17 feb. 2006

El Arequipazo

REFLEXIONES SOBRE LA “GESTA DE AREQUIPA”, 2 AÑOS DESPUÉS*

Por: José Luis Ramos Salinas

Dos años después de ocurrido el levantamiento general de la población arequipeña para oponerse a la privatización de la empresa generadora de energía eléctrica EGASA, nos proponemos hacer algunas reflexiones que no tienen la virtud de la inmediatez, pero tampoco los defectos inherentes de hacerlo con la “cabeza caliente”. Es cierto que de cerca se ven cosas que no se ven de lejos, pero es cierto también, que de lejos se ven cosas que no se ven de cerca.
Estando a dos años de distancia queremos concentrarnos en esas cosas que se ven mejor de lejos, ya antes hemos escrito sobre las de cerca (La Voz del Pueblo es la Voz de... Dios sabe quién, Sociales N. 2003).

EL CACHETE Y LA MANO
Cuando se cumplió el primer aniversario de los sucesos de junio de 2002, la Universidad Nacional de San Agustín organizó un conversatorio en el que participaron varios profesores que se ocuparon del fenómeno y también algunos de los protagonistas, vale decir los dirigentes del Frente Amplio Cívico de Arequipa, FACA. Precisamente, uno de ellos en su alocución manifestó que Arequipa al impedir la privatización de EGASA le había dado una cachetada al FMI y al modelo neoliberal que propugna. Probablemente esto sea cierto, probablemente, incluso, esta cachetada haya sido sonora; pero es innegable que la mejilla fondomonetarista ni siquiera se sonrojó y a Arequipa se le pudo haber caído la mano.
Todos los estudios serios apuntan a que la privatización de EGASA es inevitable por la descapitalización de esta, pues aunque aún no arroja pérdidas, sus ganancias no son lo suficientemente altas para su necesaria reconversión tecnológica y la consiguiente disminución de los costos de producción. Esto resulta especialmente grave en un sistema interconectado como el nuestro donde la energía eléctrica puede ser comprada de otros proveedores sin mayor dificultad. En otras palabras, nuestra empresa generadora de energía eléctrica va camino al colapso, a menos que el Estado decida salvarla con una fuerte inversión; pero esto, como sabemos, es poco probable por la precariedad económica del país y por el modelo económico que seguimos y que hasta ahora no ha sido seriamente cuestionado por ningún grupo político con posibilidades de ser gobierno en el futuro cercano.
La cacheteada, lamentablemente, fue de ahogado.

LAS FALSAS DISYUNTIVAS
Privatizar o no privatizar, fue la disyuntiva que los medios de comunicación locales -sobre todo los radiales que fueron en la práctica los que lideraron la revuelta- convirtieron en un maniqueísmo sagrado que rápidamente perdió incluso todo atisbo conceptual y se convirtió en “toledista o no toledista”. El que estaba a favor de la privatización era toledista y por tanto condenable y el que no, era salvo y digno de elogio. La verdad es que hasta ahora no sé que es exactamente ser toledista, pero es relativamente fácil descubrir que ni Toledo lo es, sencillamente porque el toledismo (entendido como doctrina política o ideológica impulsada por Toledo) no existe.
“El que no salta es un dictador” es una arenga pegajosa, efectiva y simpática, que puede ser cambiada por “el que no salta es un toledista”, sin que pierda sus virtudes. Pero estamos en el terreno de las arengas y lo que cabía con el asunto de EGASA no era una competencia de estribillos, sino un análisis serio, un debate académico y político que ponga en autos a la población para que pueda decidir con conocimiento de causa y luego crear las arengas que le venga en gana. Pero esto no se hizo, nos saltamos la reflexión y de frente nos fuimos a las arengas, a la frase fácil y hasta al insulto. De un lado y del otro.
El gobierno creyendo que la población no tendría el coraje de protestar ante el engaño de Toledo que prometió en campaña no privatizar EGASA, y apostando por la política de hechos consumados. Y la población que respondió con la misma moneda.
Así, la lucha entre el gobierno y la población se centró en la disyuntiva: privatizar o no privatizar, cuando esta disyuntiva es absolutamente falsa, pues en medio caben muchas opciones: cuándo privatizar, hasta cuándo, cómo, en qué condiciones, por qué, etc. Fueron las preguntas que debieron hacerse, pero el gobierno se las saltó con garrocha seguro de vencer en la confrontación de fuerzas; ante esto y la falta de una oposición política que evitara el salto, a la población no le quedó más que luchar en la colchoneta.
Así se perdió una magnífica oportunidad de poner en debate no si privatizar o no privatizar, sino en qué casos privatizar, con qué condiciones, bajo qué parámetros, etc. Si esto se hubiera hecho, el programa privatizador, no el de EGASA, sino el nacional, hubiera quedado marcado para siempre. Pero ahora debemos confiar en que las fuerzas antiprivatizadoras no decaigan y eso, desgraciadamente, sucederá tarde o temprano. Es muy difícil que lo que ocurrió en junio del 2002 vuelva a ocurrir en el corto o en el mediano plazo. Los resultados no estuvieron a la altura de los esfuerzos de la población y eso desanima.

