14 nov. 2016

El taxi, la combi y la universidad*

                               Por José Luis Ramos Salinas

El presupuesto de la nación se decide en estos días y por eso el ambiente sindical está movido, con huelgas del Poder Judicial, médicos y docentes universitarios. Curiosamente, el propio presidente ha reconocido en los medios los bajos salarios de estos sectores, y ha llegado a afirmar que conducir un taxi resulta más rentable que ingresar a la docencia universitaria. No se ha negado de plano al aumento, como suelen hacer los gobiernos en estos casos, sino que ha señalado que el problema está en buscar de dónde se saca el dinero, aunque tampoco ha dicho que no lo hay. Paralelamente, PPK y sus funcionarios han criticado acremente a la dirigencia sindical de los profesores universitarios.
¿Debe entenderse esto como una contradicción? No, lo que pasa es que el aumento de sueldos es solo una arista de un asunto mucho más complejo. En realidad, lo que está en juego es el papel de la universidad pública en los nuevoscontextos nacional y mundial, y dentro de ello, la situación de la docencia universitaria debe cambiar a ojos del gobierno.
La ley universitaria, establece que los docentes deben percibir haberes homologados con los magistrados del Poder Judicial. Las universidades y sus sindicatos exigen que se cumpla la ley; por su parte el gobierno, estaría dispuesto a aumentar los sueldos, pero al mismo tiempo crear otra escala de remuneraciones en las que existirían 12 niveles, a diferencia de los 3 que hay ahora. Así, los sueldos realmente altos serían para quienes cumplan requisitos extremadamente exigentes, como tener aportes científicos de nivel mundial. El resto, aún con doctorados y maestrías, siendo excelentes docentes, tendrían que contentarse con sueldos no muy diferentes de los que tienen actualmente.
Por su parte, los rectores de las universidades públicas se han comprometido con elevar considerablemente la calidad de la enseñanza, lo que se comprobaría a través de los procesos de licenciamiento y acreditación que la ley establece; pero siendo los estándares a cumplir tan altos, se requiere mayor presupuesto y docentes mejor pagados.
Esa es la fórmula más acertada en nuestra opinión, aumentode sueldos y aumento de calidad académica. Si se les paga más que se capaciten más y que se les exija más.
Pero, al mismo tiempo otro partido se juega en el Congreso, el de las universidades privadas, cuya fórmula de su millonaria fortuna ha sido: ingreso masivo y libre, pensiones no muy altas, exigencia académica casi nula, docentes sin derechos laborales, ausencia de laboratorios, e infraestructura deficiente. Las exigencias de la nueva ley ponen en peligro esta forma de negociar con la educación, y el fujimorismo y el Apra se han propuesto salvarla. Para ello ya presentaron propuestas en las que las instituciones quesupervisan y certifican la calidad de las universidades, pierden la cierta autonomía que tienen y vuelven a ser controladas por los rectores, como fue con la antigua ley.
¿Pero por qué deberíamos sospechar de rectores elegidos con voto universal y secreto? Ahí está la cuestión, que ese solo es el caso de los rectores de las universidades públicas; las privadas funcionan como una empresa y son en número muy superiores a las públicas; así que cuando haya que elegir a los rectores que supervisen y vigilen la calidad, ya sabemos quiénes serán los Chlimper y los Rey de turno.
Los rectores y los docentes de las universidades públicas no quieren manejar taxis, sino forjar mejores universidades, pero el Apra y el fujimorismo quieren perpetuar en el país una educación superior calidad combi. Contra eso también debería ser la huelga.

*Publicado en el semanario Sin Tapujos del 14 de noviembre de 2016, Arequipa.

El taxi, la combi y la universidad*

                               Por José Luis Ramos Salinas

El presupuesto de la nación se decide en estos días y por eso el ambiente sindical está movido, con huelgas del Poder Judicial, médicos y docentes universitarios. Curiosamente, el propio presidente ha reconocido en los medios los bajos salarios de estos sectores, y ha llegado a afirmar que conducir un taxi resulta más rentable que ingresar a la docencia universitaria. No se ha negado de plano al aumento, como suelen hacer los gobiernos en estos casos, sino que ha señalado que el problema está en buscar de dónde se saca el dinero, aunque tampoco ha dicho que no lo hay. Paralelamente, PPK y sus funcionarios han criticado acremente a la dirigencia sindical de los profesores universitarios.
¿Debe entenderse esto como una contradicción? No, lo que pasa es que el aumento de sueldos es solo una arista de un asunto mucho más complejo. En realidad, lo que está en juego es el papel de la universidad pública en los nuevoscontextos nacional y mundial, y dentro de ello, la situación de la docencia universitaria debe cambiar a ojos del gobierno.
La ley universitaria, establece que los docentes deben percibir haberes homologados con los magistrados del Poder Judicial. Las universidades y sus sindicatos exigen que se cumpla la ley; por su parte el gobierno, estaría dispuesto a aumentar los sueldos, pero al mismo tiempo crear otra escala de remuneraciones en las que existirían 12 niveles, a diferencia de los 3 que hay ahora. Así, los sueldos realmente altos serían para quienes cumplan requisitos extremadamente exigentes, como tener aportes científicos de nivel mundial. El resto, aún con doctorados y maestrías, siendo excelentes docentes, tendrían que contentarse con sueldos no muy diferentes de los que tienen actualmente.
Por su parte, los rectores de las universidades públicas se han comprometido con elevar considerablemente la calidad de la enseñanza, lo que se comprobaría a través de los procesos de licenciamiento y acreditación que la ley establece; pero siendo los estándares a cumplir tan altos, se requiere mayor presupuesto y docentes mejor pagados.
Esa es la fórmula más acertada en nuestra opinión, aumentode sueldos y aumento de calidad académica. Si se les paga más que se capaciten más y que se les exija más.
Pero, al mismo tiempo otro partido se juega en el Congreso, el de las universidades privadas, cuya fórmula de su millonaria fortuna ha sido: ingreso masivo y libre, pensiones no muy altas, exigencia académica casi nula, docentes sin derechos laborales, ausencia de laboratorios, e infraestructura deficiente. Las exigencias de la nueva ley ponen en peligro esta forma de negociar con la educación, y el fujimorismo y el Apra se han propuesto salvarla. Para ello ya presentaron propuestas en las que las instituciones quesupervisan y certifican la calidad de las universidades, pierden la cierta autonomía que tienen y vuelven a ser controladas por los rectores, como fue con la antigua ley.
¿Pero por qué deberíamos sospechar de rectores elegidos con voto universal y secreto? Ahí está la cuestión, que ese solo es el caso de los rectores de las universidades públicas; las privadas funcionan como una empresa y son en número muy superiores a las públicas; así que cuando haya que elegir a los rectores que supervisen y vigilen la calidad, ya sabemos quiénes serán los Chlimper y los Rey de turno.
Los rectores y los docentes de las universidades públicas no quieren manejar taxis, sino forjar mejores universidades, pero el Apra y el fujimorismo quieren perpetuar en el país una educación superior calidad combi. Contra eso también debería ser la huelga.

