundial que planea gestar una revolución, sino también de lo marginal, de lo monstruoso, o para decirlo con las palabras de Despentes: Así... “Escribo desde la fealdad… Yo hablo como proletaria de la feminidad… Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos… a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo”. Soy un cuerpo rechazado, de esos de los que nos hablaba Liz Meléndez, sufro de la desadaptación sobre la que reflexionaba, ayer, Jennie Dador.

Y este no ser una mujer honoraria, sino una mujer tremendamente fea, horrible: casi un hombre; me coloca en la perspectiva de Virgil Gheorghiu, cuando afirma que la esperanza es una hierba que crece hasta en medio de las tumbas.

Y todo esto viene a cuenta, porque me parece que el nombre de la mesa en la que estamos participando: “La academia en la construcción del movimiento feminista”, tiene un talante esperanzador. Sospecho, tengo la hermenéutica de la sospecha de la que hablaba Natalia Iguíñiz, que, como para muchas otras cosas, se espera de la academia, en relación al feminismo: una posición inteligente. Mas, me temo, que se trata solo de hierba en medio de instruidas sepulturas.

Lo que quiero decir, y esa es la hipótesis de este trabajo, es que rara vez la academia tiene que ver con la inteligencia, si se entiende ésta, no como la capacidad para moverse dentro de ciertas reglas, sino precisamente lo contrario; la voluntad y el ingenio necesario para transgredir esas normas. Pienso, que para temas como el feminismo, la academia funciona muy parecido a una esquina de un barrio cualquiera: mera pachotada.

I

Empezaré hablando de mi universidad, es decir de la San Agustín de Arequipa. Se trata de un centro superior de estudios con más de 25 mil estudiantes, y 17 Facultades que reúnen a alrededor de 40 Escuelas Profesionales. Se fundó en el lejano 1828 y hasta ahora nunca una mujer ha ocupado el cargo de rectora. Y hasta hace menos de un año, tampoco los vicerrectorados recayeron en manos femeninas; hoy tenemos una vicerrectora; pero si nos fijamos en que casi el 90% de Decanos, que conforman el Consejo Universitario, son varones, tendremos que pensar que más que un cambio, se trata de una excepción.

De otro lado, existe un marcado porcentaje a favor de los varones dentro de los estudiantes. Registrándose solo las siguientes Escuelas Profesionales con presencia mayoritaria femenina: Enfermería, Trabajo Social, Industrias Alimentarias, Nutrición y Turismo. Como ven se trata de profesiones que fácilmente pueden ser vinculadas a papeles tradicionalmente femeninos, y por ello mismo, secularmente subordinados. Aquí lo que importa no es tanto lo que es, sino los constructos que pretenden dar cuenta de esta realidad. Así, la enfermera mujer, puede ser vista como la asistente del médico varón. La trabajadora social, es una especie de madre protectora de los desamparados. Las nutricionistas y las que estudian industrias alimentarias, podrían ser vistas como cocineras algo sofisticadas. Y las que se preparan para ser licenciadas en Turismo, podrían ser entendidas como parte del atractivo a ser visitado, téngase presente que la mayoría de turistas son varones.

Resulta entonces, hasta aquí, que la universidad, al menos la mía, tiene una estructura jerárquica que no promueve la construcción del movimiento feminista; y que la composición por género de los estudiantes, deja evidencia de cosas como que las ingenierías son aún de dominio masculino. No obstante, en las ceremonias de premiación a los mejores estudiantes, la mayoría de los galardones recae en las alumnas mujeres, lo que lamentablemente no parece una muestra de ascenso por parte del género femenino, sino más bien la constatación de que la mujer sigue viviendo bajo las reglas establecidas por varones, en sus hogares y en la universidad, según las cuales, las señoritas deben dedicar la mayor cantidad de su tiempo a estudiar, repasar, hacer trabajos, etc. Mientras que los varones dedican buena parte de sus energías a hacer vida social universitaria, y a cultivar las relaciones que luego les permitirán ascender profesionalmente; independientemente de que ocupen los primeros puestos o no.

Otro dato que merece atención, es el siguiente: de todas las Escuelas Profesionales existentes, solo Sociología, Antropología y Enfermería cuentan con asignaturas, en las que de alguna manera se trabaja aspectos ligados a las teorías de género. Así, en Sociología se dicta el curso: “Género y Familia”; en Antropología, lleva el nombre de “Antropología del Género”; y menos relacionado, podemos encontrar el caso de Enfermería con la asignatura “Salud de la Mujer”. En el resto no hay nada. En Historia, aún no se han enterado de todo lo que ha trabajado Sara Beatriz Guardia; Educación, hace caso omiso a las recomendaciones del Consejo Nacional de Educación, según las cuales el enfoque de género debe ser introducido con urgencia en la educación escolar; Derecho, tiene cursos tan especializados como los que se refieren a la legislación petrolera, genética, informática, pero nada de género. Medicina, sigue formando galenos que amputarán todo aquello que se escape de lo que ellos llaman “natural”; Filosofía, aún no ha descubierto esa enorme veta que es el feminismo filosófico; Literatura, lo mismo. En lo que es el posgrado, el panorama no es mejor, pues no existe ninguna maestría que gire bajo la temática que estamos analizando. Hace algunos años se convocó a una que llevaba el nombre de «Género y Familia», pero solo tuvo una postulante. Ayer se expresó una preocupación por el declive de las maestrías de género en las universidades limeñas, en Arequipa no pueden decaer, porque nunca han subido.

Si bien tenemos que reconocer que en otras carreras de pregrado se habla del asunto de género, esto no es razón para ser optimistas porque se trata solo de un tema más dentro de una asignatura. Además, téngase en cuenta que no hemos analizado qué tan bien se llevan los cursos cuya temática gira alrededor del género. Sospecho que en muchos casos lo que se enseña, está muy lejos de los postulados del feminismo. Baste decir que en las bibliografías no aparecen ni Butler, ni Witig, ni Despentes, ni siquiera Rubin. Ni pensar en temas relacionados a la sexualidad, a la politización del placer. Si Dalia Abarca, egresada nuestra, ha dado un paso más y nos ha propuesto reflexionar sobre el cuerpo fatigado, estoy seguro que esa idea no le ha surgido gracias a la universidad como institución, sino pese a ella.

Pienso, que los cursos de género tienen que ser llevados por militantes del feminismo (después de todo las teorías de género son hijas del feminismo, nos ha dicho Gladys Cámere), porque si no se termina, como decía Maruja Barrig, afirmando que los varones también son maltratados solo que ellos no se quejan. Y esto tiene que ver con la segunda parte de esta disertación.

Pero previamente, debo decir que en Arequipa existen otras dos universidades, la Católica Santa María, que no tiene entre sus preocupaciones nada parecido al feminismo. Y la San Pablo que pertenece a los sodálites, y ayer ya Barrig nos explicó qué significa eso. Y el caso de Arequipa no es aislado, ayer Elvira Angulo nos reveló que en la Universidad de San Martín es lo mismo. Diana Gozales nos contó algo parecido de la Villa Real. Y Miluska Quiroz nos dijo lo mismo, con encuesta y todo, respecto a la Universidad de Trujillo. Y todo esto se complica para la UNSA, porque sus estudiantes en gran porcentaje son pobres y provenientes del ande. Y ya Rocío Muñoz, Lucinda Quispealaya y Luzmila Chiricente, nos han explicado que las discriminaciones se suman.

II

Es preciso dejar en claro que el feminismo es un movimiento profundamente revolucionario, porque aspira a cambiar radicalmente la sociedad, trayéndose abajo algunos pilares que se han mantenido incólumes pese al fin del esclavismo, la caída del feudalismo y el auge del capitalismo, e incluso a la aparición del denominado socialismo real. El feminismo implica incluso la revolución del lenguaje; me pregunto si cuando decimos buenos días a todos y a todas, estamos incluyendo a las lesbianas que no se piensan como mujeres, o a los intersex que denuncian la tiranía del lenguaje que solo reconoce femenino y masculino.

Brenda Álvarez nos ha explicado que la lucha es contra el patriarcado y el capitalismo; y Violeta Bermúdez y Marilyn Daza nos han explicado que el feminismo es una lucha diaria por cambiar el sentido común, por eso me preocupa que ni ayer ni hoy, haya detectado en esta sala a algún agente de Seguridad de Estado, acaso no estemos siendo lo suficientemente subversives, uso la «e» en lugar de la «o» o la «a» para tener algo de coherencia con lo que Susel Paredes llamó la explosión de la sopa de letras. En ese sentido, me parece válida la propuesta de Ana María Yáñez de formar un partido político feminista, dentro del cual voy a pedir que se cumpla conmigo, la ley de cuotas.

Si esto es así de radical, pensar en que la academia, o específicamente, la universidad, es un espacio de promoción y desarrollo del feminismo, equivaldría a creer que la universidad tiene un carácter eminentemente revolucionario, y me temo que esto no es así. La universidad sigue siendo como la describió Mariátegui hace ya casi un siglo: «la universidad... es en esta época de renovación mundial y de mundial inquietud ideológica, una gélida, arcaica y anémica academia, insensible a las grandes emociones actuales de la humanidad, desconectada de las ideas que agitan presentemente al mundo», al feminismo en este caso. Diana Gonzales nos decía que basta un mínimo de sensibilidad para convertirse en feminista, pero ya el autor de los 7 Ensayos nos explicó que en la universidad no existe esa pequeña porción necesaria. Resulta entonces, y seguimos con el Amauta, que «La llanura está poblada de brotes nuevos», Relinda Sosa, Ivonne Tapia y Lourdes Huanca nos han hablado de los enormes avances en el campo popular, y que «Únicamente las cumbres están peladas y estériles, calvas y yermas, apenas cubiertas del césped anémico de una pobre cultura académica». «Un... catedrático en quien sus discípulos descubren una magra... cultura profesional y nada más... persuade al discípulo negligente de la conveniencia de limitar sus esfuerzos, primero a la adquisición rutinaria del grado y después a la posesión de un automóvil, al allegamiento de una fortuna y -si es posible de paso- a la conquista de una cátedra -membrete de lujo, timbre de academia». Y Mariátegui concluye: la esperanza de que la universidad se renueve a sí misma, está liquidada.

Y es que la universidad es la gente que la compone, es decir, los intelectuales. Para que la universidad fuera un espacio propicio para la construcción del feminismo, tendría que estar formada por intelectuales revolucionarios, que apuesten por la agenda feminista, y eso, todos lo sabemos, no se da. Claro que muchos no se atreven a declararse machistas, porque, como lo explicó Mariátegui: «no les gusta confesarse abierta y explícitamente reaccionarios... Pero, realmente, los intelectuales no son menos dóciles ni accesibles a los prejuicios y a los intereses conservadores que los hombres comunes... El intelectual, como cualquier idiota, está sujeto a la influencia de su ambiente, de su educación y de su interés... El reaccionarismo de un intelectual, en una palabra, nace de los mismos móviles y raíces que el reaccionarismo de un tendero. El lenguaje es diferente; pero el mecanismo de la actitud es idéntico».

Y el hombre común, el idiota, el tendero, ya sabemos, son machistas; por qué habríamos de pensar entonces que los intelectuales no habrían de serlo, si ya sabemos que para este tipo de asuntos, sus actitudes son similares.

La universidad entonces no está entre los aliados del feminismo, sino entre sus adversarios, no reconocerlo así, es darle ventaja al enemigo.

El propio Mariátegui, que es un intelectual revolucionario y extrauniversitario, desliza la siguiente frase sexista en el mismo texto que estamos analizando: «El pretexto de la repugnancia a la política es un pretexto femenino y pueril».

