17 feb. 2006

El Arequipazo

REFLEXIONES SOBRE LA “GESTA DE AREQUIPA”, 2 AÑOS DESPUÉS*

Por: José Luis Ramos Salinas

Dos años después de ocurrido el levantamiento general de la población arequipeña para oponerse a la privatización de la empresa generadora de energía eléctrica EGASA, nos proponemos hacer algunas reflexiones que no tienen la virtud de la inmediatez, pero tampoco los defectos inherentes de hacerlo con la “cabeza caliente”. Es cierto que de cerca se ven cosas que no se ven de lejos, pero es cierto también, que de lejos se ven cosas que no se ven de cerca.
Estando a dos años de distancia queremos concentrarnos en esas cosas que se ven mejor de lejos, ya antes hemos escrito sobre las de cerca (La Voz del Pueblo es la Voz de... Dios sabe quién, Sociales N. 2003).

EL CACHETE Y LA MANO
Cuando se cumplió el primer aniversario de los sucesos de junio de 2002, la Universidad Nacional de San Agustín organizó un conversatorio en el que participaron varios profesores que se ocuparon del fenómeno y también algunos de los protagonistas, vale decir los dirigentes del Frente Amplio Cívico de Arequipa, FACA. Precisamente, uno de ellos en su alocución manifestó que Arequipa al impedir la privatización de EGASA le había dado una cachetada al FMI y al modelo neoliberal que propugna. Probablemente esto sea cierto, probablemente, incluso, esta cachetada haya sido sonora; pero es innegable que la mejilla fondomonetarista ni siquiera se sonrojó y a Arequipa se le pudo haber caído la mano.
Todos los estudios serios apuntan a que la privatización de EGASA es inevitable por la descapitalización de esta, pues aunque aún no arroja pérdidas, sus ganancias no son lo suficientemente altas para su necesaria reconversión tecnológica y la consiguiente disminución de los costos de producción. Esto resulta especialmente grave en un sistema interconectado como el nuestro donde la energía eléctrica puede ser comprada de otros proveedores sin mayor dificultad. En otras palabras, nuestra empresa generadora de energía eléctrica va camino al colapso, a menos que el Estado decida salvarla con una fuerte inversión; pero esto, como sabemos, es poco probable por la precariedad económica del país y por el modelo económico que seguimos y que hasta ahora no ha sido seriamente cuestionado por ningún grupo político con posibilidades de ser gobierno en el futuro cercano.
La cacheteada, lamentablemente, fue de ahogado.

LAS FALSAS DISYUNTIVAS
Privatizar o no privatizar, fue la disyuntiva que los medios de comunicación locales -sobre todo los radiales que fueron en la práctica los que lideraron la revuelta- convirtieron en un maniqueísmo sagrado que rápidamente perdió incluso todo atisbo conceptual y se convirtió en “toledista o no toledista”. El que estaba a favor de la privatización era toledista y por tanto condenable y el que no, era salvo y digno de elogio. La verdad es que hasta ahora no sé que es exactamente ser toledista, pero es relativamente fácil descubrir que ni Toledo lo es, sencillamente porque el toledismo (entendido como doctrina política o ideológica impulsada por Toledo) no existe.
“El que no salta es un dictador” es una arenga pegajosa, efectiva y simpática, que puede ser cambiada por “el que no salta es un toledista”, sin que pierda sus virtudes. Pero estamos en el terreno de las arengas y lo que cabía con el asunto de EGASA no era una competencia de estribillos, sino un análisis serio, un debate académico y político que ponga en autos a la población para que pueda decidir con conocimiento de causa y luego crear las arengas que le venga en gana. Pero esto no se hizo, nos saltamos la reflexión y de frente nos fuimos a las arengas, a la frase fácil y hasta al insulto. De un lado y del otro.
El gobierno creyendo que la población no tendría el coraje de protestar ante el engaño de Toledo que prometió en campaña no privatizar EGASA, y apostando por la política de hechos consumados. Y la población que respondió con la misma moneda.
Así, la lucha entre el gobierno y la población se centró en la disyuntiva: privatizar o no privatizar, cuando esta disyuntiva es absolutamente falsa, pues en medio caben muchas opciones: cuándo privatizar, hasta cuándo, cómo, en qué condiciones, por qué, etc. Fueron las preguntas que debieron hacerse, pero el gobierno se las saltó con garrocha seguro de vencer en la confrontación de fuerzas; ante esto y la falta de una oposición política que evitara el salto, a la población no le quedó más que luchar en la colchoneta.
Así se perdió una magnífica oportunidad de poner en debate no si privatizar o no privatizar, sino en qué casos privatizar, con qué condiciones, bajo qué parámetros, etc. Si esto se hubiera hecho, el programa privatizador, no el de EGASA, sino el nacional, hubiera quedado marcado para siempre. Pero ahora debemos confiar en que las fuerzas antiprivatizadoras no decaigan y eso, desgraciadamente, sucederá tarde o temprano. Es muy difícil que lo que ocurrió en junio del 2002 vuelva a ocurrir en el corto o en el mediano plazo. Los resultados no estuvieron a la altura de los esfuerzos de la población y eso desanima.

LA ÉLITE Y LA MASA
La lucha la hacen las masas, qué duda cabe, pero las élites las dirigen; y esto fue clarísimo en el llamado “Arequipazo”. Pero además, quedó evidente la casi absoluta incapacidad de liderazgo de nuestras élites.
Las élites gobernantes demostraron una obtusidad impresionante para calcular la respuesta de la población y para salir rápido del problema antes de que creciera a los niveles que creció. Al final, tuvieron que pasar de la pose arrogante al perdón público con la consecuente caída del ministro del Interior, y el agravamiento de la pérdida de popularidad de Toledo que actualmente amenaza con traerse abajo al gobierno.
La élite que dirigió la protesta no fue menos mala. Los dirigentes del FACA, quienes desde un inicio organizaron la protesta contra la privatización, en realidad no representaban a nadie. Tanto así que la población cuando se sumó masivamente a la protesta tuvo que buscar “otro líder”, papel que ocupó Juan Manuel Guillén, pero sólo en el imaginario colectivo y en las noticias de los medios de comunicación, sobre todo limeños, porque en la práctica, el entonces alcalde, no lideró en el estricto sentido de la palabra. Un líder dirige y representa, y Juan Manuel Guillén, no dirigió, porque constantemente la población desoyó sus llamados y las principales acciones como el cacerolazo no partieron de él; y tampoco representó, porque mientras la población pedía la cancelación de todo lo actuado en torno a la privatización de EGASA, Guillén solicitaba una consulta popular. El líder y los liderados estaban en luchas distintas y eso prueba que tal liderazgo no era más que una ficción, pero absolutamente necesario para evitar la carnicería en la que pudo devenir un movimiento de tales magnitudes si quedaba totalmente desbocado.
Con Guillén estuvieron un buen número de alcaldes distritales, siendo su participación tan patética como cínica. La mayoría de esos alcaldes, incluido el interlocutor escogido: Simón Balvuena fueron fujimoristas hasta la médula, es decir fueron privatizadores a ultranza y defensores de una dictadura mafiosa y ahora se presentaban como antiprivatizadores y demócratas. Pero la población tuvo que tragarse semejante transformismo porque no había más de donde escoger. Una lástima que tan impresionante movilización de la población no haya tenidos líderes a su altura.
Más tarde los dirigentes del FACA se acomodarían en varias listas para postular en las elecciones municipales y regionales, pero ninguno obtuvo una votación significativa con lo que se confirma mi hipótesis, de que la población nunca vio en ellos a verdaderos líderes. De hecho, Luis Saraya y compañía nunca estuvieron interesados en que la población entienda con claridad que es lo que estaba en juego, lo que a ellos les interesaba era desestabilizar al gobierno, es decir, se movieron en una visión cortoplacista marcada por sus intereses particulares. Hay que reconocer, que en este tema, Juan Manuel Guillén en cada intervención suya trató de hacer pedagogía política, pero lamentablemente los ánimos ya estaban demasiado caldeados para entrar en razones. Porque lo que en verdad estaba en juego, era la esencia misma de la democracia representativa, convertida en delegativa por éste y los anteriores gobiernos. Si hacia ese punto se dirigía la protesta, esta hubiera podido constituirse en una verdadera revolución.
Estos factores que aludimos explican el terrible desconocimiento con el que actuó la población, (Ver: La Voz del Pueblo es la Voz de... Dios sabe quién, Sociales N. 2003) movida en realidad por estados de ánimo de frustración de los que la privatización de EGASA apenas era la gota que renvalsó el vaso. La unidad de la población fue posible, precisamente por eso, en realidad cada quien luchaba por sus propias convicciones. Por ello, cuando el gobierno dio marcha atrás la única manifestación posible de júbilo fue el himno de Arequipa, el carnaval; que aluden a cuestiones culturales absolutamente neutras desde el punto de vista ideológico y político.

LAS DELICIOSAS MENTIRAS
Los pueblos y las naciones construyen su historia, no sólo como sujetos de la misma; sino como redactores de ella. Y muchas veces el discurso se aleja de los hechos concretos por razones políticas, pues es necesario que la historia nos una bajo una bandera, a tal punto, que hasta seamos capaces de morir y matar por ella.
Con la Gesta de Arequipa está sucediendo algo parecido, los discursos que en torno a ella se construyen procuran eliminar los aspectos negativos de ella, (algunos de los cuales aquí hemos reseñado) y vestirla de una pureza celestial, que sin quererlo, le quita lo que tuvo de sudor y de grito.
Crear héroes donde no los hubo, convertir en líderes a quienes no lo fueron y rendir homenaje a los oportunistas que no faltaron, le hace un flaco favor a la lucha que encarnó la población arequipeña. El mejor homenaje para tan impresionante protesta, no puede ser otro que la verdad.

* Publicado en junio de 2004 en la revista virtual Espergesia

5 comentarios:

Martín Zúñiga dijo...

http://lagavia.blogspot.com
abrazo-.

Jimmy dijo...

muy interesante el articulo, me gusto y me servio de mucho ..gracia¡¡¡

Jimmy dijo...

muy interesante

Pablo dijo...

Que buena noticia que un profesional de la calidad de Jose Luis Ramos tenga una serie de blogs.

Los leere frecuentemente.

Saludos profesor Ramos.

Pablo A. Quintanilla.

Septimo Circulo dijo...

Muchas gracias por los comentarios, pero la verdad que los intelectuales, además de escribir "buenos" artículos acerca del llamado Arequipazo, no hicimos nada o muy poco, cuando las papas quemaban; quizá, tomar apuntes. ¡Lenin, ten piedad de nosotros!