*Publicado en el semanario Sin Tapujos del 14 de noviembre de 2016, Arequipa.

8 nov. 2016

La izquierda desunida también está unida

                       Por José Luis Ramos Salinas 

La unidad se ha impuesto como un valor en la sociedad contemporánea, y la división casi como un crimen. Se aplica a muy diversas cosas, pero en este caso nos interesa analizar el asunto para aspectos políticos.
¿Puede haber unidad en política? Por supuesto, pero esta se obtiene a través de por lo menos uno de estos dos medios: con una ideología bastante definida que se traduce en principios doctrinales que quedan muy claros para todos; o a través de una organización que cuenta con aparatos disciplinarios de una eficiencia extraordinaria. El primer medio es difícil de lograr, si se pretende crecer como opción política, sobre todo en el plano electoral. Del segundo medio, son buenos ejemplos Sendero Luminoso y el Apra.
Si estas premisas son ciertas, hablar de la unidad de la izquierda o de la derecha es un disparate, pues se tratan de etiquetas, no solo confusas en el momento actual (el liberalismo hasta hace poco  entendido como de derecha ahora es parte importante de la izquierda) sino que abarcan tanto, que permiten una diversidad enorme en su interior que por antonomasia no puede constituir una unidad.
A la izquierda siempre se le achaca ser divisionista, y se atribuye a esta tendencia la razón de sus fracasos electorales. Que en algún momento haya habido docenas de partidos de izquierda fue sin duda un exceso, pero querer ahora tener solo uno, también lo es. Si no veamos qué pasa en la derecha. ¿Alguna vez estuvo unida? Acaso el Fredemo pueda considerarse el intento más reciente de unidad de las fuerzas derechistas en el Perú, pero si leemos el Pez en el Agua de Vargas Llosa, impulsor de esta unidad, nos daremos cuenta que nunca hubo tal. Pero no le exijamos tanto a la derecha, pensemos solo en sus partidos. Acaso Peruanos por el Kambio no tiene serias fricciones entre los “tecnócratas” y las “bases políticas”; y acaso ese partido no va a morir el 2021 cuanto mucho. ¿Acción Popular no demostró la debilidad de su cohesión cuando en la segunda vuelta su candidato y sus dirigentes apoyaron distintas opciones? ¿El PPC no hizo un papelón al unirse al Apra? ¿Y el fujimorismo no ha tenido que dar una ley anticonstitucional para no sufrir un desbande de sus invitados, léase oportunistas? La derecha no necesita estar unida para no ser vencida.
Sin embargo, con el cuento de la unidad, ya sabemos que lo es, se ataca desde los medios permanentemente al Frente Amplio. Y las críticas vienen de la derecha y de la izquierda. El Frente Amplio es un conglomerado de partidos políticos, de grupos de intelectuales y de activistas, y de gente que se siente de izquierda pero que no milita en ninguna de las organizaciones que conforman el FA. Si somos conscientes de esto, entenderemos el gran mérito del Frente Amplio, que se resume precisamente en su nombre. Pudo unir desde activistas por el reconocimiento de la diversidad sexual, hasta marxistas ortodoxos. Y semejante logro, que ojalá se repita en 2021, solo se puede explicar por la tremenda situación de desventaja que tenía la izquierda en las elecciones pasadas, y por el cambio en la derecha que decidió dejar de ser una fuerza de la modernidad capitalista y convertirse en una falange retrógrada y obscurantista.
Pero la situación ha cambiado, la izquierda es una fuerza importante en el Congreso y ha demostrado tener la suficiente viada, como para que el fujimorismo y sus aliados hayan empezado una guerra sucia en su contra desde ahora, por el temor que les vuelvan a arruinar el pastel en el 2021.
Que en esta nueva coyuntura, partidos como Tierra y Libertad, quieran alcanzar mayor protagonismo y actuar con cierta independencia del Frente Amplio, con su propia agenda; no solo es comprensible, sino hasta saludable. Lo mismo, que haya un grupo importante de organizaciones al interior del Frente Amplio, que iniciará en breve la recolección de firmas para su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones. La izquierda, como la derecha, es un abanico, y es bueno que la gente lo vea así, y elija no solo entre derecha e izquierda, sino entre sus matices, por lo menos en una primera instancia, y ya luego, en la segunda vuelta por ejemplo, entre concepciones ideológicas más generales.
El crecimiento de la izquierda, pasa por el fortalecimiento de las varias organizaciones políticas que la conforman. Y eso inevitablemente va a generar una suerte de competencia y de críticas mutuas, que no constituyen mayor problema, si no se olvida que el enemigo es la derecha y no las posiciones no coincidentes de izquierda.
Pero, cuidado, hay una bancada del Frente Amplio, y los ciudadanos que le dieron su voto, lo hicieron por ese esfuerzo de unidad. Allí, en el Congreso, no aplica todo lo dicho, sino que lo que corresponde son los debates a puerta cerrada, si quieren con muertos y heridos, pero cuando se abren las puertas, al momento de fijar posición acerca de lo que está ocurriendo en el país, la izquierda debe demostrar, que a ese nivel no hay fisura alguna.