LA ÉLITE Y LA MASA
La lucha la hacen las masas, qué duda cabe, pero las élites las dirigen; y esto fue clarísimo en el llamado “Arequipazo”. Pero además, quedó evidente la casi absoluta incapacidad de liderazgo de nuestras élites.
Las élites gobernantes demostraron una obtusidad impresionante para calcular la respuesta de la población y para salir rápido del problema antes de que creciera a los niveles que creció. Al final, tuvieron que pasar de la pose arrogante al perdón público con la consecuente caída del ministro del Interior, y el agravamiento de la pérdida de popularidad de Toledo que actualmente amenaza con traerse abajo al gobierno.
La élite que dirigió la protesta no fue menos mala. Los dirigentes del FACA, quienes desde un inicio organizaron la protesta contra la privatización, en realidad no representaban a nadie. Tanto así que la población cuando se sumó masivamente a la protesta tuvo que buscar “otro líder”, papel que ocupó Juan Manuel Guillén, pero sólo en el imaginario colectivo y en las noticias de los medios de comunicación, sobre todo limeños, porque en la práctica, el entonces alcalde, no lideró en el estricto sentido de la palabra. Un líder dirige y representa, y Juan Manuel Guillén, no dirigió, porque constantemente la población desoyó sus llamados y las principales acciones como el cacerolazo no partieron de él; y tampoco representó, porque mientras la población pedía la cancelación de todo lo actuado en torno a la privatización de EGASA, Guillén solicitaba una consulta popular. El líder y los liderados estaban en luchas distintas y eso prueba que tal liderazgo no era más que una ficción, pero absolutamente necesario para evitar la carnicería en la que pudo devenir un movimiento de tales magnitudes si quedaba totalmente desbocado.
Con Guillén estuvieron un buen número de alcaldes distritales, siendo su participación tan patética como cínica. La mayoría de esos alcaldes, incluido el interlocutor escogido: Simón Balvuena fueron fujimoristas hasta la médula, es decir fueron privatizadores a ultranza y defensores de una dictadura mafiosa y ahora se presentaban como antiprivatizadores y demócratas. Pero la población tuvo que tragarse semejante transformismo porque no había más de donde escoger. Una lástima que tan impresionante movilización de la población no haya tenidos líderes a su altura.
Más tarde los dirigentes del FACA se acomodarían en varias listas para postular en las elecciones municipales y regionales, pero ninguno obtuvo una votación significativa con lo que se confirma mi hipótesis, de que la población nunca vio en ellos a verdaderos líderes. De hecho, Luis Saraya y compañía nunca estuvieron interesados en que la población entienda con claridad que es lo que estaba en juego, lo que a ellos les interesaba era desestabilizar al gobierno, es decir, se movieron en una visión cortoplacista marcada por sus intereses particulares. Hay que reconocer, que en este tema, Juan Manuel Guillén en cada intervención suya trató de hacer pedagogía política, pero lamentablemente los ánimos ya estaban demasiado caldeados para entrar en razones. Porque lo que en verdad estaba en juego, era la esencia misma de la democracia representativa, convertida en delegativa por éste y los anteriores gobiernos. Si hacia ese punto se dirigía la protesta, esta hubiera podido constituirse en una verdadera revolución.
Estos factores que aludimos explican el terrible desconocimiento con el que actuó la población, (Ver: La Voz del Pueblo es la Voz de... Dios sabe quién, Sociales N. 2003) movida en realidad por estados de ánimo de frustración de los que la privatización de EGASA apenas era la gota que renvalsó el vaso. La unidad de la población fue posible, precisamente por eso, en realidad cada quien luchaba por sus propias convicciones. Por ello, cuando el gobierno dio marcha atrás la única manifestación posible de júbilo fue el himno de Arequipa, el carnaval; que aluden a cuestiones culturales absolutamente neutras desde el punto de vista ideológico y político.

LAS DELICIOSAS MENTIRAS
Los pueblos y las naciones construyen su historia, no sólo como sujetos de la misma; sino como redactores de ella. Y muchas veces el discurso se aleja de los hechos concretos por razones políticas, pues es necesario que la historia nos una bajo una bandera, a tal punto, que hasta seamos capaces de morir y matar por ella.
Con la Gesta de Arequipa está sucediendo algo parecido, los discursos que en torno a ella se construyen procuran eliminar los aspectos negativos de ella, (algunos de los cuales aquí hemos reseñado) y vestirla de una pureza celestial, que sin quererlo, le quita lo que tuvo de sudor y de grito.
Crear héroes donde no los hubo, convertir en líderes a quienes no lo fueron y rendir homenaje a los oportunistas que no faltaron, le hace un flaco favor a la lucha que encarnó la población arequipeña. El mejor homenaje para tan impresionante protesta, no puede ser otro que la verdad.

