10 dic. 2008

Feminismos latinoamericanos


SI OBAMA USARA FALDA NO SERÍA LO MISMO QUE SI USARA POLLERA*


Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com


Dado de que comparto la tarea de presentación con dos expositoras, voy a permitirme, dedicar mi reflexión, no al contenido mismo del libro, sino a la estructura del mismo. Convencido además, que en este caso: forma y contenido se corresponden perfectamente, por lo que a lo mejor termine refiriéndome a la esencia del contenido sin que haya sido eso lo que me haya propuesto.
Este libro está compuesto por materiales de distinto tipo, y aunque no sé si esa haya sido la intención de la autora, creo que esta diversidad constituye la unidad de lo que entedemos por feminismo, aunque Virginia Vargas utiliza el plural: feminismos.
La particular estructura sobre la que queremos reflexionar queda manifiesta en el prólogo de Roxana Vásquez Sotelo, quien, casi al final, dice que el libro combina: «reflexiones teóricas con experiencias vividas; ensayos propios y alguno compartido y una emotiva carta y un importante pronunciamiento».
Así queda definido el feminismo, que es de lo que trata el libro: como una construcción teórica no rígida, sino polémica (por eso la forma de ensayo); como práctica viva; como subjetividad palpitante; y como una invitación a la acción política.
Por tanto el feminismo, no es como creen muchos, aun en la academia, lo contrario del machismo, pues este último es apenas una actitud, reinante, es cierto, pero mera actitud al fin y al cabo. Equiparar feminismo y machismo, entonces, es como pretender enfrentar a Bastet, la diosa egipsia con cabeza de gata, con el Chihuaha de Legalmente Rubia. Los machos no son pues Anubis, sino abundantes seres diminutos que caminan por la calle llamándose machos así mismos y que nosotras las mujeres conocemos como hombres. Uso la primera persona en femenino porque en marzo pasado algunas dirigentas del Sindicato de Docentes de la UNSA me nombraron mujer honoraria, por lo que si mi carrera como presentador fracaza, podría intentar el circo, en el papel de mujer barbuda.
El feminismo es humor también, por cierto.
Vayamos por partes.


El feminismo como construcción teórica o en la mirada está la tirada.

La situación de subordinación de la mujer, con respecto a la primacía del varón que lleva miles de años, resulta aún invisible para muchos, y para muchos más se trata de casos aislados, cuando no de algo deseable, o un lamentable destino inexorable que no nos queda más que aceptar porque así lo han determinado las leyes de la sociedad y hasta de la naturaleza. Ahora se hablan de asimetrías cerebrales.
Así, no nos queda más que cantar “Bendita sea mi madre por haberme parido macho” o si nos ponemos un poco cínicos: “Machistas son las mujeres porque les gustan los machos”.
Así, alguien que denuncie la inequidad de las relaciones sociales entre hombres y mujeres a menudo es puesto en ridículo -si se trata de una mujer­ o se pone en duda su virilidad –en caso se trate de un varón-. Semejante comportamiento desgraciadamente no es exclusivo de las colleras de esquina, sino que es también frecuente en ámbitos académicos como las universidades.
Ahora, si pasamos de la simple denuncia a la toma de posición y en consecuencia a dedicar parte de nuestro tiempo y de nuestras energías a intentar cambiar una situación que percibimos como injusta; habremos cruzado una línea que muy pocos y muy pocas se atreven.
Pero la teorías de género y las investigaciones que se hacen bajo su óptica van mucho más allá de la simple comprobación de la subordinación femenina y sus execrables consecuencias; más allá incluso de la denostada transformación de corriente académica en corriente política; sino que plantean la idea revolucionaria (verdaderamente revolucionaria) que la dominación masculina no consiste “simplemente” en la situación de privilegio de el hombre con respecto a la mujer, sino en la imposición de una perspectiva masculina con respecto a la sociedad, y a la construcción de la misma sobre la base de esa perspectiva.
Así, la conclusión resulta inevitable, hemos creado una sociedad masculina; por lo que ya no se trata “solamente” de cambiar la situación de la mujer en esta sociedad, sino de reconstruir la sociedad desde una perspectiva más equitativa mujer – hombre.
Pero aún, se ha llegado más allá, y se ha postulado la idea de que incluso aquello que pensábamos como parte del reino natural, como son el sexo y el cuerpo son en realidad construcciones culturales, y como no, otra vez edificadas desde la masculinidad reinante y excluyente.
Nuestros cuerpos (y nuestro sexo) no son el resultado entonces – por lo menos de manera exclusiva - de causas naturales; sino de un sistema de dominación cultural que es preciso acabar. Lo que corresponde, entonces, no es liberar al sexo oprimido, sino de reconfigurarlo, reconstruirlo; lo mismo vale para nuestros cuerpos.
No se trata entonces de poca cosa, sino de una transformación radical de la realidad y de la manera que tenemos de pensar en ella y entenderla.
Así, la misma ciencia y sus fundamentos han sido puestos bajo sospecha. Quienes nos dedicamos a las ciencias sociales, no podemos darnos el lujo de desentendernos de las arenas movedizas en las que las teorías de género han colocado nuestros pesados pies positivistas. Podemos refutarlas (académicamente), es cierto; pero no podemos ignorarlas. Lo que está en discusión, es una nueva manera de entender la sociedad.
Existe un dicho popular que sentencia: “Que en la mirada no está la tirada”. Yo creo que es al contrario. Lo que está en juego es la mirada, y lo que pone en juego es mucho. La teoría feminista ha demostrado que en la mirada está la tirada, por lo que dejémonos de hacer los de la vista gorda porque podemos terminar siendo mirados en lugar de mirar.
Claro que al mismo tiempo desde el título, Virginia Vargas Valente, nos advierte que existen varios feminismos, varias miradas podríamos decir ahora, y sin duda el debate será arduo pero también puede ser enriquecedor. Esta pluralidad debe entonces ser tomada como riqueza y no como fragmentalidad, sino el paso a la fragilidad y al suicidio será muy corto y cortante. La izquierda peruana ya nos dio una muestra de lo que no se debe hacer.


Marxismo, leninismo, feminismo

Mao decía en su cada vez menos famoso libro rojo, que un verdadero revolucionario combatía todo el tiempo, que no conocía el descanso, y que en cada propuesta política, en cada manifestación cultural, en cada conversación y hasta en la aparentemente más insignificante actitud no podía permanecer al margen, sino que tenía que dejar sentada la posición revolucionaria, avalando o, y sobre todo, criticando, desnudando las aparentes neutralidades con las que suelen vestirse las posiciones contra revolucionarias.
El feminismo en este sentido, creo yo, es maoista. Las feministas, como el revolucionario que reclamaba este empedernido mujeriego, deben estar atentas y combatiendo todo el tiempo. Porque lo que proponen, qué duda cabe, es una revolución. Y entonces como revolucionarias y revolucionarios deben estar vigilantes de todo acto social, público o privado, y aun íntimo que manifieste la ideología dominante que subordina a las mujeres y las coloca en situación de desventaja. Hay que ser histéricas, la revolución necesita cierta dosis de histeria.


Sé cuidar mi cuerpo, oye bien: mí cuerpo.

La lucha feminista es también una lucha por el cuerpo. Y aunque parezca lo contrario, nada más subjetivo que la piel. El feminismo palpita bajo las células de quienes lo abrazan y por ello no puede nunca ser una fría teoría, sino que es, también, una emoción.
En los últimos tiempos se exije de los académicos una impostura que raya en lo insípido, y en las ciencias sociales quieren imponerse estudios absolutamente impersonales (las tesis universitarias son un buen ejemplo), en el sentido que quien los escribe no parece en lo absoluto involucrado; como si el observador, no fuera, inevitablemente, también parte de lo observado. La sociedad toda va adquiriendo esa marca supuestamente neutral desde el punto de vista ideológico, generando una hegemonía, en el sentido gramsciano, que podríamos describir con el genial estribillo de Charly García: la sal no sala y el azúcar no endulza.
El feminismo, es pues, sal que sala y azúcar que endulza. La sal de la vida, pero la sal en las heridas también. La azucar que da calorías, pero el aspartame también. No nos engañemos, los granos feministas también tienen sus pajas.


Tenemos que cambiar el mundo si no nos gusta como está


Permítanme contar dos anécdotas personales: Cuando mi hija tenía 3 años fue a una actuación a su colegio, de pronto por micro anunciaron, «por favor los niños de inicial vayan a los vestuarios», entonces yo me paré y tomé de la mano a mi hija, pero ella me increpó: a dicho los niños, no las niñas. En otra ocasión le pedí que se pusiera su pantalón y ella muy convencida me contestó: «mi hermano se pone pantalón, yo me pongo pantalán».
Creo que de estas dos anécdotas se puede escribir todo un ensayo, más todavía si en la actuación del año siguiente cuando llamaron a los niños mi hija se paró y siguió las instrucciones.
Ahora, porque de eso no se trata, solo quiero decir que la innovación lingúística de Sofía, así se llama mi hija, puede ser entendida de dos formas: como un acto de sublevación que busca el reconocimiento de un espacio propio con todo lo que esto implica; o como la consagración de una esfera masculina y femenina predeterminadas que es precisamente en lo que se basa el dominio masculino. En otras palabras que las mujeres empiecen a llamar pantalán a la prenda que cubre las extremidades inferiores puede terminar siendo una trampa. La lucha feminista debe salvar esta y muchas otras trampas.
«Tenemos que cambiar el mundo si no nos gusta como está». Así reza parte de la letra de una canción de Piero que ahora suena lerdo, como perdonando el viento, en una sociedad en la que hay gente como Fukuyama que se atreve a proclamar el fin de la historia, y en la que quienes se dicen demócratas son asérrimos defensores del pensamiento único.
Pero para nosotros, y creemos también para el feminismo, el viejo cantor argentino, sigue siendo un buen tipo.
Aquí, quiero detenerme un instante, porque a esta parte debe el título esta presentación. Deseo reflexionar acerca de dos trampas, el sistema es bien tramposo eso lo sabemos bien.


La trampa de Lampedusa o el feminismo del libre mercado


Cuando las tribunas de los estadios de fútbol empezaron a llenarse de público femenino, y luego las canchas empezaron a hacer lo mismo; podría alguien ingenuamente haber creído, como Los Iracundos que le dan serenata a Fujimori, que el mundo está cambiando y cambiará más. Cuando la masa de millones de turistas empezó a tener en sus filas a un número creciente de mujeres, alguien pudo tararear la misma canción.
Pero yo creo que ese tarareo es un taradeo. Que la FIFA acepte a las mujeres me parece que tiene que ver más con la necesidad de generar nuevos mercados que con un cambio social. Si ahora hay más mujeres que viajan, eso creo no ha cambiado a quienes Turner y Ash llamaran, con justeza, la horda dorada.
Con los homosexuales y otras sexualidades distintas de la heterosexual ocurre lo mismo. Las series televisivas en las que aparecen como protagonistas y a veces hasta como héroes no son un síntoma de que el mundo esté cambiando, sino de la enorme flexibilidad del capitalismo que es capaz de vestirse de drag queen con tal de generar ganancias.
Después de todo algo tiene que cambiar para que nada cambie. Sino tendríamos que creer que el travestismo de Pinocho en Shrek, y el temporal afeminamiento de Makunga, uno de los leones de Madagascar, son revolucionarios. No señoras y señores, es puro dibujo animado.


