16 nov. 2015

Elecciones sin candidatos en la Unsa*

                                                                     Por José Luis Ramos Salinas 

Luego de meses de estar paralizada, la Asamblea Estatutaria, en un solo día, cambió algunos artículos del borrador del Estatuto, sin que hasta la fecha sepamos cuáles ni en qué  sentido, a no ser por las declaraciones a la prensa de algunos de sus miembros, tanto docentes como estudiantes.
Ese mismo día también se estableció un cronograma electoral para elegir rector, vicerrectores y decanos con una premura insostenible, que denunciamos en esta misma columna la semana pasada, y que solo duró unos días, pues la misma Asamblea se vio obligada a rectificarse fijando las elecciones para rector para el próximo 9 de diciembre en lugar de la última semana de este mes. En nuestra opinión, este nuevo cronograma sigue siendo poco o nada favorable a un proceso que debe tener un profundo carácter democrático, ya que por primera vez se elegirán a las autoridades universitarias con voto universal y secreto.
Quedan 21 días para las elecciones y ni siquiera sabemos quiénes son los candidatos. Salvo por la agrupación Saberes que postula al médico José Luis Picoaga, ninguna de las otras que competirán (PUA, Idear, Acción Agustina) han hecho pública la plancha que proponen, y Saberes, por cierto, tampoco ha hecho saber a la comunidad universitaria cuáles son sus candidatos a vicerrector académico y de investigación, ya que el vicerrectorado administrativo no ha sido considerado en la nueva ley universitaria.
Si hasta la fecha no tenemos candidatos, nos preguntamos cuándo se harán conocer las propuestas académicas y de gestión, y con qué tiempo se podrán programar debates o por lo menos foros en los que se analicen las mismas desde diversos ángulos, para promover un voto consciente por parte de los más de mil 500 docentes y cerca de 25 mil estudiantes que tienen la responsabilidad de elegir a quienes dirigirán los destinos de la Unsa por los próximos cinco años.
Recién el viernes se eligió el Comité Electoral, y creo, por lo acabado de explicar, que su primera acción debiera ser modificar el cronograma electoral postergando la elección por lo menos dos semanas y así asegurar que esta competencia sea de ideas y propuestas con un carácter académico y profundamente universitario, y no de marketing electoral, entendido en su peor acepción.
Por ello, creo que resulta encomiable que el Proyecto Universitario Agustino, conocido como PUA, haya establecido que sus candidatos a rector y vicerrectores  se elegirán en elecciones internas. Más interesante resulta todavía, que en estas elecciones primarias compitan planchas y no personas, y que se haga bajo la modalidad del voto secreto para cada uno de los docentes que desee participar de las mismas. Claro que siempre hay formas de arruinar estos impulsos democráticos: una excesiva rigidez a la hora de establecer el padrón electoral, o una modificación de las reglas de juego en el último momento, que deje en manos de la dirigencia la conformación de la plancha definitiva. Esperemos que nada de esto ocurra.
Pero otra vez tenemos que advertir que cronogramas como el establecido, atentan contra iniciativas democráticas como la señalada líneas arriba, y que debiera ser imitada por las otras organizaciones en competencia, pero que tienen en el escaso tiempo que queda, un argumento de peso para que la designación sea finalmente a dedo.
Y es que estás elecciones en la Unsa no sólo deben servir para elegir nuevas autoridades, sino para institucionalizar prácticas y procesos democráticos, que deben fortalecerse año a año, elección tras elección, y por ello debo concluir, otra vez criticando a la Asamblea Estatutaria que estableció un sistema electoral para la conformación del Consejo Universitario y la Asamblea Universitaria, que favorece a las mayorías, pues solo obtendrán representación las dos listas con mayor votación, sin tener en cuenta proporcionalidad de votación (se hará en base a porcentajes del 75 y 25%), ni el nacimiento de nuevas corrientes de opinión. El mismo sistema que utiliza Estados Unidos para asegurarse, que salvo los partidos Demócrata y Republicano, nadie tenga representación en el Congreso. Más sano nos parece el sistema peruano, que con la famosa cifra repartidora, permite que las minorías también estén representadas.

*Publicado en mi columna Letra Menuda en el diario Noticias del 16 de noviembre de 2015, Arequipa, Perú.


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