* Publicado en junio de 2004 en la revista virtual Espergesia

Entrevista a Raúl Zurita

RAÚL ZURITA O LA POESÍA DE LA PASIÓN

Entrevista al Poeta Raúl Zurita

Por: José Luis Ramos Salinas y Lolo Palza Valdivia*

José Ramos: Raúl, háblanos un poco de tu libro “Mi Mejilla es un Cielo Estrellado” (presentado en Arequipa en marzo del 2005), qué relación tiene con tu obra anterior y cuál es la propuesta del mismo.
Este libro es en realidad una especie de resumen de una vida, porque es algo en lo que me he empeñado, es una antología, es un sueño, donde creo que hay un sentido, una unidad, me gustaría creer que es así, en realidad hay gente que diría son 50 años de trabajo, eso no importa, pero son casi 30 de poesía por así decirlo.
J.R.: Leí que a la mayoría de tus libros no le cambiarías ni una coma, sobre todo “Versos Militantes”. ¿Ha sido doloroso seleccionar tus poemas para hacer esta antología?
No la hice yo realmente, la hicieron un poeta mexicano y un profesor que vive en EEUU, y me impresionó, porque como que le dan al libro una continuidad, entonces no fue doloroso, incluso me sorprendí porque sentía que había una unidad mayor de la que yo mismo sentí, yo que siempre quise hacer un sólo libro, creí que lo había en esa antología “Mi Mejilla es un Cielo Estrellado”, sentí que estaba ahí.
J.R.: La firmarías entonces.
¿Si la firmo? La firmaría como algo que es parte de uno, y uno no puede emitir juicio sobre eso, sería como emitir juicio sobre mi oreja, sobre mi pómulo, es como parte de un cuerpo; lo que yo pueda pensar de esa antología, en realidad, no significa absolutamente nada.

Lolo Palza: A propósito del libro “Mi Mejilla es un Cielo Estrellado”, y asumiendo las palabras de Mallarme: la hoja es el reverso de la noche. ¿Qué hay en la otra cara de tu mejilla?
Mallarme vio la página y vio las letras y se dio cuenta que las letras eran como estrellas negras sobre un cielo blanco, esto era el anverso del cielo estrellado, entonces en realidad, “Mi mejilla es un cielo estrellado” es uno de los versos con que termina mi primer libro que se llama “Purgatorio”, es una sola línea: “Mi mejilla es un cielo estrellado”. No sé qué habrá en el revés de una mejilla, pero ojalá que sea como sueños, como caminos, como mundos, como otro cielo.
La imagen de la mejilla, no sé por qué me alucinó particularmente, es una imagen cargada, la famosa mejilla de Cristo, pero es como un cielo.

J.R.: En tu caso, tú has escrito con tu propia mejilla.
Sí, fue en un momento, pero con eso, en realidad comienza un acto de auto agresión solitaria, sin nadie, solo, en un momento muy difícil con Chile, donde el cuerpo de ese país estaba mutilado, estaba quemado, entonces yo me quemé, yo quemé mi mejilla, y ahí comienza el “Purgatorio”.
J.R.: Tu cuerpo como hoja de papel, me parece que en tu poesía hay un intento de llevar el arte a la vida, como que no fueran cosas separadas, sino que de lo que se trata es de juntarlas finalmente.
Claro, lo del arte-vida. Para mí el único sentido es que tal vez finalmente la vida, y la vida de todos, sea una obra de arte, es el único sentido del arte, para mí no tiene otro, en realidad los poemas no son importantes, lo importante es lo que hay entre poema y poema: una obra maestra. Creo que el sueño sobre el cual se cimienta toda poesía, toda creación, es que el cuadro no esté en el cuadro, sino que la vida misma sea la extensión del cuadro, que la existencia sea la cultura, y aprehender de la vida de uno y de la vida de los otros como la única gran obra de arte que merezca ser mirada y contemplada y abrazada, eso es como el sueño final.
El sueño final es que los poemas no sean necesarios, porque cada instante de la vida pasase a ser el más grande de los poemas, la más grande de las sinfonías, pero eso no está allí. Tal vez por eso precariamente escribimos, hacemos música porque no hemos sido felices.
J.R.: Es una afirmación un poco arriesgada, en este momento en que se habla de la muerte de las utopías, ¿se trata finalmente de una utopía estética, artística?
La muerte de la utopía es una frase, una frase que no significa nada, la vida más leve también es una vida utópica; toda vida que es atroz y real es utópica. Se necesita una utopía demasiado inmensa, demasiado infinita para poder levantarse por las mañanas, sin esa utopía nadie se levanta, y una utopía personal íntima, anclada en el fondo de aquello que se llama el corazón humano. Lo que ha muerto, es una forma más de mal entender el mundo, nada más.
J.R.: Con las cosas que has dicho podríamos entender tu poesía como un proyecto político, puesto que la poesía y el arte en general buscan finalmente convertir a la vida misma en poesía.
Si alguien afirmara eso, yo le diría que creo que todo arte es un proyecto político.
J.R.: ¿La poesía para transformar el mundo, entonces?
La poesía no transforma, la poesía no lo hace, los poetas no tenemos poder, los artistas no podemos parar el narcotráfico, no podemos eliminar los ejércitos, no podemos eliminar la mendicidad, la explotación infantil, no tenemos ningún poder, y sin embargo probablemente si la poesía despareciera, el mundo literalmente estallaría en los próximos 5 minutos y digo literalmente, no es una metáfora. Si todos los que escriben y todos los que pintan, dejaran de escribir y dejaran de pintar, la humanidad entera no sobreviviría los cuatro minutos siguientes, estallaría como si hubiera estallado la bomba atómica, es como digo, no hablo de una metáfora, hablo de lo que sucedería.