31 oct. 2016

La huelga y la ley universitarias*

                                       Por José Luis Ramos Salinas 

Durante el gobierno de Ollanta, no sin una fuerte oposición política, se aprobó una nueva ley universitaria, que entre sus principales novedades, está la obligación  de las universidades, de contar con recursos humanos e infraestructura, que garanticen la calidad académica; y además se crea la entidad supervisora Sunedu, a través de la cual el Ministerio de Educación tiene injerencia en las universidades. En verdad, esto es un grave riesgo para la esencia universitaria; para entenderlo, solo imaginen lo que hubiera pasado si Keiko hubiera ganado. Al respecto he escrito más de un artículo.
Cuando se dio la ley, la mayoría de universidades a través de sus rectores se declaró en contra de la misma, debido a que en su opinión la creación de la Sunedu implicaba el fin de la autonomía universitaria. Pero, el Tribunal Constitucional falló que la nueva ley no viola la Constitución. Por su parte, la Federación de Docentes Universitarios, Fendup, se declaró a favor de la nueva ley; lo que motivó que quienes no estuvieran de acuerdo, crearan una Fendup paralela. Al final esto solo sirvió para debilitar al sindicato porque la nueva ley se impuso.
Pero los resultados de las últimas elecciones, han vuelto a poner en peligro a la ley. Y es que el fujimorismo y el Apra, siempre se opusieron a la misma, y hoy tienen el control del Congreso. Su discurso es el de la autonomía universitaria, pero es evidente que sus verdaderas intenciones son otras.
En la dictadura de Fujimori se impulsó la creación de universidades privadas, que más que centros de formación superior, funcionan como negocios tremendamente lucrativos pese a su pésima calidad. De otro lado, el Apra logró convertir a algunas universidades en sus feudos particulares. La nueva ley no termina con estas situaciones, pero las pone en peligro, y eso es demasiado para los grupos políticos aludidos. Por lo que primero pensaron en eliminar a la Sunedu, pero ahora quieren controlarla, lo que sería peor.
En medio de esto, los docentes universitarios convocan a una huelga indefinida. Los reclamos son porque no hay financiamiento para lograr la calidad académica que la ley exige; algo que también los rectores están pidiendo. Por ejemplo, a los docentes universitarios, a quienes se les exige cada vez más, tanto en requisitos como en producción, se les asignan sueldos por debajo de S/ 800,00 cuando empiezan su carrera docente; y para pasar a una categoría superior, otra vez las exigencias son altas, y el posible sueldo, por debajo de quienes también trabajan en el Estado, y no se les pide ni estudios universitarios concluidos. Injusto, por donde se le mire.
El gobierno, confunde adrede, la posición del aprofujimorismo con la de los docentes, a quienes ni les da una cita para dialogar, con la excusa de que se oponen a la ley, cuando se trata de un pedido del cumplimiento de la ley universitaria, que en uno de sus artículos establece sueldos muy distintos que los que actualmente se pagan.
De otro lado, no pocos, ven a las protestas como perjudiciales a los estudiantes. No se dan cuenta, que si el gobierno insiste en disminuir los presupuestos de las universidades y subir las exigencias de infraestructura y recursos humanos, lo que va a ocurrir es que se elevarán las tasas que pagan los estudiantes y se crearán otras. Pero quizá lo peor, será que la universidad se quedará sin suficientes docentes, pues por esos sueldos no habrá interesados; y entonces los cursos se quedarán sin dictar o no se dictarán como debieran porque lo hará un docente con una carga excesiva, o se recurrirá a reducir drásticamente el número de vacantes con lo que se atentaría contra el derecho a la educación.
Pese a todo, los docentes universitarios, tenemos la obligación moral, de no ver al aprofujimorismo como un aliado táctico del momento, sino dejar en claro que, mientras ellos quieren garantizar sus negocios y sus feudos, a costa de la calidad educativa, nosotros queremos una Universidad que ayude a construir un país mejor.

*Una versión resumida de este artículo se publicó en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, del 31 de octubre de 2016



28 oct. 2016

Amigo, Maduro, al pueblo dale duro*

                          Por José Luis Ramos Salinas

Venezuela está otra vez en el centro de la atención del continente, y por supuesto, de manera especial, en la mira de Estados Unidos,  cuya campaña electoral a menudo parece destinada no a elegir al presidente de ese país, sino del mundo, cuando no de la Federación de Planetas Unidos.
La legislación venezolana, como pocas,  prevé la figura de la revocatoria presidencial, pero establece también para tal fin, un complejo proceso de cumplimiento obligatorio, al rededor del cual se han dado las últimas luchas políticas entre la oposición y el gobierno, no sin repercusiones internacionales y hasta lo que el chavismo llama “intromisiones” de personajes y países extranjeros.
Para entender este proceso hay que hacer un poco de historia. Hugo Chávez llega al poder en 1999 y se mantuvo en él hasta el 2013, año de su muerte. Por la política anti norteamericana por la que optó, y su apuesta por un “socialismo del siglo XXI”, -que en realidad se trataba de un populismo estatal anti imperialista, con pretensiones de formar una coalición internacional para enfrentarse a los planes de Estados Unidos- se convirtió de inmediato en enemigo público de la ultra derecha mundial y sus aliados, que como suelen hacer en estos casos, desarrollaron una gigantesca campaña mediática de destrucción política de Chávez, y una fuerte presión económica sobre la República Bolivariana. Esto obligó a Chávez a someterse a contantes procesos electorales para desprenderse del mote de dictador que querían imponerle. El difunto presidente demostró ser mucho más fuerte de lo que le pensaban sus enemigos y logró mantenerse en el gobierno con el apoyo del electorado, sin sospecha alguna de fraude. Para ello, sus ambiciosos programas sociales que favorecían a los pobres de Venezuela, financiados por la espectacular alza de los precios del petróleo que abunda en el país llanero; le fueron de gran ayuda.
Paralelamente, Chávez inició una campaña de ideologización de sus simpatizantes, formando para ello en el 2007, el Partido Socialista Unido de Venezuela. El que logró ganar las últimas elecciones, convirtiendo en presidente a Nicolás Maduro.
Pero la situación cambió drásticamente con la caída de los precios del petróleo. Sin divisas, y con el boicot empresarial interno,  la economía venezolana se desplomó. La población empezó a sufrir penurias que no se habían visto antes, y la simpatía por el gobierno, solo se mantuvo en los cuadros más ideologizados. En estas circunstancias se producen las elecciones para el parlamento y la oposición al gobierno toma el control del poder legislativo.
El auge político de la oposición llevan al gobierno a tomar medidas drásticas en su contra, lo que precariza el Estado de derecho, y motiva que diversos grupos, sobre todo juveniles, empiecen a enfrentarse a Maduro enarbolando las banderas de la democracia.
El escenario está armado para proceder con la revocatoria presidencial. Pero, las leyes venezolanas establecen plazos, según los cuales, si tiene éxito la revocatoria asume el gobierno el vicepresidente o se convocan a elecciones. El gobierno ha jugado por ello a demorar la revocatoria, y arguyendo incumplimiento de los requisitos, la autoridad electoral, lo ha suspendido. La oposición ha anunciado que hará la revocatoria tomando las calles. La tensión política está asegurada al rojo vivo.
Maduro, es seguro, convocará a sus propias marchas, las que serán multitudinarias por el arraigo que el chavismo tiene en las clases populares. También ordenará a la policía reprimir a los opositores. Sus enemigos internos buscarán que se dispare la violencia, y Estados Unidos se encargará de convencer a la comunidad internacional, que es necesario derrocar al chavismo.
Sin duda, los reclamos del pueblo venezolano son justos. La situación económica es insostenible, y el gobierno no debe seguir debilitando la democracia. Pero, si cae el chavismo, no ocurrirá un cambio de políticas  de gobierno, sino un cambio de políticas de Estado; y quien tomará el poder, no serán lo jóvenes universitarios, ni los pobres, ni la clase media empobrecida; sino una de las derechas más retrógradas de América Latina. Quienes gobernarán Venezuela serán los empresarios de vena oligarca, que no ven más allá de sus intereses crematísticos, y lo harán en complicidad con Estados Unidos. Y entonces, quienes pelearon por la democracia, quienes gritaron por una economía que beneficie a todos, sabrán que solo fueron utilizados. Ojalá les queden fuerzas para seguir tomando las calles.
Maduro, por su parte, debió entender que a veces es mejor perder el gobierno para salvar al proyecto político y su posibilidad de regresar al poder. Se espera de él, no ciega resistencia, sino una jugada maestra. Parece que no está a la altura.

