27 ene. 2008

Sobre las olas Don Ricardo va


En la vista, el autor del presente artículo junto con Roland Forgues, quien también participó en la "Revisión de las Tradiciones de Ricardo Palma", actividad académica organizada por la Universidad Ricardo Palma en octubre de 2007, Lima, Perú. (Atrás, de pie, el poeta Manuel Pantigoso, organizador del evento; y sentado, el reconocido poeta brasileño Antonio Miranda).


SOBRE LAS OLAS DON RICARDO VA

Una lectura posmoderna de "Las Tradiciones Peruanas"

Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com


Ricardo Palma nace en 1833, el año en que Orbegoso es elegido presidente del Perú, pero sobre todo solo 12 años después de que San Martín declarara la Independencia de nuestro país, fecha en la que, al menos de manera oficial, el Perú deja de ser una colonia y se convierte en una república. O para decirlo en los términos que le convienen a la línea argumentativa de esta disertación: fecha en que el Perú deja la premodernidad y da comienzo a su vida moderna. Es decir, que Ricardo Palma vino al mundo justo cuando la modernidad llega al Perú.
El año de 1919 fallece el autor de las Tradiciones Peruanas. Si nos fijamos bien se trata de una época en que la modernidad va a sufrir una de sus primeras y más severas crisis. La pregonada racionalidad como camino a la felicidad ha derivado en la Primera Guerra Mundial y en una cantidad de muertes nunca antes vista. El Surrealismo coloca a la razón en el centro de sus ataques. En 1915 Einstein propone su teoría de la relatividad jaqueando la física Newtoniana, basada en un espacio y tiempo de clásica concepción moderna. Años antes Planck plantea su teoría de los cuanta, hoy considerada como un muy buen ejemplo de la concepción posmoderna de las ciencias en la óptica de “La estructura de las revoluciones científicas” de Thomas Kuhn.
Resulta entonces que la vida de Ricardo Palma transcurre de cierta forma entre la premodernidad y la posmodernidad.
Y esa es la idea que precisamente queremos plantear, que la obra de Ricardo Palma es una suerte de superposición de épocas, de manera tal que nos permite una visión moderna de la premodernidad, no sin ciertos aires nostálgicos del pasado (actitud típicamente premoderna), pero al mismo tiempo sus textos pueden considerarse dentro de una estructura y hasta estética posmoderna, como espero demostrarlo más adelante.
Sin embargo, es preciso aclarar que la presente ponencia, prescinde casi por completo de la biografía de Ricardo Palma y se centra en sus “Tradiciones Peruanas”. En otras palabras, la tesis que intentamos demostrar es que la originalidad de las creaciones de Palma, permite diversas lecturas, entre ellas la posmoderna, con lo que sus Tradiciones pueden considerarse absolutamente actuales.

DE QUE POSMODERNIDAD ESTAMOS HABLANDO

La posmodernidad se ha convertido en uno de esos conceptos “atrapa todo” que suelen impedir una cabal comprensión entre los interlocutores que lo utilizan. Esto hace preciso fijarle ciertos límites, para que quienes me escuchan, puedan entender sin lugar a equívocos a qué me refiero con una lectura posmoderna de las Tradiciones Peruanas.
Empecemos diciendo que evitaremos el debate entre quienes sostienen que la posmodernidad es la nueva condición de ser de una sociedad distinta a la que nació con la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, y quienes consideran, sobre todo desde el marxismo, que se trata de cambios notables pero que éstos, de ninguna manera constituyen el fin del capitalismo, sino que se trata simplemente de una nueva fase en su desarrollo a la que han bautizado como capitalismo tardío.
Se trate de una nueva sociedad o de la nueva realidad cultural que exige el capitalismo global según la tesis de Žižek, existen un conjunto de características importantes de la nueva realidad, de las que escogeremos algunas para sustentar las ideas que queremos desarrollar aquí.
Quienes sostienen que la posmodernidad alcanza su apogeo en 1989, 1990 con la caída del Muro de Berlín y la irrupción de Internet, le prestan especial atención a los cambios producidos en la vida social por las gigantescas potencialidades de las nuevas tecnologías, en especial las denominadas Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, y a partir de allí definen la nueva realidad.
Por eso, sociólogos como Manuel Castells han bautizado a la nueva sociedad como “Sociedad Red”, precisamente en alusión a la Internet.
Así podríamos resumir las características de la posmodernidad en los siguientes tópicos: la actividad económica, el espacio, el tiempo y el sujeto social. Para nuestros objetivos, la primera carece de importancia, por lo que nos limitaremos a explicar las otras tres y su relación con la obra de Ricardo Palma.