J.R.:Entonces, ¿la poesía como último refugio de lucha contra la racionalidad clásica de la modernidad?
Es como que los poetas cargaran con sus poemas muertos, hubo una época en la que se repitió mucho el slogan: a los poetas hay que bajarlos del Olimpo, los poetas tienen que bajar de las alturas y yo creo que ya los han bajado demasiado; ahora comienza la hora de empezar a subirlos nuevamente, porque representan esa piedad por cada detalle del mundo, por algo que puede ser tan vasto como la construcción de la Muralla China o tan mínimo y fugaz como el resplandor de la gota del rocío sobre la hoja del árbol del té. Todos los hechos, todos los sucesos, todas las imágenes son parte de esa gran piedad que siguen arrastrando desde tiempo inmemorial y que nosotros llamamos el poema. El poema, la poesía es la piedad por cada detalle del mundo y por lo tanto por la preservación del sueño del mundo y del sueño de la Tierra. La Tierra podría sacudirse de nosotros; probablemente sólo estamos aquí porque formamos parte e interpretamos los sueños de la Tierra; y finalmente los hombres que perseveren en el sueño de la Tierra, probablemente, sean los que sobrevivan.
L.P: Quizá por eso hasta ahora no has escrito del paraíso, sino siempre acercándote a él y todo está cerca o girando alrededor de él, pero nunca llegas a ese punto. ¿Cuándo vamos a llegar a ese paraíso?
Bueno, yo creo que cualquiera que haya tenido una experiencia radical de dolor y de soledad sabe que hay cosas que nunca van a ser alcanzadas por el lenguaje, por las palabras. Tú cuando dices sufro en cierto sentido ya te estás curando y ya estás dejando de sufrir, pero el dolor, el dolor sí es parte del mundo, no tiene palabras. Eso le podríamos llamar el infierno de cualquier lenguaje, el infierno del cualquier literatura, el infierno de cualquier poesía. Análogamente, esa experiencia como de amor absoluto en que tú quieres arrasar, fundirte absolutamente con otro, ese amor para el cual la palabra amor no existe y que tampoco puede ser expresado, eso es lo que podemos llamar el paraíso, el paraíso de cualquier poesía, de cualquier literatura.
El asunto es que a nosotros nos tocó el purgatorio del lenguaje, el purgatorio de las palabras; el paraíso siempre estará fuera del lenguaje.
J.R.: Eso me recuerda una afirmación tuya, ahora que hablabas del dolor, en el sentido de que cada instante es una afirmación de la vida, puesto que el que sufre se tiene que hacer la pregunta si vale la pena seguir viviendo. Tú has afirmado que la mayoría, puesto que son pocos los que se suicidan, siguen diciendo sí a la vida. Pero, yo me pregunto, no será que en verdad no respondan sí a la vida, no será más bien que no hayan escuchado la pregunta, o acaso ni siquiera la hayan entendido por prejuicio religioso o la misma ignorancia en que vivimos. ¿No estás siendo demasiado optimista?
Yo creo que cualquiera que sufra una experiencia real de dolor, mira, escucha el latido de su corazón y el latido de su corazón dice que sí, puede decir no también, entonces no creo ser tan optimista. Creo que todo esto puede derrumbarse. No vale la pena existir a lo mejor, a lo mejor no vale la pena la experiencia del mundo, a veces lo he pensado; existe tanto dolor, tanta locura, existe tanto absurdo, tanta injusticia, digo no sería mejor que estallara todo de una vez, y a veces creo que sería mejor que se acabara todo, no es cierto?
Esto que llamamos el ser humano tiene el oscuro privilegio de haber introducido el odio y la violencia en un cosmos que no conocía. Entonces la historia humana es también la historia de la introducción del odio y la violencia en un universo que no lo contextualizaba, entonces a veces he pensado que qué diablos si todo esto se derrumbara, pero no todas las cosas se derrumban cuando uno quiere, entonces más bien yo apelaría a una intensidad y a una pasión ya sea para que todo se acabase o para que nos abracemos. Yo creo que el infierno como el purgatorio del presente es su absoluta vacuidad, su absoluta carencia de pasión, algún día los automóviles, los BMW, las tarjetas de crédito, los bancos, las cuentas corrientes se van a deshacer como pompas de jabón; y yo creo que estamos al comienzo de un tiempo atroz porque las ciudades son como el desierto, los tipos se buscan y nadie se encuentra con nadie, los tipos van de cama en cama, se encuentran en los bares, hombres, mujeres se acuestan unos con otros y nadie se toca, siguen todos de largo y nadie se encuentra con nadie; tanta gente sola como dice John Lennon; creo que eso va a ser peor, hasta que tal vez quizás cuando hayamos tocado fondo en este asunto, entonces quizás comience algo nuevo. Tal vez a la poesía le corresponde insistir en la construcción del paraíso, insistir en la construcción de ese algo nuevo, aún cuando todas las evidencias que tenemos a mano nos indiquen que ese paraíso y ese algo nuevo es una locura.
J.R.: Hay un deterioro de la palabra, crees?