La trampa de la inclusión


Muchos discursos feministas, y de otras posturas políticas, ponen su acento en la inclusión. Y por ello me permito repetir algo que sostuve acerca de la homosexualidad que me parece resulta pertinente en la ocasión:
«En la edición 152 (enero - febrero 2005) de la prestigiosa revista “Quehacer” la psicoanalista y feminista Matilde Ureta de Caplansky señala lo que ella considera un logro con estas palabras: “Otra cosa que creo que hemos ganado es tolerar mejor las diferentes modalidades sexuales. La gente considerará esto una aberración, pero creo que ahora los seres humanos que tienen una orientación sexual diferente de la heterosexual han ganado espacio. Eso me parece importante porque hace a los heterosexuales más tolerantes; tolerar las diferencias nos hace más humanos. Esto no quiere decir que las aceptemos para nosotros o las queramos para nuestros hijos; eso ya es materia de otra discusión”. Exacto, eso es materia de otra y muy importante discusión, el asunto de la tolerancia convertido en valor cuando se trata tan sólo de un mal menor. No se trata de tolerar las diversas modalidades sexuales, para usar las palabras de Ureta, sino de celebrar las diferencias. Porque sino, tendríamos que preguntarnos también ¿qué tan dispuestos están los no heterosexuales a tolerarlos? ¿Por qué la pregunta siempre se hace en el mismo sentido: la tolerancia por parte de los heterosexuales y no hacia ellos? Se trata de discriminación vestida de apertura, y a mí particularmente, eso me parece más peligroso que la discriminación franca y desembozada.
Por ello, creo que es un error lo que, en la misma revista, Mariano de Andrade insinúa: hay que vencer los estigmas que rodean la diferencia sexual para lograr que los homosexuales en general, “logren no sólo incorporarse y adaptarse a la sociedad, sino además, consigan ser aceptados plenamente”.
Estamos hablando de la sociedad de la injusticia y la estupidez, de una sociedad en la que miles de millones tienen como principales problemas de salud, enfermedades ligadas al hambre; y la minoría privilegiada (cientos de millones) no tiene una vida saludable, sino que padece de graves males ligados a la obesidad. ¿Es a esta sociedad a la que los homosexuales deben adaptarse? ¿Es a esta sociedad a la que debemos reclamarle la aceptación de sexualidades distintas a la hegemónica? No lo creo. Pienso que de lo que se trata no es de adaptarse a la sociedad ni reclamarle aceptación, sino de transformar la sociedad. No creo que el objetivo sea una sociedad en que heterosexuales estúpidos y homosexuales estúpidos convivan “felices” y gordos en el hemisferio Norte; y heterosexuales y homosexuales famélicos mueran armoniosamente de hambre en el hemisferio Sur. La discriminación sexual no es una disfunción del sistema, sino que es un síntoma de su constitución excluyente y opresora.
Reconozco que se ha avanzado algo, pero esos pasos adelante, mediados por el omnipresente y omnipotente mercado, han sufrido tales deformaciones que bien podrían ser interpretados también como retrocesos. Cambios culturales convertidos en nichos de mercado. Recordemos la Rebelión en la Granja de Orwell: los revolucionarios convertidos en chanchos por el whisky».
Quiero decir entonces que el problema no es la inclusión, sino la transformación de la sociedad, y esto que dije para los homosexuales, me parece absolutamente válido para las mujeres. El problema no es que no se quiera aceptar a mujeres en el ejército, el problema es el ejército mismo, sino recordemos las escalofriantes fotos de esa soldada norteamericana que torturaba soldados irakíes al más puro estilo de Rambo. El problema no es que en algunos colegios todavía no permitan que sus alumnas jueguen fútbol, el problema es el fútbol mismo, la mercantilización del deporte y de toda la vida social en general.
El feminismo, creo yo, por tanto, no debe pedir la inclusión de las mujeres a esta sociedad, sino luchar contra esta sociedad y por la creación de una completamente diferente. «Nunca más el mundo sin nosotras», pero también: nunca más este mundo.
Por ello me parece irrelevante que el presidente electo de Estados Unidos sea negro, para mí es tan blanco, no como Bush, pero sí como Clinton. Si hubiera ganado Hillary, la trascendencia del hecho tampoco hubiera sido realmente revolucionaria, quienes así lo plantean me parecen que atentan reformistamente contra la máxima de Saint Just: «La Revolución sólo debe detenerse con la felicidad».
Por ello, puedo afirmar que Condoleezza Rice me parece tan blanca y tan hombre como Bush, por eso el asunto no es ponerle faldas a Obama, sino polleras. Lo que quiero decir es que no basta que las mujeres participen más sino que su participación esté cargada de ideología feminista, sino tendríamos que aplaudir a las Marthas: la Chávez, la Moyano, la Hildebrandt.


Tik, tik, tik


Eduardo Galeano concluyó su discurso en el Foro Social de Porto Alegre con estas palabras: «Tik, tik, tik», que es como en Chiapas se dice «nosotros», explicó el escritor uruguayo. No sé si la traducción es exacta, en el sentido de si ese nosotros pretende incluir a las mujeres también, o si los indígenas de donde nació el EZLN tienen otra palabra para decir «nosotras». Lo que sí sé es que el feminismo es, o debe ser, ese «nosotras» que incluye a los varones, y a todos aquellos y aquellas que no se sientan ni mujeres ni hombres.
Por eso me parece importante que este libro, incluya ensayos compartidos, porque el feminismo es esa lucha por implantar una lógica social en la que la norma sea escuchar al otro, en que la alteridad sea un motivo de fiesta. En la que nunca más haya marchas, sino una sociedad en la que todos, como Nietzsche, podamos decir que solo podremos creer en un dios que sepa bailar. Porque se baila con uno mismo, pero sobre todo se baila con los demás. Y la danza es teoría, práctica viva, subjetividad palpitante, acción, y compartir. Nada más feminista que el baile.
Podemos concluir, entonces, diciendo que el feminismo es todopoderoso no por ser verdadero, como solía decirse del marxismo, sino porque derrumba o debe derrumbar todo aquello que suponíamos eran verdades inderribables.



* Texto leído con ocasión de la Presentación del libro «FEMINISMOS EN AMÉRICA LATINA. Su aporte a la política y a la democracia», de Virginia Vargas Valente. 5 de diciembre de 2008, Sala Melgar del Complejo Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

9 dic. 2008

Las trampas del turismo inmobiliario

LAS TRAMPAS DEL TURISMO INMOBILIARIO*
Por: José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

UNA ANÉCDOTA
Quiero primero contar una anécdota que me parece ilustrativa para algunas de las cosas que voy a decir. En el bus, de camino a Camaná, una señora que viajaba muy cerca de mi asiento recibió una llamada telefónica, mediante la cual le informaban que el esposo de una de sus amigas había fallecido, el velorio sería ese mismo día y el entierro al día siguiente. La señora en cuestión se disculpó, no podría dar las condolencias personalmente porque «estaba viajando a Camaná». Cortada la comunicación telefónica, le contó lo sucedido a la amiga con la que viajaba, ella respondió en tono lastimero: «Qué pena... si se hubiera muerto ayer, hubiéramos podido ir al velorio». Alguien podría decir: tenían que ser camanejas, pero eran arequipeñas.

DE QUÉ TURISMO HABLAMOS

Es menester fijar algunos conceptos para que con un relativo concenso sobre ellos podamos entendernos mejor. Mucho más si se trata de temas como el turismo, que ha merecido tan diversos, y no pocas veces, contradictorios enfoques; y más todavía si el espíritu de este trabajo es eminentemente crítico y como tal se aparta de los ya consabidos discursos laudatorios sobre la mal llamada industria sin chimeneas.
Creo que un Congreso es para debatir, y debatir arduamente y por qué no, ferozmente. ya José Carlos Mariátegui nos enseñó que es de las polémicas de las posiciones furiosamente encontradas de donde suele nacer el justo medio.
No es pues entonces, mi intención, hablar desde la tímida comodidad de las posiciones eclécticas, sino más bien colocarme en la posición beligerante de quien exajera para enfrentarse mejor a las posiciones hegemónicas con las que discrepo e intento combatir.
Urge, pues, a estas alturas precisar qué estamos entendiendo por turismo. Y a este repecto hay que decir, que una cosa es describir el turismo tal y como es, y otra plantear cómo quisiéramos que sea. Para saltarse este debate, acaso la OMT haya propuesto esa definición tan anodina que hace hincapié solo en el traslado fuera de la zona de residencia y en los parámetros temporales del mismo: más de 24 horas, menos de 365 días.
Pero todos sabemos aquí, que el traslado es en realidad el desencadenante de innumerables procesos económicos, políticos, culturales, comunicacionales, jurídicos, urbanísticos, etc. Que a menudo son dejados de lado por la onmipresencia de esa particular, y a mi juicio simplista e interesada, visión del turismo como generador de divisas, de empleo y en última instancia de desarrollo.
Sociólogo como soy, debo evitar a toda costa ser presa de la obnubilación publiscitaria y más bien buscar las 5 patas al gato, trabajo no muy dificil en una actividad como el turismo que se emparenta más al pulpo o a la araña, que al felino doméstico. Por eso, llama la atención la falta de enfoques críticos, desde la academia nacional, para esta actividad que toma acelerada importancia en nuestro país.
En ese sentido, ubico la presente ponencia dentro del rechazo al denominado turismo de marketing, posición crítica que enarbolan los mexicanos Sergio Rodríguez y Sergio Molina; y utilizo su propuesta de turismo alternativo: de comunicación intercultural, como referente de comparación para criticar todo lo que la impide. Debo advertir, no obstante, que pretendo ir más allá en mis críticas que los autores mencionados, quienes no repararon en la posibilidad dinámica del turismo de convertir en locales a los turistas, y, esto es lo más importante, convertir a los locales en turistas.
Así, interpreto, con fines de esta ponencia, la definición de turismo de Rodríguez y Molina, como un complejo proceso que implica infinidad de fenómenos entre los que destaca el posible diálogo intercultural que puede darse entre turistas y locales.
Aquí el diálogo, nótese bien, aparece como una posibilidad deseable y no como una realidad. Por ello, los autores mencionados hablan de turismo alternativo, es decir, de la necesidad de terminar con el modus operandi del turismo actual sustentado en los intereses de las grandes empresas que controlan el negocio; y convertirlo en una actividad que no se guíe por el lucro y la ganancia, sino por el evidente desarrollo espiritual que puede generar en quienes viajan, y en quienes reciben viajeros.
Nótese también que el diálogo implica, necesariamente, interlocutores válidos de uno y otro lado. No es posible el diálogo cuando quienes participan de la comunicación no están en condiciones de igualdad. En este caso: turista y local deben tener el mismo estatus y comportarse en consecuencia. Pero no se trata únicamente de igualdad, sino también de diferencias, pero no de prestigio ni de jerarquía social, sino de diferencias culturales, porque los clones no tienen nada que decirse ni nada que aprender el uno del otro. Dos cabezas piensan mejor que una, sí y solo sí, piensan cosas diferentes.
Pero estas concepciones han sido elaboradas para el denominado turismo receptivo que implica la llegada de gente de otros países, y por eso, casi con toda seguridad, de otras culturas. No obstante, nosotros creemos que al interior de países como el nuestro, pueden funcionar perfectamente. Después de todo somos un país multicultural por excelencia.