EL ESPACIO DE FLUJOS

En la sociedad posmoderna el denominado espacio lugar entra en crisis, siendo reemplazado por lo que Castells llama el espacio de flujos. Resumiendo la propuesta del sociólogo español, diremos que: ha perdido importancia la ubicación física de las personas, puesto que no necesitamos conocerla para establecer nexos comunicativos con ellas. Lo mismo pasa con las cosas, se las puede utilizar independientemente de donde estén ubicadas. Se trata entonces de una nueva configuración del espacio en la que lo fundamental son las conexiones que se establecen entre diferentes entidades, o mejor, la posibilidad de conectarse con ellas. En otras palabras, el lugar ha sido reemplazado por el flujo. De tal manera que uno no está en un lugar propiamente dicho, sino en un “no lugar” para usar la frase de Marc Augé.
Sabido es que la literatura mediante la ficción narrativa construye lugares; y éstos sin forzar mucho la cosa, pueden ser considerados similares a los espacios virtuales que genera la tecnología de la Realidad Virtual, pues de alguna manera la literatura genera también eso que se ha venido a llamar inmersión, es decir la posibilidad de desplazarnos por lugares no físicos. Y además el propio discurrir de la obra literaria nos lleva de un espacio a otro, pese a que siempre permanecemos en el espacio lugar donde la estamos leyendo. Si nos fijamos bien, el lector es sometido a un flujo narrativo, que nos lleva de un espacio a otro.
Lo que intento demostrar es que toda obra literaria constituye un espacio de flujos en el que el lector se va conectando con distintos lugares sin moverse de su sitio.
Pero en una novela, por ejemplo, los distintos espacios suelen no ser abundantes, y además, y esto es lo más importante, el flujo no lo determina el lector sino el escritor. Y en última instancia todos los espacios descritos forman parte de una misma unidad.
Con las Tradiciones sucede algo distinto por varias razones. En primer lugar cada una de ellas constituye cuanto menos un espacio determinado, y se llega a él no necesariamente por las intenciones discursivas del autor, sino por motivaciones que vienen más bien del lector. Imaginémonos por un momento un volumen que contenga todas las tradiciones de Ricardo Palma, será difícil creer que los lectores empezarán por el primer relato y concluirán en el último; sino que como en estrictu sensu no existe un orden de lectura, el lector se dejará guiar por sus intereses y gustos, es decir, fluirá según su propia voluntad.
Ahora bien, por las mismas características de las tradiciones, no hay en ellas minuciosas descripciones de los espacios en los que transcurren las historias, se trata más bien de espacios borrosos, fantasmales, tal como lo son los espacios posmodernos. Así tenemos la posibilidad de pasar de un “no lugar” a otro “no lugar”, o mejor diremos, de saltar de un espacio virtual a otro. Aquí el verbo saltar no es casual, más adelante explicaré por qué.