Más que un deterioro de la palabra es la agonía del lenguaje y esa agonía está registrada, se ve por el lenguaje dominante de esta época. El lenguaje que fija esta época es el lenguaje de la publicidad, “Metro-gas calor humano, calor natural”, donde todo lo que se dice no es lo que se dice, toda afirmación no es lo que se afirma, donde las palabras están totalmente divorciadas de su significado. Pero es una agonía en general, se pasó de las cóncavas naves de Homero, de la aurora de los rosáceos dedos de Homero a “Metro gas, calor humano, calor natural”. Entonces esa es la enfermedad de la lengua, eso es lo que vio Rimbaud, Nietzche, todos esos profetas de lo oscuro por así decirlo, que esta época se venía. No quiero portarme intelectual citando a Nietzche pero se trata sobre todo de la agonía de la palabra; ahora de esa agonía puede emerger, a lo mejor está emergiendo, el nuevo lenguaje.
L.P.: ¿Cómo nosotros sumergidos en las palabras, podríamos encontrar el camino correcto?
Probablemente no estemos en ningún camino correcto, la poesía probablemente sea ese camino. La poesía no la escucha nadie o no la lee nadie, los poetas viven y cargan con sus poemas muertos y viven absolutamente al margen. Para atravesar con esos poemas esta época y emerjan en una nueva orilla, tal vez sí, tal vez no; pero en todo caso no hay soluciones en las típicas publicidades pedagógicas como el aumento de vocabulario, lectura comprensiva, etc..
La voluntad tiene mucho que hacer, lo único que se puede será preservar una lucidez. Yo creo que esa lucidez es tremendamente necesaria, no es seguro que haya otro lado, pero en fin, no podemos hacer otra cosa.
J.R.: No hay el riesgo, no hay poetas, escritores que estén asumiendo el otro papel, o estén tratando de incorporar el otro lenguaje, el publicitario. La poesía no como arte sino como profesión. De cierta manera, en ciertos círculos es más o menos rentable, lo que llamamos la literatura light, por ejemplo.
Gran parte de la literatura forma parte de este fenómeno, de esta agonía del lenguaje, pero eso no tiene que ver con comportamientos individuales, uno puede ser extremadamente light y sin embargo su poesía puede ser extraordinaria. A la poesía no le importan mucho los poetas, a los sonetos de Shakespeare le importaban un bledo la esperanza, los sueños, las ambiciones o los terrores de ese tal Shakespeare; los sonetos de Shakespeare querían ser los sonetos de Shakespeare. No obstante, uno sabe que existe en el presente una gran poesía, si dejara de existir, como lo dije, el mundo se acaba, y a mí no me importan las conductas individuales, me importa la conducta individual en la medida que es la gente. Lo que importan son los poemas y los poemas escogen a través de quien quieren ser escritos, los hombres no escogen a los poemas, los poemas escogen a los hombres.
J.R.: En ese sentido podríamos hablar de tu antología “Cantares” que ha sido tan polémica en Chile, ¿qué de valioso tienen los poemas que recopilaste?
Bueno para mí es la fuerza, la audacia de gran parte de esos poemas; el no resignarse a no sentir de nuevo que la poesía es absolutamente todo, ese sentirse una estrella de rock en un mundo en que nadie lo escucha y eso es de los jóvenes poetas.
La poesía ha sido la expresión más basta y más fuerte de los pueblos latinoamericanos, y en Chile emerge una nueva generación después de un silencio de casi 40 años. Como te digo los encontré fuertes, dispuestos a todo.
L.P.: Los poetas jóvenes cuando empiezan siempre tienen una fuerza, un ímpetu que les da justamente esa juventud, para luego ir madurando en el lenguaje. ¿Con qué nos quedamos, con esa fuerza, esa sinceridad, digámoslo así, que suele tener ciertas falencias en el desarrollo mismo del poema; o nos quedamos con un poeta maduro que ya elabora sus poemas casi perfectamente, pero que ha dejado de tener esa fuerza, ese corazón, esa sinceridad?
Bueno, yo personalmente me quedo, absolutamente, con lo primero. Yo creo que cuando alguien ya se siente seguro, cuando cree que domina el oficio, por así decirlo, lo más probable es que la poesía se haya ido para otra parte.
J.R.: Y en tu experiencia personal, dirías que todavía conservas la fuerza de Purgatorio o los años han traído algunas capitulaciones. ¿Se puede hablar del primer Zurita y el último Zurita?
Yo no puedo ser objetivo sobre mí mismo, lo haría muy mal; pero yo siento que Purgatorio es absolutamente simultáneo, no es un libro de hace 25, 30 años atrás, es absolutamente presente. Al escribir todo se hace presente, todos los que escriben, escriben al mismo tiempo en cierto sentido; entonces me es difícil hablar de un primero, segundo, tercero. En todo caso si alguien me pregunta, yo siento que siempre me siento el tipo que escribió Purgatorio. Esa es la percepción que puedo yo tener sobre mí mismo, pero quién soy yo para hablar de algo como yo mismo. Yo le tengo horror al aburguesamiento mental, pero a lo mejor, qué sabe uno!
J.R.: Tú empezaste a escribir en el momento del Chile roto, el Chile destrozado, la dictadura de Pinochet; pero esto pasó y sin embargo sostienes que el espíritu de Purgatorio es presente, ¿es tanto el desencanto con la democracia?