*Una versión resumida de este artículo fue publicada en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, del 24 de octubre de 2016


22 oct. 2016

La vaca no se acuerda cuando fue tránsfuga*

                                       Por José Luis Ramos Salinas 

El Congreso con los votos del fujimorismo aprobó una curiosa ley contra el transfuguismo; que condena al ostracismo a quienes decidan abandonar la agrupación política por la que fueron elegidos. Y es que no podrán integrarse a ninguna otra bancada, ni formar una nueva; es decir, se convertirán en parias, y quedarían fuera de toda posibilidad de integrar cualquier comisión, ya que la conformación de éstas, se negocian entre las distintas agrupaciones políticas. En otras palabras, estarán de adorno en el Parlamento, aunque sus votos seguirán contando cuando el pleno deba expresarse.
Esta ley fue el resultado de la renuncia al fujimorismo de la congresista Yeni Vilcatoma; la que hubiera podido ser la primera de varias, y esto había que evitarlo para no correr el riesgo de perder la mayoría absoluta. ¿Pero es que no confía Keiko en la gente que reclutó para integrar la lista de parlamentarios? Claro que no, pues ella los conoce bien; y sabe perfectamente que si se hubiera hecho de la presidencia, sus congresistas hubieran sido como lo fueron las geishas de su padre; pero no habiendo ganado, ¿quién sabe? Tal vez otras ofertas políticas resultaban más tentadoras.
Y es que el fujimorismo no es un partido político, nunca lo ha sido. Por eso pasó de Cambio 90 a Nueva Mayoría; y fue por un tiempo Vamos Vecino, Sí Cumple; después, en su etapa más negra, Perú 2000; para luego convertirse en Alianza Para el Futuro, Fuerza 2011, y finalmente Fuerza Popular. Por eso fue la punta de lanza del neoliberalismo más radical de América Latina y ahora se autodefine como de centro izquierda; y por eso sus líderes, sería mejor llamarlos agentes, cambian cada que hay elecciones; y son reclutados de todas las tiendas ideológicas y partidarias. El fujimorismo es, y siempre ha sido, un grupo de gente con gran olfato para la oportunidad política; y que no conoce más lealtad que a la de sus propios intereses. ¿Puede entonces Keiko confiar en “su” gente? Ella sabe, perfectamente, que no.
Por ello la ley contra el transfuguismo ha añadido un asunto clave: no solo los que renuncian se verán severamente afectados en sus funciones como congresistas, sino también quienes seanexpulsados de sus bancadas. Es decir, que el fujimorismo, ha metido de contrabando en una ley contra el transfuguismo, un mecanismo de disciplina militar al interior de su partido. Ahora, quien no obedezca a Keiko, sin dudas ni murmuraciones, podrá ser expulsado, con las graves consecuencias que hemos explicado.
Pero esta ley podría beneficiar, en el mal sentido de la palabra, a las otras agrupaciones políticas, pues también tendrían que obedecer a los líderes y ni pensar en dejar la bancada. Así que los fujimoristas, pensaron en cómo evitar esto y encontraron una fórmula mágica. Las sanciones al transfuguismo no aplican si se disuelve la alianza política con la que llegaron al parlamento. Así, cruzan los dedos para que el Frente Amplio, se divida formalmente por las fricciones internas, y luego se produzca el desbande de quienes perciben como sus peores enemigos políticos. Esperemos que esto, sea una motivación para que el Frente Amplio siga unido.
Queda claro entonces que esta es una ley fujimorista, por quienes la hicieron, por sus formas, y por sus intenciones. Y pensar que el fujimorismo fue precisamente el rey del transfuguismo, cuando Montesinos compraba parlamentarios al por mayor. Y es que si no tienes mayoría, te pones a hablar del derecho de la libertad política de los congresistas; pero sí la tienes, la vaca se olvida cuando fue una ternera tránsfuga.

* Publicado en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, 17 de octubre de 2016

2 sep. 2016

El fujimorismo se revieja*

                                               * Por José Luis Ramos Salinas 

 

No es un error de tipeo, es solo la constatación, si a alguien todavía le quedaban dudas, de que el eslogan acuñado en campaña: el fujimorismo se renueva, era solo eso, un eslogan; una más de las triquiñuelas que le son inherentes a los seguidores del ladrón y violador de derechos humanos, y por desgracia, también expresidente.

Y es que su tan promocionada renovación consistió únicamente en sacar de la lista de candidatos al Congreso a Martha Chávez y a Luisa María Cuculiza, quienes ahora han sido contratadas como asesoras del primer poder del Estado, precisamente por aquellos que hablaban de la renovación. “Tienen mucho que enseñar a las nuevas generaciones”, han llegado a decir, no sabemos si como argumento o como amenaza. Y ya conocemos la larga experiencia del fujimorismo de hacer parecer como asesores a quienes realmente tienen el mando, sino que nos lo cuente una vez más Vladimiro Montesinos.

Así que lo que habrá estos cinco años en el Parlamento es fujimorismo puro y duro: votos por consigna, leyes de interpretación auténtica, maquinaria de difamación a los adversarios políticos, archivamiento de denuncias contra los que se dedican a lo mismo que su ex secretario general Joaquín Ramírez, y todo lo que fue el pan de cada día en los 90, y que, salvo Villa Stein, todos los peruanos conocemos.La novedad, es su papel de víctimas, su nuevo oficio de plañideras del que hacen gala, cada que les preguntan algo; no importa el tema, siempre la respuesta es que Keiko sufrió de una campaña de linchamiento y que siguen esperando una disculpa, supongo del país entero.

Aquí también hay una novedad, la insistencia en reemplazar al patriarca Fujimori por su hija, en los discursos. Juran, que hasta le consultan sobre el menú del día, que ella es la líder natural y que incluso Kenji ya entendió esto. Y es que el papel de don Alberto en el 2021 va a ser mucho menos relevante que en las recientes elecciones, hay que empezar a prescindir de él; total, Keiko es Fujimori, así que sigue funcionando eso de fujimoristas.

Su sed de venganza contra el Frente Amplio se ha extendido a lo que ellos llaman el ollantismo, lo que imagino habrá alegrado al Nacionalismo, que sin el fujimorismo que lo recuerde a diario, ya habría pasado al olvido eterno. Como también es habitual, aquí el cinismo es pieza clave, y empiezan a hablar de lucha contra la corrupción, moral y hasta de pecados, en tono profético.

No queda sino imaginar, con cierto alivio, lo que hubiera sido el fujimorismo en la presidencia con este Congreso. Ojalá que PPK no olvide, que él fue quien ganó.

 

 *Publicado en el diario Exitosa del primero de septiembre de 2016

 

 

 

18 ago. 2016

El Cardenal no tiene quién le escriba*

                                                  Por José Luis Ramos Salinas 

Hace unas semanas, Cipriani se volvió a ir de boca, esta vez fue en el programa que sin mérito alguno tiene en RPP. La cabeza de la Iglesia Católica dijo que las mujeres violentadas son muchas veces las culpables de las agresiones que sufren, por estarse poniendo en escaparate. Es decir, el prehistórico argumento de que las mujeres provocan con su sensualidad desbordante, y quienes abusan de ellas son en realidad las víctimas de sus demoníacos encantos. Semejante pedrada, mereció de inmediato la repulsa generalizada; pero no solo sirvió para tan justa indignación, sino para que el Cardenal y sus monaguillos se muestren tal cuales. Cipriani no tuvo reflejos, por el contrario quiso medir si podía pasar por agua tibia. Este titubeo le dio la oportunidad a sus fans de mostrarse de acuerdo con lo que llamaron su derecho a expresar su opinión; terminando de hundirlo. Por lo que, a su puro estilo, acusó a quienes lo censuraban de malinterpretarlo con no poca mala intención; pero como las palabras de Cipriani no admitían equívoco, lo único que logró fue añadir a su misoginia una cereza de cinismo. No le quedó más remedio, entonces, que pedir perdón, y dejar en ridículo a quienes se solidarizaron con él.
Pero las frases de quien fuera sacado de El Comercio por plagio, no carecían de contexto, sino que eran parte del discurso en contra de la marcha “Ni una menos”. Cipriani quiso boicotearla desde siempre por la tirria a los grupos feministas que la organizaban. Pero como lo dicho en RPP mereció la crítica de la Ministra de la Mujer, y luego PPK mostrara su apoyo a la marcha, así como muchas otras autoridades, y hasta su engreída Keiko tuiteó a favor; el pedido del Cardenal cayó en saco roto. Finalmente la marcha fue multitudinaria y nacional, al punto de convertir a Cipriani en una rareza, una pieza de museo que más merecería el desván que un escaparate. Y es que el Cardenal ya no tiene quién le escriba, y tampoco debiera tener dónde escribir.
Tanto éxito, sin embargo, en cosas tan delicadas como la situación de la mujer en una sociedad tan machista como la nuestra, suele ser contraproducente. Porque ahora todos, incluida la TV basura hablan al respecto y se ponen la camiseta a favor de las víctimas, convirtiendo una injusticia social en espectáculo y rating; haciendo que lo que son estructuras sociales aparezcan como casos aislados, que comprometen a unos miserables que son presentados como desadaptados sociales y no como el producto necesario de una sociedad como la nuestra. Así el trascendente objetivo de cambiar la sociedad queda transformado en un pusilánime “deberían darles cadena perpetua a estos mal nacidos”. La tarea actual es entonces, ya no solo combatir a Cipriani y a sus aliados, sino también a los oportunistas que pasaron de admirar al Cardenal a imitar a Laura Bozzo.

*Publicado en el diario Exitosa del 17 de agosto de 2016

11 ago. 2016

Pokemon Go Home*

                                     Por José Luis Ramos Salinas 

La llegada de este juego al Perú ha provocado el mismo revuelo que en el resto del mundo. Los miles de fanáticos que han empezado a cambiar el paisaje urbano; y los detractores que en tono moralista e hipócrita, señalan que el popular video juego es una señal de la decadencia humana. Esta última actitud no hace sino recordar cuando tras el estreno de Goku, se empezó a criticar la excesiva violencia en programas infantiles, y lo hacían quienes solo unos años antes se destornillaban de risa con Tom y Jerry o el Correcaminos, dibujos en los que eran incapaces de identificar, no solo la violencia, sino la crueldad que los caracteriza; lo que evidenciaba su ceguera y la ignorancia sobre el tema, pues Dragon Ball nunca fue pensado como un producto dirigido a la infancia.
La búsqueda de pokemones a través de la pantalla del celular, genera la referencia a la cultura zombi; pero quienes la denuncian son quienes pasan horas sentados frente al televisor cuales coach potato; o quienes se sienten deportistas porque juegan “fulbito”.
Pero no se nos mal entienda, el fenómeno Pokemon no es algo que debe alegrarnos, pues revela la pobreza estética impuesta en el mundo y el reinado del merchandasing como la nueva cultura contemporánea.
Sin embargo, no se trata de querernos colocar por encima de los poke gamers, aludiendo una supuesta superioridad espiritual, que como hemos visto, no es más que snobismo inverso. Sino que se trata de practicar jiu jitsu, es decir, de aprovechar el vendaval de Pokemon Go para llevar agua a nuestro molino.
Por ejemplo, el juego al usar el GPS, deja en evidencia la precariedad de los barrios pobres hasta para atrapar pokemones, además, pagar ahorra tareas tediosas como largas caminatas, llevando a lo virtual la división del trabajo en base al estrato económico. La tecnología de la realidad aumentada que usa y que tanta fascinación ha causado puede y es utilizada para fines educativos. Y el hecho de exigir ciertos sistemas operativos, no debe llevarnos a comprar un celular nuevo, sino a organizarnos para exigir a los fabricantes la actualización del software, que actualmente bloquean por fines crematísticos.
Entonces el problema no está en el juego, sino en nosotros. El juego debe estar entre los peores de la industria, a nivel artístico, pero igual ese no es el inconveniente mayor; sino nosotros. ¡Pokemon Go Home! Pero nosotros somos las casas, algunos abollados y desvencijados, otros relucientes y lujosos, pero a fin de cuentas, simples pokebolas.

