17 feb. 2006

Entrevista a Raúl Zurita

RAÚL ZURITA O LA POESÍA DE LA PASIÓN

Entrevista al Poeta Raúl Zurita

Por: José Luis Ramos Salinas y Lolo Palza Valdivia*

José Ramos: Raúl, háblanos un poco de tu libro “Mi Mejilla es un Cielo Estrellado” (presentado en Arequipa en marzo del 2005), qué relación tiene con tu obra anterior y cuál es la propuesta del mismo.
Este libro es en realidad una especie de resumen de una vida, porque es algo en lo que me he empeñado, es una antología, es un sueño, donde creo que hay un sentido, una unidad, me gustaría creer que es así, en realidad hay gente que diría son 50 años de trabajo, eso no importa, pero son casi 30 de poesía por así decirlo.
J.R.: Leí que a la mayoría de tus libros no le cambiarías ni una coma, sobre todo “Versos Militantes”. ¿Ha sido doloroso seleccionar tus poemas para hacer esta antología?
No la hice yo realmente, la hicieron un poeta mexicano y un profesor que vive en EEUU, y me impresionó, porque como que le dan al libro una continuidad, entonces no fue doloroso, incluso me sorprendí porque sentía que había una unidad mayor de la que yo mismo sentí, yo que siempre quise hacer un sólo libro, creí que lo había en esa antología “Mi Mejilla es un Cielo Estrellado”, sentí que estaba ahí.
J.R.: La firmarías entonces.
¿Si la firmo? La firmaría como algo que es parte de uno, y uno no puede emitir juicio sobre eso, sería como emitir juicio sobre mi oreja, sobre mi pómulo, es como parte de un cuerpo; lo que yo pueda pensar de esa antología, en realidad, no significa absolutamente nada.

Lolo Palza: A propósito del libro “Mi Mejilla es un Cielo Estrellado”, y asumiendo las palabras de Mallarme: la hoja es el reverso de la noche. ¿Qué hay en la otra cara de tu mejilla?
Mallarme vio la página y vio las letras y se dio cuenta que las letras eran como estrellas negras sobre un cielo blanco, esto era el anverso del cielo estrellado, entonces en realidad, “Mi mejilla es un cielo estrellado” es uno de los versos con que termina mi primer libro que se llama “Purgatorio”, es una sola línea: “Mi mejilla es un cielo estrellado”. No sé qué habrá en el revés de una mejilla, pero ojalá que sea como sueños, como caminos, como mundos, como otro cielo.
La imagen de la mejilla, no sé por qué me alucinó particularmente, es una imagen cargada, la famosa mejilla de Cristo, pero es como un cielo.

J.R.: En tu caso, tú has escrito con tu propia mejilla.
Sí, fue en un momento, pero con eso, en realidad comienza un acto de auto agresión solitaria, sin nadie, solo, en un momento muy difícil con Chile, donde el cuerpo de ese país estaba mutilado, estaba quemado, entonces yo me quemé, yo quemé mi mejilla, y ahí comienza el “Purgatorio”.
J.R.: Tu cuerpo como hoja de papel, me parece que en tu poesía hay un intento de llevar el arte a la vida, como que no fueran cosas separadas, sino que de lo que se trata es de juntarlas finalmente.
Claro, lo del arte-vida. Para mí el único sentido es que tal vez finalmente la vida, y la vida de todos, sea una obra de arte, es el único sentido del arte, para mí no tiene otro, en realidad los poemas no son importantes, lo importante es lo que hay entre poema y poema: una obra maestra. Creo que el sueño sobre el cual se cimienta toda poesía, toda creación, es que el cuadro no esté en el cuadro, sino que la vida misma sea la extensión del cuadro, que la existencia sea la cultura, y aprehender de la vida de uno y de la vida de los otros como la única gran obra de arte que merezca ser mirada y contemplada y abrazada, eso es como el sueño final.
El sueño final es que los poemas no sean necesarios, porque cada instante de la vida pasase a ser el más grande de los poemas, la más grande de las sinfonías, pero eso no está allí. Tal vez por eso precariamente escribimos, hacemos música porque no hemos sido felices.
J.R.: Es una afirmación un poco arriesgada, en este momento en que se habla de la muerte de las utopías, ¿se trata finalmente de una utopía estética, artística?
La muerte de la utopía es una frase, una frase que no significa nada, la vida más leve también es una vida utópica; toda vida que es atroz y real es utópica. Se necesita una utopía demasiado inmensa, demasiado infinita para poder levantarse por las mañanas, sin esa utopía nadie se levanta, y una utopía personal íntima, anclada en el fondo de aquello que se llama el corazón humano. Lo que ha muerto, es una forma más de mal entender el mundo, nada más.
J.R.: Con las cosas que has dicho podríamos entender tu poesía como un proyecto político, puesto que la poesía y el arte en general buscan finalmente convertir a la vida misma en poesía.
Si alguien afirmara eso, yo le diría que creo que todo arte es un proyecto político.
J.R.: ¿La poesía para transformar el mundo, entonces?
La poesía no transforma, la poesía no lo hace, los poetas no tenemos poder, los artistas no podemos parar el narcotráfico, no podemos eliminar los ejércitos, no podemos eliminar la mendicidad, la explotación infantil, no tenemos ningún poder, y sin embargo probablemente si la poesía despareciera, el mundo literalmente estallaría en los próximos 5 minutos y digo literalmente, no es una metáfora. Si todos los que escriben y todos los que pintan, dejaran de escribir y dejaran de pintar, la humanidad entera no sobreviviría los cuatro minutos siguientes, estallaría como si hubiera estallado la bomba atómica, es como digo, no hablo de una metáfora, hablo de lo que sucedería.

J.R.:Entonces, ¿la poesía como último refugio de lucha contra la racionalidad clásica de la modernidad?
Es como que los poetas cargaran con sus poemas muertos, hubo una época en la que se repitió mucho el slogan: a los poetas hay que bajarlos del Olimpo, los poetas tienen que bajar de las alturas y yo creo que ya los han bajado demasiado; ahora comienza la hora de empezar a subirlos nuevamente, porque representan esa piedad por cada detalle del mundo, por algo que puede ser tan vasto como la construcción de la Muralla China o tan mínimo y fugaz como el resplandor de la gota del rocío sobre la hoja del árbol del té. Todos los hechos, todos los sucesos, todas las imágenes son parte de esa gran piedad que siguen arrastrando desde tiempo inmemorial y que nosotros llamamos el poema. El poema, la poesía es la piedad por cada detalle del mundo y por lo tanto por la preservación del sueño del mundo y del sueño de la Tierra. La Tierra podría sacudirse de nosotros; probablemente sólo estamos aquí porque formamos parte e interpretamos los sueños de la Tierra; y finalmente los hombres que perseveren en el sueño de la Tierra, probablemente, sean los que sobrevivan.
L.P: Quizá por eso hasta ahora no has escrito del paraíso, sino siempre acercándote a él y todo está cerca o girando alrededor de él, pero nunca llegas a ese punto. ¿Cuándo vamos a llegar a ese paraíso?
Bueno, yo creo que cualquiera que haya tenido una experiencia radical de dolor y de soledad sabe que hay cosas que nunca van a ser alcanzadas por el lenguaje, por las palabras. Tú cuando dices sufro en cierto sentido ya te estás curando y ya estás dejando de sufrir, pero el dolor, el dolor sí es parte del mundo, no tiene palabras. Eso le podríamos llamar el infierno de cualquier lenguaje, el infierno del cualquier literatura, el infierno de cualquier poesía. Análogamente, esa experiencia como de amor absoluto en que tú quieres arrasar, fundirte absolutamente con otro, ese amor para el cual la palabra amor no existe y que tampoco puede ser expresado, eso es lo que podemos llamar el paraíso, el paraíso de cualquier poesía, de cualquier literatura.
El asunto es que a nosotros nos tocó el purgatorio del lenguaje, el purgatorio de las palabras; el paraíso siempre estará fuera del lenguaje.
J.R.: Eso me recuerda una afirmación tuya, ahora que hablabas del dolor, en el sentido de que cada instante es una afirmación de la vida, puesto que el que sufre se tiene que hacer la pregunta si vale la pena seguir viviendo. Tú has afirmado que la mayoría, puesto que son pocos los que se suicidan, siguen diciendo sí a la vida. Pero, yo me pregunto, no será que en verdad no respondan sí a la vida, no será más bien que no hayan escuchado la pregunta, o acaso ni siquiera la hayan entendido por prejuicio religioso o la misma ignorancia en que vivimos. ¿No estás siendo demasiado optimista?
Yo creo que cualquiera que sufra una experiencia real de dolor, mira, escucha el latido de su corazón y el latido de su corazón dice que sí, puede decir no también, entonces no creo ser tan optimista. Creo que todo esto puede derrumbarse. No vale la pena existir a lo mejor, a lo mejor no vale la pena la experiencia del mundo, a veces lo he pensado; existe tanto dolor, tanta locura, existe tanto absurdo, tanta injusticia, digo no sería mejor que estallara todo de una vez, y a veces creo que sería mejor que se acabara todo, no es cierto?
Esto que llamamos el ser humano tiene el oscuro privilegio de haber introducido el odio y la violencia en un cosmos que no conocía. Entonces la historia humana es también la historia de la introducción del odio y la violencia en un universo que no lo contextualizaba, entonces a veces he pensado que qué diablos si todo esto se derrumbara, pero no todas las cosas se derrumban cuando uno quiere, entonces más bien yo apelaría a una intensidad y a una pasión ya sea para que todo se acabase o para que nos abracemos. Yo creo que el infierno como el purgatorio del presente es su absoluta vacuidad, su absoluta carencia de pasión, algún día los automóviles, los BMW, las tarjetas de crédito, los bancos, las cuentas corrientes se van a deshacer como pompas de jabón; y yo creo que estamos al comienzo de un tiempo atroz porque las ciudades son como el desierto, los tipos se buscan y nadie se encuentra con nadie, los tipos van de cama en cama, se encuentran en los bares, hombres, mujeres se acuestan unos con otros y nadie se toca, siguen todos de largo y nadie se encuentra con nadie; tanta gente sola como dice John Lennon; creo que eso va a ser peor, hasta que tal vez quizás cuando hayamos tocado fondo en este asunto, entonces quizás comience algo nuevo. Tal vez a la poesía le corresponde insistir en la construcción del paraíso, insistir en la construcción de ese algo nuevo, aún cuando todas las evidencias que tenemos a mano nos indiquen que ese paraíso y ese algo nuevo es una locura.
J.R.: Hay un deterioro de la palabra, crees?
Más que un deterioro de la palabra es la agonía del lenguaje y esa agonía está registrada, se ve por el lenguaje dominante de esta época. El lenguaje que fija esta época es el lenguaje de la publicidad, “Metro-gas calor humano, calor natural”, donde todo lo que se dice no es lo que se dice, toda afirmación no es lo que se afirma, donde las palabras están totalmente divorciadas de su significado. Pero es una agonía en general, se pasó de las cóncavas naves de Homero, de la aurora de los rosáceos dedos de Homero a “Metro gas, calor humano, calor natural”. Entonces esa es la enfermedad de la lengua, eso es lo que vio Rimbaud, Nietzche, todos esos profetas de lo oscuro por así decirlo, que esta época se venía. No quiero portarme intelectual citando a Nietzche pero se trata sobre todo de la agonía de la palabra; ahora de esa agonía puede emerger, a lo mejor está emergiendo, el nuevo lenguaje.
L.P.: ¿Cómo nosotros sumergidos en las palabras, podríamos encontrar el camino correcto?
Probablemente no estemos en ningún camino correcto, la poesía probablemente sea ese camino. La poesía no la escucha nadie o no la lee nadie, los poetas viven y cargan con sus poemas muertos y viven absolutamente al margen. Para atravesar con esos poemas esta época y emerjan en una nueva orilla, tal vez sí, tal vez no; pero en todo caso no hay soluciones en las típicas publicidades pedagógicas como el aumento de vocabulario, lectura comprensiva, etc..
La voluntad tiene mucho que hacer, lo único que se puede será preservar una lucidez. Yo creo que esa lucidez es tremendamente necesaria, no es seguro que haya otro lado, pero en fin, no podemos hacer otra cosa.
J.R.: No hay el riesgo, no hay poetas, escritores que estén asumiendo el otro papel, o estén tratando de incorporar el otro lenguaje, el publicitario. La poesía no como arte sino como profesión. De cierta manera, en ciertos círculos es más o menos rentable, lo que llamamos la literatura light, por ejemplo.
Gran parte de la literatura forma parte de este fenómeno, de esta agonía del lenguaje, pero eso no tiene que ver con comportamientos individuales, uno puede ser extremadamente light y sin embargo su poesía puede ser extraordinaria. A la poesía no le importan mucho los poetas, a los sonetos de Shakespeare le importaban un bledo la esperanza, los sueños, las ambiciones o los terrores de ese tal Shakespeare; los sonetos de Shakespeare querían ser los sonetos de Shakespeare. No obstante, uno sabe que existe en el presente una gran poesía, si dejara de existir, como lo dije, el mundo se acaba, y a mí no me importan las conductas individuales, me importa la conducta individual en la medida que es la gente. Lo que importan son los poemas y los poemas escogen a través de quien quieren ser escritos, los hombres no escogen a los poemas, los poemas escogen a los hombres.
J.R.: En ese sentido podríamos hablar de tu antología “Cantares” que ha sido tan polémica en Chile, ¿qué de valioso tienen los poemas que recopilaste?
Bueno para mí es la fuerza, la audacia de gran parte de esos poemas; el no resignarse a no sentir de nuevo que la poesía es absolutamente todo, ese sentirse una estrella de rock en un mundo en que nadie lo escucha y eso es de los jóvenes poetas.
La poesía ha sido la expresión más basta y más fuerte de los pueblos latinoamericanos, y en Chile emerge una nueva generación después de un silencio de casi 40 años. Como te digo los encontré fuertes, dispuestos a todo.
L.P.: Los poetas jóvenes cuando empiezan siempre tienen una fuerza, un ímpetu que les da justamente esa juventud, para luego ir madurando en el lenguaje. ¿Con qué nos quedamos, con esa fuerza, esa sinceridad, digámoslo así, que suele tener ciertas falencias en el desarrollo mismo del poema; o nos quedamos con un poeta maduro que ya elabora sus poemas casi perfectamente, pero que ha dejado de tener esa fuerza, ese corazón, esa sinceridad?
Bueno, yo personalmente me quedo, absolutamente, con lo primero. Yo creo que cuando alguien ya se siente seguro, cuando cree que domina el oficio, por así decirlo, lo más probable es que la poesía se haya ido para otra parte.
J.R.: Y en tu experiencia personal, dirías que todavía conservas la fuerza de Purgatorio o los años han traído algunas capitulaciones. ¿Se puede hablar del primer Zurita y el último Zurita?
Yo no puedo ser objetivo sobre mí mismo, lo haría muy mal; pero yo siento que Purgatorio es absolutamente simultáneo, no es un libro de hace 25, 30 años atrás, es absolutamente presente. Al escribir todo se hace presente, todos los que escriben, escriben al mismo tiempo en cierto sentido; entonces me es difícil hablar de un primero, segundo, tercero. En todo caso si alguien me pregunta, yo siento que siempre me siento el tipo que escribió Purgatorio. Esa es la percepción que puedo yo tener sobre mí mismo, pero quién soy yo para hablar de algo como yo mismo. Yo le tengo horror al aburguesamiento mental, pero a lo mejor, qué sabe uno!
J.R.: Tú empezaste a escribir en el momento del Chile roto, el Chile destrozado, la dictadura de Pinochet; pero esto pasó y sin embargo sostienes que el espíritu de Purgatorio es presente, ¿es tanto el desencanto con la democracia?
En mi caso sí ha sido un desencanto; nada de las cosas que alguna vez creí es lo que he visto; nada de lo que pensé y soñé en mi juventud es lo que he visto concretarse, realizarse. Lo que he visto es surgir una sociedad absolutamente insolidaria, inequitativa y totalmente presa y a merced de la dictadura del dinero, que es una dictadura feroz; porque aparentemente es sin tanto dolor, y es cierto porque ahora no desaparece gente y eso es una cosa como infinita, no es un detalle menor. Y entramos a esta otra dictadura, esta dictadura que se llama neoliberalismo, que es una dictadura feroz e implacable, e infinitamente más difícil de combatir porque ya no hay un dictador, no hay un enemigo visible, sino que es un infinito, pequeños enemigos casi invisibles; entonces a esa dictadura que hoy día toma la forma de neoliberalismo, personalmente le tengo mucho miedo; y esa es la nueva dictadura chilena y la nueva dictadura que se está imponiendo en todo el mundo.
J.R.: ¿Sigues admirando a Ricardo Lagos?
Como persona él es un tipo de una gran inteligencia, es un buen estadista; y sin embargo estoy profundamente en desacuerdo en la política en la que se encuentra, estoy en desacuerdo con la política económica, con la visión internacional que tiene Chile. No, me equivoqué, Lagos ha sido un hombre honesto y ha hecho, me imagino, lo que él creyó que tenía que hacer, pero no es lo que yo hubiese querido.
L.P.: Háblenos un poco del proyecto “La letra en que nació la pena”, antología de la poesía peruana que acabas de publicar con el poeta peruano Maurizio Medo.
Una de las cosas maravillosas, alucinantes de la poesía es que permite el encuentro. Y eso fue para mí el encuentro con Maurizio Medo, que es como una encarnación viva de la gran poesía peruana. Entonces trabajar con él esta antología, que en realidad es una especie de fotografía de un momento, fue algo bastante increíble y esplendoroso para mí, como lo fue más conocer su poesía y su fuerza y su locura. Entonces, de tanto en tanto, esos tipos que hacen poemas, a veces nos encontramos y de ese encuentro surgen estas cosas, surge “La letra en que nació la pena”, que es un verso de Vallejo. Quisimos mantener esa especie de dignidad, que es la dignidad del poema, la dignidad de los poetas; creo que esta muestra conjunta, en cierto sentido, es una muestra de la dignidad de la poesía y ha sido muy bello, ha sido un honor para mí trabajar con Medo, conocerlo.
J.R.: Nos ha recordado que el título de la antología es un verso de Vallejo, que es un enorme monumento en la poesía peruana, como lo es Neruda en la poesía chilena. ¿Es difícil trabajar en un medio así o por el contrario favorece a la creación?
Para los resentidos es dificilísimo; si uno tiene confianza, no en uno, sino en la poesía es un gran alivio. Para mí es maravilloso que en la poesía chilena esté Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Rokha o Vicente Huidobro; tremendas figuras. Y eso significa que ya gran parte está hecho y qué bueno, qué alivio; si tú te equivocas no será importante; entonces para mí ha sido una circunstancia fantástica. Y saber que está Vallejo me alegra y al mismo tiempo me hace entender otras cosas: estamos empeñados, y es justo, en que cada uno quiere tener su lugar, y es comprensible y no se puede juzgar a nadie por eso; pero la poesía se tira saltos de 50 años, todos queremos ser reconocidos, todos queremos tener nuestro lugar, ser reconocidos por algo, por una línea; pero la poesía es como el arte del estoicismo, yo siento que la poesía chilena, la antologada en Cantares, se une casi directamente con estos otros; y eso que cada 10 años surge un nuevo grupo poético es en realidad una tontería, es que La Divina Comedia, por ejemplo, fue precedida de una serie de obras bellas, pero significó un salto infinito que nadie podía predecir, luego aparece Petrarca; pero después de ellos en la poesía italiana tuvo que pasar casi 5 siglos para que aparezca un nuevo poeta, un Leopardi, Quasimodo, Ungaretti; entonces esta pretensión de que cada 5 o 10 años es humanamente muy comprensible, porque todos queremos que alguien nos escuche, pero tenemos que entender que el poema es el que habla, que no somos nosotros los que hablamos, sino la poesía, que es una especie del arte del estoicismo. No se saca mucho con forzar el asunto.
Hablábamos de Vallejo, Neruda, a lo mejor pasan 300 años antes de que aparezcan otros, o quizá ya están en este preciso momento, no lo sabemos; pero para aquel que se resiente de su destino estas grandes montañas son terribles, a quien ama la poesía, le parece bien; tu lugar en la historia no importa, todos nuestros nombres serán borrados finalmente.
J.R.: Tú has sido bastante crítico con el siglo XX y sus 70 millones de muertos en sus dos guerras mundiales. Carlos Fuentes ha escrito que teme que el siglo XXI será mucho más cruel e impune, porque reflexionando en torno Irak advertía que esta vez el agresor no tenía contendor. ¿Qué piensas al respecto?
Partido tremendo. Esta potencia unilateral que se autodesigna policía del mundo, por qué, porque la fuerza puede ser el único argumento, pero es así. Desgraciadamente no estoy muy distante de lo que piensa Fuentes.
J.R.: Sin embargo, Bush le escribe poemas a su esposa, o Bush quiere creer que le escribe poemas, o mejor, su esposa quiere creer que Bush le escribe poemas... (risas) ¿cómo se explica esta contradicción?
Habría que preguntárselo a los psicólogos.
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