En mi caso sí ha sido un desencanto; nada de las cosas que alguna vez creí es lo que he visto; nada de lo que pensé y soñé en mi juventud es lo que he visto concretarse, realizarse. Lo que he visto es surgir una sociedad absolutamente insolidaria, inequitativa y totalmente presa y a merced de la dictadura del dinero, que es una dictadura feroz; porque aparentemente es sin tanto dolor, y es cierto porque ahora no desaparece gente y eso es una cosa como infinita, no es un detalle menor. Y entramos a esta otra dictadura, esta dictadura que se llama neoliberalismo, que es una dictadura feroz e implacable, e infinitamente más difícil de combatir porque ya no hay un dictador, no hay un enemigo visible, sino que es un infinito, pequeños enemigos casi invisibles; entonces a esa dictadura que hoy día toma la forma de neoliberalismo, personalmente le tengo mucho miedo; y esa es la nueva dictadura chilena y la nueva dictadura que se está imponiendo en todo el mundo.
J.R.: ¿Sigues admirando a Ricardo Lagos?
Como persona él es un tipo de una gran inteligencia, es un buen estadista; y sin embargo estoy profundamente en desacuerdo en la política en la que se encuentra, estoy en desacuerdo con la política económica, con la visión internacional que tiene Chile. No, me equivoqué, Lagos ha sido un hombre honesto y ha hecho, me imagino, lo que él creyó que tenía que hacer, pero no es lo que yo hubiese querido.
L.P.: Háblenos un poco del proyecto “La letra en que nació la pena”, antología de la poesía peruana que acabas de publicar con el poeta peruano Maurizio Medo.
Una de las cosas maravillosas, alucinantes de la poesía es que permite el encuentro. Y eso fue para mí el encuentro con Maurizio Medo, que es como una encarnación viva de la gran poesía peruana. Entonces trabajar con él esta antología, que en realidad es una especie de fotografía de un momento, fue algo bastante increíble y esplendoroso para mí, como lo fue más conocer su poesía y su fuerza y su locura. Entonces, de tanto en tanto, esos tipos que hacen poemas, a veces nos encontramos y de ese encuentro surgen estas cosas, surge “La letra en que nació la pena”, que es un verso de Vallejo. Quisimos mantener esa especie de dignidad, que es la dignidad del poema, la dignidad de los poetas; creo que esta muestra conjunta, en cierto sentido, es una muestra de la dignidad de la poesía y ha sido muy bello, ha sido un honor para mí trabajar con Medo, conocerlo.
J.R.: Nos ha recordado que el título de la antología es un verso de Vallejo, que es un enorme monumento en la poesía peruana, como lo es Neruda en la poesía chilena. ¿Es difícil trabajar en un medio así o por el contrario favorece a la creación?
Para los resentidos es dificilísimo; si uno tiene confianza, no en uno, sino en la poesía es un gran alivio. Para mí es maravilloso que en la poesía chilena esté Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Rokha o Vicente Huidobro; tremendas figuras. Y eso significa que ya gran parte está hecho y qué bueno, qué alivio; si tú te equivocas no será importante; entonces para mí ha sido una circunstancia fantástica. Y saber que está Vallejo me alegra y al mismo tiempo me hace entender otras cosas: estamos empeñados, y es justo, en que cada uno quiere tener su lugar, y es comprensible y no se puede juzgar a nadie por eso; pero la poesía se tira saltos de 50 años, todos queremos ser reconocidos, todos queremos tener nuestro lugar, ser reconocidos por algo, por una línea; pero la poesía es como el arte del estoicismo, yo siento que la poesía chilena, la antologada en Cantares, se une casi directamente con estos otros; y eso que cada 10 años surge un nuevo grupo poético es en realidad una tontería, es que La Divina Comedia, por ejemplo, fue precedida de una serie de obras bellas, pero significó un salto infinito que nadie podía predecir, luego aparece Petrarca; pero después de ellos en la poesía italiana tuvo que pasar casi 5 siglos para que aparezca un nuevo poeta, un Leopardi, Quasimodo, Ungaretti; entonces esta pretensión de que cada 5 o 10 años es humanamente muy comprensible, porque todos queremos que alguien nos escuche, pero tenemos que entender que el poema es el que habla, que no somos nosotros los que hablamos, sino la poesía, que es una especie del arte del estoicismo. No se saca mucho con forzar el asunto.
Hablábamos de Vallejo, Neruda, a lo mejor pasan 300 años antes de que aparezcan otros, o quizá ya están en este preciso momento, no lo sabemos; pero para aquel que se resiente de su destino estas grandes montañas son terribles, a quien ama la poesía, le parece bien; tu lugar en la historia no importa, todos nuestros nombres serán borrados finalmente.
J.R.: Tú has sido bastante crítico con el siglo XX y sus 70 millones de muertos en sus dos guerras mundiales. Carlos Fuentes ha escrito que teme que el siglo XXI será mucho más cruel e impune, porque reflexionando en torno Irak advertía que esta vez el agresor no tenía contendor. ¿Qué piensas al respecto?
Partido tremendo. Esta potencia unilateral que se autodesigna policía del mundo, por qué, porque la fuerza puede ser el único argumento, pero es así. Desgraciadamente no estoy muy distante de lo que piensa Fuentes.
J.R.: Sin embargo, Bush le escribe poemas a su esposa, o Bush quiere creer que le escribe poemas, o mejor, su esposa quiere creer que Bush le escribe poemas... (risas) ¿cómo se explica esta contradicción?
Habría que preguntárselo a los psicólogos.
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*ramosdesal@yahoo.com - lolopalza@hotmail.com
Publicada en http://www.unsa.edu.pe/publicaciones/espergesia/