NO EN VANO SE NACE AL PIE DE UN VOLCÁN
NI FRENTE A LA INMENSIDAD DEL MAR
Pero vayamos asentándonos más en la realidad sobre la que queremos reflexionar: Camaná.
Fijemos primero quiénes vendrían a ser los turistas y quiénes los locales. Los primeros son, casi exclusivamente los veraneantes que vienen de la provincia de Arequipa (hordas bronceadas les llamé en un ensayo sobre Mollendo que creo aquí también aplica), y los segundos, obviamente los camanejos.
Si el turismo es -o debiera ser- ante todo un diálogo intercultural. Entonces, tendría, para este caso específico, que aceptarse en primer lugar que existe una cultura camaneja y una cultura arequipeña notoriamente diferenciables. Y esto es admisible si concebimos la cultura como el proceso de identidad, así como todo de lo que se sirve; pues se puede hablar, sin forzar demasiado la cosa, de una identidad arequipeña y de una camaneja. En segundo lugar ambas identidades debieran gozar de igual valoración, o en otras palabras, debe ser tan prestigioso ser arequipeño que ser camanejo. Y en tercer y último término, camanejos y arequipeños deben estar deseosos de dialogar entre sí porque piensan que tienen cosas que aprender los unos de los otros.
Dicho todo lo anterior ya podemos entrar de lleno al tema de la ponencia, es decir, a reflexionar si las actuales tendencias del turismo inmobiliario favorecen o entorpecen el desarrollo de un turismo marcado por un diálogo intercultural.

LAS TRAMPAS

Por el título del presente trabajo: Las Trampas del Turismo Inmobiliario, todos ya habrán colegido que mi opinión es que los modelos actuales sobre los que se mueve esta actividad están lejos de favorecer un turismo como el que quieren Molina y Rodríguez, y muy por el contrario generan perniciosas situaciones asimétricas que por lo general terminan beneficiando a los turistas en detrimento de los locales.
Hagamos las últimas precisiones. Estamos entendiendo por turismo inmobiliario, la variedad de turismo que se caracteriza por la posesión de propiedades inmuebles, por parte de los turistas, en la zona de destino. Para el caso de Camaná, básicamente este fenómeno se da en la denominada zona de playas, con urbanizaciones como La Punta, Las Cuevas, Primavera, Las Brisas, Sol y Mar, Cerrillos, etc. En las cuales las viviendas son de propiedad no de los lugareños, sino de quienes habitualmente vienen a Camaná a hacer turismo en los meses de verano.
Hay que destacar que este fenómeno no es exclusivo de la zona de playas, sino que ya existen varias urbanizaciones en la misma Camaná, en las que cada vez más inmuebles son de propiedad de gente que no reside en el lugar.
Esta particular forma de turismo acarrea una serie de problemas que queremos analizar, y aunque si bien es cierto que en Camaná, varios de los que vamos a mencionar no tienen aún una magnitud grave, no por ello dejan de ser peligros latentes:

LA LUCHA POR EL ESPACIO

La valoración que tienen del espacio los locales y los turistas es bastante diferente, porque ambos lo requieren para muy distintos usos. Esto motiva que sea dificultoso compartir armónicamente los mismos espacios.
La habitual es que toda zona, antes de ser un espacio turístico, haya sido una población con diferentes actividades económicas: agrícolas, pesqueras, artesanales, etc. Una vez que la zona adquiere valor turístico, empezarán a ocuparse la áreas libres por la infraestructura turística, o por el turismo inmobiliario. Pero una vez agotadas éstas, empezará una verdadera lucha por el espacio.
El resultado ha sido, invariablemente, la expulsión de los locales a través de diferentes medios. Desde la venta de sus propiedades aprovechando los altos precios que las empresas constructoras están dispuestos a pagar por ellas, hasta la expulsión violenta por parte de las fuerzas de un Estado que ve en el turismo una oportunidad de generarse ingresos.

APROPIACIÓN DE ZONAS NATURALES

Otro problema que surge alrededor del tema del espacio es la tendencia que existe por parte de los turistas de apropiarse de las zonas naturales que por definición no pueden ser propiedad privada, sino propiedad del Estado.
En el mundo los ejemplos de este tipo de hechos son numerosos y en algunos casos escandalosos. En nuestro país (Perú) he podido rastrear que la apropiación de las zonas naturales, la de las playas y su mar adyacente en particular, se remonta a la década del 60 con el club Regatas en Lima. Intento que finalmente resultó fallido por la intervención del gobierno de Velasco y la singular ideología que lo animaba.
Pero en los últimos tiempos la apropiación de las playas y aún de zonas de mar se ha ido convirtiendo en la regla, como lo demuestran las notas periodísticas que de cuando en cuando denuncian un hecho de éstos.
Estas apropiaciones van desde el colocado de rejas con huachimanes con órdenes expresas de no dejar pasar sino a los propietarios de las casas ubicadas frente a las playas arrebatadas al Estado y por ello mismo a todos los peruanos, hasta el colocado de barreras simbólicas, fisicamente fáciles de franquear, pero socialmete a veces imposible. En estos casos son los colores de piel, los niveles de consumo, el tipo de ropa de baño, el tipo de cuerpo, un particular uso del lenguaje, y otros aspectos, los que ponen el pare a los invasores, a los extraños con todo lo que Simmel nos explicó que esto significaba. Sobre todo hay que impedir el paso a toda costa (literalmente hablando) a aquellos del «ceviche en bolsa y la sopa en botellón»; aunque éstos, en muchos casos, sean los locales, con lo que los dueños de casa terminan siendo echados por los invitados.
Como siempre hay despistados, a veces hay que colocar ciertas marcas territoriales sobre la arena, o un huachimán vestido de invierno que advierte que aquella es una zona exclusiva prohibida para la «chusma, chusma, chusma», como dice, esta vez sin gracia alguna, el personaje cachetón del Chavo del 8.
En Arequipa, el ejemplo perfecto de cuanto decimos es el balneario de Mejía. Y en ese camino van incluso zonas tan populares como Mollendo, en la que desde hace varios años los vecinos de la urbanización Albatros aseguran haberse comprado un trozo de playa y de mar, y actúan en consecuencia. Que a estos veraneantes le haya afectado el excesivo sol en la cabeza es perdonable, lo que es imperdonable es que los cuerdos no seamos capaces de atravezar la cinta amarilla con la que huachafamente impiden el ingreso a lo que estos pitucos bamba creen sus dominios.

USOS DIFERENTES DEL ESPACIO

La lucha por el espacio está marcada también por los diferentes usos que hacen del mismo turistas y locales. Es sabido que el tiempo del turista y el tiempo del local, raramente coinciden. De manera tal que lo que es tiempo de descanso para aquel, es tiempo de trabajo para éste. Cuando ambos tiempos, radicalmente opuestos, coinciden en un mismo espacio, se generan varios problemas que pueden llegar a revestir una cierta gravedad.
Un ejemplo que ilustre lo que acabamos de decir, podría ser la actividad de los macheros. He visto varias veces como los turistas se sienten mortificados por la presencia de quienes se dedicaban a la captura de machas. Su aspecto, tan diferente al del veraneante promedio,causa recelos; las conchas que se abandonan en la playa, rápidamente empiezan a despedir fétidos olores y entonces lo que menos quieren los turistas es macheros cerca a sus pulcras residencias. Nunca se me ocurrió, me confieso, preguntar a los macheros lo que pensaban de los turistas, sobre todo de aquellos que como actividad lúdica empezaban a disputarles la recolección de machas; pero imagino que no debe ser muy gratificante realizar tan esforzado trabajo en medio de gente que juega pelota de playa, que se besa apasionadamente, o que se entrega a la irresistible provocación de una cerveza helada.
Estoy seguro, que ninguna señorita de las que viene a veranear a estas playas haya confesado a sus amigas que se enamoró perdidamente de un machero; y esto es prueba irrefutable de que ambos grupos no se ven como iguales; por tanto no puede haber verdadero diálogo entre ellos.

ESPACIOS PRIVILEGIADOS

Si hablamos de lucha por el espacio, y de turismo inmobiliario, estamos dando por supuesto que locales y turistas viven en la misma jurisdicción, a veces territorialmente hablando, en una área relativamente pequeña.
Por supuesto que no están mezclados, se dividen en zonas perfectamente delimitables, y entonces la comparación es inevitable; y el resultado es casi siempre el mismo. Las viviendas y las urbanizaciones en donde se ubican las casas de los turistas son mucho mejores que las de los locales, estética y confortablemente hablando. A veces, incluso, se trata de verdaderas casas de lujo.
La situación se complejiza más si nos damos cuenta que los espacios privilegiados son subutilizados, es decir que se ocupan solo unas cuantas semanas al año, el resto del tiempo permanencen deshabitadas, claro que no totalmente, lo valioso de la propiedad exige vigilancia, de manera tal que algunos de los locales podrán vivir en las mejores casas de la zona, solo que en calidad de cuidantes.

TURISMO DE ENCLAVE

Todo lo que acabamos de decir va a generar un turismo de enclave, es decir, que los turistas van a habitar una zona y con un estilo de vida que no guarda relación con su entorno. La zona inmobiliaria turística se convierte así en una especie de burbuja que va a dificultar tremendamente el posible diálogo del que habláblamos al principio.
Pero los turistas están siempre de vacaciones y la permanencia más o menos prolongada que le es inherente al turismo inmobiliario requiere de proveerse de varios servicios: cocina, limpieza, lavado de ropa, etc. Estos servicios son ofrecidos, habitualmente, por los locales; y entonces nuestro diálogo entre turistas y locales se va a empobrecer terriblemente, pues los primeros con los úlimos solo van a desarrollar relaciones de dependencia y subordinación, que pueden derivar en complejos de superioridad e inferioridad respectivamente; o en un resentimiento y consecuente rechazo por parte de los locales hacia los turistas, como hace no mucho se hizo evidente en la sublevación de Oaxaca, México.
Si regresamos otra vez a nuestra realidad particular, lo acabado de decir se complica más porque los niveles de racismo en nuestro país son exasperantes, y hay en la UNSA, la Universidad de la que vengo, una tesis que asegura que Arequipa es la ciudad más racista del Perú.
Si quienes vienen hacer turismo inmobiliario a Camaná son arequipeños, y si es verdad lo que dice la tesis en cuestión, y si la descripción que de los arequipeños que hace Vargas Llosa en El Pez en el Agua tiene asidero real, las esperanzas de hacer realidad en este balneario el turismo alternativo de Molina y Rodríguez, son pocas.

