23 jun 2009

Seamos viejos, seámoslo siempre


Seamos viejos, seámoslo siempre*

Por José Luis Ramos Salinas



Este libro tiene su historia, su origen se remonta muchos siglos atrás cuando Lao Tse escribió los 81 poemas que comprenden el Tao Te Ching, a través de los cuales mostraba el camino para vivir con armonía con uno mismo, con los demás y con nuestro entorno. De allí surgiría toda una doctrina filosófica, que para algunos llegaría a ser una religión no revelada, conocida como taoísmo y cuyas influencias hace mucho que cruzaron las fronteras de China.

Patricia Roberts toma contacto con las ideas taoístas en Estados Unidos y le vienen muy bien a su vocación cristiana y su honda experiencia vivencial, siempre sometida a reflexión desde su vena poética y su ejercicio sociológico. Así su cumpleaños número 65 no pasó inadvertido, ni la manera en la que sus amigos trataban de animarla al llegar a la mitad de la sexta década de vida; y mucho menos cómo la sociedad le asignaba nuevos roles, o mejor dicho, empezaba a quitarle los que tenía.


Así fue quedando claro que la vida no era un continuo discurrir sino una secuencia de estancos que podían tener menos o más prestigio: estatus, le decimos los sociólogos. En esta concepción de la vida, la vejez aparece como una enfermedad y el viejo como una carga cuando no como un estorbo. Vivir la vejez se convierte entonces en un reto difícil de sortear y la mayoría opta por negar su condición, mintiendo sobre su edad o sometiéndose a traumáticas cirugías estéticas que cada vez son más vistas como intervenciones terapéuticas, contra ese “terrible mal” que es la ancianidad.

Patricia Roberts no está dispuesta a creerse ese discurso social sobre la vejez, está llena de energía vital y premunida de conocimiento; y sabe que todo lo que sabe y lo que siente no es síntoma de que aún es joven, sino todo lo contrario, que es producto de un rico transcurso existencial y que no puede arribar, por eso mismo, de ninguna manera, a una condición mórbida.


Los versos de Lao Tse, recobrarán entonces nuevo sentido; pues en sociedades como la nuestra hay que aprender a vivir varias veces. Cuando la juventud ya ha quedado atrás, necesitamos nuevamente encontrar el camino, para disfrutar de nuestras fatigas que nos obligan a detenernos y observar el paisaje, para deleitarnos de nuestras agitaciones que permiten llenar nuestros pulmones de oxígeno, para congratularnos de nuestros dolores que nos revelan la verdadera condición del ser humano, para sonreír de nuestra cojera porque es, a fin de cuentas, una diferente manera de andar, y por ello de ver y de vivir.

Lao Tsé nos enseña la sabiduría para la vida, Patricia Roberts ha querido enfocar esa sabiduría a la segunda mitad de nuestra vidas, para que la vejez lejos de ser entendida como carencia, sea vista como plenitud; distante de ser una enfermedad sea entendida como un sagrado refugio de humanidad.

Por ello ha hecho una libre traducción del Tao Te Ching de Lao Tse, en la que el filósofo chino ha puesto el tronco y nuestra autora las ramas con las que espera acariciar arrugadas mejillas y así convertir esas grietas vistas como heridas, en surcos en los cuales han crecido plantas hermosas y en los cuales aún hay mucho que sembrar.


Quizá nunca antes como hoy la vejez ha sido motivo de tanto descrédito. Y tal vez convenga aquí reflexionar brevemente sobre las causas de este particular y doloroso fenómeno.

Para ello queremos exponer dos líneas argumentativas, la primera tiene que ver con las revoluciones paradigmáticas que caracterizan nuestro presente, y la segunda con la extrema sobrevaloración del cuerpo.

Dice Joel Baker, siguiendo las ideas de Thomas Kuhn que cuando se produce un cambio de paradigma (estamos llamando paradigma: a una forma, o un modo de hacer algo, de entender algo, o de resolver un problema) todo vuelve a cero, eso quiere decir que los cambios paradigmáticos vuelven neófitos a los expertos. Aclaremos esto con un ejemplo: la experta taquígrafa y mecanógrafa se vuelve una aprendiz cuando su vieja y fiel Remington es cambiada por una computadora Dual Core. Estos cambios de paradigmas eran muy raros en épocas pasadas, de manera tal que los paradigmas que aprendíamos cuando niños nos seguían sirviendo cuando viejos; es más: el abuelo sabía todos los paradigmas que nosotros íbamos a necesitar a lo largo de nuestra vida; por tanto, el anciano era un sabio.

En la época actual, lo único permanente es el cambio, y un paradigma sucede a otro en una vertiginosa carrera que nos obliga a aprender cosas nuevas todo el tiempo. Los paradigmas que conoce el abuelo ya no sirven para nada. El viejo desconoce todo aquello que a las nuevas generaciones les urge en su vertiginosa vida; por tanto se convierte en una carga, que los hijos se turnan para soportar, y cuando se cansan, abandonan en el asilo.


Dice un reconocido refrán: “Si los jóvenes supieran y si los viejos pudieran”; pues ahora los jóvenes creen saber con sus maestrías y doctorados por doquier; y los viejos ciertamente siguen sin poder hacer aquello a lo que la sociedad da valor, y ahora tampoco saben, porque aquello que conocen, por el cambio de paradigma, aparece como inútil. La experiencia, ya no merece reconocimiento en una sociedad obnubilada por la novedad y el cambio acelerado. Para acceder a un empleo la experiencia es cada vez menos importante, y el límite de edad se va imponiendo como norma universal. Se necesitan jóvenes con gran potencial, no gente que sepa hacer cosas que ya no se hacen.