13 feb. 2006

La Horda Bronceada

LA HORDA BRONCEADA

Por José Luis Ramos Salinas

Mollendo es un pequeño balneario, ubicado en el departamento de Arequipa, al sur del Perú. Febrero es por estos lares el mes central del verano y por tanto es por estas fechas cuando esta localidad litoral recibe la mayor cantidad de visitantes. Este verano me incluí yo, y lo que vi me provocó el siguiente artículo, que espero lean mis alumnos del curso “Teorías Sociales del Turismo”, de la Universidad Nacional de San Agustín.
Uno de los días que duró mi estadía tuve que ubicarme a la entrada de lo que se conoce como la Primera Playa, la de mayor afluencia por ser la más cercana a la zona urbana, desde donde se puede llegar a pie en 10 minutos. Habiéndome posicionado de un pedazo de playa desde las primeras horas de la mañana me tocó presenciar el ingreso de las masas de bañistas que llegaban armados de sombrillas, piscinas inflables, perezosas, refrigerios, lociones contra el sol, pelotas, raquetas y otros adminículos; por supuesto los hay también de los que llegan solo provistos de sus toallas, después de todo, el avituallamiento de todo lo que pudiera faltar está disponible con tan sólo pedirlo, en un sistema de atención delivery verdaderamente impresionante.
Semejante visión de miles de personas invadiendo la playa, no pudo menos que recordarme la visión que de los turistas tuvieron Turner y Ash en su libro “La Horda Dorada”, sólo que ésta era bronceada no más; porque Mollendo está muy lejos de ser una playa exclusiva.

CEVICHE EN BOLSA Y SOPA EN BOTELLÓN

En el mar la vida es más sabrosa y por ello tal vez a los bañistas se les abre el apetito desmesuradamente. Felizmente, para ellos, si algo sobra en Mollendo es la comida. Desde las primeras horas de la mañana un ejército de vendedores ambulantes transitan incansablemente entre los bañistas ofreciendo buñuelos por S/ 1,00 (un dólar americano equivale a 3,3 Nuevos Soles), pizzas de S/. 1,50, chicharrón en bolsa, choclo con queso, rocoto relleno, empanadas, papa rellena, y por supuesto golosinas y los infaltables helados. Como si fuera poco, no menos numerosos mozos de restaurantes improvisados, por decir lo menos (no cuentan con agua corriente), ubicados al lado de la costanera, con carta del menú en mano van de sombrilla en sombrilla ofreciendo diversidad de platos en base a pescado y mariscos, donde el menos costoso no baja de los S/. 14,00; para las familias de menor presupuesto se ofrece un menú económico que consta casi siempre de sopa de pollo caliente (!) y tallarín con carne, todo esto a la suma módica de S/ 5,00.
Claro que, como ya dijimos, algunos se van previstos de ollas repletas de comida, bolsas rebosantes de fruta, y refresco a discreción, no teniendo que comprar nada. Pero en cualquiera de los casos la cantidad de desperdicios producida es inmensa. Como nadie, o casi nadie, va provisto de una bolsa de deshechos, y los basureros están ubicados demasiado alejados para esta gente que a lo que ha venido es a descansar; entonces procede a enterrarlos bajo 2 centímetros de arena o si no le importa el que dirán entonces los dejará allí no más, pensando en el hambre de los pobres cangrejos muertos de miedo por el insoportable ruido de los parlantes que una compañía cervecera ha instalado para que vomiten los ruidos de moda, música para los oídos de los bañistas de moda.
Es cierto que todas las madrugadas un contingente de trabajadores del municipio con escobas y rastrillos en mano intenta recoger todos los desperdicios, pero la noche anterior la marea ya se encargó de llevarse una buena cantidad de los mismos que volverá a poner sobre la arena conforme transcurra el día.
A los bañistas no les preocupa contaminar la playa, porque están ahí por un par de días, así que los estragos producidos no serán sufridos por ellos, sino por los contaminadores que visitarán Mollendo en los días siguientes; quienes “gozarán” de una playa llena de mazorcas, chapas de gaseosas y cervezas, bolsas de plástico, restos de fruta, huesos de pollo, y por qué no, un pañal descartable improvisando de bandera en medio del basural. Pero no por ello se indignarán sino que pondrán su granito de arena porque “por qué me voy a fregar yo no más”.
En estas condiciones entrar al mar es lidiar con malaguas de plástico, tiburones con afilados dientes en forma de plato descartable, anguilas hechas de envolturas de golosinas, los infaltables peces cáscara de plátano, y los peces manzana, (quedando sólo por extrañar un buen pez espada); a lo que hay que añadirle los tibios orines que forman una suerte de mini corriente del Niño; porque los baños públicos cuestan y porque, otra vez, quedan muy lejos para esta gente que ha venido a descansar. La piscina de Mollendo cuenta con detectores de orina, pero los funcionarios municipales no han encontrado la solución tecnológica para hacer lo mismo en el mar, sino nos bañaríamos en un azul tan intenso que sería la envidia del Caribe.

EMPLEOS DE PROPINA

Dicen que el turismo genera empleo, y esa es una verdad innegable; el problema es que nunca nos dicen qué tipo de empleo. Mollendo en verano se convierte en una gigantesca bolsa de trabajo a la que acuden no sólo los mollendinos, sino gente de zonas aledañas y a veces no tan aledañas. Pero los empleos a los que acceden son en muchos sentidos deplorables -aunque los que nunca hayan tenido un trabajo indigno digan que no hay trabajo indigno-; se trata de empleos de ninguna calificación como los que provistos de dos baldes llenan las piscinas que llevan o alquilan los veraneantes, los mozos que llevan la comida hasta las sombrillas, los vendedores ambulantes, los que alquilan sombrillas y perezosas, los que venden cerveza y gaseosas, los heladeros, repartidores de volantes y muchos otros por el estilo que trabajan por propinas o sueldos bajísimos sin seguro social, fondo de pensiones, vacaciones, jornadas laborales reguladas, ni ningún derecho. En el caso de los que vienen de otros lares, a veces con familia incluida, son alojados por sus empleadores en cuartuchos hacinados que harían palidecer a Charles Dickens. Se trata pues de subempleos temporales que alguna riqueza producirán, pero que sin duda no será para los bolsillos de esta gente que atiende a esos que han venido a descansar.