*Publicado en el diario Exitosa del 11 de agosto de 2016




28 jul. 2016

Los tirios, los estratégicos y los tránsfugas*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 


El fujimorismo no es una doctrina, ni un conjunto de ideales, no llega ni a ser un conjunto de gentes unidas alrededor de un hipotético plan de gobierno, me temo que no alcanza ni siquiera al decálogo. ¿Qué es entonces? Una forma de ser. Por eso Becerril hace unos años no era nadie y ahora es la estrella del partido naranja. Cumple con todos los requisitos que impuso don Alberto Fujimori con su estilo cargado de cinismo, desprovisto de moral y con un cierto aire matonesco y bravucón que sus seguidores se han encargado de superar.

Es desde esta perspectiva que hay que entender los tres objetivos que se han trazado, luego de su derrota frente a PPK: ser gobierno en el 2021 cueste lo que cueste (literalmente hablando); destruir al Frente Amplio, en general, y a Verónika Mendoza, en particular; y hacer pasar por democracia la administración dictatorial del Congreso.

Sobre esto último no se cansan de dar pruebas desde que se comprobó que tendrían la mayoría absoluta. La elección de la junta directiva ha sido más que ilustrativa al respecto. Si el Parlamento tiene carácter representativo, pues debían tener cabida en la mesa directiva las agrupaciones que han obtenido mayor cantidad de votos: el fujimorismo, obviamente; el Frente Amplio que es la primera minoría; y Peruanos Por el Kambio, que además es el partido de gobierno. Pero los seguidores del ex sátrapa se propusieron demostrar que el Congreso les pertenecía, y que para ellos hacer lo que les venga en gana no es sino cumplir con el mandato popular democrático. Se reservaron para ellos la presidencia (Luz Salgado, para que no queden dudas que el fujimorismo no ha cambiado un ápice) y la primera vicepresidencia. Pero las otras dos vicepresidencias había que dárselas a alguien que se prestara para maquillar esta actitud absolutamente antidemocrática. El Apra, que si no fuera por el JNE ni siquiera debiera estar en el Congreso, vino corriendo declarándose aliado estratégico del fujimorismo, lo que ya se ha convertido en otra frase célebre más en su sinuosa historia. Pero se necesitaba un grupo político más, y Acción Popular salvó el honor. Solo quedaba APP, quien hizo alianza con PPK en la segunda vuelta, pero cuyos 9 congresistas no han tenido reparo alguno en convertirse en los primeros tránsfugas del nuevo Congreso; así a la mesa directiva va Richard Acuña, quien está allí sin mérito alguno, salvo ser hijo de César Acuña; y ¿hay algo más fujimorista que esto?

Así el fujimorismo ya no tiene 73 congresistas, sino 87; lo que hará que le sea más fácil cumplir con los objetivos señalados arriba, y hará más difícil la lucha de quienes queremos salvar la democracia de los tirios, los estratégicos y los tránsfugas.


*Publicado en el diario Exitosa del 28 de julio de 2016

17 jul. 2016

La democracia antidemocrática*

                                                            Por José Luis Ramos Salinas

Cuando en el año 2002, se produjo la gigantesca e impresionante protesta de la población arequipeña contra la privatización de Egasa y Egesur; Juan Manuel Guillén, en ese entonces alcalde, propuso como alternativa de solución al enfrentamiento con el gobierno, la realización de una consulta popular en la que la ciudadanía decidiera democráticamente si se procedía o no con la subasta de las empresas mencionadas.
Tal propuesta fue rechazada de inmediato por el gobierno, cuyos representantes manifestaron que si las decisiones de Estado se iban a someter a consulta al pueblo, entonces seríamos una democracia participativa, y que lo que está contemplado en la Constitución es que somos una democracia representativa (tal argumento puede ser fácilmente rebatido, pero ese no es el motivo de este artículo). En ese momento debió cambiarse el objetivo de la protesta, puesto que la privatización era mucho menos importante que discutir la esencia de la democracia peruana; lamentablemente, no se hizo. Y la factura de ese error ya la hemos pagado varias veces y otra vez estamos a punto de hacerlo, y parece que con muchas moras y penalidades.
El  fujimorismo ha dado muestras explícitas e implícitas de que piensa hacer en el Congreso lo que le dé la gana. Esto obviamente atenta contra la democracia, pero para Fuerza Popular no es más que acatar lo que llaman el “mandato popular”. Los seguidores de don Alberto, consideran que si los votos del pueblo les dieron mayoría absoluta en el Parlamento, es porque quieren que ellos gobiernen desde allí sin tener en cuenta a ninguna otra agrupación política, ni siquiera a la que ganó la presidencia. Aún así van a tener que ceder un poco, como dejar algunas comisiones en manos de otros partidos, pero no como un gesto democrático, sino en cumplimiento del reglamento interno.
La pregunta aquí es si la democracia consiste en la tiranía de los votos, o si las mayorías parlamentarias solo indican quién debe liderar los debates y los consensos. Es evidente que el fujimorismo ni siquiera es un consenso en su interior, sino un aparato eficiente en ejecutar la voluntad de su dinástica dirigencia. Los consensos los construye comprando tránsfugas. Es también palpable que a Fuerza Popular le cuesta dialogar, lo suyo es la amenaza, el insulto, el golpe. Entonces, el desafío actual del fujimorismo no es tumbarse al gobierno como cree, sino transformarse en un partido democrático. Si lo logra, habrá demostrado que la mitad del país estábamos equivocados; si no, esa mitad, tendrá que recuperar la democracia para el Congreso.


*Publicado en el diario Exitosa del 15 de julio de 2016

19 jun. 2016

La Crisis de la Paternidad*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 

 

Es sabido que desde hace algunas décadas ya no asistimos a una época de cambios, sino a un cambio de  época, de sociedad. Los más le llaman posmoderna, pero recibe también otros nombres, pero fuese cual fuese la denominación, lo importante es entender que no hay una sola cosa de la sociedad de nuestros padres que no esté sufriendo profundas transformaciones. La economía, la educación, el amor, la sexualidad, la política, etc. no son lo que eran hace solo 30 años. Y la institución paterna no es la excepción.

El domingo, se celebrará en cada casa, el Día del Padre. Una fiesta que ya se ha instalado como una tradición, pero que sin duda ha tomado una connotación radicalmente distinta en los últimos años, por lo que podríamos llamar, la crisis de la paternidad.

La preocupación por los hijos, tal como la entendemos ahora, es un asunto relativamente reciente, que viene asociado al nacimiento del capitalismo, en el siglo XVIII. La autoridad del padre, su estatus de jefe de familia, es mucho más antiguo. Pero son precisamente las bases de ese poder las que ahora se desmoronan.

