31 oct. 2016

La huelga y la ley universitarias*

                                       Por José Luis Ramos Salinas 

Durante el gobierno de Ollanta, no sin una fuerte oposición política, se aprobó una nueva ley universitaria, que entre sus principales novedades, está la obligación  de las universidades, de contar con recursos humanos e infraestructura, que garanticen la calidad académica; y además se crea la entidad supervisora Sunedu, a través de la cual el Ministerio de Educación tiene injerencia en las universidades. En verdad, esto es un grave riesgo para la esencia universitaria; para entenderlo, solo imaginen lo que hubiera pasado si Keiko hubiera ganado. Al respecto he escrito más de un artículo.
Cuando se dio la ley, la mayoría de universidades a través de sus rectores se declaró en contra de la misma, debido a que en su opinión la creación de la Sunedu implicaba el fin de la autonomía universitaria. Pero, el Tribunal Constitucional falló que la nueva ley no viola la Constitución. Por su parte, la Federación de Docentes Universitarios, Fendup, se declaró a favor de la nueva ley; lo que motivó que quienes no estuvieran de acuerdo, crearan una Fendup paralela. Al final esto solo sirvió para debilitar al sindicato porque la nueva ley se impuso.
Pero los resultados de las últimas elecciones, han vuelto a poner en peligro a la ley. Y es que el fujimorismo y el Apra, siempre se opusieron a la misma, y hoy tienen el control del Congreso. Su discurso es el de la autonomía universitaria, pero es evidente que sus verdaderas intenciones son otras.
En la dictadura de Fujimori se impulsó la creación de universidades privadas, que más que centros de formación superior, funcionan como negocios tremendamente lucrativos pese a su pésima calidad. De otro lado, el Apra logró convertir a algunas universidades en sus feudos particulares. La nueva ley no termina con estas situaciones, pero las pone en peligro, y eso es demasiado para los grupos políticos aludidos. Por lo que primero pensaron en eliminar a la Sunedu, pero ahora quieren controlarla, lo que sería peor.
En medio de esto, los docentes universitarios convocan a una huelga indefinida. Los reclamos son porque no hay financiamiento para lograr la calidad académica que la ley exige; algo que también los rectores están pidiendo. Por ejemplo, a los docentes universitarios, a quienes se les exige cada vez más, tanto en requisitos como en producción, se les asignan sueldos por debajo de S/ 800,00 cuando empiezan su carrera docente; y para pasar a una categoría superior, otra vez las exigencias son altas, y el posible sueldo, por debajo de quienes también trabajan en el Estado, y no se les pide ni estudios universitarios concluidos. Injusto, por donde se le mire.
El gobierno, confunde adrede, la posición del aprofujimorismo con la de los docentes, a quienes ni les da una cita para dialogar, con la excusa de que se oponen a la ley, cuando se trata de un pedido del cumplimiento de la ley universitaria, que en uno de sus artículos establece sueldos muy distintos que los que actualmente se pagan.
De otro lado, no pocos, ven a las protestas como perjudiciales a los estudiantes. No se dan cuenta, que si el gobierno insiste en disminuir los presupuestos de las universidades y subir las exigencias de infraestructura y recursos humanos, lo que va a ocurrir es que se elevarán las tasas que pagan los estudiantes y se crearán otras. Pero quizá lo peor, será que la universidad se quedará sin suficientes docentes, pues por esos sueldos no habrá interesados; y entonces los cursos se quedarán sin dictar o no se dictarán como debieran porque lo hará un docente con una carga excesiva, o se recurrirá a reducir drásticamente el número de vacantes con lo que se atentaría contra el derecho a la educación.
Pese a todo, los docentes universitarios, tenemos la obligación moral, de no ver al aprofujimorismo como un aliado táctico del momento, sino dejar en claro que, mientras ellos quieren garantizar sus negocios y sus feudos, a costa de la calidad educativa, nosotros queremos una Universidad que ayude a construir un país mejor.

*Una versión resumida de este artículo se publicó en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, del 31 de octubre de 2016



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