EL CONTROL POLÍTICO

Todas las cosas que hemos reseñado nos han ido revelando que si la relación turista/local es una relación de poder, Quien se va haciendo del mango del sartén son los turistas: viven en las mejores casas, y en las mejores zonas, tiene un mayor disfrute del tiempo, se apoderan de las zonas naturales, tienen mayor estatus, mayor capacidad de gasto, etc.
Pero hay algo que no tienen: el poder político. Tanto poder sin embargo invita a tener más poder. No tenemos que irnos muy lejos para tener un ejemplo de lo que estamos diciendo. Hace ya varios años los socios del Club de Mejía tomaron la decisión de tramitar ante lo que ahora es el RENIEC, su cambio de domicilio declarando que vivían donde solo iban a hacer turismo. Así en las elecciones municipales ellos participarían de la elección del alcalde y por qué no, postularse como burgomaestres o regidores.

DE LOS CAMANEJOS DEPENDE

Pero este es un Congreso que busca propuestas para un turismo sostenible, por lo que intentaremos sugerir algunas medidas que creemos podrían salvar las trampas del turismo inmobiliario que hemos mencionado.
En primer lugar debe quedar claro quiénes son los dueños de casa y quienes los invitados. Hay que ser buenos anfitriones con los invitados, pero estos no deben olvidarse que son invitados y que por tanto deben comportarse como tales.
Para ello se requiere de una nueva política urbanística que impida enclaves turísticos y que por el contrario motive una mayor interacción entre locales y turistas, convirtiéndolos en verdaderos vecinos.
Los locales deben participar de las actividades consideradas típicamente turisticas. No hay que ser turista para querer zambullirse en el mar. Y no hay que irse a zonas diferentes de donde se ubican los turistas, al contrario hay que nadar codo a codo con ellos y demostrarles quién conoce mejor los secretos del mar.
Hay que estar atentos para impedir cualquier apropiación de las zonas naturales, y tener claro que las autoridades políticas tienen por primera obligación la búsqueda de la mejora de la calidad de vida de los locales. Cualquier proyecto turístico debe hacerse bajo esas premisas. Y la calidad de vida antes que ver con el dinamismo de la economía, con la generación de empleos que lindan casi siempre con el subempleo, tiene que ver con la dignidad de vivir en nuestra casa con todos los derechos que ello significa.
Pero debemos ir aún más lejos, como lo prometimos cuando empezamos a leer esta ponencia.
Ya que quienes no tienen la suerte de vivir frente al mar, desean por lo menos venir a Camaná todos los veranos, y en consecuencia piden una serie de facilidades, que en el turismo inmobiliario exige habilitaciones urbanas, infraestructura y a veces hasta un cambio de uso de terreno agrícola a terreno urbano; las zonas de destino como Camaná deben aprovechar esta situación y exigir reciprocidad como corresponde ante iguales.
O acaso a los camanejos no les gustaría hacer turismo en Arequipa. Quieren los arequipeños tener sus casas aquí, pues esperamos de sus municipalidades iguales facilidades para viviendas o clubes en los cuales los habitantes de esta hermoza tierra puedan descansar y divertirse de cuando en cuando. Por lo menos debiera darse facilidades económicas y administrativas para que los camanejos puedan hacer uso de instalciones como el Club Internacional, el campo Ferial Cerro July, los campus de las Universidades, etc. O acaso no son los directivos de estas instituciones los que claman por un chapuzón en este mar, que no se olviden, solo le pertence a Camaná.

*Ponencia leída en el I Congreso Regional de Turismo y Hotelería: Desafíos para un Turismo Sostenible. Camaná, Perú, 21-23 de noviembre de 2008

10 oct. 2008

AQUI NO FALTA NADIE 2

PRESENTACIÓN DE AQUÍ NO FALTA NADIE: Antología de la poesía puneña

Instituto Cultural Peruano Alemán – Arequipa, 24 de setiembre de 2008

Por: José Luis Ramos Salinas

Es curioso que un libro se presente dos veces, más curioso que el presentador sea el mismo, y más todavía si ambas presentaciones se hacen en una ciudad tan pequeña para estos menesteres como es Arequipa. Pero estamos aquí y eso -no diré que es lo que importa- sino que hay que hacerlo importar.

Presenté este libro hace ya algunos meses en la Alianza Francesa y luego del acto casi protocolar, como tiene que ser, pasamos a una discusión más amical del mismo, que giró en buena medida alrededor de quienes reclamaban a gritos por la ausencia de algunos poetas en el libro que comentamos. Así surgió la idea de que un buen título para una antología era: Los hijos de puta. Pues, creemos que así, nadie zapatearía para que lo incluyan en ella.

Luego, he tenido la oportunidad de leer algunas críticas al libro que nos convoca esta noche y también las respuestas que se han dado a las mismas. Y ello, junto con la anécdota apenas señalada, me convencieron de poner a debate esta noche, las ideas que propondré en unos instantes.

Pero hagamos antes una pequeña remembranza de la presentación en la Alianza Francesa. En aquella ocasión, hablamos básicamente de dos cosas, a propósito, más que de la antología misma, del método elegido por Walther Bedregal para hacer esta antología,: los rizomas formados a manera de fractales en base a hipotextos e hipertextos. Dijimos entonces que tal método chocaba con dos cuestiones:

La primera: que varios de los antologados no cabían dentro del rizoma planteado, por lo que el problema de la antología no era, como se ha dicho, el que faltan varios poetas, sino que sobraban algunos.

La segunda: iba a cuenta del subtítulo del libro: Antología de la poesía puneña, pues sostuvimos que el método del rizoma no admitía gentilicios en cuanto determinación geográfica, y por tanto entraba en crisis la puneñidad si se refería a un ámbito espacial, e incluso si se refería a una identidad cultural, si esta es pensada como algo dado y no como algo que se construye, que es el postulado de quienes proponen el rizoma como forma de organización de todo lo que se mueve (no de los que está) en la sociedad contemporánea.

También hablé, ciertamente, de los méritos que creo tiene esta antología, pero no los voy a resumir aquí. Prefiero reflexionar otra vez sobre el método de los rizomas, pero esta vez vinculándolo no a la antología misma, sino a las críticas que se le han hecho.

PRIMERA CRÍTICA: No están todos los que deberían estar.

La crítica que más se ha escuchado y leído acerca de esta antología, es que hay varios poetas que por su calidad y trayectoria merecían haber sido antologados, no haberlos considerado es una falta de respeto, y hasta una provocación e insulto si se tiene en cuenta que la antología se titula: Aquí no falta nadie.

Tratemos ahora de deconstruir esta crítica. Para eso prestemos atención a las categorías que utiliza:

Poeta: en primer lugar se reclama por la ausencia de poetas, y esto revela algo que muy posiblemente ni siquiera los antologados han percibido, esta antología es una antología de poemas, no de poetas; entre estas páginas no hay poeta alguno, lo que hay aquí son poemas. Si esto es cierto, lo que acabamos de decir vale en realidad para cualquier otra antología. Entonces, para que la crítica sea válida, para que el reclamo sobre ciertas ausencias sea coherente, no debió hablarse de poetas, sino de poemas. Debió decirse: cómo es posible que tal poema no haya sido incluido, si se trata de un texto fundacional, o para decirlo con las categorías con las que trabajó el antologador: si se trata de un hipotexto; o de un hipertexto que revaloró tal o cual hipotexto, o que diversificó el rizoma de la poesía puneña dándole una riqueza que no tenía.

Pero no se reclamó por eso, se reclamó por poetas, acaso reclamaban por ellos mismos, como si los poetas tuvieran alguna importancia. Raúl Zurita lo dice muy claro, no importa el poeta, lo que importa es la poesía, y la poesía no le pertenece a los poetas, ni siquiera sus poemas le pertenecen (mucho menos en estructuras rizomáticas, como intentaremos demostrar más adelante), la poesía le pertenece al lector, le pertenece a todo aquel que puede emocionarse ante algunas líneas impresas en un papel. Al poeta no le corresponde presentar reclamos por no ser incluido en una antología, esa es labor de la burocracia, de la mesa de partes; al poeta le corresponde la construcción de una sociedad en la que todos puedan gozar y sufrir la poesía, si para eso ecribe poemas en buena hora; si para eso lucha contra todo lo aintipoético, qué bueno.

Por tanto, este libro solo puede ser objeto de reclamo sino despertara emociones en el lector, que podría, incluso, no leer o no recordar en lo absoluto el nombre del autor o los autores. Y yo creo que este libro destila emociones por todos lados, que este libro está lleno de poesía y en ese sentido no admite reclamo alguno. Aunque para ser consecuentes con lo que acabamos de decir, sí hay algo sobre qué protestar: que se haya incluido los nombres de los autores.

Walther Bedregal subestimó a los autores de los poemas que incluyó en su libro, a ellos no les interesa en absoluto figurar, solo les interesa la poesía, solo les interesa las emociones que sus textos pueden provocar, estoy completamente seguro que estos poetas le pedirán a gritos que en la próxima edición borre sus nombres, demasiado antipoéticos para un libro tan bueno como éste.

Por eso el antologador se equivocó cuando tituló su libro Aquí no falta nadie, porque aquí no hay nadie, aquí hay algo. O al revés: Aquí sobran todos, salvo los poemas.

Vayamos a la otra categoría: la trayectoria de los excluidos. Los poetas puede que tengan trayectoria, muchas veces ésta puede ser absolutamente nefasta desde el punto de vista de las buenas costumbres, de la ley incluso; otras veces ésta puede ser brillante desde la perspectiva de los premios obtenidos, la producción bibliográfica, etc. Pero insistamos aquí no hay poetas, los poetas se antologan en las páginas sociales de las revistas de moda; aquí hay poemas, poesía, y ésta no tiene trayectoria, o es inaprensible, se presenta como un momento mágico detrás del cual puede haber mucho trabajo y mucho tiempo por parte del autor, pero veremos que en las estructuras hipertextuales los autores no importan, sino los lectores, y para ellos se trata de un instante de lucidez.

Además las estructuras rizomáticas se mueven en lo que Manuel Castells llama el tiempo atemporal, y no puede haber trayectorias en él, al menos en el sentido en que lo plantean quienes esbozaron esa crítica a este libro.

Que esta antología constituye una provocación y un insulto, me parece más una virtud que un defecto en una sociedad tan pasiva como la que vivimos, en la que la tragicómica profesía de George Orwell parece haberse cumplido en cuanto al Gran Hermano y su poder panóptico, incluidos los rizomas, por cierto. En donde la rebelión consiste en emborracharse con los cocteles que nos invitan las instituciones del sistema, o en participar de los actos celebratorios del mayo del 68 que organiza Zarkozy.

En un mundo así la poesía tiene que ser provocación, en un mundo que es una especie de estercolario planetario, la poesía tiene que ser un insulto. Si este libro es, entonces, una provocación y un insulto, ello no abona en su contra, sino a su favor.

SEGUNDA CRÍTICA: Hay algunos que no debieran estar.

