1 dic. 2013

Presentación de: Desde la Montaña Grito tu Nombre


El último poemario de Gloria Mendoza Borda, al menos el último que conozco, resulta importante por varias razones. En primer lugar se nota una madurez magistral del oficio desde el primer poema hasta el último; en segundo lugar, ese dominio se plasma dentro del estilo y cosmovisión que siempre ha acompañado a la poetiza. Lo que demuestra que la madurez no la ha llevado por caminos snob ni a la renuncia de las convicciones que le hicieron decidirse por el camino del arte en general y de la poesía en particular.
Se dice que la obra de un autor o autora constituye el universo de su creador, con tantos libros en el haber de Gloria, sin duda estamos ente un universo definido, y no nebuloso, pero al mismo tiempo en expansión, no por la atracción de materia obscura en los bordes de su arte, sino por la fuerza del corazón mismo de su poesía. El elan vital de Gloria sigue siendo el mismo pero al mismo tiempo no lo es, el asunto es dialéctico, poesía que no pierde su esencia, pero que a punta de esfuerzo por volcarse hacia los demás y volcarse sobre sí misma, se desarrolla como un árbol multicolor pero de raíces fuertes y bien dentro de la tierra.
La poesía de Gloria apunta hacia el cielo, pero al mismo tiempo crece bajo la tierra, se enraíza para poder volar más alto. Cumpliendo con el requisito que planteaba Manuel Gonzales Prada para una poesía verdaderamente cosmopolita pero no aculturada.
Por todo lo dicho el título del poemario es exacto y por ello mismo magistral: Desde la Montaña Grito Tu Nombre.
Gloria ha decidido subir a la montaña, contemplar las galaxias, sentir que toca las estrellas, confundirse con los cometas y acariciar los cuerpos celestes; pero ¿todo esto para qué? ¿Para evadirse del suelo, para limpiarse de la tierra, para sacudir sus zapatos del polvo de sus orígenes? No, sino todo lo contrario. Gloria ha subido a la montaña para gritarle a la Vía Láctea el nombre de su nacimiento, de sus orígenes, de su razón de ser y trascender. Gloria sube a las montañas para nutrir la tierra que lleva en sus zapatos con polvo cósmico. Volar para estar cada vez más cerca de la tierra, o, al fin y al cabo, para estar más cerca de nosotros mismos.
Quizá por ello su poemario está lleno de voces quechuas y aymarás, pero y sobre todo está lleno del sentimiento andino y su nostalgia, pero no se trata de un lirismo puro y estéril, sino de un lirismo que comprende que el paisaje no lo es todo en el ande. Que la gente que vive en la serranía no es un elemento más para las postales que les venden a los turistas. Sino que el paisaje, el sentimiento y la nostalgia están llenos de tierra y de humanidad.
Así las montañas y los ríos no son en la poesía de Gloria un decorado de una realidad desprovista de sustancia, sino que son todo lo contrario, son moles y discursos llenos del sufrimiento y la esperanza de las gentes que los habitan. Cuando Gloria dice río, se lee hombre, mujer. Cuando dice montaña se lee opresión, esperanza.
Entonces nuestra autora sube a la montaña a gritar el nombre de quien es finalmente, pero no como una canto lastimero, sino como una forma de sellar una comunión entre la naturaleza y el ser humano; como una forma de reclamo a las estrellas que se presentan esquivas para quienes sufren las penurias de la superficie.
Hay en todo el poemario de Gloria una sensación de que habla del hombre y la mujer que viven en la esquina, pero al mismo tiempo que está hablando del universo. Creo yo ese es el mayor mérito de este libro. Dejar claro que el ser humano es el universo, y que el universo carece de sentido sin el ser humano. Se trata de categorías que se complementan y se nutren y qué mejor que la poesía para explicar algo tan complejo; se requería buena poesía y una buena poeta y eso es lo que encontramos en Desde La Montaña Grito tu Nombre. 
Todo lo dicho demuestra que estamos ante una poeta cuyo dominio magistral del oficio nos hace esperar aún muchas más cosas de su próxima producción.
29 de septiembre de 2013
José Luis Ramos Salinas

2 comentarios:

katatay dijo...

Cuando tuve la oportunidad de leer (Redobles de Kesh)comprendí que se trataba de una poesía de identificación y exaltación natural (panteísta), de abierta crítica social y reivindicación de género (humanista)y de profunda raigambre espiritual como medio de trascendencia (mística). Poesía chamánica como dijera el poeta-brujo Feliciano Mejía... Acertadas palabras poeta José Luis, saludos desde Apurímac. Le invitamos a visitar nuestro blog: www.circuloculturaltodaslassangres.blogspot.com (ahí encontrará algunos poemas suyos que posteamos conchudamente, pero con mucha consideración). Abrazos...

José Luis Ramos Salinas dijo...

La conchudez es algo que admiré desde que me volví fanático de Alf, así que: "no hay problema, no hay problema".