22 oct. 2016

La vaca no se acuerda cuando fue tránsfuga*

                                       Por José Luis Ramos Salinas 

El Congreso con los votos del fujimorismo aprobó una curiosa ley contra el transfuguismo; que condena al ostracismo a quienes decidan abandonar la agrupación política por la que fueron elegidos. Y es que no podrán integrarse a ninguna otra bancada, ni formar una nueva; es decir, se convertirán en parias, y quedarían fuera de toda posibilidad de integrar cualquier comisión, ya que la conformación de éstas, se negocian entre las distintas agrupaciones políticas. En otras palabras, estarán de adorno en el Parlamento, aunque sus votos seguirán contando cuando el pleno deba expresarse.
Esta ley fue el resultado de la renuncia al fujimorismo de la congresista Yeni Vilcatoma; la que hubiera podido ser la primera de varias, y esto había que evitarlo para no correr el riesgo de perder la mayoría absoluta. ¿Pero es que no confía Keiko en la gente que reclutó para integrar la lista de parlamentarios? Claro que no, pues ella los conoce bien; y sabe perfectamente que si se hubiera hecho de la presidencia, sus congresistas hubieran sido como lo fueron las geishas de su padre; pero no habiendo ganado, ¿quién sabe? Tal vez otras ofertas políticas resultaban más tentadoras.
Y es que el fujimorismo no es un partido político, nunca lo ha sido. Por eso pasó de Cambio 90 a Nueva Mayoría; y fue por un tiempo Vamos Vecino, Sí Cumple; después, en su etapa más negra, Perú 2000; para luego convertirse en Alianza Para el Futuro, Fuerza 2011, y finalmente Fuerza Popular. Por eso fue la punta de lanza del neoliberalismo más radical de América Latina y ahora se autodefine como de centro izquierda; y por eso sus líderes, sería mejor llamarlos agentes, cambian cada que hay elecciones; y son reclutados de todas las tiendas ideológicas y partidarias. El fujimorismo es, y siempre ha sido, un grupo de gente con gran olfato para la oportunidad política; y que no conoce más lealtad que a la de sus propios intereses. ¿Puede entonces Keiko confiar en “su” gente? Ella sabe, perfectamente, que no.
Por ello la ley contra el transfuguismo ha añadido un asunto clave: no solo los que renuncian se verán severamente afectados en sus funciones como congresistas, sino también quienes seanexpulsados de sus bancadas. Es decir, que el fujimorismo, ha metido de contrabando en una ley contra el transfuguismo, un mecanismo de disciplina militar al interior de su partido. Ahora, quien no obedezca a Keiko, sin dudas ni murmuraciones, podrá ser expulsado, con las graves consecuencias que hemos explicado.
Pero esta ley podría beneficiar, en el mal sentido de la palabra, a las otras agrupaciones políticas, pues también tendrían que obedecer a los líderes y ni pensar en dejar la bancada. Así que los fujimoristas, pensaron en cómo evitar esto y encontraron una fórmula mágica. Las sanciones al transfuguismo no aplican si se disuelve la alianza política con la que llegaron al parlamento. Así, cruzan los dedos para que el Frente Amplio, se divida formalmente por las fricciones internas, y luego se produzca el desbande de quienes perciben como sus peores enemigos políticos. Esperemos que esto, sea una motivación para que el Frente Amplio siga unido.
Queda claro entonces que esta es una ley fujimorista, por quienes la hicieron, por sus formas, y por sus intenciones. Y pensar que el fujimorismo fue precisamente el rey del transfuguismo, cuando Montesinos compraba parlamentarios al por mayor. Y es que si no tienes mayoría, te pones a hablar del derecho de la libertad política de los congresistas; pero sí la tienes, la vaca se olvida cuando fue una ternera tránsfuga.

* Publicado en el semanario Sin Tapujos, Arequipa, 17 de octubre de 2016

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