Esta crítica se cae por su propio peso. En primer lugar ya dijimos que no tiene sentido hablar de personas. En todo caso debió decirse que hay algunos poemas que no debieron estar y demostrar por qué.

Y los criterios hubieran sido tan difíciles de sostener como lo son los que justifican su presencia en algo que estamos denominando, mediante una estructura rizomática: poesía puneña.

Pues tendríamos que establecer con toda claridad qué es lo puneño. Y si aceptamos la lógica hipertextual esa tarea no solo se hace difícil, sino imposible. No hay manera de establecer dónde termina lo puneño y dónde empieza lo que no lo es. Los rizomas ponen en crisis la categoría de identidad.

UNA REFLEXIÓN FINAL

Si aceptamos todo lo que hasta aquí se ha dicho y nos fijamos bien, comprenderemos que la lógica hipertextual no solo ha puesto en cuestión la identidad, sino la autoría misma.

Este libro está concebido, aunque no impreso, como una obra en sí misma, no como un conjunto de poemas yuxtapuestos, sino como un gran poema hipertextual. Pero entonces salta la pregunta, quién es el autor de Aquí no falta nadie. Y aquí tendrá que disculparme Walther, porque ciertamente en la estructura hipertextual, él, más que un autor, es un promotor de ciertas conexiones, de ciertos flujos, aunque si aceptamos las premisas que él mismo se ha planteado, ni siquiera vendría a ser un promotor, pues los lazos ya existían antes de que él publicara este libro. Entonces, Walther vendría a ser lo que dijimos en la primera presentación que hicimos de este texto, un magnífico fotógrafo de un cierto rizoma en un momento dado.

Pero si Walther no es el autor, quién lo es entonces? Los poetas cuyos poemas han sido antologados? Podría ser, pero a lo sumo de «sus propios» poemas, y lo que está aquí no es una sumatoria de poemas, ni una sumatoria de autorías, sino una estructura conformada por hipo e hipertextos. Y lo que nos estamos preguntando es quién es el autor de esta estructura: todos los poetas y a la vez ninguno, y puesto que la estructura alcanza «palpabilidad» en la construcción mental que de ella se hace el lector, en realidad el autor es el letor, o por lo menos un prosumidor, en la fórmula de Alvin Toffler, es decir que cuanto menos participa parcialmente en el proceso de creación. Los autores serían entonces los poetas y los lectores. Pero no podríamos referirnos solo a los poetas que aparecen en el índice, porque sin duda ellos se habrán valido de hipotextos escritos por poetas ausentes explícitamente de este libro, pero no creativamente. Y qué lectores? los que leyeron el libro obviamente, pero también los que lo van a leer, y no podemos responder, en este extremo, a esa pregunta, sino de manera abiertamente indefinida, con lo que la idea de autoría se difumina hasta desaparecer por completo.

Y así se cumple lo que quería Raúl Zurita, que no importen los poetas, los autores, sino la poesía. Un gesto en este sentido sería dejar de firmar los poemas, los libros. O en todo caso colocar en el pie de imprenta algo así como: texto base por fulano, recreación por usted. O fulano propone, usted dispone. Y por usted nos estamos refiriendo al lector como es obvio.

Pero nos parece poco justo que éstas recreaciones no tengan otro espacio que la mente del lector, debieran, pensamos, incorporarse al texto mismo, haciendo de éste un hipotexto y del que añade el lector un hipertexto. Notas al margen o al pie, podría ser, pero esa es una tecnología de las épocas en las que no se cuestionaba la categoría de autor. Ahora tenemos tecnologías mucho más potentes que permiten no solo hacer esos agregados, sino integrarlos en el texto base, de manera que pasa de hipertexto a hipotexto, y así puede dar paso a otro hipertexto que podrá convertirse en hipotexto y así hasta el infinito. Esa tecnología es la que usa Internet, pero no es exclusiva de ella.

Todo esto, nos lleva a decir finalmente, que si lo que se quería era llevar hasta las últimas consecuencias el método de fractales, rizomas, hipotextos e hipertextos, este libro no debió tomar el formato impreso que tiene, sino uno digital, mejor virtual, que dejara lo nodos abiertos para convertirse en fuente inagotable de hipertextos, que definitivamente ya no estarán bajo el control del antologador.

Claro que eso ya no sería poesía, sino hiperpoesía, y no sé si la vanidad de los poetas, sea capaz de resistir tanto.


16 jul. 2008

Aquí no falta nadie

Presentación de “AQUÍ NO FALTA NADIE” de Walter Bedregal*

Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

De un tiempo a esta parte estoy presentando libros de gente que no conozco, ni siquiera de vista, y eso es un tanto extraño en un medio como el nuestro en el que a los autores les gusta asegurarse el bombo y la adulación invitando a sus amigos para que comenten sus publicaciones sin correr mayores riesgos.
Pero yo estoy aquí invitado no por Walter Bedregal, sino por Filonilo Catalina, que cuando pierde la lucidez suele identificarse como Luis Rodríguez, felizmente tal desavenencia no le ocurre muy a menudo, y también mi presencia se debe a Gloria Mendoza Borda quien confunde su inteligencia y sensibilidad con un supuesto agudo sentido del humor de parte mía.
El caso de Filonilo merece una acotación más, el recientemente galardonado con el COPE ha criticado duramente otras presentaciones que he hecho en meses pasados por ser excesivamente blandas y benéficas con los autores, por lo que supongo que ésta es una suerte de última oportunidad que se me otorga para hacer caer la guillotina, en esta ocasión sobre el cuello de Walter, o quizá sobre el propio cuello del autor del Monstruo de los Cerros, ya que él es uno de los antologados. No lo sé, en todo caso tendré que preguntarle a Walter si hay entre ellos alguna grave deuda que Filonilo quiere cobrar a través mío.

Pero mi sospecha va más en otro sentido: quien escoge para una antología un título como “Aquí no falta nadie” debe tener cierta vocación por los deportes de riesgo, quien decide poner ese nombre a una antología de poesía puneña tiene sin duda una fuerte inclinación por el suicidio. Y eso hay que felicitar, porque nada más parecido a la poesía que el paredón, tanto para quien se para delante de él con los ojos vendados, como para quienes ansiosos esperan escuchar la orden para apretar el gatillo. En ese sentido quienes se han sentido indignados con esta antología, quienes han disparado contra ella, en público o privado, quienes esperan tenerla entre manos para destrozarla, deben estar profundamente agradecidos a Walter por haberlos devuelto al ring, porque en tiempos como estos en que el mercado lo es todo, sin duda alguna la función del poeta es dar puñetes, y eso lo sabe muy bien Filonilo, quien aunque haya dejado el box no ha perdido la habilidad del golpe certero.

Lo que quiero decir es que aquí los pacifistas no son bienvenidos, los conciliadores pueden tomar su lugar entre los conformistas, es decir los mediocres, la poesía es un espacio para guerreros y este libro tiene aroma a batalla. Pero imagino que ya Filonilo estará diciendo que otra vez lo decepciono porque escucha aplausos de quien espera chiflidos. Debo decirle que se adelanta, sólo he dicho que el libro huele a pólvora, o mejor, a jazmines, violetas, geranios y margaritas, pero no he dicho de qué lado de la contienda estoy. Y antes que estar de parte de alguno de los bandos, me siento más bien como un contraespía. Veamos por qué:

Este libro está formado por dos partes, un extenso prólogo y la antología propiamente dicha. Esto que puede pasar inadvertido es en realidad, así lo creo, sumamente importante. Porque para Walter el asunto de la intertextualidad, hipertextualidad, metatextualidad, etc. es vital, como veremos más adelante, y por tanto no creo que haya sido casual que el libro tenga la estructura que tiene.
En otras palabras, Walter hubiera podido ir antecediendo a cada poeta, o cada conjunto de ellos, si consideraba que tenían un lazo entre sí, sus respectivas notas críticas; de tal manera que los propios aportes de Walter se iban constituyendo en los rizomas que le obsesionan con los propios poemas en sí.
Pero no ha escogido ese camino, acaso porque mezclar la poesía con un discurso de valoración sea precisamente antipoético. La poesía no tiene su razón de ser en la calificación que otros puedan darle, sino que su sentido es ella misma, “Poesía no dice nada, poesía se está callada, escuchando su propia voz”, como sentenció Martín Adán. No tiene justificación, por tanto, que los que no están en esta antología (en la que no falta nadie) se sientan menospreciados. Ningún verdadero poeta escribe para que lo incluyan en una antología, acaso escriban para todo lo contrario, para que jamás sean parte del canon. El enojo, quizá entonces, le debe corresponder a los que están incluidos aquí.
Sospecho que el mismo Walter ha querido excluirse, no solo porque no aparece como poeta, sino porque ha querido que sus notas críticas constituyan un largo prólogo, y todos sabemos que nadie, o casi nadie, lee los prólogos, menos cuando son extensos. No voy a decir que este sea un gesto de desprendimiento que lo enaltece, no temas Filonilo, ya mi amigo Lolo Palza (otro de los antologados) me enseñó hace tiempo que la autoflagelación no es sino un acto de suprema vanidad.