No obstante, esto no debe llevarnos a abandonar con recelo la universidad, sino que debemos llevar a su campus, lo que Gramsci llamaba la guerra de posiciones. Y como Mao pedía a sus seguidores, no permitir circular, sin réplica, a las ideas “contrarrevolucionarias”, antifeministas, en nuestro caso específico. Recordemos que los varones ignorantes, son casi siempre valientes combatientes del machismo; y que una mujer poco instruida, difícilmente contribuirá de manera efectiva a la causa feminista. Por ello, creo yo, es imperativo ganar a la mayor cantidad de varones a la causa feminista, «hay que rescatar la parte femenina de los hombres», nos sugiere Isabel Allende; y así quedaría contestada la pregunta que ayer se hacía Roger Zevallos: ¿los hombres pueden ser feministas? La universidad es pues una Bastilla a conquistar.

Concluyendo, aquí Aarón Núñez nos ha dicho que el mundo es una mierda, y yo solo quería decir que creo que la universidad no está interesada en cuestionar al mundo, sino en representarlo, y pienso que lo está haciendo bien. Y como la universidad está dirigida por varones me temo que no podremos, no debemos, publicar un libro que intente imitar al “Yo amo a mi bulba”, con un título como «Yo amo a mi pene», pues a nosotros, y a él, nos falla a menudo la cabeza. Habrá que bulbalizarlos.

BIBLIOGRAFÍA

Despentes, Virginia: Teoría King Kong, 2007. Ed. Melusina, Barcelona.

Georghiu, Virgil: La Segunda Oportunidad, 1960. Ed. Luis de Caralt, Barcelona.

Gramsci, Antonio: Antología, 1970. Ed. Siglo XXI, México.

Mariátegui, José Carlos: Temas de Educación, 2001. Ed. Amauta, Lima.

La Escena Contemporánea, 1987. Ed. Amauta, Lima.

Tse Tung, Mao: El libro rojo, 1984. Ed. Jucar, España.

*Texto leído en la mesa: "La academia en la construcción del movimiento feminista" del Seminario Internacional: "30 años. Reflexionando nuestros feminismo", organizado por el Centro de la Mujer Peruana: Flora Tristán, en Lima, Perú; 24 y 25 de setiembre de 2009.

23 ago. 2009

Discursos y sujetos en el Arequipazo


DISCURSOS SUJETOS Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA EN LA GESTA DE AREQUIPA DEL 2002

Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

Cinco años después de la denominada “Gesta de Arequipa”, aún no existe consenso sobre casi ningún asunto concerniente a los sucesos que se desarrollaron como consecuencia del intento del gobierno de Alejandro Toledo de privatizar la Empresa Generadora de Energía Eléctrica de Arequipa, EGASA. Estos desencuentros entre los intelectuales, políticos -y aún el público en general- que se han formado una opinión sobre los hechos, se iniciaron desde el momento mismo en que estalló la revuelta: el 14 de junio de 2002. Y es que hasta acerca de las causas del levantamiento popular, de quiénes fueron sus líderes, incluso acerca de lo que se reclamaba, y finalmente hasta de los resultados que se obtuvieron, existen aún encendidas discrepancias.

Por eso resultan dignos de felicitación los esfuerzos del Centro de Estudiantes de Sociología de la Universidad Nacional de San Agustín, por organizar este seminario que reúne a profesores universitarios de Lima y de Arequipa, para ver si 5 años después ya estamos de acuerdo en algo. Mérito aún mayor, si desde el inicio, la mirada capitalina de los sucesos se diferenció radicalmente de la perspectiva de quienes miraban el asunto en medio del ensordecedor ruido de las cacerolas y el pestilente olor de las bombas lacrimógenas. No obstante, es preciso dejar constancia, que no creo que la experiencia directa signifique de por sí, un análisis más profundo y más exacto. A veces las cosas se ven mejor de lejos; otras, mejor de cerca. El mérito de la mirada, al parecer, no está en la distancia focal, sino en la acuciosidad del ojo.

El inicio de las protestas, nos tomó a mí y a varios de los que han participado de este seminario en un almuerzo organizado en Tiabaya por el aniversario de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales de la UNSA. Algunas llamadas telefónicas nos advirtieron de los hechos, pero su real magnitud la experimentamos cuando tuvimos que recorrer a pie, durante horas, gran parte de Arequipa para retornar a nuestros hogares. Fuimos testigos, entonces, del bloqueo de las calles y avenidas, de las fogatas de quienes montaban guardia en una suerte de improvisados puestos aduaneros, y hasta de los cupos y peajes que algunos avivatos cobraban “para la causa”, en realidad para el licor que debía mantenerlos despiertos y a salvo del frío, a quienes acaso sólo estaban jugando a la revolución, con la esperanza de que a río revuelto, ganancia de saqueadores.

En nuestro periplo, debimos también ver, atónitos, como los vidrios de numerosas tiendas comerciales y de las instituciones estatales, como los teléfonos públicos, y aún los cajeros automáticos de los bancos, fueron destruidos en una especie de catarsis colectiva que buscaba a palos y piedras cobrar, aún no sabemos con certeza, qué venganzas; aunque lamentablemente, y hay que decirlo, en algunos casos lo que querían cobrarse era unos Soles y por qué no, unos dólares. La frustración es un símbolo de la sociedad de nuestros tiempos y en nuestra opinión -junto con la paranoia y la esquizofrenia- es consustancial al sistema económico social mundial que vivimos. Y dice la psicología, que la frustración produce violencia, pues algo o mucho de eso hubo en la gesta de Arequipa.

Desde ese largo día, al menos el que les habla, ya no tuvo mayor contacto directo con la revuelta. Sólo los cacerolazos de los vecinos y aún de los familiares, y una expedición nocturna por varios distritos de Arequipa, nos permitieron estar en contacto con quienes se mantenían en pie de lucha. Pero la verdad, la mayor parte de los hechos los seguimos a través de los medios de comunicación, tanto locales, nacionales como internacionales. Y una primera cosa que merece tenerse en cuenta, es la gigantesca diferencia de las noticias (discursos al fin y al cabo) que se generaban a partir del mismo hecho noticiable, y que sin duda es caramelo en los labios para quienes afirman que el periodismo, lejos de su cacareada objetividad, es más bien un género de ficción.

Me decidí entonces por convertirme en un permanente oyente de las radios locales que de inmediato cobraron protagonismo en los sucesos: dedicándose a ganar adeptos a los reclamos; condenando no sólo a quienes estaban en contra, sino también a los que expresaban alguna duda; transmitiendo las arengas y las instrucciones de quienes encabezaban o creían encabezar las protestas; y de cuando en cuando dando cuenta de los hechos que acaecían.

Dos fueron las radios que en ese momento cobraron mayor importancia: Melodía y Líder. Ambas, con alardes democráticos, recurrieron a la política de micrófonos abiertos, permitiendo que cuanta persona acudiera a sus estudios o las llamara por teléfono, dijera su opinión al aire. Lo que escuché me dejó pasmado, y sobre el asunto escribí un artículo en la revista Sociales, cuyo título resume bien, creo yo, lo que quise decir: “La voz del pueblo es la voz de dios… sabe quién”.

Tiempo después, en la revista Espergesia, volví a publicar otro artículo sobre lo que estamos llamando gesta de Arequipa, pero esta vez sostuve que lo que realmente puso en tela de juicio el levantamiento popular no fue la política neoliberal, como suponían muchos, sino la democracia representativa; y afirmé además que quienes se enfrentaron al gobierno no pusieron de manifiesto el supuesto espíritu democrático de Arequipa, sino una simbiosis cultural desprovista de todo liderazgo, sobre todo político.

La invitación que se me hace hoy para hablar de la relación entre los movimientos sociales, los sujetos, los discursos y la democracia representativa; me permiten reflexionar sobre asuntos nuevos y otros ya tratados, pero desde una nueva y espero más rica perspectiva.

EL QUE NO SALTA SU MADRE ES UNA CERDA O DEL REGGETÓN AL PERREO CHACALONERO

Es curiosa la evolución del regge, esa manifestación musical del movimiento rastafari con raíces religiosas, que buscaba la redención de la raza negra. Como ello implicaba necesariamente el cambio de una situación dada por otra deseable, era inevitable su impronta política, y de ella va a nacer más tarde, el reggetón con un cierto carácter social en su inicio por sus raíces y por la influencia del rap, pero éste pronto será reemplazado por letras con marcado carácter sexual. De allí al “perreo chacalonero”, fracamente lumpen, sólo había un paso, así se dejó de lado todo atisbo político, trocando la búsqueda del cambio social por un contoneo más sórdido que sensual.

De otro lado, hace unos meses llegó a Arequipa el grupo reggetonero MC Francia y su vocalista intentó animar al público poniéndose a gritar: “El que no salta su madre es un cerda”.

Algo similar es lo que le ocurrió al movimiento social que paralizó Arequipa durante varios días a mediados de junio de 2002. La anunciada privatización de EGASA provocó por parte del Frente Cívico de Arequipa, más conocido por sus siglas: FACA, un conjunto de pronunciamientos y varias movilizaciones y paros de escasa contundencia, y que fueron calificados, con justeza, por los portavoces del gobierno como “políticos”, pues la retórica usada, pretendía, a nuestro juicio sin éxito alguno y no por las propuestas en sí, sino por la calidad discursiva de las mismas, convertirse en un discurso político, centrado sobre todo en una oposición a la política privatizadora, y en general a toda la ideología neoliberal sobre la que ésta estaba sustentada. Pero se trataba en realidad de una fraseología balbuceante, cuando era oral, y barroca chirriguresca cuando era escrita, siempre llena de lugares comunes que hace mucho ya no conmueven a nadie y menos son capaces de provocar adhesión alguna. Así el FACA, quien decía representar a las fuerzas vivas de Arequipa, o mejor, al pueblo arequipeño -esa categoría hueca de significado, a fuerza de su uso abusivo y casi siempre por conveniencia- quedó condenado a la soledad, o como lo dijo una autoridad de ese entonces a la movilización de cuatro gatos.

Algo cambió sin embargo, cuando el gobierno seguro de la debilidad de sus oponentes, y no contra viento y marea, como se suele afirmar, procedió a la licitación, resultando ganadora la empresa belga Tractebel, cuyo nombre se hizo conocido en el pasado en medio de la corrupción que reinó durante el gobierno de Fujimori, y cuyos 40 aliados ahora nos amenazan para evitar su extradición.

Las radios, de las que hablábamos hace unos instantes, dieron la mala nueva, e invocaron a la población a que saliera a protestar, quien no lo hiciera era calificado de toledista, algo así como el adjetivo de la arenga de MC Francia; la plaza de armas fue el centro de mayor concentración y el lugar donde se encendió la chispa de la que alguna vez fue campiña y sillar, y ahora yacía convertida en una seca pradera presta a arder frente a los ojos sorprendidos de quienes jamás pensamos que algo así pudiera ocurrir.

Pero acaso los más sorprendidos hayan sido los dirigentes del FACA, que no se cansaban de llamar a la revuelta a la población, y que cuando por fin fueron oídos no supieron qué hacer, pues las masas enardecidas se negaban a aceptarlos como los líderes naturales de la protesta. Así, tuvo que ser llamado el alcalde de ese entonces, Juan Manuel Guillén para que asumiera el liderazgo de un movimiento cuyo reclamo principal él mismo no compartía, más adelante vamos a ampliar lo que aquí decimos, concentrémonos por ahora que el ex rector de la UNSA cuya popularidad tocaba fondo en esos momentos debía hacerse cargo de un movimiento social que amenazaba desde el principio con desbordarse y salirse de control.