EL TIEMPO ATEMPORAL

Según Castells, no sólo la categoría espacio ha sufrido una radical transformación en lo que él llama Sociedad Red y nosotros estamos llamando posmodernidad; sino que también el tiempo definitivamente tampoco es el mismo.
El tiempo de la modernidad es el tiempo del reloj, o mejor diremos el tiempo del minuto, que es la exactitud que se requiere para sincronizar los procesos industriales con una creciente división social del trabajo. Pero además se trata de un tiempo lineal e infinito que se expresa en la certeza de que es imposible volver al pasado, y que el transcurrir temporal está marcado por fases inalterables como la del día y la noche; o el nacimiento, el desarrollo, la procreación y la muerte.
El tiempo posmoderno desconoce estas fases y su supuesta linealidad, se trata pues otra vez de un “no tiempo”, o como dice Castells de un tiempo atemporal.
Ahora fijémonos en las tradiciones y sobre todo en esa práctica de Palma de fecharlas, y encontraremos varios siglos cubiertos. Pero no se trata de un trabajo histórico propiamente dicho, se trata de literatura de época, podríamos decir, prestándonos la terminología de la crítica cinematográfica. Y este préstamo no es casual, pues las tradiciones pueden ser consideradas en buena parte como escenas de una gran película posmoderna. ¿En qué sentido? Imaginémonos otra vez reunidas todas las tradiciones que escribió Ricardo Palma en un solo gran volumen. Pudiera ser, que éstas estén ordenadas cronológicamente a la manera moderna, pero otra vez tendremos que admitir que será inusual que alguien respete esa linealidad, y que más bien irán saltando de una tradición a otra, es decir, de un tiempo a otro, y en cada uno de ellos no encontrarán un tratado histórico sino una escena tempo espacial determinada pero no del todo explícita, es decir, que como en el caso de los espacios, aquí los tiempos son también borrosos. De manera tal que el lector discurriría por un tiempo no lineal que avanza tanto hacia delante como hacia atrás, y permaneciendo simultáneamente en el tiempo específico en que realiza la lectura. Hay pues, como en toda obra literaria, un tiempo real y un tiempo ficcional, pero aquí se trata de varios tiempos ficcionales por los que viaja el lector no guiado por el autor, sino por sus propias motivaciones y gustos. A esta autonomía discursiva hay que prestarle especial atención, porque nos va a servir para explicar otros asuntos más adelante.

SIN CUERPO PERO CON SEXO

Ya hablamos del espacio y del tiempo, le toca ahora el turno al sujeto social. El sujeto posmoderno es muy distinto del sujeto moderno en múltiples aspectos; pero para los objetivos de esta disertación sólo nos referiremos al asunto del cuerpo.
La teorías de género, herederas en gran medida del postestructuralismo francés, son, sin duda, las que más han aportado en descubrir los distintos sentidos que ha ido adoptando el cuerpo a lo largo de la historia.
El cuerpo posmoderno en su última variante ha perdido su fisicalidad, me refiero a los cuerpos que fluyen por el mundo virtual creado a partir de Internet y cuyo éxtasis podrían ser los SIMS o simuladores sociales, y sobre todo Second Life y otros proyectos similares.
Se trata, en realidad, más que de cuerpos de no cuerpos, de entidades fantasmales autopoiéticas que han perdido o se han alejado muchísimo de su cuerpo referencial, de ese de carne y hueso que es finalmente el que se enfrenta al teclado.
En las tradiciones de Palma, encontramos algo similar en el sentido que los personajes son a penas descritos, se trata, muchas veces, de pinceladas que forman a penas un boceto del mismo, de manera tal que podríamos hablar aquí también de cuerpos borrosos que realizan todas las funciones de un cuerpo, pero que al mismo tiempo carecen de una fisicalidad explícita. Casi como los fantasmas posmodernos que titilan en los monitores.
Y a esto hay que añadir, que el estilo de Ricardo Palma trasunta sensualidad. Raúl Burneo al respecto nos dice que hay una tendencia en el autor de Las Tradiciones Peruanas de exagerar los rasgos físicos de los personajes, de celebrar la belleza de las limeñas y de tratar al cuerpo como la materialización del sexo, sobre todo el femenino.
Pues bien, es también un rasgo posmoderno entender al cuerpo como un cuerpo sexuado. Y en su última variante, de la que hablábamos hace un instante: de construir no cuerpos, pero al mismo tiempo sexuados. Piénsese que en Second Life, los avatares (que no son más que ceros y unos, es decir bits) mantienen relaciones sexuales.
Los cuerpos que habitan Las tradiciones Peruanas, por su condición fantasmal, se parecen a estos avatares, pero además se parecen también, porque aunque a penas descritos, constantemente se apela a su sexualidad.