Pero nosotros sí hemos leído el prólogo y como ustedes no lo han hecho aún, es necesario hacer una reseña del mismo, pues en él está explicada la osadía del autor de una antología que resulta original y valiosa por varias razones que explicaremos más adelante.
El prólogo es en realidad un denso y complejo trabajo teórico que valiéndose de un corpus tomado de los clásicos y neoclásicos de la crítica literaria, construye una propuesta metodológica para acometer la tarea de seleccionar poetas y poemas con miras a construir (el verbo arquitectónico no es casual) una antología.
Walter desde el principio se niega a seguir el método ya tradicional de estructurar la antología en base a generaciones, sean éstas etáreas, ideológicas o de otro tipo, y apuesta más bien a imaginar una estructura rizomática en la que poetas y poemas se van integrando como un todo, que no vendría hacer otra cosa que la poesía puneña. Esta idea de todo, es, probablemente, la que lo empujó a llamarla “Aquí no falta nadie”, título con el que comulgamos en parte, y con el que también disentimos, no porque creamos precisamente que falta alguien, sino porque encontramos algunas incoherencias entre el método y el resultado.
Nos explicamos mejor, en la antología que estamos comentando hay ciertas obras poéticas fundacionales: Alejandro Peralta y Carlos Oquendo de Amat por ejemplo, que para el método empleado por el antologador constituyen hipotextos, es decir, textos sobre los cuales van a erigirse otros, estos otros son los hipertextos, es decir las obras poéticas también aquí antologadas que se han nutrido de los hipotextos fundacionales. Pero, claro está, que estos hipertextos son al mismo tiempo hipotextos de otros discursos poéticos que en este nivel se constituyen en hipertextos, pero que en el siguiente nivel se constituirán en hipotextos y así, no hasta el infinito, sino hasta el 2008. Pero este crecimiento no se da solo en sentido vertical, sino también horizontal y por qué no, diagonal. Se trata pues, como bien lo dice Walter de fractales, de rizomas, que nos hacen pensar en la biblioteca infinita de Borges, pero también en la de Eco, y además en la de la Web que habita Internet.
No es pues la calidad de los textos el único criterio que Bedregal utiliza para construir su antología, sino la pertenencia a esta particular estructura que él llama poesía puneña, gentilicio que someteremos a crítica en unos instantes.
Así nos parece que no es que aquí no falte nadie, sino que aquí faltan los que su obra no ha logrado constituirse en hipotexto de otros autores que nacieron en Puno, y que tampoco quisieron ser hipertextos de obras que les antecedieron. En otras palabras, aquí no están los peros del olmo, y si recordamos a Octavio Paz, tal título no es en absoluto una afrenta, por el contrario. Entonces otra vez, quizá quienes tengan que linchar a Walter no sean los excluidos, sino los antologados.
Pero hay un problema adicional, si aceptamos que efectivamente, para el método usado, aquí no falta nadie, tendríamos que preguntarnos necesariamente si aquí sobra alguno. Por cuestiones de calidad poética es algo que le dejo a los especialistas. Yo más bien intentaré demostrar que Walter no ha podido ser tan fiel como quería a su propio mandato. Como él mismo señala en su prólogo, hay varios poetas cuyas conexiones se pierden con la llamada poesía puneña, ya sea por una originalidad extraordinaria, como es el caso de Vladimir Herrera, o por la temática, como Lolo Palza, por ejemplo. No me atrevo a decirlo del primero, pero como Lolo es mi amigo, puedo sin temor decir que él está sobrando. Lo que, repito, no es necesariamente un demérito, sino acaso, un mérito.
Vayamos entonces al subtítulo: Antología de poesía puneña.
Walter a lo largo de su prólogo y a lo largo del rizoma que constituye, establece una serie de criterios de lo que podría llamarse poesía puneña. Pero, este intento se contradice por completo con su método fractal. Dialéctico el asunto, recurrimos al fractal para formar un árbol hipertextual que dé en llamarse poesía puneña, pero el fractal mismo no admite gentilicios, como muy bien reconoce nuestro autor cuando fija hipotextos de sus antologados en otras latitudes e inclusive en autores que nunca escribieron en español.
Así el método del fractal chocha diametralmente con la obsesión del lugar de nacimiento de los antologados.
En otras palabras, si vamos hablar de fractales, el espacio en cuanto a ubicación física no tiene sentido, los rizomas no se mueven en departamentos geográficos, sino en lo que Castells llama el espacio de flujos, son las conexiones, no las ubicaciones las que importan. Esta misma antología, aunque sin declararlo así, lo reconoce, pues muchos de los antologados hace mucho que ya no viven en Puno, incluso algunos de ellos suelen decir que nacieron allí de casualidad.
Lo que intento decir es que el rizoma de la poesía puneña no tiene por qué estar compuesto por las obras de poetas cuyas partidas de nacimiento señalan a Puno, sino por obras que comparten la esencia de la puneñidad, hayan nacido a las orillas del lago o no. Más claro, por lo menos a nivel teórico, hay poetas no puneños que escriben poesía puneña, y poetas puneños que escriben poesía no puneña. (De hecho varios de los poetas seleccionados han aparecido también en antologías de la poesía arequipeña).
Y aquí entonces la cuestión es definir qué es la puneñidad, y ello pasa necesariamente por reconocer cuál es la identidad puneña; pero aquí estamos en otro problema más grave, los espacios de flujo y los tiempos atemporales que constituyen los vasos comunicantes de las estructuras rizomáticas de eso que llamamos posmodernidad, no creen en la identidad, no creen que haya algo que se pueda llamar puneñidad; pues la puneñidad no sería algo que esté dado, sino algo que se construye.
En ese sentido, el valor de este libro no estaría en que nos muestra precisamente la poesía puneña, sino en que caemos a cuenta de la universalidad de la poesía y de que Puno es un punto móvil en el universo. La poesía puneña no existe, sus poetas la inventan. Walter los ha fotografiado en ese trabajo de alquimia.
Los que no salieron en la foto será porque están en otro rizoma, no hay por qué enojarse entonces, solo hay que esperar a otro fotógrafo.

*Este texto fue leído con motivo de la presentación de la antología de poesía puneña titulada: "Aquí no falta nadie" de Walter Bedregal Paz. Este acto cultural se desarrolló en la Alianza Francesa de Arequipa el 11 de julio de 2008.

27 ene. 2008

Sexo y Género en Internet

LOS UNOS TIENEN PENE Y LOS CEROS VAGINA: SEXO Y GÉNERO EN INTERNET*

José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

INTRODUCCIÓN

Hay consenso en que Internet ha venido a revolucionar el mundo de los negocios (e-business), el de la educación (e-learning), etc. Y aquí es donde radica la hipótesis de nuestro trabajo: Internet ha transformado radicalmente la manera en que los humanos (al menos los que tienen acceso a estas tecnologías) ejercen su sexualidad, más específicamente nos referimos a la manera en la que asumen el sexo, y a las nuevas formas de tener relaciones sexuales que han surgido; así como a la flexibilidad y enorme variabilidad que adopta la categoría género en el mundo virtual. En síntesis, intentamos llamar la atención sobre la aparición de un “e-sex” y de un “e-gender”; aunque nosotros preferimos hablar de “sexo virtual” y “género virtual” porque de lo que vamos a tratar, más que de cómo cambia el sexo y el género cuando se usan tecnologías electrónicas, es de su particular existencia en el mundo virtual que ha generado Internet específicamente. Búrdalo sostiene con acierto que “Desde la Antigüedad el hombre ha manifestado y comunicado sus apetitos y tendencias sexuales de las más diversas formas” (Búrdalo, 2000: 29), pues esta ponencia es precisamente una exploración a las más recientes formas que han adoptado los apetitos y tendencias sexuales.
1.- SEXO VIRTUAL

1.1.- SEXO MEDIADO POR COMPUTADOR (SMC)

El SMC se desarrolla en el cibermundo, es un sexo no físico, virtual por ello mismo, que se “materializa”, o mejor, se inmaterializa en ceros y unos. Estamos hablando entonces de un sexo incorpóreo, de relaciones sexuales desprovistas de cuerpos, de olores, de sensaciones táctiles (Gubern, 2000: 22-23) y que en ningún caso derivan en contactos físicos intercorporales. En el sexo virtual, las caricias y el coito son mediados por el computador y sólo se realizan en el nivel virtual de los ceros y unos, en un tiempo flexible que puede ser sincrónico o asíncrono, dependiendo de las tecnologías que se usen; y en un espacio difuminado que constituye un no lugar (Augé, 1993: 84-86), o mejor, un espacio de flujos (Castells, 1998: 457-462), en donde las ubicaciones pierden sentido y son las conexiones las que realmente importan.

Es cierto, que es común que los internautas se toquen a sí mismos a fin de procurarse excitación sexual, pero es cierto también que la persona o las personas (sexo grupal virtual) con las que se está comunicando un*, no existen sino en la pantalla, pues no hay manera de estar seguros de que existan en el “mundo 3D”. Y si así fuera el caso, lo más probable es que no sean como dicen ser (Gwinnell, 1999: 48, 88); pero como su papel como sujetos actuantes está ajustado no a quienes son en realidad sino a quienes son en la virtualidad, y en cuanto quienes se interrelacionan con ellos no lo hacen tampoco con el sujeto real, sino con el virtual, resulta que lo que importa en el SMC no son los internautas en sí mismos, sino en quienes se convierten éstos en el mundo virtual. Se trata por ello de un sexo virtual entre seres virtuales, que pueden o no tener un referente en el mundo físico, y aún cuando lo tengan no tiene por qué existir una relación de correspondencia entre el ser virtual y el físico. Por lo tanto, discrepamos con Búrdalo cuando sostiene que “…en definitiva, quienes están frente a la máquina no son más que todos aquellos que viven… y aman fuera de lo que podríamos denominar virtual” (Búrdalo, 2000: 33); pues creemos que lo que sí se da en definitiva, es que quienes viven y aman en el mundo real no son los mismos que viven y aman en el mundo virtual; los primeros tienen cuerpo, los segundos no, y eso implica infinidad de cosas.

Pero aún es necesaria una aclaración mayor. Cuándo un* hace uso de tecnologías que sirven de soporte para el SMC, como el Chat, el Messenger o los MUD, normalmente debemos construirn*s a nosotr*s mism*s, tanto en los aspectos de la personalidad como en los rasgos físicos; a veces a través de cuestionarios que llenamos, y otras veces esta autopoiesis se hace a lo largo de las charlas virtuales, respondiendo a las preguntas que nos van haciendo nuestr*s interlocutor*s. Y lo habitual es que el ser virtual resultante constituya una especie de Frankenstein, en cuanto se toma de aquí y de allá, sólo que en este caso el nuevo ser que traemos al mundo virtual no es monstruoso, sino todo lo contrario, o por lo menos mucho mejor que su supuesto referente físico[i]. Claro que en algunos casos no se trata precisamente de convertir en virtudes nuestros defectos, sino de ensayar en cuanto a constituirnos en alguien radicalmente diferente de quienes finalmente somos; así son frecuentes los cambios de edad, raza, nacionalidad, profesión y hasta de sexo.

Creo que no hay problema en entender lo hasta aquí explicado, pero ¿cómo es eso que un* amante virtual puede o no tener un referente en el mundo real? Muy sencillo, en la actualidad el nivel de desarrollo del software a través de la mal llamada inteligencia artificial[ii], permite engañar a l*s internautas en el sentido de que ell*s suponen estar comunicándose con otr*s internautas cuando en realidad están “conversando” con un programa informático. Este tipo de artilugios son utilizados con cierta frecuencia en los servicios de hotchat.

Los amantes por lo general tienen sexo en la cama, y para ello no tienen más que echarse en una; pero los ciberamantes deben construirla con palabras. El nidito de amor o los bulines virtuales son sólo palabras, y aquí radica uno de sus principales inconvenientes. No todas las personas tienen la capacidad de “generar atmósferas” con un discurso; y aún teniéndola, el Chat no es precisamente un potenciador de la comunicación humana, sino todo lo contrario: pérdida de la fuerza ilocutoria, repositorio de estereotipos y lugares comunes, y otras deficiencias le son características (Maldonado, 1998: 86-89). Como tabla de salvación se ha popularizado hace unos años, el Chat de voz y luego las webcams. Eso sin duda ayuda mucho a llegar al orgasmo, y permite gran cantidad de variantes, por ejemplo parejas teniendo sexo “delante” de uno o más tele espectadores, pero también puede traer inconvenientes como la pérdida de la atracción física (antes basada sólo en un relato).

Un asunto que me parece muy importante de destacar es que en Internet sí se cumple el dicho: para tod* rot* hay un descocid*. Es decir, que no importa qué extrañas parezcan nuestras apetencias sexuales, siempre encontraremos gente con quien llevarlas a la práctica, por lo menos en un nivel virtual. “...se forman comunidades virtuales a partir de afinidades personales e intereses comunes... Las primeras en comprender estas ventajas fueron aquellas comunidades con intereses prohibidos o secretos” (Búrdalo, 2000: 45). Otro hecho de peculiar importancia es que en el Perú es habitual que más de una persona se siente frente al computador, pero ell*s se identifican con un solo nick. Que en Internet uno suele ser muchos ya se ha dicho, pero que muchos pueden ser uno, resulta una novedad con interesantes aplicaciones al mundo de la sexualidad virtual.