No había partidos políticos que hicieran de vanguardia, el mismo Guillén no pertenecía a ninguno, no había al menos un petitorio detrás del cual todos se sintieran tomados en cuenta, y no había siquiera un mínimo de organización, con líderes intermedios, que pudiera garantizar la coordinación de las acciones de protesta. Sólo una masa difusa sin más plan que su espontaneidad, pero al mismo tiempo con una capacidad de despliegue de energías sin precedentes desde hace décadas, y sin más factor aglutinante que su indignación y el discurso maníqueo que pronto se apoderó de las radios locales y que dividieron a la población en toledistas y no toledistas, según estuvieran a favor o en contra de la privatización de EGASA, sobre la pobreza de este discurso tendremos que insistir más adelante. También jugó aquí un papel importante el “orgullo arequipeño” y su “estirpe revolucionaria”, aunque la gran mayoría de los que dieron la cara a las varas policiales no eran arequipeños o a lo sumo lo eran de primera generación, sin estirpe mistiana alguna, por tanto.

Así, el regge pronto se convirtió en perreo, y se pasó del reclamo –aunque muy pobre doctrinariamente como ya hemos dicho- contra un modelo económico determinado a la destrucción de la propiedad privada y pública. Y luego, al final, en la celebración del supuesto éxito de la protesta, la gente se reunió en la plaza de armas para cantar y bailar al ritmo del carnaval de Arequipa, mientras una banderola enorme de la trinchera norte de la U se ondulaba, como prueba irrefutable de que el partido que aquí se jugó siempre estuvo lejos de ser una verdadera acción política.

Esto fue aprovechado desde el principio por el gobierno, y por los medios capitalinos siempre defensores del neoliberalismo, presentando la protesta como acción de un grupo de vándalos, y en el mejor de los casos como una protesta de gente desinformada y manipulada por politiqueros en busca de notoriedad, o incluso utilizada por Juan Manuel Guillén para que el electorado olvide su nada auspiciosa gestión municipal.

Todas estas versiones son erróneas o en el mejor de los casos, medias verdades; que los dirigentes del FACA quisieron aprovechar la situación para jalar agua para sus molinos, es cierto; pero que la población haya salido a las calles porque estos dirigentes se lo pidieron es absolutamente falso. Que la gente estaba desinformada, no se puede ocultar, pero decir que si hubiera estado adecuadamente enterada de lo que estaba en juego iba a aplaudir la privatización de EGASA sólo puede ser calificado de inocentada o ingenuidad. Que Guillén subió enormemente su popularidad luego del Arequipazo es innegable, pero que él lo organizó para obtener réditos políticos es una afirmación que fácilmente se desploma, como veremos a continuación.

SE BUSCA DIRIGENTE CARPA ADENTRO

La revuelta estaba en marcha, los dirigentes del FACA eran desconocidos en la práctica por quienes pretendían liderar, la violencia y el desorden alcanzaban niveles sumamente preocupantes; era urgente encontrar a alguien que estuviera dispuesto a comandar la lucha y que la gente lo aceptara. Por walk over se hizo del puesto el alcalde provincial Juan Manuel Guillén, pero el burgomaestre carecía de una estructura partidaria u otra que hiciera sus veces para darle un mínimo de organización a las protestas; se tuvo que recurrir entonces a los alcaldes de los distritos, éstos se declararon en huelga de hambre para lo que montaron improvisadas carpas en el atrio de la Catedral. Se intentaba construir un líder.

Pero hay un problema grave desde el inicio, lo que la gente pide a gritos y lo que Juan Manuel Guillén reclama a los intermediarios del gobierno, no son lo mismo. Los primeros exigen la anulación y suspensión definitiva de la privatización de EGASA, mientras que Guillén pide una consulta popular para que sea la ciudadanía la que decida con su voto si procede o no la privatización. Además su comité de lucha está integrado por alcaldes que formaron parte del aparato municipal del fujimorismo, que como sabemos fue eminentemente privatizador, de hecho quien va a convertirse en el vocero de la gesta va a ser Simón Balvuena, hoy alcalde de Arequipa y en ese entonces burgomaestre de Hunter y hasta poco antes férreo defensor de la política neoliberal que impuso Fujimori.

Así tenemos un líder que no lidera, puesto que como hemos visto no representa a quienes pretende liderar, y a defensores del neoliberalismo radical coordinando la lucha contra la privatización de EGASA. Al lado de ellos, los dirigentes del FACA, vinculados a los partidos políticos que alguna vez formaron Izquierda Unida y que en las últimas elecciones presidenciales no alcanzaran ni el 1% de los votos. De hecho varios de ellos se presentaron como candidatos en las elecciones municipales que siguieron a la gesta de Arequipa, pero ninguno de ellos resultó electo.

Lo que quiero llamar la atención es sobre la forma en que se construye el liderazgo en la denominada gesta de Arequipa. Más que un liderazgo es un no liderazgo, pero destinado a liderar. Aclaremos, los supuestos líderes fingen que lideran, y los liderados fingen seguir a los supuestos líderes. No se trata de sujetos propiamente dichos, sino de sus imágenes, de hologramas que no se corresponden con los sujetos reales. Luego, a nivel del liderazgo de la protesta, no encontramos sujetos, sino más bien: no sujetos.

En el lado de los liderados la cosa no es diferente. Decíamos líneas arriba que al carecer de un factor político aglutinante se recurrió al imaginario de lo “arequipeño”, pero también ya dijimos que quienes participaron en la revuelta no eran arequipeños, o por lo menos no tenían ascendencia arequipeña, con lo que resulta otra vez que quienes estaban luchando en las calles no eran sujetos en sí, sino no sujetos. Es decir, personas cuyo ser no se corresponde con quienes dicen ser, y su accionar se desprende no de lo que son, sino de la identidad que se han construido para tal fin.

Pero a este nivel, las cosas son más complicadas, pues si la gesta no la hicieron los arequipeños, habría que preguntarse quiénes la hicieron: y la respuesta es absolutamente obvia: los inmigrantes y los hijos de inmigrantes. Y entonces, conviene recordar aquí, el marcado racismo del arequipeño (Arequipa es la ciudad más racista del Perú, según nos ha dicho aquí Jorge Bedregal). Pues fijémonos que lo arequipeño está siendo asumido no sólo por quienes no son arequipeños, sino por quienes son despreciados y marginados por los arequipeños y que empiezan a actuar a nombre de ellos y de sus símbolos más preciados.

“A los arequepeños no nos van a amelanar”, fue una frase recurrente en las radios locales, y el uso motoso del idioma no es pues característico de los arequipeños, sino más bien objeto de burla por parte de los mismos. Resulta entonces que “el otro” se convierte en “el uno”, en un malabarismo de alteridad probablemente sui géneris.

El asunto merece unas líneas más. En Arequipa, “el otro” es el inmigrante y su construcción identitaria –por parte de los hijos del Misti- se hace en oposición a lo que se considera la esencia de lo arequipeño. Todavía en pleno siglo XXI se puede escuchar a locutores de radio afirmar que la tragedia de Arequipa ha sido la invasión de gente de la sierra. Pero ese “otro”, lejos de construir su identidad en base a sus raíces, parece haber decidido asumir la identidad de quienes lo marginan, al menos mientras duró la gesta, y el festejo final se hace a ritmo del carnaval de Arequipa y no de la saya o la tuntuna.

YA PRIVATIZARON SEDAPAR

Si los sujetos no son sujetos, no podemos esperar mucho de los discursos que construyeron para dotar de significado su accionar.

En primer lugar los dirigentes del FACA no podían articular frase alguna que no empezara por la partícula “no”. Se trataba de un discurso que se oponía a la política gubernamental, pero incapaz de insinuar siquiera una política alternativa, que no fuera un conjunto de lugares comunes como “la defensa del pueblo”, u otras. Sospecho que esta falencia no tiene tanto que ver con las capacidades personales sino con el hecho de que los dirigentes del FACA encarnaban posiciones políticas que la población está lejos de abrazar. Y construir discursos que no digan lo que quisiéramos decir no podía dar otros resultados que la arenga fácil.

Por su parte Juan Manuel Guillén, quien tiene una formación filosófica, intentó introducir con su discurso, a la polémica, asuntos medulares de la institucionalidad democrática; pero no tuvo éxito dado lo exaltado de los ánimos. Acompañó esta prédica, como es habitual en él, con su discurso de “arequipeñizar el país”, que por lo que hemos dicho antes, pudiera decirse que tuvo cierto éxito. Pero este discurso no es en absoluto político, sino cultural y se supone que la gesta no tenía motivaciones culturales sino políticas. El resultado fue que la gesta se produjo no porque la población estuviera en contra de la política neoliberal y a favor de alguna otra propuesta político económica, sino porque los arequipeños llevan la rebelión en la sangre y porque no en vano se nace al pie de un volcán.

Otro discurso cuyo análisis es de vital importancia es el de los locutores de las radios locales; y que según mi opinión fueron los verdaderos artífices del arequipazo, para bien o para mal. Pero digámoslos si ambages, este discurso prácticamente se redujo a gritar “Aurora, Aurora”, haciendo honor al apelativo con que aquí se les conoce: “radioloros”.

Los locutores, por lo menos la mayoría de ellos, fueron incapaces de cumplir con dos de las funciones más importantes del periodismo: informar y orientar. Un problema tan complejo como un proceso de privatización que incluye lo que se suele llamar sectores estratégicos, fue reducido a una disyuntiva torpe por simplista: o se estaba a favor de la privatización de EGASA (en cuyo caso éramos toledistas, o sea nuestra mamá era un cerda) o estábamos en contra (en cuyo caso éramos herederos del espíritu revolucionario arequipeño). En otros términos, podríamos plantear esta disyuntiva entre si éramos toledistas o no. Como vemos, aún estamos marcados por la cultura que impuso la cruenta guerra interna que vivió el país, como senderistas, somos incapaces de aceptar discrepancias, aquí no hay disidentes, sólo traidores. Así se perdió una gran oportunidad para empapar a la población de los supuestos filosóficos sobre los que descansa el neoliberalismo, y por qué, según éstos, una privatización va en beneficio del desarrollo. De igual forma, se pudo aprovechar para difundir los argumentos de quienes no creen en el neoliberalismo y las alternativas que proponen; es decir, hacer pedagogía política. Pero ni siquiera había por qué aspirar a tanto, acaso hubiera bastado que los locutores de la radio dejaran claro que la realidad no es blanca o negra, sino que existe una infinidad de grises al medio. Es decir, que entre estar en contra o a favor de la privatización existen muchas otras opciones, pero que fueron acalladas por medio de adjetivos altisonantes, veamos algunas posibilidades: privatización sí, pero en tales términos, o privatización sí, pero sólo en estos sectores; o incluso, privatización no, pero tampoco estatismo burocrático, etc. Lamentablemente, si alguien intentaba un argumento de este tipo, quería decir que no estaba saltando, y entonces su madre pagaba las consecuencias.

Pero, más preocupante aún que esto me parece el discurso que fue hilvanando la masa, a través de las muchas intervenciones que se hicieron aprovechando la política de micros abiertos que se estableció en las radios de Arequipa. Opiniones que llamaban a armarse, otras que pedían enviar una carta a la ONU para que se reconociera a Arequipa como un país independiente; otras que hablaban de que en ese instante tropas chilenas estaban ingresando a nuestro país; o aquella mujer que armada de una piedra gritaba amenazante: “ya privatizaron SEDAPAR”, y muchas más de antología que he consignado en uno de los artículos a los que me referí al principio, y que fueron comentadas por los locutores con frases como, “muy bien, vayamos a la opinión de otro oyente”, “ésta es la opinión del pueblo, aquí no censuramos a nadie” y otras por el estilo. Sólo cuando se escuchaba una voz discrepante, el locutor verdaderamente intervenía para advertir el origen porcino de la progenitora de quien, en vano, intentaba hacerse oír.

Quienes se llaman así mismos “marxistas humanistas”, sostienen la tesis de que las acciones de las masas siempre están cargadas de sabiduría, y ponen como ejemplo el levantamiento de Oaxaca, en donde las radios también jugaron un papel preponderante, pero allá en medio del fragor de la batalla, se fue construyendo un discurso de aquellos a los que se les ha quitado la voz, las comunidades indígenas, reivindicando su identidad, no renunciando a ella; e incluso la perspectiva de las mujeres logró hacerse escuchar. Aquí, creo yo, estuvimos muy lejos de todo eso, como creo estar sustentándolo.

LO QUE REALMENTE ESTABA EN JUEGO

La pobreza de los discursos tuvo, creo yo, como más nefasta consecuencia, confundir los que realmente estaba en juego, y por tanto los objetivos que se trazaron resultaron irrisorios si los comparamos con la magnitud de la protesta. La participación de la población fue realmente masiva, participó activamente un importante porcentaje de pobladores de todos los distritos de la provincia, se tuvieron gestos de solidaridad de otras provincias; Arequipa estuvo completamente paralizada, pese a la declaración del estado de emergencia, las manifestaciones públicas continuaron y los más identificados con la lucha se negaban a abandonar las barricadas que se levantaron en las calles céntricas de la ciudad. Todos los medios de comunicación locales no sólo transmitían los hechos sino que alentaban a la gente a no declinar en sus reclamos y hasta servían de canales de comunicación para organizar las protestas. Semejante despliegue de fuerzas; semejante movimiento social, semejante gesta; y lo que se pidió es que no privatizaran una empresa cuya viabilidad económica y tecnológica estaba en duda. Es decir que teníamos a muchísima gente en las calles, las fuerzas policiales eran incapaces de controlar la manifestación, y el ejército no estaba dispuesto a terminar con el levantamiento a sangre y fuego; y lo único que pedimos fue que no se privatizara EGASA, una empresa cuyas viabilidades económica y tecnológica estaba en duda. Algo así como lo que ocurrió en la Argentina, los piqueteros tomaron la Casa Rosada y en lugar de tomar el poder se llevaron la vajilla.

No nos dimos cuenta que lo que realmente puso en tela de juicio la gesta, no fue la privatización de EGASA, sino los supuestos básicos sobre los que se erige la democracia representativa. Es decir, el propio sistema político. Lo que se estaba discutiendo es si el gobierno tenía derecho o no a llevar a cabo un plan económico que él suponía positivo, o si debía abstenerse de ello, “sólo” porque la población se lo pedía.

Recordemos que en la democracia representativa los gobernantes son, al menos teóricamente, sólo eso, representantes de los gobernados; es decir, los encargados de convertir en políticas gubernamentales los pedidos de la ciudadanía; o al menos los de la mayoría. Y en Arequipa, era innegable que existía un consenso mayoritario en contra de la privatización de EGASA, pero el gobierno insistía en llevarla a cabo. Uno de los ministros declaró a la prensa: si hacemos lo que la gente pide, entonces ésta sería una democracia directa, y la nuestra es una democracia representativa. Pero a mí me parece que el tal ministro, su nombre no importa, porque sólo estaba encarnando la opinión del gobierno, estaba confundiendo la democracia representativa con la democracia delegativa. Es decir, aquella democracia que termina con las elecciones, y a partir de allí son los elegidos los que toman las decisiones importantes sin consultar a la población acerca de las mismas. No olvidemos además que Toledo durante la campaña, no sólo prometió, sino que firmó un documento en el que se comprometía a no privatizar EGASA. Insisto, lo que estaba sometido a crítica era el mismo sistema político, sólo que quienes hacían la crítica no eran conscientes de la trascendencia política de su protesta.

Pero terminemos, esta ponencia dedicando unas líneas a la actitud que asumió el congreso, pero mejor lo llamaremos con un nombre más técnico: asamblea representativa. Porque sobre lo que quiero llamar la atención es que es precisamente en el parlamento donde debe desarrollarse el carácter representativo de nuestra democracia. El sistema representativo por el que hemos optado en el país, es el que utiliza los espacios geográficos como criterio; algo que se ha acentuado mucho más por la crisis de los partidos; así tenemos en el parlamento representantes de Arequipa, de Puno, de Tumbes, etc. Y ni siquiera la representación arequipeña asumió como suya, salvo una excepción, la posición de la población arequipeña. En otras palabras lo que la gesta demostró es que la democracia representativa no funciona en el Perú, lo que había que exigir era eso, la creación de nuevos mecanismos para hacer posible este tipo de democracia o plantear un nuevo sistema político; si se hubiera hecho eso, hubiera sido una revolución; pero nos contentamos con cantar el himno y bailar el carnaval.


*Ponencia leída y sustentada en un Seminario organizado por el Centro Federado de Sociología a propósito del 5to. aniversario de la Gesta de Arequipa, 14 de junio de 2007, y recogida en el libro: "Movimientos Sociales y Democracia en el Perú de Hoy", editado por Erick Tejada y publicado por la Facultad de Ciencias Histórico Sociales de la UNSA, el Centro de Estudiantes de Sociología (UNSA) y el Programa Democracia y Transformación Global, 2009.

Agrietando al capital


Entrevista a John Holloway*

IAM: Para comenzar sería quizás pertinente hablar un poco del plano metodológico en el que te ubicas, ¿nos podrías decir algunas palabras sobre por qué la utilización de la dialéctica negativa, en qué consiste la misma y por qué no usas la dialéctica hegeliana?

JH: Yo creo que si pensamos en el movimiento de las luchas sociales que es un desbordamiento todo el tiempo, de acción e innovación y que nos sorprende (el levantamiento zapatista nos sorprendió a todos en México, creo que el “argentinazo” sorprendió probablemente aquí), hay una tendencia todo el tiempo de institucionalizar las luchas en términos prácticos y, también, en nuestras mentes. Y para mí la importancia de la idea de la dialéctica negativa sería que tenemos que pensar todo el tiempo en términos de un movimiento que va contra y más allá; contra y más allá del capital, pero contra y más allá de nuestras propias expectativas. Y supongo que también la idea de la dialéctica negativa es que no podemos pensar en términos de una síntesis, no podemos pensar en términos de algún final feliz; simplemente quién sabe si va haber un final feliz. Lo que sí sabemos es que tenemos que luchar en contra de la sociedad injusta, violenta, explotadora en la cual vivimos; la sociedad que está destruyendo las condiciones mismas de la humanidad. Entonces, dialéctica en ese sentido, dialéctica negativa porque no estamos hablando de síntesis, no estamos hablando de ninguna seguridad final, sino de un proceso que siempre es un proceso inseguro, sin certidumbre.

JLRS: ¿Esto tiene que ver con tu teoría de las grietas?

JH: La cuestión para mí es cómo pensar en la transformación de la sociedad, cómo pensar en un cambio radical de la sociedad. Creo que los viejos esquemas no han funcionado, que no funciona la idea de transformar la sociedad a través de la toma del poder estatal. Entonces hay que pensar en cambiar el mundo sin tomar el poder. Pero eso, ¿qué quiere decir? No tenemos respuestas. Creo que tiene que ser un proceso de ir preguntando todo el tiempo, de ir escuchando. El lema de los zapatistas preguntando caminamos es algo muy profundo. Pero lo que sí podemos hacer es refinando las preguntas. Y se me ocurre que una forma de pensar en las posibilidades de una transformación radical es un poco lo que está pasando, que uno puede pensar en el mundo capitalista como un tejido de dominación; un tejido de dominación que depende finalmente de la obediencia, de que la gente haga lo que es necesario para la reproducción del capital; que la gente realmente estructure sus vidas bajo el dictado del dinero. Pero lo que vemos es que en realidad hay millones y millones por todos lados, a veces hay gente diciendo ¡no!, ¡no lo vamos hacer así! Lo que nosotros vamos hacer es lo que a nosotros nos parece importante, o, deseable; no vamos a sujetar nuestras vidas al dominio del dinero. Y eso a veces toma formas muy pequeñas, simplemente el adolescente rebelde por ejemplo diciendo ¡no, no voy a vivir así!; o puede ser el proyecto de grupos de personas pequeños, o tal vez, grupos grandes, que dicen ¡no!, aquí, en este barrio, en este momento, vamos a encontrar una forma de actividad que no esté sujetada directa o indirectamente al dinero; o a veces toma forma de levantamientos enormes, como el caso de los zapatistas que están diciendo ¡no!, aquí en Chiapas no vamos aceptar el dominio del capital, nosotros lo vamos a hacer de otra forma. Uno puede pensar en el “argentinazo”, en las luchas enormes en Bolivia. Entonces, si uno piensa en todas estas desobediencias o insubordinaciones, se pueden entender en términos de grietas en el tejido de dominación capitalista. Esta es básicamente la idea. Entonces, para mí la única forma que veo por el momento de pensar la Revolución es en términos de la creación, multiplicación y expansión de estas grietas.

IAM: ¿En qué concepción del poder se basa tu teoría? La pregunta apunta a la distribución del poder en la sociedad, si se disemina “parejamente” o hay mayores o menores concentración del mismo. Por ejemplo, en las luchas de los piqueteros o asamblearias en nuestro país (Argentina) el Estado sigue haciendo sentir su peso.

JH: Creo que el poder tiene dos significados diametricalmente opuestos. Por un lado el poder en el significado más sencillo es que nosotros podemos, nosotros podemos hacer algo, yo siento que tengo el poder de escribir un artículo bonito de lo que sea. Este poder-hacer, como yo lo llamo, en el capitalismo se convierte en lo contrario, se convierte a través de la exclusión de la gente de los medios de hacer, o los medios de producción, se convierte en el poder de algunos para mandar el hacer de los otros. Entonces el poder-hacer se convierte en su contrario: el poder-sobre. Yo creo que lo que hemos visto en los últimos años es una serie de irrupciones del poder-hacer, de gente diciendo ¡no!, nosotros podemos hacer, no tenemos que depender del Estado, ni del partido, ni del capital; nosotros podemos cambiar cosas. Este, por supuesto, es un proceso muy contradictorio porque va en contra del poder-sobre. El poder-sobre muchas veces reprime de forma violenta a estas expresiones del poder-hacer. Entonces es un proceso que va moviéndose como brincando, va hacia delante, hacia atrás, etcétera.

JLRS: Estas irrupciones del poder-hacer o estas respuestas del poder-hacer vendrían a ser lo que llamas grietas, ¿y estas grietas y estas irrupciones tienen que ver con el conflicto entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto?

JH: Sí, exactamente. Yo creo que una grieta, entonces, es una concentración del poder-hacer, una concentración del nosotros-podemos-hacerlo. Eso sí tiene que ver la conversión del poder-hacer en poder-sobre, se puede entender como un proceso de abstracción del trabajo. Es decir, el hacer se convierte en una actividad impuesta, una actividad ajena a nosotros, una actividad abstraída respecto a nuestros “haceres” y deseos, y particularidades; lo que Marx llama el trabajo abstracto. Entonces, la lucha del poder-hacer en contra del poder-sobre se puede entender como una lucha del hacer en contra del trabajo abstracto.

JLRS: Ahora, el capitalismo como un proceso sería más o menos un período en que se va transformando la actividad vital conciente en trabajo alienado cada vez más. Pero existían unos espacios de resistencia que pueden ser el juego, el amor, la sexualidad, pero que aparentemente ahora también han sido mercantilizados y han sido incluidos dentro de la lógica del capital. Entonces si el trabajo alienado está ganando la batalla a la actividad vital conciente, ¿por qué hablar de una crisis del trabajo abstracto, más bien no sería una crisis de la actividad vital conciente?

JH: No, como dices, el capitalismo es básicamente la imposición de la abstracción del trabajo. En ese sentido sí, la imposición de la alienación y uno puede decir exactamente que esta alienación o esta abstracción va mucho más allá del lugar del trabajo, que invade las relaciones personales, las relaciones sexuales, las relaciones amorosas, y uno puede decir que sí, el derroche del capitalismo es la expansión de esta alienación. Pero siempre es un proceso contradictorio. Por ejemplo el amor, yo creo que todos tenemos algún concepto del amor como algo que va en contra de este proceso de alienación; obviamente nos engañamos muchas veces, pero sí hay algo ahí, hay un proceso simplemente de no aceptación de la enajenación o de la abstracción de las relaciones. La alienación nunca es completa, nunca hay una abstracción total, nunca estamos totalmente asimilados dentro de la dominación capitalista; siempre hay como un resto, un plus, algo que desborda la abstracción o la alienación. Este plus, no sé, hay muchas palabras, la “dignididad” sería la palabra zapatista. También a veces se puede hablar de amor como algo que desborda la fetichización, la cosificación de las relaciones sociales.

IAM: En la Ciencia Política cada vez que hay una “nueva” crisis en las relaciones capitalistas, dentro del plano académico vuelve haber resignificaciones terminológicas para los mismos tipos de problemas. Por ejemplo, en estos momentos en nuestro país (Argentina) está muy de moda la palabrita “gestión” u otras, como gobernabilidad, crisis de las instituciones, ingeniería política. Pero generalmente no hay una articulación entre ese tipo de definiciones con conceptos más clásicos y críticos, como por ejemplo, lucha de clases. ¿Qué tienes para decir desde tu concepción, por qué crees que se da de esa manera?

JH: Yo creo que, no sé si es una respuesta exactamente, pero creo que si uno está estudiando Ciencias Políticas o Sociología, o las ciencias sociales, o en realidad lo que sea, también si uno está estudiando Biología, hay que tomar partido. No hay otra posibilidad. No hay ciencia neutra. Entonces tenemos que pensar qué es lo que estamos haciendo, y cómo entender lo que estamos haciendo como parte de este conflicto social, si el conflicto social se puede entender como conflicto entre el hacer y la abstracción del trabajo, o como conflicto anticapitalista. Bueno, cómo aplicamos a nuestra propia actividad dentro de eso; si somos estudiantes, si vemos y entendemos que el capitalismo nos está destruyendo, está destruyendo la humanidad, entonces, cómo pensar nuestra actividad como estudiante, como científico. Como parte de la lucha en contra del capital.

JLRS: Y en esta visión de las grietas cómo se ve el asunto de lo que está sucediendo en Latinoamérica, por ejemplo las elecciones en la Argentina, donde la presidenta electa supuestamente va a seguir la misma línea que Kirchner, Evo Morales en Bolivia, Lula en Brasil, Ortega en Nicaragua, Chávez en Venezuela, etc. ¿Lo ves como una gran grieta o, por el contrario, es un reacomodo del capital para nuevas circunstancias?

JH: Yo creo que las grietas siempre son contradictorias. Lo que yo entiendo por grietas, o enfatizo la noción de grietas para enfatizar que es un movimiento dinámico, que las grietas corren, se van abriendo o bien, se van llenando. Y a veces las dos cosas al mismo tiempo. Se van expandiendo pero a veces se organizan de una forma que llenan al mismo tiempo. Eso me parece que América latina está un poco exactamente en este proceso contradictorio. Cuando pienso en grietas pienso primero en el movimiento zapatista y ahí me parece que sí es un proceso de ir abriendo espacios de rebeldía y de dignidad. Si pienso en Bolivia obviamente en los años 2000, 2005 hubo este movimiento tremendo también de abrir espacios de dignidad, de abrir espacios de decir ¡no!, no vamos a obedecer, vamos hacer otra cosa. Ahora, me parece que la forma de organización del Estado implica siempre un proceso de cerrar grietas, de rellenar grietas. Entonces cuando el movimiento boliviano por ejemplo entra en las elecciones y gana las elecciones, eso implica como un proceso gradual, contradictorio, pero gradual de rellenar las grietas, de buscar una reconciliación entre el movimiento de rebeldía y la reproducción del capital

IAM: ¿A lo que apuntas es que no pasa por una salida institucional? Es decir, las luchas tienen que exceder el ámbito parlamentario.

JH: Exactamente. Las grietas son grietas anti institucionales. La institucionalización es el rellenamiento de las grietas.

JLRS: ¿Y cómo sería esa sociedad desinstitucionalizada, desalienada?

JH: Bueno, yo creo que las luchas siempre son contradictorias. Lo que tenemos que asumir y tenemos que pensar es cómo entender y cómo discutir estas contradicciones. No hay lucha pura dentro del capitalismo. Eso primero. Segundo, me preguntas cómo sería la sociedad desalienada. Y muy bien, pregúntame, porque preguntando caminamos. Sería una sociedad que se autodeterminaría, entonces no es cuestión de determinar por adelante cómo sería. No. La idea de preguntando caminamos es un proceso de decir nosotros no podemos y no queremos determinar el futuro, el futuro se tiene que ir determinándose. Por lo tanto tenemos que ir preguntando y escuchando.

IAM: ¿El final es abierto?

JH: Exactamente. Sí, sí, el final es abierto.


Entrevista concedida por el pensador neomarxista en la Universidad de Buenos Aires a Iván Alejandro Marín y a José Luis Ramos Salinas, en el marco de las VII Jornadas de Sociología, realizadas del 5 al 9 de noviembre de 2007.

Letreros AQP


Letreros en papel periódico


El 9 de agosto del 2009, el semanario arequipeño El Búho, publicó un artículo titulado "Curiosos accidentes en el verbo nacional" (curioso título), que está ilustrado en parte con algunas fotos mías. Se trata de letreros que fui coleccionando en una especie de ejercicio sociológico de esta aldea con pretensiones de urbe.
En ese sentido, no creo que los letreros en cuestión sean "curiosos", sino todo lo contrario: coherentes con la sociedad que los alberga. Las faltas ortográficas, gramaticales, etc. son reveladoras de una instrucción de poca calidad. Las advertencias desorbitadas, nos hablan de la institucionalización de la violencia. Las frases obscenas, por lo general denotan el reinante machismo, etc., etc.Pero dejemos las palabras y vayamos más bien a los letreros.

28 jul. 2009

La despolitización





Parte de la entrevista concedida al canal TVT 39, el día 27 de julio de 2009, con motivo del mensaje presidencial del día siguiente.



22 jul. 2009

La creatividad peruana


Primera y segunda parte de la entrevista concedida a Perú TV, el día 22 de julio de 2009; y que fue difundida en el programa "Al Desnudo", dentro de un reportaje sobre la creatividad peruana, el 26 del mismo mes.

29 jun. 2009

La psicologización del mundo


Presentación del libro: TEMAS ACTUALES DE PSICOLOGÍA de Helarf La Torre*

Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com



Algunos autores califican a la sociedad actual, como una sociedad de la incertidumbre; otros la llaman sociedad del riesgo. Lo claro es que ya no hay nada constante. En estos tiempos, el tiempo ya no es tiempo; y el espacio es un no lugar. Todo cambia y hasta lo más sólido se desvanece en el aire. Así la amistad ya no es un apretón de manos, sino una cifra titilando en la sección de número de amigos del Hi5; el amor ya no es una pareja caminando tomada de la mano con el crepúsculo de fondo, sino unos labios en la pantalla del Messenger, que van creciendo y hacen muach; y hasta el sexo ya no es dos cuerpos entrelazados, sino dos mouses de punteros frenéticos.

En una sociedad con semejantes cambios, no me queda duda de que nuestra psiquis es flagelada permanentemente; y por ello se hace imprescindible que todos nos acerquemos a la psicología, a esta ciencia que tiene que ser cada día más apasionante, porque se dedica precisamente al estudio del comportamiento humano, ya no tan humano, por cierto.

La lectura del libro “Temas actuales de psicología” que ha editado el Dr. Helarf La Torre, me lleva a reflexionar sobre tres asuntos que esta noche quiero compartir con ustedes. El primero tiene que ver con lo que voy a llamar la psicologización del mundo, el segundo es la transdisciplinariedad, y el tercero es la sociología de la ciencia.

Expliquemos a qué nos referimos cuando hablamos de la psicologización del mundo. Suele circular por correo electrónico diversas cadenas que intentan demostrar cómo el hombre contemporáneo encuentra problemas donde antes no los había. Así se dirá que antes los niños eran tímidos y que hoy en cambio tienen problemas de socialización; antes estaban tristes, ahora sufren de depresión; antes solo pensaban en jugar, ahora son ludópatas; antes eran traviesos, ahora son hiperactivos; antes eran inteligentes, ahora son niños índigo; antes los niños de cuando en cuando se mostraban descontentos consigo mismos, hoy tienen baja la autoestima; antes eran “pegalones”, ahora tienen problemas de agresividad; antes la familia era la familia, fuese como fuese; hoy las familias son disfuncionales; antes los niños que les iba mal en el colegio eran malos estudiantes, ahora tienen problemas de aprendizaje; antes algunos niños eran pegados a la mamá, ahora sufren de sobreprotección; antes jugaban al papá y a la mamá, y a veces al doctor, ahora tienen conductas sexuales inapropiadas; antes se les corregía, ahora se los maltrata psicológicamente; antes necesitaban una cuera, ahora requieren tratamiento psicológico.

Entender las cosas así, revela sin duda, un poco de ignorancia, pues también podríamos decir: antes la gente se moría de dolor de estómago, hoy lo hacen de tumores carcinoides colonorectales; y eso no implica que ahora seamos más problemáticos, o que las enfermedades se hayan sofisticado, sino que la medicina ha avanzado en cuanto al diagnóstico de lo que nos aqueja.

Sin embargo, es innegable también, que lo que llamamos la vida moderna, o ahora posmoderna, ha generado la aparición de nuevas enfermedades como la muy reciente gripe AH1N1, de la que los promotores de las cadenas descritas, podrían decir que no es más de lo que las abuelas llamaban resfrío, lo que obviamente no es así.

Pues bien, esta vida moderna o posmoderna, también ha generado una serie de fenómenos de graves implicaciones psicológicas que requieren la intervención de profesionales de esa área. En otras palabras, si en algo tienen razón las cadenas que mencionábamos al principio es que ahora necesitamos más ayuda psicológica que antes.

Yendo al libro, entonces:

El artículo de Francisco Gil, titulado: “Dirección y Liderazgo”, nos demuestra que la administración de recursos humanos es un tema mucho más complejo de lo que habitualmente se supone, y que se requiere del concurso de psicólogos para una adecuada selección de personal, sobre todo de aquellos que ocuparán los cargos más altos en la organización, si se quiere que ésta tenga altos niveles de eficiencia y eficacia.

El artículo “Técnicas y las nuevas narrativas en la intervención” de Pilar Munuera; nos propone un método para recomponer las relaciones entre los miembros de la familia para la superación de los problemas que la agobian.

Néstor Blajeroff nos descubre una dimensión trascendente de la ancianidad, y precisamente en una sociedad que podríamos calificar, sin exagerar, de gerontofóbica.

La importancia de los aportes de la psicología en el campo de la salud es lo que nos explica el artículo que escribe David Jáuregui a propósito de la obra de Charles Spielberger.

Las vicisitudes de la psicología individual de Adler en Hispanoamérica es lo que nos describe el texto de Ibarz y León.

El grave problema de la comprensión lectora en nuestro país, es abordado por Ricardo Canales a través de un trabajo de investigación aplicado en el Callao.

Los estilos de aprendizaje a nivel de posgrado son el tema de reflexión de Pareja y Muratta.

Mientras que Jácobo y Alarcón investigan acerca de problemas de atención y su repercusión en el rendimiento escolar.

Helarf La Torre nos va a exponer la necesidad de estudiar la problemática relación del hombre con su ambiente laboral y organizacional, en lo que se ha venido a llamar: ergonomía.

Y Reynaldo Alarcón, revisará la trayectoria del psicólogo mexicano Rogelio Díaz-Guerrero para plantear la pertinencia de la perspectiva transcultural en lo que sería una etnopsicología.

Como vemos, este libro trata sobre un conjunto de temas bastante diversos entre sí, pero que se vinculan, fuertemente, al mismo tiempo, porque todos merecen la máxima atención de la psicología.

Es pues esta diversidad temática, que abarca aspectos como: liderazgo, el desarrollo del yo, la ancianidad, la salud, el estilo de vida, la lectura, el aprendizaje, la conducta, la ergonomía, lo transcultural, el etnocentrismo y otros; lo que nos lleva a hablar de la psicologización del mundo. Es decir, pienso que no hay tema alguno, fenómeno alguno en el que la voz del psicólogo no tenga algo que decir.

Y eso nos lleva al segundo punto que queremos plantear aquí: la transdisciplinariedad.

Pues si no hay asunto alguno sobre el que no pueda pronunciarse la psicología, tenemos que aceptar de hecho, de que esta ciencia estará interviniendo sobre aspectos acerca de los cuales otras ciencias también tienen algo que aportar.

Me imagino que es por ello que se me ha invitado a comentar este libro, pues como sociólogo tengo apenas una formación amateur en temas psicológicos, solo que creo, que los temas psicológicos son al mismo tiempo temas sociológicos, y sin duda, también del ámbito de otras ciencias.

Sino veamos, el tema de Liderazgo que aborda Gil puede también ser reclamado por los administradores, e inclusive por la sociología de las instituciones. Sobre el tema de nuevas narrativas de Pilar Munuera, también tendría algo que decir el análisis del discurso. Las propuestas sobre la ancianidad que hace Blajeroff, pueden ser abordadas también desde las nuevas perspectivas de las teoría de género y lógicamente también por la sociología de la familia. Jáuregui, al hablar de la psicología de la salud está tocando un asunto que sin duda la medicina sentirá también como suyo. Los rastros de la psicología adleriana en Hispanoamérica que exploran Ibartz y Ramón, son también un tema que puede ser abordado por la historia. La lectura, el aprendizaje y la atención sobre los que escriben Canales, Pareja, Muratta, Jácobo y Alarcón, son sin duda asuntos de interés de las ciencias de la educación. La ergonomía que nos explica La Torre, es también abordada por la ingeniería de sistemas. Y la psicología transcultural que trae a colación Alarcón, sin duda, tiene muchos puntos de contacto con la antropología.

Se trata pues de lo que el filósofo Edgar Morin llama: Inter-trans-poli-disciplinariedad. Qué bueno entonces que un libro que se titula: Temas actuales de psicología, trate tan diversos aspectos, que invitan a otras ciencias a entrar a un diálogo interdisciplinario; a plantear proyectos conjuntos, es decir, polidisciplinarios; e incluso a poner en duda los límites de cada ciencia a través de la transdisciplinariedad.

Este libro, de hecho, nace, como lo dice el editor en su presentación, en la Unidad de Posgrado de Psicología, en cuyas maestrías y doctorados no solo estudian licenciados en psicología, sino gentes que provienen de otras disciplinas.

Entrando al tercer tema debo decir que como sociólogo, el artículo que más me ha gustado es el de Néstor Blajeroff, pues parte de la constatación de un orden de cosas en torno a la situación del anciano en la sociedad, y luego plantea una propuesta de cambio, que incluso engarza dentro de un proceso social tan grande como es la globalización. En ese sentido, Blajeroff está haciendo política; y con ello desnuda la supuesta neutralidad ideológica de la ciencia.

Como ya lo ha demostrado Michell Foucault y a su modo Thomas Kuhn, el saber es también un asunto de poder, de manera tal que es perfectamente legítimo hablar de una sociología de las ciencias, es decir, de una disciplina que estudie las relaciones de poder dentro de los ámbitos académicos, y cómo la ciencia misma, es resultado y causa de esas particulares relaciones.

A lo que voy es a la ya vieja idea de Wright Mills, de que todo asunto psicológico es en el fondo un asunto sociológico. Sino veamos uno a uno los artículos que reúne el libro que presentamos esta noche.

El liderazgo implica la existencia de unos pocos líderes y de muchos liderados y eso necesariamente genera un conjunto de relaciones sociales particulares entre y dentro de esos niveles. Pero debiera llevarnos a preguntar también: ¿A qué metas nos lleva el líder? Y obviamente a la siguiente ¿compartimos esas metas? No se trata, entonces, solamente de indagar acerca de las cualidades del líder, sino acerca de lo que éste pretende alcanzar haciendo uso de sus virtudes.

Las técnicas de intervención en la familia, necesariamente tienen que desarrollarse bajo el supuesto de lo que consideramos una familia ejemplar. Y aquí no podemos evadir el intenso debate acerca de la crisis de la familia nuclear, en el que algunos quieren su recuperación y otros, su radical transformación.

La psicología de la salud debe aceptar el hecho que categorías como enfermedad y salud son históricas, en cuanto no siempre han significado lo mismo, al punto que hoy se habla de una medicina cosmética que cura la enfermedad de la fealdad; y que ahora como antaño, lo que se considera mórbido viene acompañado de discriminación, lo que es un fenómeno básicamente sociológico.

El psicoanálisis, dentro del cual están los aportes de Adler, es ahora una herramienta poderosa de interpretación de la sociedad, que se ha fundido incluso con el marxismo. Y de otro lado, las tesis mismas de Freud vienen siendo cuestionadas desde el feminismo, que es al mismo tiempo un movimiento teórico y político.

Los problemas de lectura, de atención y de aprendizaje, deben llevarnos a preguntarnos: ¿Qué leemos? ¿Qué aprendemos? Y, sobre todo, ¿quién decide lo que debemos leer y aprender? No es casual, por ejemplo, que en muchos colegios de Latinoamérica se haga leer a los adolescentes el texto titulado “Juventud en Éxtasis” de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, que es el representante “literario” de un proyecto ideológico determinado.

De otro lado, la, sin duda, legítima preocupación por la ergonomía, no debe hacernos olvidar el carácter alienante del trabajo en el sistema capitalista. Por más cómodos que trabajemos, esto no afecta los principios económicos del capitalismo, ni la mercantilización de nuestra fuerza de trabajo.

La psicología transcultural es, para lo que intento explicar, un buen ejemplo. Pues sus propuestas atentan contra la psicología etnocéntrica, y el etnocentrismo es, al fin y al cabo, un proyecto ideológico.

Así resulta que este libro es en realidad una invitación al debate y la polémica, pero no solo dentro de los márgenes de la psicología, sino que admite críticas y propuestas desde otras ciencias, que permitan, lo que Morin llama, la ecologización del conocimiento.

Este es pues un libro plural desde donde se le mire, los autores provienen no solo desde distintas canteras académicas, sino también de distintas latitudes geográficas, los hay consagrados y quienes recién se inician en la tarea de publicar; y como hemos visto, los temas abordados son además bastante variados.

Hubo un tiempo en que la homogeneidad era considerada como un valor; ahora es más bien la heterogeneidad lo que se ansía, y por ello este libro no solo tiene la riqueza de cada uno de sus artículos, sino que su conjunto mismo posee una sinergia que invita a la lectura y a romper las cadenas de lo que Ortega y Gasset llamaba la barbarie del especialismo. Lo que quiero decir, y con esto termino, es que aunque el libro titule “Temas actuales de psicología”, en verdad puede y debe ser leído por gente proveniente de todas las ramas de las ciencias; pues todos estamos obligados a interesarnos por el estudio del hombre y su psiquis. Y después de todo, quién hoy en día, no necesita tratamiento psicológico.

* Texto leído en la Sala Atenas del Complejo Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Perú, el 26 de junio de 2009

23 jun. 2009

De lo académico como un acto político

De lo académico como un acto político. Una reflexión acerca del desorden*

Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

14 de junio de 2009, dentro de dos días, nuestra Facultad, en la que nos hemos formado y en la que ahora trabajamos, cumplirá 25 años de historia, cumplirá sus bodas de plata. Este aniversario, por tanto, no es uno más, acostumbrados como estamos a dar un significado especial a ciertos números.

Dar el discurso de orden en las circunstancias explicadas, resulta, por tanto, para mí, un honor, al que les revelo, en un primer momento intenté rechazar, convencido como estaba de que la ocasión ameritaba que un docente de mayor trayectoria ocupara este lugar. Pero se me explicó que lo que se quería era romper el paradigma y dar la oportunidad a un profesor que hace a penas unos meses recibió su resolución de nombramiento, y entonces, partidario, como soy, del cambio y enemigo de la parálisis paradigmática de la que nos habla Thomas Kuhn (Estructura de las Revoluciones Científicas) y a su modo Joel Baker (en su libro: Paradigmas: el negocio de descubrir el futuro); acepté, ya no el honor, sino el reto de dirigirme a la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales, para poner en debate un conjunto de ideas que presentaré en unos minutos.
No obstante, la ocasión es precisa para agradecer a quienes fueron mis maestros y hoy son mis colegas, en actividad o cesantes, porque para bien o para mal, en gran medida soy el resultado de sus aciertos y sus errores. Y me refiero a todos los docentes, porque yo estudié en una época en la que recibíamos en el aula, independientemente de la carrera elegida, a sociólogos, historiadores, antropólogos, y trabajadoras sociales. Turismo aún no se había creado. En aquellos tiempos, todavía combatíamos lo que Ortega y Gasset llamaba la barbarie del especialismo.
Debo decir antes de empezar con el discurso propiamente dicho, que quienes me conocen saben que soy militante del desorden, ya cuando estudiante esta Facultad me auspició una publicación que titulé “Asesinando al Semáforo”, y por tanto me niego a hacer un discurso de orden, sino que más bien pretendo insertar esta disertación en la lógica de Nicanor Parra y sus antipoemas, así, no esperen un discurso de gafas obscuras, ni de capa y espada, ni de sombrero alón; ojalá logre más bien que estas palabras sean de ojo desnudo, de pecho descubierto, de plaza pública y no de recinto burgués. Hay que combatir nuestro ya patético auto aburguesamiento.

Así, puesto en claro las cosas, debo citar como epígrafe de este discurso un verso del gran poeta Charles Baudelaire (que por cierto el Che lo leía tanto como a Marx) que dice: Raza de Caín, sube hasta el cielo / ¡y arroja a Dios sobre la tierra!”. Y debo citar también a nuestro poeta arequipeño Alberto Guillén cuando blasfema: “Yo he de ayudar al Diablo a conquistar el cielo”. Y finalmente, debemos también recordar a Alberto Hidalgo: cuando nos dice que él está a la izquierda de la izquierda, mientras nosotros, continúa el creador del simplismo, y estoy hablando en primera persona, seguimos siendo los mismos cojudos con los mismos ternos.
Por donde empezar entonces, un discurso que pretende romper con el orden, ¿acaso por el final, por la mitad? No me queda más remedio que hacerlo por el principio, pero enamorado de Rayuela de Cortázar, no me resigno del todo, y los invito a leer este mismo discurso en mi blog, en Internet, pero ya no dentro de las rígidas y ordenadas estructuras que exige una alocución de este tipo, sino en las desbordantes posibilidades del hipertexto que rompe con el orden secuencial y lineal e inaugura un nuevo modelo discursivo caracterizado por el desorden, o si quieren, por un nuevo orden, en el que hasta la coherencia deja de ser un valor y es más bien la pluralidad, la diversidad, la crítica, la perspectiva de caleidoscopio la que marca el devenir de la lectura ya no como un único camino a seguir, sino como un camino a inaugurar con nuestros propios y autónomos pasos. Hiperlector no hay camino, se hace camino al andar”, diría hoy Machado. Y nosotros, como científicos sociales, podríamos decir que la relación autor-lector, la relación profesor-alumno disminuye en su carácter dictatorial y se democratiza. Las ciencias sociales por su condición multiparadigmática, que explica muy bien Silva Santisteban, tienen en el hipertexto una herramienta importantísima y por ello desde este año nuestros ingresantes estudian un curso de hipermedia que pretende no que aprendan a usar la computadora, que eso es lo de menos, sino a generar una nueva estructura de pensamiento mucho más libre y holística, capaz de establecer nexos dialécticos entre las más disímiles categorías, hipervínculos le llaman los ingenieros, pensamiento complejo el filósofo francés Edgar Morín. Instalar el desorden hipertextual en nuestras aulas, todas ahora conectadas a Internet, no es sino cumplir con el viejo reclamo de Pink Floyd: Teachers, leave de kids alone”. (Hoy el grito sería el de Papa Roch: Take my Money / take my posesions / I don´t need that shit”).
Casi de contrabando entonces, estamos proponiendo al debate la utilización del hipertexto como estructura organizativa no solo de nuestras clases diarias, sino de nuestros sílabos, no en cuanto documentos, sino en cuanto propuesta de contenidos; e incluso de nuestros planes de estudio.
Señor Decano, nuestra Facultad está demasiado ordenada, hay que desordenarla un poco. No es posible en los tiempos actuales, que nuestros planes de estudio sigan siendo tan rígidos, al extremo que quienes estudian Sociología culminan su carrera sin que nunca un antropólogo, ni un historiador, ni una trabajadora social, ni un licenciado en turismo, hayan sido sus profesores; y esto en una época en la que ya no se sabe dónde termina la sociología y dónde empieza la antropología; y lo dicho vale para todas las ciencias que alberga nuestra Facultad. Y si hemos de creer a Morín, a quien hace un momento citábamos, ya no hay ni siquiera fronteras entre las llamadas ciencias naturales y las ciencias sociales. Recordemos nomás como la teoría de la autopoiésis de los biólogos Maturana y Varela terminó provocando profundos cambios acerca de nuestra percepción de la realidad social y por ende de las ciencias sociales.
Juan Manuel Guillén solía soñar con una Universidad en la que cada alumno diseñaba su propio plan de estudios, ésta sería una universidad basada en el hipertexto. Pero no vayamos tan lejos, todavía, contentémonos, por ahora, con crear al interior de nuestra Facultad una estructura curricular hipertextual que permita a los estudiantes de Sociología matricularse en cursos de Antropología, de Historia, de Trabajo Social o de Turismo; y lo mismo para los alumnos de cualquiera de las Escuelas mencionadas. Se me dirá que hay muchos impedimentos administrativos, infraestructurales y posiblemente hasta de orden legal; pero ceder ante ellos, señor Decano, sería reconocer que en nuestra Facultad lo académico no es lo más importante, sería rendirnos ante el orden impuesto. Y creo yo que como científicos sociales, si hemos leído a Bourdieu, no debemos aceptar orden alguno. Todo orden implica poder y subordinación, y en este extremo, lo que conviene es la subversión académica. Y a ustedes señoritas y señores estudiantes, no crean que son rebeldes cuando toman locales para pedir un aula más grande. Los tiempos no están para nimiedades, sino para transformaciones realmente radicales, para la caída del orden. Para la instauración de una nueva estructura de pensamiento. No para una nueva aula.

Pero ya se ha dicho repetidas veces hasta caer en el lugar común, hasta que la frase ya no significa nada en esta crisis del episteme de la que hablaba Michell Foucault, o de la tragedia del lenguaje vacío de la que escribe Bauman y de la que vino a hablarnos a Arequipa el poeta chileno Raúl Zurita, que la Universidad no es una isla sino que se debe a la comunidad.
Esto que solemos llamar extensión universitaria o proyección social, creo yo, para seguir con nuestra línea argumentativa, debe centrarse en una crítica feroz contra el orden, recordemos a Siqueiros: en tiempos de guerra, arte de guerra. Y los periódicos nos dicen hoy mismo, que estamos en guerra, que nuestras críticas sean pues guerreras. Pero hay que ser también propositivos, y nuestra propuesta en mi opinión debe ser lo que antes se denominaba como contra cultural y que hoy podríamos llamar de apología del desorden.
En ese sentido, pienso, que hay tres terrenos en los que urge remover el orden impuesto: la política, las relaciones intergenéricas y las relaciones interculturales.

En la política, el orden ha sido descrito, con exactitud brillante, como “Pensamiento único”, por Ignacio Ramonet. Así las cosas, Aníbal Quijano dirá que por primera vez en su historia, la especie humana en su totalidad apareció… encuadrada dentro de un mismo y único patrón de poder… la legitimidad de este poder parecía virtualmente plena, ya que no solo habían sido derrotados los proyectos alternativos, sino también la crítica y sus fundamentos fueron empujados fuera del debate público”. Así, el que disiente de este pensamiento único que tiene como ejes la democracia representativa (en verdad, delegativa) y la economía de libre mercado (en verdad la mercantilización de la totalidad de la vida social), ya no es un rival ideológico o un opositor político; sino un salvaje, o un ignorante manipulado, o un enemigo de la modernidad y el desarrollo, o simplemente, un terrorista. O para decirlo con las palabras de Apuleyo, Montaner y Álvaro Vargas Llosa: un idiota. Ya lo había anunciado León Gieco cuando cantó: “Qué nos dirán por no pensar lo mismo / Ahora que no existe el comunismo / Estarán pensando igual /Ahora son todos enfermitos… / Ahora son todos drogadictos. Parecemos todos personajes de Matrix, comiendo y defecando por voluntad de otros y hasta protestando para seguir un programa que se da el lujo de permitir alguna pintoresca disidencia.

Esta Facultad se fundó en 1984, y esa fecha es el título de la obra de George Orwell que describe con espanto nuestro presente, caracterizado por la dictadura perfecta del Gran Hermano, por el Ministerio de la Verdad, dedicado a falsificar la historia; por el Ministerio del Amor que se ocupa de la tortura; el Ministerio de la Paz, encargado de promover la guerra; el Ministerio de la Abundancia que mantiene a la población en la subsistencia; y por supuesto con su policía del pensamiento, para arrestar a todo aquel que no tenga en su cabeza lo que estamos llamando pensamiento único y que en la obra se conoce como doblepensar. Y es que hasta las palabras han cambiado de significados y han sido apropiadas por quienes detentan el poder. Así EEUU no coloniza Irak, sino que lo democratiza; y nuestro gobierno no privatiza la selva sino que la recupera para 28 millones de peruanos.
Quizá esta Facultad haya nacido en 1984 por una cábala que nos invita a destruir con críticas, no constructivas, sino piro maniacas, todo lo que se nos da impuesto como un dato, cuando en realidad se trata tan solo de una propuesta ideológica. Solo así no caeremos en lo que Alberto Adrianzén llama la alarmante derechización de la clase intelectual peruana. Y esto, pese a que hoy para ser de izquierda ya no hay que hacer la revolución, basta con pensar fuera de los moldes que nos imponen quienes tienen el poder.

Así por ejemplo, nos descubrimos hablando de calidad total, de competitividad, del éxito como un valor, sin tomar conciencia que todo esto forma parte de un discurso ideológico que Bourdieu llama la nueva vulgata planetaria y que merece ser desmantelado o por lo menos puesto en duda.

Y aquí viene la gran tarea que creo yo nos toca a todos los que formamos parte de esta Facultad, sobre todo a sus estudiantes: La tarea de preguntar.
En un mundo como éste en que todo está en perfecto orden (criminal), la actitud preguntona es subversiva, y por ello mismo debemos preguntarnos acerca de todo, y más que interrogarnos por lo extraordinario (que eso lo hace cualquiera), debemos indagar por lo que se arropa de ordinario y de normal. Desde la forma rectangular de casi todas las aulas de la universidad que más que evidenciar, esconde, una cierta concepción, no arquitectónica, sino pedagógica; hasta la existencia misma de cosas que nos parecen naturales pero que no lo son, como el dinero, la familia, el matrimonio, el empleo, incluso los llamados derechos humanos, etc. Los zapatistas sostienen: “preguntando avanzamos”, y tienen razón; y John Holloway indica que los tiempos más que de respuestas son de preguntas. La tarea es pues poner todo en cuestión y amenazar al orden, preguntando: “¿Por qué?”. Y si a la necesidad de respuestas le sumamos pasión y emoción, entonces le habremos dado a la sed de conocimiento una verdadera actitud revolucionaria, como cuando Vallejo enuncia: “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! // Esos golpes sangrientos son las crepitaciones / de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”. Fíjense como el vate peruano es capaz de poetizar y de dotar de un espíritu completamente trágico el hecho completamente vulgar de un pan quemándose en el horno, que es además un dicho popular. Creo yo, que ese es el tipo de científico social que reclaman estos tiempos de pensamiento único, uno que sea capaz de descubrir la tragedia humana en lo que se nos pinta como rutinario, uno que no se crea el cuento de que la neutralidad es objetividad, (los científicos sociales no somos neutros, tenemos sexo, decía nuestro decano en su discurso del año pasado), uno que le ponga pasión y emoción a la búsqueda de conocimiento. Y esa pasión y emoción son propias del arte, y nada mejor que el arte para poner en jaque al orden. Recuerden a Colin Powell ordenando cubrir la reproducción del Guernica que yace en una sala de la ONU, que el imperio utilizó para anunciar su invasión a Irak. La nación más poderosa del mundo le tenía miedo al cuadro de Picasso. Por eso señor Decano, me sumo al pedido del Doctor Víctor David Perea Pérez, ex profesor de la Facultad de Medicina de esta Universidad, para que se incluya cursos de arte, en este caso en nuestras Escuelas Profesionales, para darle la dimensión humana que les corresponde y luchar contra la tecnificación que las amenaza.

Recordemos que en la UNSA, la profesión no se llama Asistencia Social, sino Trabajo Social, y eso no es anecdótico, sino que tiene profundo significado. Y recordemos que hace unas semanas algunos alumnos de Turismo pedían en un oficio que sus profesores sean sobre todo técnicos. Este pedido debe ser entendido como una señal de alarma, creo yo, señor Decano. Pienso que no es casual que la Escuela de Turismo pertenezca a la Facultad de Ciencias Histórico Sociales sino que ese hecho evidencia que para nosotros el turismo no es un negocio, sino un fenómeno social de inmensas y complejas connotaciones, que mueve a 800 millones de personas al año y un millón de millones de dólares en el mismo periodo. Pienso que esta Escuela nació no para promover lo que los turistólogos mexicanos Sergio Rodríguez y Sergio Molina llaman críticamente el turismo de marketing; sino para desmenuzar y despedazar lo que Turner y Ash, siguiendo los lineamientos de la Escuela de Frankfurt, llamaron la horda dorada. Yo observo con asombro, como emocionados mis alumnos de turismo hablan de cómo en el futuro el turismo de crucero cobrará más importancia, que los hoteles añadirán a sus lujos clásicos toda la suntuosidad que la electrónica pone a su alcance, y cómo se construirán transportes y alojamientos espaciales para quienes puedan como Dennis Tito pagar 20 millones de dólares. Es decir, que como sostiene para otros asuntos Umberto Eco: el futuro es el pasado, volvemos a la Edad Media, al Gran Tour, al turismo de élite, en el que solo unos cuantos podrán ser turistas y el resto debemos contentarnos con tenderles bien la cama, prepararles exquisitas comidas, mostrarles los atractivos. Hemos olvidado que ya a inicios de los 80 se planteó la idea de que el turismo es un derecho y no un privilegio de los consumidores del primer mundo. Si estudiamos Turismo, no es solamente para aprender los necesarios conocimientos para desenvolvernos en la mal llamada industria sin chimeneas, sino y sobre todo para preguntarnos ¿por qué el turismo es así? ¿No existen formas, verdaderamente y no de cliché, alternativas de turismo? ¿Es en verdad la solución el llamado turismo sostenible, o solo es el mismo negocio de siempre, arropado de la denominada responsabilidad social?
Lo que quiero decirles, es que no debemos venir a la universidad para aprender, sino para desaprender, para rebelarnos ante aquello que se nos presenta como una verdad incuestionable, para rebelarnos ante una realidad que creo yo es del todo injusta, y esa rebelión es política y por ello mismo académica. Ya no nos creernos que la ciencia es neutra, ya Foucault y desde otro ángulo Kuhn nos demostraron como la academia es también un asunto de poder. Y lo dicho aquí de Turismo a manera de ejemplo, es válido también para Sociología, Antropología, Trabajo Social e Historia.
Alumnos universitarios dedicados a aprender libros en lugar de repensarlos, o peor, dedicados a aprender técnicas, es el triunfo del pensamiento único. Es el paroxismo de la despolitización del alumnado, de la que por cierto no son nuestros estudiantes los responsables, sino nosotros, sus profesores; y por ello el parricidio es la actitud que reclama la época.
La situación está llegando, realmente a límites insostenibles. Ya el viejo Marx nos hablaba del falso mirar, y del falso oír como consecuencia de la alienación capitalista, y hoy asistimos, precisamente, a una degradación de nuestros sentidos a la que nos empuja cada vez más el afán del lucro. La vulgarización del oído se llama MP3 (se supone que tecnológicamente, este formato puede reproducir la fidelidad sonora de otros sistemas, pero el afán de lucro impone la compresión y lo que era música termina convertido casi soloritmo) , y la vulgarización de la vista es el MPEG4 (cuya baja calidad de imagen atenta contra el caracter de arte visual del cine, convirtiéndolo en un mero relato de anécdotas). Estimadas y estimados alumnos, el objetivo no es comprarse un reproductor MP3 o MPG4 sino preguntarse, qué efectos tienen estas tecnologías sobre la sociedad en general y sobre el arte en particular. Comprar lo puede hacer cualquiera, preguntarse, no. Ustedes decidan si quieren ser de los primeros, o por el contrario, académicos, y por ello mismo, repito, profundamente políticos.

Cuando yo ingresé a la Facultad en 1989, mis profesores me dijeron que la revolución estaba a la vuelta de la esquina; ya he dado varias vueltas a la manzana y hasta ahora nada. Pero, como dice Zizek, es precisamente porque no existe ninguna condición para hacer la revolución, que tenemos que hacerla.

Pasemos a cuestionar ahora el orden de las relaciones de género. Si el orden político es llamado pensamiento único, el orden de las relaciones de género es la sociedad falocéntrica.
Y el desmontaje de este orden debe ser una prioridad para nuestra Facultad, porque solo existen 4 profesiones en nuestra Universidad en la que estudian más mujeres que varones: Enfermería, Industrias Alimentarias, Trabajo Social, y Turismo y Hotelería. Y como ven, dos de ellas pertenecen a la Facultad de Ciencias Histórico Sociales. Pero quizá la razón más importante para oponerse al falocentrismo, al que voy a llamar machismo para que me entiendan los machos, es que nuestra Facultad declara repetidamente tener una vocación de justicia, y la situación de la mujer es terriblemente injusta. Y dado el breve tiempo de que dispongo, me limitaré a probar este hecho con el enorme éxito que tuvieron recientemente dos canciones: me refiero a “Te compro tu novia”, y a “Mi niña bonita”; esta última, que llegó a encabezar los ranking de las radios más escuchadas en nuestro país, dice en su letra: “Yo creo que a todos los hombres / les debe pasar lo mismo / que cuando van a ser padres / quisieran tener un niño / luego te nace una niña / sufres una decepción”. Y luego añade a manera de falsa rectificación: “y después la quieres tanto / que hasta cambias de opinión”. Te compro a tu novia, parece la versión musical del clásico ensayo de Gayle Rubin “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, que sostiene, que en sociedades patriarcales las mujeres son meros objetos de intercambio entre varones. Y la canción dice lo mismo, sino démosle una mirada a su letra: “Te compro a tu novia no voy a regatear el precio… Te la compro no creo que saldría cara aunque cueste un millón”, y eso se supone que es un piropo; y luego describe las virtudes de una supuesta mujer perfecta: “linda y apasionada… no cela nunca por nada / Y sabe hacerlo todo en la casa / No sale ni a la esquina, no habla con la vecina / No gasta y economiza y todo lo resuelve tranquila”, y concluye así: “Véndela, véndela… si quieres una mía por ella te las cambio toditas”.
Que haya un tal Lucho Barrios o un tal Ramón Orlando capaces de cantar estas sandeces no es lo que nos preocupa, sino que canciones con semejantes letras lleguen a tener tanto éxito, y que cuando las tocan en alguna fiesta, las mujeres no protesten, sino que presurosas se pongan a bailar al ritmo de algo que las denigra brutalmente.
Pues pienso que nuestras estudiantas, y también nuestros estudiantes deben preocuparse por desmontar tal orden de cosas. Recordemos que Fourier, el genial socialista utópico, ya plateaba la idea en sus tiempos, de que la situación de la mujer es un excelente indicador del progreso social. Y que Engels planteó la doble explotación de la mujer en el capitalismo. Por eso nos alegra que una mujer ocupe el vicerrectorado administrativo en nuestra universidad, y ojalá no tengamos que esperar mucho para tener una rectora, y, por supuesto, una decana en esta Facultad.
Pero en este terreno tales cambios no bastan, es necesario ir mucho más allá en el desorden. Debemos pasar de la teoría freudiana de la envidia del pene, según la cual todas las mujeres hubieran querido ser hombres, al planteamiento del pene envidioso, según el cual la dominación masculina esconde un profundo miedo por la supremacía sexual de la mujer. Si no somos tan radicales habremos de creer que la creación del Ministerio de la Mujer es un gran avance, cuando en realidad es la institucionalización estatal de esta situación de desigualdad, pues este Ministerio se encarga del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria, de los Wawawasis, y de otros proyectos similares, es decir, que la ministra resulta siendo una especie de gran cocinera y gran cuidadora de niños. Y por si fuera poco, en el portal oficial del Mimdes, hay un recetario de cocina. Cuando el CONCYTEC pase al Ministerio de la Mujer empezaremos a creer que algo está cambiando. O cuando la elección de una ministra implique un cambio radical en la administración pública; mientras tanto, son solo hombres con falda.

Y quiero llamar la atención aquí también, tal como lo hacen las últimas propuestas de la teoría de género, sobre la terrible injusticia que viven los ancianos y los niños en nuestra sociedad. Baste decir que en la sociedad posmoderna el anciano es visto como una carga y la vejez como una enfermedad y sinónimo de fealdad, lo que, cuándo no, genera un negocio millonario para la industria anti arrugas. En lo que respecta a los niños, cálculos quizá demasiado conservadores, hablan de no menos de 3 millones de personas que viajan al año, con el objetivo de tener relaciones sexuales pedófilas; y estos niños y niñas sometidos al comercio carnal no son ni siquiera prostitutas y prostitutos, sino verdaderamente esclavos sexuales. Otro dato escalofriante, no menos de un millón de mujeres son vendidas, al año, como esclavas sexuales. La trata de blancas, dicen los expertos, está a punto de convertirse en el negocio ilegal más lucrativo, título que hasta ahora ostenta el narcotráfico.
Este es el orden impuesto, nuestra tarea, destruirlo.

Finalmente, en un país con más de 50 etnias, no podemos dejar de hablar de las relaciones interculturales, sobre todo si ha sido la sangre la que ha puesto el tema en el centro del debate político.
Cuando nos enteramos de la actitud que los congresistas adoptaron frente a un conjunto de decretos que estaban generando una huelga de casi dos meses en el oriente peruano, no podíamos menos que recordar al Pablo Macera de antes del fujimorismo, cuando sentenció que el Perú era un burdel. Y cuando salió publicada la lista de más de un centenar de nativos amazónicos que habían sido detenidos, tuvimos que recordar a Arguedas, cuando sostuvo que el Perú estaba en la cárcel. Pero cuando vimos el spot que el gobierno difundió a través de la televisión con los cadáveres de los policías asesinados y presentando a las comunidades selváticas como salvajes, tuvimos que recordar a ese otro spot contra los trabajadores mineros que sirvió de preludio para el asesinato de su dirigente Saúl Cantoral, y se nos vino a la mente, también, a Bryce Echenique, cuando declaró que el Perú es una mierda.

Y se nos vinieron todos estos recuerdos juntos, cuando escuchamos al presidente de la República, que le justa calificarse de presidente de todos los peruanos, señalar que los nativos no son ciudadanos de primera clase; y otra serie de declaraciones que han motivado a Carlos Reyna a comparar el discurso del presidente con los argumentos con los que Ginés de Sepúlveda intentaba justificar la barbarie de la conquista de América.

Pero lamentablemente, no se trata de los exabruptos verbales a los que García ya nos tiene acostumbrados, sino de la política oficial del gobierno, como queda demostrado con cada cosa que dice Mercedes Cabanillas, o con el lenguaje que utiliza Yehude Simon cuando dice, por ejemplo, que los policías fueron “asesinados”, mientras que los nativos “cayeron muertos”; o cuando habla de los “dialectos” de las comunidades utilizando conceptos ya hace mucho superados, y que nos recuerdan a Eduardo Galeano, cuando en tono crítico, hablando de los conquistadores sostuvo que mientras ellos tenían literatura, los conquistados solo tenían tradición oral; mientras aquellos tenían arte, estos a penas artesanía; mientras aquellos adoraban dioses, los de aquí, ídolos; y mientras ellos hablaban idiomas, los aborígenes, justamente, dialectos.

¿Es que no hemos aprendido nada en estos casi dos siglos de vida disque republicana? Así parece demostrarlo el hecho de que el Estado carece de intérpretes oficiales para lo que el Premier llama dialectos.

Este orden de cosas en las relaciones interculturales se llama etnocentrismo, y urge sembrar aquí también el desorden. Cuánto más, en una Facultad que tiene la carrera profesional de Antropología, y cuánto más en una Facultad poblada por una gran cantidad de migrantes, que incluso no tienen como idioma materno al español.

Me dijeron que este discurso tenía que ser eminentemente académico y ha terminado siendo político, pero ya dijimos que todo acto académico es un acto político, y si la política fuera como debiera ser, también todo acto político sería un acto académico, como sostuviera Paulo Freire.

Resumiendo, pienso que la visión de una universidad debe ser la de Saint Just: la revolución solo debe detenerse con la felicidad. Y su misión, el desorden, ese desorden que permita a los condenados a ser pobres diablos a conquistar el cielo, parafraseando nuestro epígrafe inicial de Alberto Guillén. Creo, señor Rector, que ese fue el sentido del discurso que pronunció usted cuando asumió el rectorado y que concluyó citando a García Márquez hablando de un mundo verdaderamente justo. Creo, señoras y señores, que como escribió en una pared en ruinas, el poeta Lolo Palza: “ya nada importa, salvo este desorden”.

*Una versión un tanto mutilada de este texto fue leído el 12 de junio de 2009, como discurso de orden, en la sesión solemne por las Bodas de Plata de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.