EL CRUCE DE LAS OLAS

Alvin Toffler en su libro: “La Tercera Ola”, explica que si bien él está de acuerdo en que a lo largo de la historia han existido 3 sociedades diferentes, la premoderna, la moderna y la posmoderna (a la que él llama Tercera Ola), no lo está con respecto a la manera de entender el proceso histórico como estancos perfectamente reconocibles. Sino que, como las olas, sostiene que las sociedades no se suceden una tras otras, sino que se mezclan constantemente, aunque pueda encontrarse más rasgos de una que de las otras, en un determinado momento histórico.
Esta tesis de este futurólogo norteamericano describe muy bien la realidad peruana, pues en nuestro país podemos encontrar incluso en un mismo espacio, características premodernas, modernas y posmodernas. La cabina de Internet es un buen ejemplo, pues hace un uso intensivo del espacio al reunir en pocos metros cuadrados mucha gente que trabaja codo a codo, y eso es típicamente moderno; sin embargo, esas personas no están realmente en ese lugar, sino que gracias a la tecnología de la Web, o del Chat o de cualquier otra, están más bien en el espacio de flujos posmoderno; y en la mañana cuando recién se va a abrir el negocio, el dueño moja la frentera con agua de ruda, lo que es absolutamente premoderno.
Estas mezclas, que se han hecho más evidentes en la posmodernidad, con fenómenos como la moda retro, por ejemplo; las podemos encontrar también en las Tradiciones Peruanas. Pues muchos de los relatos están ubicados en la época premoderna, han sido escritos en la modernidad y ello sin duda les ha dado una especial impronta, pero el estilo de Palma es en muchos sentidos posmoderno: su ironía, pero sobre todo su humor, no usado para el mero divertimento, sino para que el lector tenga una cabal comprensión de las cosas que quiere transmitir. Es decir el humor como forma de conocimiento, lo que es una característica de la posmodernidad que llegó junto con la crisis del positivismo y su pretendido método científico y su monopolio del conocimiento, ya, felizmente, roto.

LAS TRADICIONES COMO GÉNERO POSMODERNO

Como sabemos, la Tradición es un género creado por Palma, y aunque varias veces tildado de pasadista, puede también ser entendido, desde otra óptica, como un adelanto a su época.
Las Tradiciones, son vistas a menudo como un libro de historia. Son muchos los colegios en los que se estudian desde ese punto de vista; y es frecuente que cuando alguien habla de hechos pasados recurra a lo que leyó en los textos de Palma para fundamentar la certeza de sus aseveraciones.
Pero al mismo tiempo, y sobre todo, se trata de una obra literaria. Y no olvidemos que entender la historia, como un género de ficción (piénsese en Benedict Anderson y su libro “Comunidades Imaginadas”); y someter a análisis los discursos científicos con las mismas técnicas de la crítica literaria; son una actitud evidentemente posmoderna.
Además, como dice Raúl Bruneo, Palma mezcla en sus relatos el espacio público con el espacio privado, para desenmascarar la impostación del primero. Lo que también es un recurso posmoderno.

UNAS TRADICIONES HIPERTEXTUALES

George P. Landow es una suerte de gurú del hipertexto, es decir de esa manera especial de construir textos en los que no existe una linealidad que tiene un inicio y un fin, sino que existen una diversidad de caminos discursivos posibles por los que transitan los hiperlectores según sus intereses y motivaciones. Estas rutas de navegación nos llevan de un espacio a otro y de un tiempo a otro; en los que la proximidad geográfica pierde todo sentido, así como la concepción secuencial del tiempo.
Si bien es cierto que el hipertexto llega a su apogeo con la tecnología HTML en la que se basa la Web, también es cierto, como lo demuestra Landow, que el hipertexto existió antes de que la telaraña mundial de la información irrumpiera en nuestras vidas.
Si hemos prestado atención a lo que se ha dicho sobre el hipertexto, y a lo que hemos dicho de las Tradiciones Peruanas, de inmediato se habrá notado las coincidencias.
Lo que quiero decir, y con esto acabo, es que Las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma pueden ser entendidas también al modo hipertextual, y por ello tal vez sería relevante y acaso urgente, que la Universidad Ricardo Palma y el Instituto Ricardo Palma, asuman un nuevo proyecto de reedición de las Tradiciones, pero ya no en papel, ni en el formato del libro, sino haciendo uso de la tecnología multimedia y los soportes digitales y virtuales, de manera tal que los lectores posmodernos, o mejor los hiperlectores, puedan saltar junto con Palma de un espacio a otro, de un tiempo a otro, con esa naturalidad propia de la tradición oral de la que se valió don Ricardo; y acaso de esta forma, sin mayor corsé que la imaginación de los hiperlectores, Palma sienta que a su humor, se le hizo justicia.

No hay comentarios.: