11 mar. 2014

LA PRIMERA DAMA Y EL VAGABUNDO*

Por José Luis Ramos Salinas

Luego de los últimos cambios en el gabinete tras la renuncia del Premier César Villanueva se ha profundizado el debate en torno al papel que juega la primera dama dentro de la conducción del gobierno, al punto que un obscuro congresista fujimorista de apellido Becerril ha pedido la vacancia de Ollanta Humala por dejar que sea su esposa quien gobierne al país.
La figura de primera dama no tiene un sustento justificable en una democracia real, pues el cargo no implica responsabilidades políticas asumidas por elección o por designación, sino simplemente por el vínculo matrimonial que existe con quien ha sido elegido presidente, y se supone que nadie se casa para ser primera dama, sino por razones sentimentales que no tienen por qué derivar luego en algún ejercicio de poder.
La mentalidad conservadora, que ve en la familia nuclear un valor social fundamental, es lo único que sostiene la idea de que la esposa del presidente es una especie de súper mamá del país que debe atender a los más necesitados. Por ello, suelen ocuparse de algunos de los programas sociales de los gobiernos de turno; así Violeta Correa de Belaúnde, apoyó la creación de lo que entonces se llamaban cocinas populares y centros comunales; Pilar Nores de García, presidió la Fundación por los Niños del Perú, e impulsó los clubes de madres; Susana Higuchi ocupó un puesto similar hasta que fue reemplazada por su hija Keiko que a las responsabilidades mencionadas añadió la de la Fundación Peruana Cardioinfantil. Quizá la excepción fue Eliane Karp, ya que además de presidir la asistencial Comisión Nacional de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, tuvo un permanente protagonismo político y una actitud confrontacional para con los críticos del gobierno de su esposo. Pero es Nadine Heredia quien se distingue claramente de sus antecesoras, pues es evidente que su opinión pesa mucho en las más altas jerarquías del gobierno de Ollanta Humala, hasta el punto que no son pocos quienes afirman que es ella quien realmente conduce al país.
La pregunta es: ¿Es por su condición de esposa de Ollanta que Heredia tiene tanto poder? En mi opinión, la respuesta es no. Si bien es innegable que su vínculo matrimonial tiene un peso, no hay que olvidar que Nadine ha tenido siempre un primerísimo papel en los proyectos políticos que ha encabezado su esposo, con el Partido Nacionalista primero y ahora con la alianza Gana Perú. En otras palabras, ella es una alta dirigente del partido en el poder. Si eso es así, ¿puede ser censurable su injerencia en el gobierno? Absolutamente no. Imaginemos que Jorge del Castillo alguna vez es presidente, ¿podría criticarse a Alan García por influir en las decisiones de éste? Por supuesto que no.
Pero la situación no es tan simple, porque las cosas serían como las acabo de explicar si las elecciones fueran una competencia entre partidos que proponen diversos proyectos políticos basados en una ideología determinada. Lamentablemente, no es así. Las elecciones son una competencia entre personas que prometen un conjunto de cosas y que a través de una estrategia de marketing se hacen con el apoyo de la ciudadanía. Entonces, quien ganó el proceso electoral presidencial pasado no fue el proyecto político del Partido Nacionalista, sino la persona de Ollanta Humala. Si es él quien ganó y no su partido, entonces tiene que verse como antidemocrático que cualquier otra persona sin mandato popular pueda influir de forma determinante en las acciones del gobierno. En otras palabras, lo que las críticas a Nadine Heredia demuestran, no es una injerencia indebida de la mal llamada primera dama, sino la crisis del sistema político que deriva en una democracia precaria en la que es muy fácil que terminen gobernando quienes no ganaron las elecciones. En el caso que comentamos no es tan grave, porque al fin y al cabo, Ollanta y Heredia representan al mismo proyecto político; pero en el segundo gobierno de García, por ejemplo, terminaron de ministros quienes perdieron las elecciones, como Ántero Flores, que pertenecía a quien el líder aprista llamó la opción de los ricos y que fue finalmente derrotada en las urnas. ¿Para qué votamos si finalmente se aplica el plan de gobierno de los que pierden?, podríamos decir lamentándonos de nuestra frágil institucionalidad democrática.
Pero regresemos a Nadine a quien las encuestas le otorgan el doble de aceptación que a su esposo. Es evidente sus ganas de meterse en política, que no son de hace tres años, y es evidente también que tiene dotes para esos menesteres; por lo que lo más saludable sería que se deshaga del mote de primera dama y se declare como lo que es, presidenta del Partido Nacionalista Peruano, que es quien lidera la alianza política actualmente en el poder. Así, sería evidente que una posible candidatura suya se debería no a su condición de esposa de Ollanta sino a su trayectoria política dentro del partido que fundó. Y si ganara, le exigiríamos, por supuesto, que no tuviera un primer damo y que mantuviera a raya una posible intromisión de su esposo, quien podría dedicarse a vagar por el mundo dando conferencias, oficio muy común y bien remunerado de los expresidentes de países del tercer mundo.

* Artículo leído a través de Radio Yaraví el 6 de marzo de 2014


2 comentarios:

isabel alvarado dijo...

Pero pensé que Nadine no podía postular por la "Ley Susana" y... ¿el mismo partido Nacionalista puede ser reelecto consecutivamente?

Jose Lucas Zegarra Granda dijo...

nadine talvez desde un principio se colgo del cachaquito humala, no apoyando a la postura que esta teniendo nadine claro, pero, a falta de pantalones en el gobierno, lo que nos queda es una flada y que falda.