ESTA PLAYA ES MÍA

Pero Mollendo no es sólo su primera y popular playa, hay varias otras; una de ellas lleva el nombre de Albatros; frente a la cual sobre un cerro se han construido hermosas y lujosas casas de playa para envidia de los locales; desde las que sus propietarios o inquilinos bajan por unas gradas hasta su pedazo de playa. El “su” hay que tenerlo en cuenta, pues según los “albatracios” (gentilicio de los que viven en Albatros y no saben quien en Charles Boudelaire) hay unos 100 metros cuadrados de playa que son de su propiedad, y para que quede bien claro, su personal de seguridad coloca cada mañana una cinta que delimita la zona exclusiva y le pone un pare a la chusma que pese a que ha venido a descansar suele darse una caminadita hasta esa playa.
La división es puramente simbólica, pues la cinta no limita el mar y allí calatos y mojados los albatracios son unos más del montón; además la mentada cinta está sobre la arena, y a menudo despistados bañistas y ambulantes la cruzan topándose con la nata social de estas playas no diseñadas para verdaderas natas sociales; pero en fin, despistados los hay en todos los estratos.

DISCOTECA, SALSA, PERREO Y ZONA VIP

Las discotecas en Mollendo las hay para todos los gustos, desde las que se pretenden naif como Rotman´s y Mahui, hasta aquellas en las que hay que ir acompañado al baño si uno no quiere terminar asaltado. Sin embargo, la música que se toca en todas, no tiene mayor variación, imponiéndose la salsa y el llamado perreo (reguetón); como si la música hubiera logrado lo que no pudo el marxismo: la desaparición de las clases sociales.
Pero tanta belleza no es verdad, porque una cosa es bailar “La Gasolina” en el Mahui y otra bailar “La Gasolina” en un hueco cualquiera. Y si a algún socialista utópico le quedan dudas, hay que decirle que incluso dentro del Mahui, hay dos zonas, habiendo sido bautizada una de ellas como “VIP”; a la que sólo se puede acceder pagando un adicional que nos da derecho a un brazalete que dice que somos Vip y no buuuh; con lo que se confirma la creencia gitana de que la vida se puede leer en las manos. Lo curioso es que los de la tal zona Vip toma los mismos tragos que los no vip, y deben ocupar también los mismos baños y la misma pista de baile; con la única diferencia que entre canción y canción, se suben a una terraza a la que sólo los elegidos tienen acceso para resolver sus problemas de identidad y decirse mutuamente como el Correcaminos: vip vip vip.

CÁRCEL DE MUJERES Y STRIPPERS

El turismo de la triple “s”: sun, sea y sex que tanto caracterizó a las playas de todo el planeta, no parece haberse instalado, al menos este año, en ese lejano rincón del mundo llamado Mollendo, pues salvo los que llegan emparejados, al resto sólo le queda la resignación o la prostitución; Mollendo cuenta con un prostíbulo legal y un sistema de damas de compañía, cuya función en muchos casos se reduce simplemente a incentivar el consumo de cerveza en los bares para los que trabajan.
Los amores de verano parecen haber pasado de moda por la prédica anti-sida, por los sermones del conservadurismo católico tan fuerte hoy en día en Arequipa, o quién sabe por qué.
Pero las estrategias publicitarias, no por ello dejan de explotar la variable sexo (tan variable últimamente). Así la discoteca Mahui promociona la denominada “Cárcel de Mujeres”, que consiste en que las chicas hasta las 12:30 de la noche de los viernes pueden consumir toda la cerveza que quieran sin tener que pagar por ella; a esa hora “los hombres entran al ataque”. El gancho es perfecto, salvo que cuando ingresan los animados cazadores descubren que las chicas o son abstemias o se cuidan de no embriagarse, así que el ataque que padecerán no será cardiaco sino hepático.
Además, el ligue con desconocidos y desconocidas ya no resulta tan atractivo como años antes, porque en los tiempos actuales desconocido y peligroso son sinónimos, habiéndose registrado asaltos, violaciones y hasta asesinatos debidamente difundidos por la prensa arequipeña que nos obligan a pensar dos veces antes de compartir un trago con alguien a quien no conocemos debidamente.
Por su parte el Rotman´s se ha decidido por los strippers a fin de atraer al público femenino, desconozco con qué suerte; pero se ve que el gancho sexual empieza a ser efectivo también para atraer a las mujeres; sino vean el spot de la telenovela “Tormenta”, cuyo “fuerte” es que Christian Meier aparecerá semi desnudo.
Pero que esto no nos haga pensar en una igualdad de género (aunque sea hacia lo negativo) porque los carnavales en Mollendo se caracterizan por pandillas de adolescentes varones atacando con alevosía y ventaja a sus pares femeninas a bombazos de agua, en un juego que demuestra sin ambages, junto con todo lo dicho anteriormente, que el mundo sigue siendo salvaje y que los cavernícolas varones se mantienen en el poder, con o sin sombrilla.

13 de febreo del 2006