21 jul 2022

 Pfizer: “soy el número uno, cuando pueda te vacuno”*

Por José Luis Ramos Salinas

La carrera de las gigantes farmacéuticas presentada como una lucha contra el virus SARS-coV-2 durante casi todo el 2020 quedó al desnudo recién empezado el 2021 como una competencia por enormes ganancias dinerarias y luchas por la hegemonía científico-tecnológica que ostentan las potencias mundiales. Eso de que Pfizer, Moderna y demás querían salvar vidas resultó ser un embuste tan grande como el de que era imprevisible la aparición del virus que puso en jaque la economía mundial y que va causando casi dos millones de muertes al momento de escribir este artículo, 7 de enero de 20211

El fin de la espera de la tan ansiada vacuna resultó ser solo el cierre de un círculo macabro: la racionalidad instrumental capitalista en su desprecio por la naturaleza produjo gigantescas ganancias y a la pandemia como efecto no deseado, pero convertida de inmediato en oportunidad de nuevas gigantescas ganancias a través de la vacuna que para esta racionalidad no es más que una mercancía como cualquier otra, con la ventaja de una oferta limitada y una demanda grande y despererada que no duda en ofrecer miles de millones de dólares y riesgo cero con contratos que libran a las farmacéuticas de cualquier demanda en caso sus vacunas no sean efectivas o produzcan reacciones adversas por encima de los límites tolerables2.

La pandemia, por lo dicho, debió ser una extraordinaria oportunidad para develar lo profundamente incivilizada que es esta “civilización”; para dejar al descubierto los cimientos miasmáticos sobre los que se levanta su arquitectura de luces de neón. Pero sirvió, por el contrario, para demostrar que el sistema sigue siendo capaz de hacer invisibles a los trasatlánticos que pasan frente a nosotros3, e inodoras a sus aguas servidas que nos empapan de pies a cabeza. Esto fue tan contundente, que pensadores famosos por su agudeza crítica terminaron pecando de ingenuos4

El caso peruano es paradigmático, diversos estudios nos muestran como uno de los países que peor ha manejado la crisis sanitaria y económica que viene padeciendo el mundo5; pero Martín Vizcarra, quien ocupó la presidencia durante casi todo el 2020, goza de una tremenda popularidad que lo coloca como bolo seguro para ganar una curul del Congreso en las elecciones del próximo abril6. ¿Por qué? Porque la gente le ha creído. Algo similar pasa con Bolsonaro y con Trump, con gran respaldo de los ciudadanos de sus países, pese a que las cifras revelan que lo que viene ocurriendo en Brasil y Estados Unidos es una terrible mortandad en ascenso (ver la nota al pie 1).

Vizcarra dirigió cada aspecto relacionado a enfrentar la pandemia y quería que no quedara duda al respecto, apareciendo en hospitales, en mercados, en laboratorios, etc. Además, con una frecuencia, que en algunos momentos llegó a ser diaria, se dirigía al país para explicar las acciones de su gobierno, pero sobre todo para difundir una particular interpretación de lo que venía ocurriendo en el mundo y en el Perú, pero presentada como verdad científica e incuestionable.

Este texto tiene el objetivo de demostrar que este discurso de Vizcarra -que es el mismo que circuló en el mundo entero en boca de los políticos, periodistas, médicos, empresarios, militares, influencers, líderes religiosos, profesores, cómicos, artistas, deportistas, etc. etc.- no es científico, sino ideológico; no es verdadero, sino profundamente falso; y no tiene un objetivo sanitario, sino político y económico. Pero al mismo tiempo, descubriremos que la efectividad de este mensaje es directamente proporcional a lo pernicioso de sus intenciones.

Empecemos por la madre de las mentiras, difundida en cada rincón del planeta: nadie se imaginó que iba a aparecer el nuevo coronavirus, y que la culpa es de los chinos que gustan de comer platos exóticos.