La frase: “Sea lo que sea es tu padre, ilustra bien cómo la sociedad valoraba la paternidad al punto de que ese solo hecho podía justificar los más grades defectos. Pero esa frase ya no se la cree nadie de las nuevas generaciones. El padre ya no es visto como alguien a quien le debes la vida, y por tanto debes estar siempre agradecido hacia él; porque la vida por sí misma no es algo que tenga valor en la sociedad posmoderna. Sino que a la vida se le puede y se le debeagregar valor o de lo contrario tendremos una vida que no merece ser vivida. Así la paternidad no genera un bien que reclama retribución, sino una deuda para con los hijos, que viene asociada a muchas otras exigencias, a menudo desmedidas, porque la sociedad actual es también la del exceso.

Así el padre común estará muy lejos de lo que se espera de él, y como consecuencia se destruye la figura paterna con una crítica implacable: Los Simpson, Padre de Familia, El Maravilloso Mundo de Gumball, y un larguísimo etc. son buenos ejemplos.

El origen mismo de la paternidad entra en crisis en cuanto a quien resulta beneficiado es el hijo, con la vida. Pues ahora se considera que la paternidad es más bien el producto del egoísmo del padre, que en la búsqueda de la dicha de serlo, no repara en lo que deberá padecer su vástago. Cioran llegóa decir por ello, que la paternidad es un crimen. Por eso, es cada vez más común que los colegios ya no celebren el Día del Padre, y que la fiesta de este domingo, más que de abrazos esté llena de reclamos, resentimientos y de una sana hipocresía.


*Publicado en el diario Exitosa del 18 de junio de 2016

 

12 jun. 2016

Genio y dictadura hasta la sepultura*

                              Por José Luis Ramos Salinas 


El fujimorismo pareciera que se boicotea a sí mismo. El incidente en el aeropuerto arequipeño es bastante ilustrador: una cuantas consignas en contra para desatar la matonería de sus máximos dirigentes, que no tuvieron mejor idea que llamar “terroristas” a sus detractores, mientras los correteaban con el puño en alto. La defensa que hizo Keiko de los agresores, demostró que era muy poco lo que cambió el fujimorismo desde los 90, y que la hija del dictador, pese al maquillaje, se parecía mucho a Martha Chávez y Luz Salgado.

Pese a eso ganó en la primera vuelta, pero a penas dados los resultados, Cecilia Chacón, Becerril y el propio Kenji; otra vez sacaron a relucir la esencia de dinastía despótica que el partido del ex sátrapa lleva en la sangre. Sus declaraciones dejaron clara su vocación dictatorial al señalar que gobernarían sin tener en cuenta a las minorías; que obligarían al Poder Judicial a declarar inocente a Alberto Fujimori; y que el trono en el partido ya tenía un heredero.

Luego vendría lo de Joaquín Ramírez y sus posibles vínculos al narcotráfico, que lejos de provocar una reacción de “que se investigue a fondo”, como lo hubiera hecho cualquier partido; lo que se escuchó es una cerrada defensa de a quien llaman “un gran hombre”. Y lo que hizo Chlimper nos retornó a los tiempos más nefastos de la dictadura de don Alberto y Montesinos, manipulando un audio y recurriendo a un pseudo programa periodístico.

Cuando aún no concluía el conteo de la ONPE, Spadaro, que se ha convertido en algo así como “la quinta espada del fujimorismo”, señaló muy suelto de huesos que el Parlamento le pertenecía a su partido. Y antes, varios fujimoristas habían insinuado que podían gobernar dictatorialmente desde el Congreso, aún si no ganaban la presidencia.

Concluido el conteo de la ONPE, el fujimorismo se niega a aceptar su derrota, y dice que va a esperar la decisión final del JNE, a pesar que sabe que ya PPK es presidente. ¿Por qué lo hace entonces? Para conservar su vena dictatorial, para colocarse por encima de las instituciones democráticas; y para advertirle a todos los que no votaron por él, que de ellos depende sumir al país en la ingobernabilidad. Por ello también ahora se fingen ofendidos por los calificativos que recibieron en la campaña. Sí, los mismos que destruían honras con los periódicos chicha, ahora se rasgan las vestiduras y amenazan con no perdonarnos y desatar una tormenta diluviana para hacer naufragar nuestra precaria democracia.

En ese escenario, quienes votamos en contra del fujimorismo cometeríamos suicidio si creyéramos que lo hemos vencido. En realidad la lucha recién empieza. Estamos avisados.


*Publicado en el diario Exitosa del 11 de junio de 2016


 

6 jun. 2016

Keiko es solo el primer paso*

                         Por José Luis Ramos Salinas 

Aunque todas las encuestadoras dan por ganador a Pedro Pablo Kuczynski, los fujimoristas con ánimo de triunfo, insisten es esperar los resultados del JNE. Nos imaginamos que harán de todo para cuestionar las actas, y ya sabemos lo que hace el JNE cuando tiene que decidir a favor o en contra del fujimorismo. Pese a esto, creemos que ganaron las fuerzas que se unieron, no para apoyar a PPK, sino para oponerse a los dirigidos por Alberto Fujimori y organizados por Joaquín Ramírez.
Aunque las victorias son saludables, suelen tener malas consecuencias como creer que el enemigo ha sido derrotado, y lo que hay que tener muy claro, es que solo se ha logrado vencer a Keiko. El fujimorismo no solo sigue vivo, sino más fuerte que nunca desde el año 2000 en que debió ser borrado del escenario político nacional.
En realidad solo Valentín Paniagua se tomó en serio la lucha contra una organización política que funcionó como una mafia para favorecer la corrupción y hacer desaparecer de las arcas nacionales varios miles de millones de dólares, sin mencionar los crímenes y violaciones de derechos humanos. Es verdad que no todos los fujimoristas cometieron delitos, pero es indudable que los permitieron, los alentaron, los justificaron, y defendieron a quienes sí los cometieron. Por eso resulta tan lamentable que el Alejandro Toledo de la Marcha de los Cuatro Suyos terminara en su gobierno quitándole fuerza al proceso que inició Paniagua. Y absolutamente condenable que García se aliara al fujimorismo para gobernar, convirtiéndolo así, otra vez, en protagonista político. Con ese nuevo estatus se dio el lujo de enarbolar las banderas de la anti corrupción y arrinconar al gobierno de Ollanta Humala.
Lo mejor que le hubiera pasado al fujimorismo es que se democratice, es decir, que se alejara de Alberto Fujimori, que exigiera cárcel para los correligionarios que cometieron delitos, deshacerse de quienes apoyaron la dictadura y la violación de todas las leyes, y que sin pudor alguno pedían “desaparecer” a los adversarios políticos. Si hubiera hecho eso el fujimorismo, ahora sería un partido político como cualquier otro; pero si lo hacía, la verdad es que dejaba de ser fujimorismo; por eso prefirieron insistir en la inocencia de su patriarca, continuar con sus figuras más antidemocráticas, y hasta defender a quienes están bajo sería sospecha de tener vínculos con el narcotráfico.
Lo peor que le hubiera pasado al país es que se fujimorice. Pero eso es precisamente lo que ha ocurrido. Keiko ha perdido, salvo que el JNE vuelva a darle una mano; pero el fujimorismo ha vencido contundentemente. No solo por la aplastante mayoría que tiene en el Congreso, sino porque a la población peruana no le importó el fraude contra Julio Guzmán, no hizo mayor cosa cuando a Keiko la salvaron pese a que cometió lo mismo que Acuña, y no dijo nada cuando el JNE le dio representación en el Parlamento al Apra con una ley caduca. Es decir, el peruano común acepta los fraudes como algo normal.
Pero no solo eso. El apoyo que tiene el fujimorismo es a toda prueba. No importa que hasta la DEA salga a decir que el secretario general del fujimorismo está investigado por narcotráfico, eso no le resta votos. En otras palabras, un enorme sector de la población peruana ha perdido todo atisbo de ciudadanía y vota según calcula si recibirá algún beneficio concreto con el triunfo de uno u otro candidato.
Esa cultura antidemocrática es ahora lo que toca remontar, lo de Keiko solo ha sido el paso primero y el más fácil de dar.