1.2.- PORNOGRAFÍA VIRTUAL

La pornografía en Internet se diferencia notablemente de la que existe en otros soportes -no se basa exclusivamente en la exhibición de genitales-, privilegia algo que las películas y revistas no pueden hacer: el voyeurismo. Mediante webcams instaladas hasta en los lugares más íntimos de las viviendas de ciertas mujeres[iii] (no he encontrado ningún caso masculino) se permite a los usuarios ingresar a su intimidad, surgiendo una pornografía que no se basa en el sexo explícito, sino en lo mórbido de poder ver sin ser visto, aunque lo que se vea sea a una mujer desayunando, duchándose, acostándose, entrando al baño y también –pero aquí no está lo novedoso- teniendo relaciones sexuales.

También, la pornografía de Internet se distingue de la que se difunde en otros medios, porque la tecnología informática permite “espiar” a sus usuarios a lo largo de todo el trayecto de su navegación virtual. Esto implica que la empresa dueña del sitio Web pornográfico sabe exactamente cuántas veces éste ha sido visitado, a qué fotos y videos el usuario le dedicó más tiempo; y mediante el código IP podrá incluso detectar dónde vive; de manera tal que quienes administran estas páginas están en perfectas condiciones de construir un perfil de usuario bastante preciso para cada uno de sus clientes. “En ningún lugar como Internet se pueden conocer las características y los gustos de los potenciales clientes... Esto permite el diseño a la carta de los productos que se ofrecen...” (Búrdalo, 2000: 41). Relacionado a esto último está la enorme variedad de pornografía que se ofrece en la Red, apareciendo una suerte de “pornografía especializada” para cada una de las parafilias conocidas y probablemente por conocer. En una búsqueda, no precisamente acuciosa, he llegado a encontrar más de 80 categorías diferentes de material pornográfico.

Eric McLuhan ha definido Internet como un “teatro global, sin escenarios, ni espectadores en el que sólo hay actores” (Artículo de E. McLuhan como se cita en Beatriz Búrdalo, 2000)[iv], revelando el papel necesariamente activo que deben adoptar los internautas. Existe, entonces, una diferencia marcada entre el consumidor de revistas o videos pornográficos y el que navega a través de sitios porno. El usuario va fabricando su propio producto pornográfico en la fórmula del prosumidor[v]. Así la pornografía en Internet alcanza un nivel cualitativo absolutamente diferente. La estructura organizativa del material que existe en la Web, el pornográfico incluido (yo diría: sobre todo el pornográfico), se basa en un conjunto de links que nos permiten saltar de un lugar a otro y a voluntad, en un entramado no jerárquico: el hipertexto. Además, el hipertexto abierto permite a los usuarios crear nuevos links y las unidades textuales a las que se llegará cuando se activen los mismos. Es decir, que el consumidor de pornografía, puede convertirse en un productor de la misma. Pero no tenemos que limitarnos a incluir textos, porque ya sabemos la Red es multimediática, hablaríamos de hipermedia, entonces[vi]. Esto constituye un cambio de los paradigmas en los que se basa la pornografía impresa y fílmica, por lo que en lugar de llamar a la de Internet simplemente pornografía, tal vez cabría el término de hiperpornografía, pues Internet no es simplemente un nuevo soporte, sino que impone un nuevo concepto a todo lo que se sirva de ella; de hecho ya se habla de hiperpoesía[vii], o hiperarte en general.

Otra característica adicional y propia de la pornografía de Internet, es que ésta no sólo está constituida por las fotos o videos que toman profesionales a “modelos”. Sino que, cada vez hay más internautas que toman fotos o filman situaciones relacionadas al sexo y luego las envían, sin esperar remuneración alguna, a los sitios Web XXX. Y a esto hay que sumar los spyware, que son programas que se instalan en nuestros discos duros a fin de robar información; así, si alguien tiene su propia colección de fotos con temática sexual, ésta puede dejar de ser privada. La sociedad panóptica en su más cruda expresión.

Beatriz Búrdalo, habla de “los cazadores de imágenes”, que recorren la fototeca pornográfica infinita “y ocupan largas horas navegando con los ojos bien abiertos a la pantalla (y)... No quieren, por ningún motivo ser descubiertos” (Búrdalo, 2000: 56). Este anonimato del que habla, se refiere a la renuencia de estos cazadores a tecnologías como el Chat. Pero, las características particulares del consumo de Internet en el Perú, bien valen una reflexión. Son alrededor de 4 millones y medio de peruanos con acceso a Internet, la gran mayoría a través de cabinas públicas. Mas, muchas de estas cabinas ofrecen como ventaja competitiva: pequeños cubículos donde los internautas pueden gozar de privacidad. Como es evidente, los cazadores de imágenes locales preferirán estos lugares, así el temor de ser descubiertos del que habla Búrdalo toma otro cariz en nuestro medio. Tengamos en cuenta además que en las cabinas se cobra por hora; esto obliga a los ciberpornófilos locales a imprimirle velocidad a su frenética búsqueda. Gracias a las conversaciones que he mantenido con varios de ellos, puedo decir que la velocidad a la que se ven obligados, trastoca lo que debiera ser la razón de su búsqueda: la obtención de placer por medio de la observación de imágenes pornos; generándose, en cambio, el placer, en la propia navegación y en el hallazgo de imágenes, aunque no haya tiempo para contemplarlas, pues hay que empezar, de inmediato, la búsqueda de más imágenes.

La capacidad de difusión y multiplicación del material pornográfico alojado en La Red no tiene precedentes. Por ejemplo, los cazadores de imágenes, suelen intercambiar el material conseguido; así 500 mega bites de pornografía se convierten en mil mega bites, o muchos más. Ahora mencionemos que los cazadores de imágenes han encontrado en el servicio de: “Se bajan imágenes de cámaras digitales”, un nuevo escenario donde explorar. Resulta que tras la popularización de las cámaras digitales, las cabinas públicas de Internet ofrecen el servicio de copiar las fotos tomadas en un CD. Pero, para ello es menester primero, bajarlas al disco duro; de tal manera que cuando los que llevaron la cámara se van con un CD lleno de sus fotos, una copia de las mismas queda grabada. La mayoría de las veces se trata de fotografías de carácter familiar, pero a veces, como con los recolectores de basura, se encuentra un “tesoro”. Piénsese además, que existen posibilidades que las fotos poco pudorosas que logremos cazar sean de gente que conozcamos.

Un dato a tomar en cuenta es que en sociedades tan machistas como la nuestra, el uso de cabinas públicas para fines de consumo de pornografía resulta en un grave inconveniente para las mujeres.

El consumo de pornografía por lo general siempre se hace bajo el secreto de la intimidad. Con Internet surge un problema, al menos en los estratos socio-económicos en que la PC es de uso familiar y por tanto ocupa un espacio “público” dentro de la casa. Pero las empresas dedicadas a la distribución de pornografía a través de Internet no se han quedado con las manos cruzadas, y hoy ofrecen la posibilidad a sus clientes de gozar de los videos o fotos que compran, a través de sus teléfonos celulares mediante la tecnología SMS.

En otro tema, un dato que es necesario analizar con detenimiento, es que Internet convierte a hechos que no son en sí mismos pornográficos, en tales. Nos referimos a dos cosas, a “la oportunidad que ofrece La Red en... la manipulación de imagen, los llamados fakes, desnudos falsos de celebridades” (Búrdalo, 2000: 46). Y el otro caso se refiere a, por ejemplo: dos enamorados que deciden tener relaciones sexuales, y se filman. Ese acto sexual, no es en lo absoluto pornográfico; pero una vez acabado el amor, uno de ellos decide colgarlo en La Red, en ese momento, ese video de amor se constituye en pornografía. Este fenómeno no fue posible sino hasta la aparición de la Internet. Así esta tecnología se convierte en aliada de las fuerzas que luchan contra el amor y a favor de su mercantilización[viii].

La pornografía es legal en casi todas los países del mundo; pero hay cierta pornografía, como la infantil o la que proviene del video snuff -violaciones y/o crímenes reales filmados sin mediar truco cinematográfico- (Gubern, 2000: 184-186), que está prohibida a nivel mundial y por tanto su exhibición pública resulta complicada por quienes la han convertido en jugoso negocio. Entonces se utilizan medios de comunicación privados como el correo electrónico, creándose verdaderas redes mundiales de los consumidores más sórdidos de pornografía que usualmente se convierten también en productores de la misma, es decir en violadores y/o abusadores de niños. En Internet la pornografía alienta no sólo lo mórbido, sino también los más execrables delitos.

Reflexionemos, finalmente, sobre cómo funciona la dimensión espacio/temporal en Internet. La Sociedad Red va a inaugurar un nuevo espacio y un nuevo tiempo (Castells, 1998: 512-513). El espacio perderá su connotación física, las ubicaciones pierden sentido a favor de los nexos comunicativos posibles de establecer, no importa dónde esté un* sino con quién pueda comunicarse o a qué (información), acceder. ¿Y el tiempo? Se trata de uno nuevo que ha perdido su connotación de lapso, por una de inmediatez, tiempo real que le dicen. Apliquemos, ahora, lo dicho al mundo de la pornografía. El pornófilo está ubicado entonces en un no lugar, o lo que es lo mismo: no importa dónde esté, puesto que para términos efectivos no está ubicado en ninguna parte y está presente en todas partes al mismo tiempo. Lo que queremos decir es que el pornófilo fluye por distintos sitios Web pornos, “ubicados” en computadoras cuya ubicación física carece de significado. Lo que acabamos de sostener cobra importante relevancia cuando pensamos en la “pobre” condición espacial del pornófilo “tradicional”, siempre anclado a determinados lugares específicos.

Lo que sucede con el tiempo es también revolucionario. Piénsese en una revista pornográfica, el momento en el que se toman las fotos es muy distinto del consumo de las mismas por parte del pornófilo. Cierto es, que gran parte del material que existe en La Red guarda igual característica que la que acabamos de señalar; pero es también verdad que en Internet se ofrece pornografía en tiempo real a través de las denominadas tecnologías sincrónicas (sobre todo el Chat multimedia).

La pornografía en Internet, pues, tiene características que la hacen muy distinta de la pornografía que se difunde en los soportes “tradicionales”. Baste decir que en Internet, lo porno crece aún a expensas de quienes ya no quieren saber más del asunto; la tecnología que usan los sitios XXX impulsa el crecimiento de la pornografía aún en contra de la voluntad de sus acólitos y desertores.
2.- GÉNERO VIRTUAL

Aquí, nos vamos a limitar a explorar algunas cuestiones que nos parecen sumamente interesantes y sugerentes y que se desprenden de pensar en términos de género lo que sucede en el denominado mundo virtual.

En 1987, años antes del lanzamiento comercial de Internet, Judith Butler se preguntaba: hasta dónde el género puede ser elegido (Artículo de J. Butler como se cita en Marta Lamas, 1996)[ix]; y precisamente, una de las cosas que con más frecuencia se sostienen de Internet es que permite la autopoiesis, es decir la autoconstrucción de uno mismo, y obviamente de su género.

Si el género es, como dicen algun*s, el papel social que se “desprende” del sexo de la persona, me temo que la promesa de los internétfilos se cumple sólo en parte. Veamos por qué. Cuando uno hace uso de diferentes servicios de Internet a menudo debe responder a un cuestionario en base al cual se construye el “perfil de usuario”; y siempre se incluye la pregunta: sexo (la base material del género). Entonces resulta que uno termina eligiendo su sexo en el mundo virtual, algo que es imposible en el mundo real; en la Red se puede romper el encarcelamiento del cuerpo del que habla Bourdieu (Artículo de P. Bourdieu como se cita en Marta Lamas, 1996)[x]. Y siendo el género algo que “brota” del sexo, pareciera que uno también elige su género; pero las cosas no son tan sencillas. Expliquémoslo con un ejemplo. Una persona de sexo femenino entra a una sala de Chat con un perfil de varón; por tanto en las interacciones que mantendrá asumirá una perspectiva (hasta donde le sea posible) masculina y jugará los roles que habitualmente cumplen los hombres, con todos los privilegios y riesgos que esto implique. Por tanto, la Red no es el escenario donde mujeres y hombres pueden romper el género en cuanto rol social asignado según el sexo; sino simplemente un espacio en que se refuerzan –o por lo menos se mantienen- estos roles; sólo que no existe la certeza de que los hombres y mujeres virtuales lo sean también en el mundo 3D. Es decir, un hombre o una mujer puede construir en Internet una identidad que implica un cambio de sexo, pero los roles que juega esta identidad se corresponden con el nuevo sexo asumido. Así, no se trata de una revolución, sino simplemente de una farsa. El sexismo se destruye en la Red, no porque sea un espacio más igualitario, sino porque permite a las mujeres construirse cuerpos masculinos. Acaso la pregonada libertad que nos trae esta tecnología sólo sea una cadena más sofisticada.[xi] Es decir que Internet no constituye una revolución propiamente dicha del género, sino un territorio del libre transgenerismo, es decir donde cambiamos de género, pero no al género.

No obstante, fenómenos como el de Second Life pueden hacernos tener una perspectiva diferente. Ese producto informático permite a los seres “3D” convertirse en seres “2D”, y así desarrollar una segunda vida. Cuando un* solicita este servicio debe escoger un avatar, es decir, un “cuerpo virtual”, y los hay femeninos y masculinos. Y tiene que aceptarse la posibilidad, (muy alta, por cierto) que se escojan avatares del sexo opuesto, pero como el mundo creado por Second Life no es muy distinto del mundo real, entonces la socialización del género continuará más o menos como siempre; sólo que esta vez estaría enseñando a ser mujer a quien es hombre, o viceversa. Pero se nos preguntará: y dónde está la diferencia con el ejemplo antes descrito; pues antes sólo se trataba de chatear y aquí de lo que se trata es de vivir. Y eso es cualitativamente muy distinto. En este caso Internet pudiera ser considerada como un hito en la construcción de la identidad genérica; pues la tendencia pareciera ser a abandonar la vida en 3D para concentrarse en la recién adquirida en 2D. Acaso el mundo construido por Second Life sea el lugar ideal para los cyborgs subversivos de Haraway (Haraway, 1995: 253-263).

Si entendemos el género como el sexo mismo, y éste no como un hecho natural sino como una institución naturalizada, nuestra reflexión nos puede llevar a conclusiones diferentes. Pues esto supone que “no hay razón para dividir los cuerpos humanos en los sexos masculino y femenino” (Artículo de M. Wittig como se cita en Butler, 2001)[xii] y entonces surge la posibilidad de una construcción infinita de sexos. Lamas habla de un continuun cuyos extremos son lo masculino y femenino[xiii], y se supone que Internet –pese a la lógica binarista (digital) con la que funciona- puede encarnar (mejor virtualizar) fácilmente esta tesis, pero todavía está lejos de hacerlo.

Si no, demos una mirada al sitio Web Alt.com que se autodefine como una “comunidad de apoyo de estilo de vida alternativa”[xiv]. Allí, en la opción que nos permite identificarnos nos da las siguientes opciones: hombre, mujer, pareja (hombre mujer), pareja (2 hombres), pareja (2 mujeres), grupo (hombres y/o mujeres), transexuales, travestis, transgéneros. Hay dos primeras cosas sobre las que hay que reflexionar obligatoriamente. La primera tiene que ver con que no aparecen por ninguna parte las categorías gay o lesbiana; ya que estas identidades se definen por el otro a quien buscan para tener sexo. Así, el gay sería: hombre buscando hombre; y la lesbiana: mujer buscando mujer. Imagino que quienes sostienen que las lesbianas no son mujeres como Wittig (Artículo de M. Wittig como se cita en Butler, 2001)[xv] no se sentirán representadas en este “menú de identidades”. Es interesante el hecho de establecer la identidad no en uno mismo sino en la relación con el otro. Porque además esto implica una serie de cruzamientos como el obvio: hombre busca mujer; pero también: hombre busca transexual; o mujer busca pareja (2 mujeres). Lo otro que llama la atención es que la identidad deja de ser individual para adoptar una condición de pareja o incluso grupal. Es cierto que esto surge porque el principal objetivo de Alt.com es propinar encuentros sexuales; pero bien hubiera podido establecerse una opción que diga: hombre busca a otro hombre y una mujer; en lugar de hombre busca pareja; o pareja busca hombre.

Este asunto nos trae a colación otra pregunta que se hace Butler ¿cuáles son las categorías fundantes de la identidad: el sexo, el género, el deseo? (Artículo de J. Butler como se cita en Marta Lamas, 1996)[xvi], porque precisamente Alt.com incluye en sus interrogantes el asunto del deseo como un dato para construir la identidad del usuario. Así tenemos las siguientes opciones: 24/7 (intercambio de poder total), juegos de edad, sexo anal (dando), sexo anal (recibiendo), asfixiafilia (juego de respiración), mordiscos, vendas de ojos, y otras 83 opciones que nos eximen de comentarios.

Mención aparte merece la tendencia a la feminización de los varones; se ha hablado mucho últimamente de los denominados metrosexuales, pues parece que para entrar al mundo virtual, esta condición se está volviendo un requisito, así tenemos, por ejemplo, que dentro de los avatares masculinos que ofrece Second Life[xvii], la mayoría tiene rasgos que lindan con lo femenino, o por lo menos con lo andrógino.

Por último, nos gustaría decir algo de lo que yo llamo hipersexualidades[xviii]. En el ciberespacio, como el demonio bíblico, podemos decir que nuestro nombre es Legión, pues somos much*s. El digymundo es el terreno ideal para las personalidades múltiples y por ende para las sexualidades múltiples. El mundo virtual se nos abre como un espacio de experimentación sexual más allá de nuestra opción reconocida, o no. Si la sexualidad es como los números reales: infinita hacia ambos lados e infinita entre cualquier par; pues bien, nuestra propia sexualidad puede ser infinita en el ciberespacio. Es decir mucho más allá de lo que planteaba Wittig, una persona: un sexo (Artículo de M. Wittig como se cita en Butler, 2001)[xix]. No olvidemos que las relaciones en la Web son incorpóreas, y por tanto podemos “encarnar” cualquier sexualidad posible: heterosexual, homosexual, lesbiana, bisexual, y toda aquella que se nos ocurra. Y aún más, para cada una de estas sexualidades podemos desarrollar personalidades diferentes. Pero ni siquiera se trata del poder de Ranma 1/2, ese personaje animado que cambiaba su sexo a voluntad según se bañara con agua fría o caliente, porque de lo que aquí estamos hablando es de sexualidades síncronas: varias al mismo tiempo. Un* puede chatear con varias personas simultáneamente, pero un* puede también ser vari*s chateando con vari*s que a fin de cuentas pudieran también ser un* como nosotr*s. De otro lado, las nuevas tecnologías nos han aportado una nueva forma de organizar la información, el hipertexto, cuyas características fundamentales son la pérdida del orden secuencial, y la libertad por parte del lector no sólo de decidir el camino discursivo (ya no necesariamente coherente), sino de alterarlo y hasta de contradecirlo; pasando de consumidor a productor, como ya lo señalamos.

Pues bien, quizá cabría la posibilidad también de hablar de hipersexualidades, en la que l*s sujet*s no siguen ya un orden lineal y progresivo con respecto a ella, sino que tienen ante sí una infinidad de caminos posibles, no necesariamente coherentes (ya dijimos), por los cuales pueden transcurrir con absoluta libertad. Lo que nos hace ya no consumidor*s de la sexualidad que “nos fue dada biológicamente”, sino prosumidor*s de las sexualidades que nos construimos culturalmente.

BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

i La misma metáfora, pero no con el mismo sentido se puede leer en el trabajo de Gómez.

ii El tema es desarrollado ampliamente por Jeff Hawkins, pero aquí resulta relevante, sobre todo, la crítica al test de Turing.

iii La cámara de Juani y jennicam fueron de las más populares; la última estuvo en línea, 7 años.

iv Búrdalo, B. (2000). Amor y Sexo en Internet. Madrid: Biblioteca Nueva. 48.

v Toffler lo explica muy bien, aunque en absoluto en relación a los temas que estamos tratando.

vi Ramos, J. (2006). El auge de los soportes digitales y virtuales. En Séptimo Círculo [on line]. Disponible en
http://el7mocirculo.blogspot.com/2006/03/el-auge-de-los-soportes-digitales-y.html

vii Ramos, J. (2006). Poesía e identidad. En Séptimo Círculo [on line]. Disponible en
http://el7mocirculo.blogspot.com/2006/03/poesa-e-identidad.html

viii Paz sostiene esta tesis, pero sin mencionar a Internet en su análisis.

ix Lamas, M. (1996). Usos, dificultades y posibilidades de la categoría género, 27. En Cholonautas [on line]. Disponible en
http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/USOSCATEGORIAGENERO-MARTA%20LAMAS.pdf

x Lamas, M. Op. cit., 16.

xi Opiniones diferentes a la expresada se pueden leer en el artículo de Gómez.

xii Butler, J. (2001). Actos corporales subversivos, 36. En Cholonautas [on line]. Disponible en
http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Butler.pdf

xiii Lamas, M. Op. cit.

xiv http://alt.com/go/g13466.subffadult

xv Butler, J. Op. cit., 36.

xvi Lamas, M. Op. cit., 27.

xvii www.secondlife.com

xviii Ramos, J. (2006). Sexualidad, ciudadanía y poder. En Séptimo Círculo [on line]. Disponible en
http://el7mocirculo.blogspot.com/2006/01/sexualidad-ciudadana-y-poder.html

xix Butler, J. Op. cit., 43.

*Ponencia presentada y sustentada en las VII Jornadas de Sociología, organizadas por la Universidad de Buenos Aires, noviembre de 2007.