Que se venía una pandemia era algo que se sabía desde hace varios años, y estaba publicado y debidamente documentado. Los virus que logran pasar con éxito de animales a humanos no son una rareza excepcional. Este “nuevo coronavirus” es solo uno más de los muchos coronavirus que hicieron su aparición en los últimos años7; y de hecho tiene un precedente tan similar que su nombre solo se diferencia por el último número: el SARS-coV-1. El detalle con el que se pronosticó lo que ocurrió en 2019 en libros como: “El monstruo llama a nuestra puerta”, que Mike Davis publicó el 2008; “Grandes granjas, grandes gripes”, de Rob Wallace, publicado en 2016, pero que reúne textos escritos desde 2009; y el que David Quammen publicó en 2012: “Derrame: las infecciones animales y la próxima pandemia humana”; son prueba más que suficiente que si el mundo fue agarrado por sorpresa no fue por una supuesta impredecibilidad inherente a los virus, sino que evitar la pandemia requería poner en cuestión no solo la forma en la que se explota la naturaleza, sino el resto del sistema económico y la particular cultura con la que todo esto conforma el bloque histórico del capitalismo. En la lógica del poder unos millones de muertos y cientos de millones de hambrientos no eran para tanto. Pero si este argumento le puede parecer convincente a algún despistado, hay que aclararle que el menor de nuestros problemas es la COVID-19; un peligro muchísimo mayor son los virus que se vienen, que surgirán de la misma “fábrica” de la que salió el SARS-coV-2 y que ha quedado intacta y que no tiene la más mínima intención de cerrar o hacer siquiera algún cambio; total, es mejor que la especie se acostumbre a la “nueva normalidad” de ver morir parientes y de ser sometidos a una mayor explotación (legislación laboral para épocas de pandemia es el eufemismo en boga) con mascarilla y a veces en “la comodidad del hogar”. La pandemia jamás fue un asunto biológico, ni sanitario; siempre lo fue económico y político; haberla entendido desde los mandiles blancos convertidos en estrellas mediáticas es la prueba de que nos tragamos, sin cuestionar, la madre de todas las mentiras.

Otro de los mensajes recurrentes en el ámbito mundial fue que el nuevo coronavirus actuaba democráticamente ya que no distinguía ricos de pobres, sexo ni origen étnico (les faltó decir edad, pero hasta el cinismo tiene un límite). El contagio de la COVID-19 se da en condiciones que son habituales en las zonas urbano marginales: hacinamiento; falta de servicios básicos; imposibilidad económica (tienen que salir a buscar ingresos para comer día a día), psicológica (no cuentan con ningún medio de entretenimiento en casa y/o hay un ambiente de violencia) y física (no se trata de casas sino de habitaciones en donde duerme toda la familia), de cumplir la cuarentena.

El tratamiento médico adecuado también es imposible en sectores con poco o ningún acceso al servicio sanitario; hábitos atávicos de auto-medicación; imposibilidad económica de hacerse pruebas de diagnóstico en clínicas privadas, tampoco una radiografía, ni pensar en una tomografía; ninguna costumbre de acudir al médico salvo en deterioros muy graves de la salud; ni pensar en comprar un balón de oxígeno, un oxímetro, ni siquiera un termómetro. Estas personas, si lograban una cama en el hospital, solo era para morir. Y ya sabemos que en el mundo entero la pobreza viene con color de piel; lo sabemos nosotros desde siempre, y se lo han recordado dolorosamente el 2019 a países como Estados Unidos8.

Por eso era necesario asociar a esta, otra mentira: la de que la estadística es objetiva y neutral; y que gobiernos como el nuestro han sido tan transparentes que actualizaban sus datos en tiempo real. Allí estaba la Universidad Hopkins haciendo el recuento macabro, pero al mismo tiempo ocultando el rostro de los muertos. La página oficial del Ministerio de Salud, que se actualiza diariamente, nos informa por regiones los niveles de positividad y letalidad; el número de contagiados; número y situación de los pacientes hospitalizados; disponibilidad de camas UCI con ventilador mecánico; y fallecidos por sexo, grupo de edad e institución a cargo del hospital en que se produjo la defunción9. Es decir, no nos informan nada que demuestre que el virus no es democrático, sino más bien tremendamente discriminador. Ningún dato acerca del nivel socioeconómico de los fallecidos, de los servicios con los que cuenta el lugar donde vivía, su nivel de instrucción, si era trabajador formal o informal o si estaba desempleado, si tenía ahorros o deudas en los bancos, si sufrió desnutrición crónica cuando fue niño, si tenía seguro de salud y de qué tipo, si comió y qué comió la semana anterior a su hospitalización, etc. Las estadísticas no se usan para informar sino para ocultar, y si creíamos que estábamos bien informados viendo los histogramas, diagramas de barras y demás gráficos coloridos es que nos vendieron gato por liebre y nos lo comimos bien rico.

La mentira de que estamos en una guerra contra el nuevo coronavirus, en la que la única forma de vencerlo es estar unidos, choca con la otra gran mentira de que la salud es un asunto de responsabilidad individual. En una nos piden la unión, en la otra imponen la consigna: sálvese quien pueda, pero disfrazada de: los responsables están sanos, los irresponsables muriendo por su propia mano (recuerden el spot gubernamental en que el nieto mata a su abuela contagiándola por irresponsable10).

A pesar de la contradicción, ambas mentiras tuvieron mucho éxito: si el enemigo bélico es el nuevo coronavirus, la tragedia no tiene nada que ver con el desastroso sistema sanitario que tenían países que como el nuestro eran considerados un ejemplo a seguir en materia económica; ni con precarios sistemas educativos y poderosos sistemas propagadores de ignorancia; ni con modelos económicos que no dejan de hacer crecer la desigualdad; ni con culturas desprovistas de toda solidaridad que proponen que el éxito personal, expresado en consumo, es lo único que debe regir la vida. Es frecuente, hasta el hartazgo, que en cualquier discurso, desde el del presidente de la República hasta el del delegado de clase universitaria, el culpable de todo sea el SARS-coV-2; casi como una plaga bíblica, sin que sepamos a ciencia cierta cuál es el pecado que estamos pagando (algunos pastores evangélicos parece que sí lo saben)11. Encontrado al culpable, todos los demás son inocentes, y si nos va muy mal es que vamos perdiendo la guerra porque el enemigo era más poderoso de lo que pensábamos (muta muy rápido) y porque a nuestras fuerzas (los ciudadanos) les falta patriotismo (no es casual que los migrantes sean sospechosos de propagar la peste12, tal como ha ocurrido a lo largo de la historia), vocación de sacrificio y sobre todo: responsabilidad. Y es aquí donde esta mentira se vuelve coherente con aquella en la que estaba en contradicción.

Los malos soldados son los irresponsables, los que no se quedan en casa, los que no se lavan las manos, los que no llevan alcohol en gel consigo, los que no usan o llevan mal puesta la mascarilla, los que no se mantienen alejados de los demás. Los buenos, los que hacen todo lo que se les dice. En pandemia la obediencia es sinónimo de ciudadanía. El éxito de esta mentira deja bien librados a los Estados cuya última preocupación fue el sistema sanitario, a los líderes políticos que no atan ni desatan y, obviamente, al sistema económico imperante y sus inherentes injusticias y desigualdades. Así, un problema de salud pública queda convertido en cuídate que tu salud es tu responsabilidad; un problema político en un tema de buen o mal comportamiento; por tanto, no hay nada que cambiar en la sociedad, sino dar de cachetadas a los que no obedecen las normas de la emergencia sanitaria13.

Pero esta última mentira atenta contra algo más: la solidaridad y su forma natural, la organización. Prácticamente todos los gobiernos del mundo han promovido el cuidado de la salud como un asunto individual y se ha dejado de lado, cuando no se ha boicoteado, que se enfrente a la pandemia desde los sindicatos, las organizaciones barriales, los partidos políticos, etc. Todo indica que una estrategia de contención funciona mucho mejor a través de organizaciones de la sociedad civil, pero se corría el riesgo que el llanto individual por el familiar muerto (recuérdese la mujer desesperada que intentó hablar con Vizcarra a la afueras del hospital Honorio Delgado de Arequipa14) se convierta en lucha política por los compañeros caídos de la organización.

Todas estas mentiras juntas nos llevan a la gran mentira final: la solución es la vacuna. Si el virus es la causa de todo, la solución es algo que le impida seguir contagiando a las personas. Asociada a esta mentira surgió una cadena de otras: la ciencia viene al rescate del mundo, porque la ciencia está al servicio de la humanidad, porque cuando se invente la vacuna la población mundial entera será inmune al SARS-coV-2 y volveremos a ser tan felices como lo éramos antes de la pandemia. Estas últimas mentiras son cada vez más difíciles de sostener, pero la principal, la de que la vacuna es la solución es tomada como una verdad que nadie cuestiona15.

Mientras se anunciaban los avances de los laboratorios en sus pruebas clínicas, convenientemente para el alza de sus acciones en la bolsa, nos fuimos enterando cómo estas investigaciones eran financiadas por Estados que ponían como condición estar en el primer lugar de la lista de distribución; luego ofrecerían su ayuda para asegurar lo necesario para una producción masiva, otra vez con la misma condición. Quedó en evidencia que la vacuna no era para la humanidad sino para los denominados países desarrollados. Israel vacunó a colonos en tierras palestinas, pero no a los palestinos, por si a alguien le quedaba alguna duda16; y en Nebraska dejaron claro que los indocumentados no forman parte de la humanidad17. También se difundió que Pfizer y Moderna, que lideraron la carrera por la vacuna usaron una nueva tecnología para la fabricación de una sintética, cuyo costo sería 40 veces mayor de las vacunas “tradicionales”; y cuya logística para su conservación y distribución deja afuera a los países pobres18. ¿Por qué optaron entonces por esa tecnología? Si las ganancias se estiman en términos porcentuales, el uso de una tecnología u otra implica miles de millones de diferencia en los ingresos. Luego la ciencia no está para servir a la humanidad, sino para servir al bolsillo; los científicos no trabajan para la humanidad, trabajan para compañías privadas. Empresas que cuando tuvieron su vacuna -sin todas las garantías que se exigen habitualmente, pero que se pasaron por alto por la emergencia que se vive- se quitaron la careta y haciendo uso del mango del sartén pusieron como condición a los Estados para empezar a negociar una absoluta confidencialidad que nos hace pensar que se trata de contratos inconfesables, algo que las pocas filtraciones parecen confirmar19 (¡cuánta falta nos hace Assange!). Así la gran solución resultó ser solo un gran negocio en donde las grandes farmacéuticas dieron gracias a Dios por la pandemia; y los gobiernos que se pusieron de rodillas frente a ellas recibieron los aplausos de su ciudadanía.

Pfizer no trajo ninguna solución porque es parte del problema: un sistema económico cuya racionalidad gira alrededor de las ganancias.

Se trata de la misma lógica que lleva a criar millones de bizones en granjas donde se apiñan a 800 mil especímenes para luego sacrificarlos y producir los abrigos de bizón que la moda y la elegancia de la burguesía reclama. No es casual que el nuevo coronavirus pasó a estos abrigos vivientes y de allí otra vez a los humanos20. En los libros que citamos al inicio está explicado por qué la forma en la que se crían pollos, cerdos y otros animales, produce virus; mucho más si estas megagranjas están ubicadas en zonas que antes eran selva o cerca de zonas deforestadas que convierten a estos animales en vecinos de territorio salvaje que es donde los virus abundan y en donde se mantendrían sino fuera por la incursión del capital. Como estas empresas propietarias de las megagranjas son globales y mueven capitales, personal y mercancía en todo el planeta, la pandemia está asegurada en tiempo récord. Y estos nefastos efectos, cuyo costo se distribuye socialmente a la inversa de las ganancias que se apropian individualmente, no tienen justificación alguna, porque la producción de tanta carne no es para el consumo de proteínas de la población mal alimentada, sino para que la arrojen a la basura los que quieren presumir de no ser unos muertos de hambre21.

Este es el problema que ninguna vacuna va a solucionar, mucho menos aquellas que se mueven en la misma lógica. Las alternativas que el capitalismo propone como la modificación genética de cerdos destinados al consumo humano22 o el cultivo de células animales en laboratorio23, podrían ser peor que lo que pretenden solucionar.

Si no queremos más pandemias es al capitalismo al que hay que inocular, no una vacuna, sino una pócima de su propia medicina.


* Este artículo fue terminado de redactar el 12 de mayo de 2021 y fue distribuido entre mis estudiantes. 

1COVID-19 Dashboard by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University. Disponible en: https://coronavirus.jhu.edu/map.html

2El diario panameño La Prensa publicó el 7 de enero de 2021 algunas de las exigencias secretas de Pfizer: https://www.prensa.com/impresa/panorama/sabado-picante-53/

3La idea del trasatlántico invisible pertenece a Francisco Durand, quien la explica en la entrevista que concede a Ojo Público en el 2017: https://ojo-publico.com/481/francisco-durand-ahora-estamos-en-la-republica-empresarial

4Byung-Chul Han refutó a Žižek al respecto: https://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/byung-chul-han-refuta-a-zizek-el-virus-no-vencera-al-capitalismo/4ULAZT7HCBFUNCFKRWWVGRT4MQ/

5En un estudio realizado por Bloomberg aparecemos en los últimos lugares: https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-11-24/los-mejores-y-peores-lugares-para-estar-en-la-era-del-covid-khwlaifq

6Las encuestas hechas después de las denuncias de corrupción en su contra y la publicación de informes como el de Bloomberg indican que sigue teniendo un enorme respaldo, pese a todo: https://peru21.pe/politica/elecciones-2021-datum-el-56-respalda-candidatura-de-martin-vizcarra-al-congreso-noticia/

7Un temprano informe técnico del gobierno español sobre la COVID-19 da cuenta de estos aspectos: https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/20200317_ITCoronavirus.pdf

Y como en 2019 la ciencia se hizo noticia, resulta esclarecedor este reportaje de El País: https://elpais.com/ciencia/2020-04-07/al-menos-142-virus-han-saltado-de-animales-a-humanos.html


8Diversos medios dieron a conocer esta problemática. El reportaje que la BBC publicó en julio de 2020 es uno de los más ilustrativos: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53314898

9La Sala Situacional del Minsa es la fuente a la que recurrieron todos los medios, diariamente en los momentos más críticos de la pandemia: https://covid19.minsa.gob.pe/sala_situacional.asp

10https://youtu.be/La5x2TNojdc

11La posición de varias iglesias evangélicas frente a la pandemia es ilustrativa de que se apunta a cualquier lado menos a la fuente de la pandemia: https://wayka.pe/grupos-evangelicos-desacatan-restricciones-por-covid-19-y-ofrecen-curas-milagrosas/

12El adjetivo “extranjero” es habitual en los titulares sobre violaciones a las normas sanitarias; y en el Perú a quienes se califica así habitualmente son venezolanos: https://diariocorreo.pe/peru/arequipa-detienen-a-5-venezolanos-por-armar-fiesta-sin-importarles-toque-de-queda-nnpp-noticia/

13El ahora candidato que va primero en las encuestas, George Forsyth defendió públicamente a un militar que fue sancionado por golpear a un joven que no cumplió las medidas sanitarias: https://libero.pe/ocio/1547530-coronavirus-george-forsyth-defiende-militar-cacheteo-joven-covid-19-cuarentena-ejercito-instagram-twitter

14https://youtu.be/5aTOsnKAxxE

15En cada país donde ha llegado la vacuna, el hecho ha sido celebrado a lo grande con transmisión en vivo de los primeros pinchazos, y sin alusión alguna a que las condiciones que generaron el SARS-coV-2 no se han modificado en absoluto: https://elpais.com/internacional/2020-12-24/la-esperanza-de-las-vacunas-llega-a-america-latina-con-la-navidad.html

16El hecho fue denunciado por Amnistía Internacional y diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos: https://www.pagina12.com.ar/315694-amnistia-internacional-acusa-a-israel-de-excluir-a-los-pales

17La Cancillería Mexicana calificó el hecho como una violación de los derechos humanos, pero parece que para el poder ya no todos los humanos lo son realmente: https://www.infobae.com/america/mexico/2021/01/06/va-en-contra-de-los-derechos-humanos-cancilleria-frente-al-anuncio-de-que-nebraska-no-vacunara-a-trabajadores-indocumentados/

18Otros laboratorios, con presupuestos mucho menores, también acometieron la tarea de la fabricación de la vacuna; así que no era un imperativo el uso de tecnologías de vanguardia que subían exponencialmente los costos y exigían una infraestructura al alcance de muy pocos países: https://www.idl-reporteros.pe/entre-chincha-y-pfizer/

19Téngase en cuenta que el costo que aparece en la nota no incluye los adelantos entregados, por lo que el costo real es muy similar al indicado en la nota anterior: https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/sociedad/belgica-desvela-precios-vacunas-covid-19_1449406.html

20Aunque hay debate acerca de si esta variante del virus iba a dejar sin efectividad a la vacuna, sí hay certeza de que pasó de los humanos a estos animales y luego nuevamente a los humanos, previa modificación: https://www.who.int/csr/don/06-november-2020-mink-associated-sars-cov2-denmark/es/

21La FAO publica periódicamente informes en los que se da cuenta del gigantesco desperdicio de alimentos que se da, sobre todo, en los denominados países desarrollados: https://media.enfasis.com/adjuntos/146/documentos/000/136/0000136082.pdf

22La FDA aprobó en diciembre de 2020 el consumo de carne de cerdos modificados genéticamente: https://cnnespanol.cnn.com/video/fda-aprueba-cerdo-modificado-geneticamente-ana-maria-luengo-cafe-cnn/

23En diciembre de 2020 el gobierno de Singapur aprobó el consumo de carne de laboratorio: https://elpais.com/sociedad/2020-12-02/singapur-autoriza-la-venta-de-carne-de-laboratorio-por-primera-vez-en-el-mundo.html

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