*Publicado en el periódico Hora 20 del 6 de junio de 2016



5 jun. 2016

Crónica de un suicidio anunciado*

                                  Por José Luis Ramos Salinas 

 

El fujimorismo empezó su campaña para regresar al poder, a penas lo perdió. Fujimori en Japón conducía un programa de radio y en él y en cuanta oportunidad tenía declaraba que volvería al Perú para gobernar. Mientras tanto, Valentín Paniagua y su equipo empezaban el largo y complejo trabajo de desmontar a la mafia, procesar a los asesinos y ladrones, e iniciar el camino, más complicado todavía, de recuperar la moral para el país, y deshacer las estructuras políticas,  mediáticas, económicas, etc. de las que se valió la dictadura para cometer tus tropelías y que nos dejó como una herencia maldita.

Pero al gobierno de Paniagua le sucedió el de Toledo, que decidió, para no agravar la crisis política que lo agobió desdeel inicio, desacelerar la batalla contra la corrupción y elfujimorismo. Después vino García, y él carga la gravísima responsabilidad, no solo de parar completamente la lucha contra la corrupción, sino de devolverle al fujimorismo un papel protagónico en la política peruana, al decidir gobernar en alianza con él.

Cuando llegó Ollanta, el fujimorismo ya era tan fuerte que no solo no era posible pensar en reactivar las fuerzas democráticas que lo pudieran sacar de escena, sino que los herederos del mafioso Alberto, se dieron el lujo de arrinconar al gobierno, enarbolando las banderas de la lucha contra la corrupción.

Así llegamos a estas elecciones, y en lugar de aprovechar el momento político para poner las cosas en su lugar y regresar al fujimorismo a las páginas policiales, los partidos políticos en competencia, de derecha e izquierda, decidieron en la primera vuelta, hacer como si el fujimorismo no existiera, enfrentándose entre ellos, dejando correr libremente a esa maquinaria millonaria y sin escrúpulos que encabeza Keiko y su lugar teniente Joaquín Ramírez. Su poder era avasallador y su herencia omnipresente, por eso el JNE, con una excusasaca de carrera a Julio Guzmán y no pasa nada, luego perdonaría a Keiko pese a las innumerables pruebas de que cometió la misma infracción que le valió la expulsión a Acuña; y para broche de oro, cambia la valla electoral para permitir que el Apra tenga representantes en el Congreso. Tres fraudes que la ciudadanía se comió sin chistar.

Ahora en la segunda vuelta, se habla de la unidad de todas las fuerzas democráticas para impedir el retorno del fujimorismo, y esa unidad se establece detrás de PPK, el menos indicado para semejante tarea. Y eso y todo lo contado, independientemente del resultado de mañana, es la prueba irrefutable que el fujimorismo ha vencido por esa vocación tan peruana de cometer suicidio.


*Publicado en el diario Exitosa del 4 de junio.

 

 

22 may. 2016

Para neutrales los bomberos*

                                         Por José Luis Ramos Salinas 

Los denominados debates presidenciales, que en realidad son debates entre quienes pretenden la presidencia, tienen la utilidad de permitir comparar los distintos planes de gobierno y conocer la posición de los candidatos sobre temas que por polémicos suelen evadirlos en sus discursos. Y es que un debate no debe ser la alternada y simple exposición de ideas, sino que debe implicar, necesariamente, que los contrincantes se hagan críticas y se formulen preguntas que los desnuden frente al electorado.
Un debate, parte entonces de un supuesto: que se trata de candidatos que representan proyectos ideológicos, o por lo menos políticos, diferentes. Además el debate está dirigido no a los militantes de quienes polemizan (ellos ya tienen clara su elección), sino a quienes aún permanecen indecisos o que militan o simpatizan con los partidos que quedaron rezagados o fuera de la contienda.
En estas circunstancias, un debate entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski sería bastante singular. Sus proyectos políticos y económicos son muy similares, y las agrupaciones políticas que no pasaron a la segunda vuelta tienen enormes diferencias con ambos. Es casi como decir que digan lo que digan, no lograrán enamorar a nadie. En ese sentido, el debate solo puede tener como objetivo descalificar al opositor ante la ciudadanía. Y es por ello que Keiko trató de evadirlo todo lo que pudo, pues la historia del fujimorismo no es panegírica, sino delictiva; y su partido está lleno de gente como Joaquín Ramírez y Cecilia Chacón; Martha Chávez y Luisa María Cuculiza; y un largo etc. coronado por un patriarca mafioso: el mismísimo Alberto Fujimori.
Su renuencia a debatir en el sur del país fue más que evidente. Ciertos gobernadores regionales le pusieron la excusa en bandeja, y fiel a la tradición fujimorista, no solo rechazó la invitación de Yamila Osorio sino que aprovechó para atacarla. No se imaginó que la joven autoridad le respondería con firmeza y que dejaría en evidencia que Keiko, por más que quiera disfrazarse, es hechura de su padre. No han faltado quienes le han reclamado a Osorio una supuesta falta de imparcialidad, pero la verdad que en estos casos, hacerse el neutral es hacerse el muertito y de allí a mover la cola solo hay un paso. La gobernadora hizo bien y se merece el respaldo ciudadano.
Ojalá que PPK, si se llega a dar el debate, recuerde toda la miasma del fujimorismo, en lugar de hablar de la CTS, que en ese como en cualquier otro tema, las diferencias con su contendora son casi de estilo.

*Publicado en el diario Exitosa del 21 de mayo de 2016