Revisemos ahora el segundo argumento: la excesiva valoración del cuerpo; en realidad, de un cuerpo en especial, del cuerpo que se tiene por “joven”.
La llamada sociedad posmoderna ha prestado atención al cuerpo y esto ha servido para descubrir sutiles mecanismos de dominación como lo hizo Foucoult, o las teóricas del feminismo radical; pero también ha dado pie a una vanalización de gran magnitud que se hace evidente en fenómenos como el de los metrosexuales.


A lo que nosotros queremos referirnos va más ligado a esto último, pues se trata de la imposición de cierto cuerpo que todos debemos concebir como objetivo de nuestras vidas. La presión es tal que los antropólogos ya hablan de racismo social para distinguirlo del racismo étnico y que consiste en discriminar a todos aquellos que no tengan el cuerpo socialmente impuesto como modelo.


Para lo que nos compete, baste decir que este cuerpo en cuestión es un cuerpo joven por lo que las personas deberán luchar con todas sus fuerzas y con todo su presupuesto (que esto es finalmente lo que interesa) para que su cuerpo no revele el paso de los años. Así, las cremas anti arrugas, las cirugías, los implantes de cabello, etc. son el pan de cada día. En otras palabras, para ser un tanto crudos, no hay vieja ni viejo guapos, la vejez es sinónimo de fealdad, y a los feos se les margina cada vez más.

Ahora intentemos, desde la lectura del libro “Sabiduría para la segunda mitad de la vida”, rebatir los razonamientos acabados de enunciar.


Decíamos que cuando cambia el paradigma la experiencia resulta inútil. Esto es sin duda una exageración, porque algo de mecanografía puede servir al momento de usar un teclado; pero eso no es lo importante.


Creo que vale mucho más la pena fijarnos es esos paradigmas que pese a la propaganda del cambio total y permanente, permanecen casi inalterados; o que merecen permanecer tal cual están. Hablemos por ejemplo de la preocupación por los demás, tan presente en las personas mayores; hablemos de la ternura que desean recibir y no temen dar los ancianos; pensemos en ese vínculo casi mágico de nietos y abuelos, casi imposible de imitar. Estamos hablando en realidad de valores que tienen que ver con el amor (la vocación de dar) y la sabiduría (lo valioso que se da). Los ancianos testimonian su Vida con mayúscula, y eso está muy lejos de cómo se usa una máquina de escribir o cómo funciona una regla de cálculo; se trata de emociones, de poesía, de reservas de humanidad que no hay manera de traerse abajo con cambios de paradigmas.


“Cuando yo era joven conocí el mar”, decía el bagre abuelo del famoso cuento de Francisco Izquierdo Ríos, y en esa anécdota arriesgada y valiente que narraba a los bagres jóvenes estaba contenido no un conjunto de trucos y mapas, sino una emoción palpitante que llevaba a alguno de los párvulos a repetir la aventura del abuelo y decir más tarde, rodeado de bagres muy jóvenes, “cuando yo era joven conocí el mar”. El abuelo le heredó la vida, los abuelos heredan vida.


Yo recuerdo al padre de mi madre sentado al sol, rodeado de muchos perros que alimentaba con los panes que a la hora del almuerzo metía a su bolsillo a hurtadillas. Y recuerdo al padre de mi padre en su taller, cepillando las maderas con un viejo radio de fondo, transmitiendo un partido de la segunda división. Todavía puedo sentir la alegría de los canes moviendo sus colas y el olor a aserrín, y al hacerlo me emociono porque aunque entonces no lo sabía, estaba palpando la vida. A la madre de mi madre la seguí gozando muchos años después de que muriera, y hoy sé cuanta falta me hizo la madre de mi padre, prematuramente muerta antes de que yo naciera.


Resulta entonces, que el constante cambio de paradigmas y aún de revoluciones paradigmáticas, de ninguna manera convierten a los ancianos en inservibles, sino todo lo contrario, como dice el psicólogo Blajeroff: en una globalización deshumanizada, los ancianos son más necesarios que nunca para darle la dimensión humana a un planeta que rueda hacia el vacío del sin sentido más atroz. No importa si se escribe en un papiro o en una lap top, lo que importa es lo que se escribe. Como se dice en la página 173 del libro: “Que todo cambie no es el problema. / No es estabilidad lo que necesitamos / sino equilibrio”.

Refutemos ahora el segundo argumento, el que intenta hacer leña con el cuerpo de los viejos.


Como explicábamos hace un instante, si hay cuerpos que se imponen socialmente como deseables y otros como indeseables, estamos hablando, a final de cuentas de un discurso de poder. Y es este discurso, precisamente, el que denosta el cuerpo de los ancianos. Por tanto, defender los cuerpos vetustos es en realidad un acto político y libertario, porque intenta subvertir un orden impuesto que si nos fijamos bien no favorece a nadie realmente, salvo a ciertos grupos económicos que han hecho de sus loas a lo que ellos entienden por juventud, la fuente de gigantescas ganancias.


Machado decía que el caminante hacía el camino al andar, pues bien, desde otra perspectiva podríamos decir que el camino es camino si tiene huellas, en otras palabras son las huellas las que le dan valor al camino, pues uno por donde nadie transita resulta completamente inútil.


Ahora, si la vida es un camino, no queda duda que las arrugas son las huellas de su tránsito. Es pues la vejez lo que da valor a nuestras vidas y no la que se lo quita. Decíamos que el anciano da testimonio de su vida, quien no exhibe arrugas no tiene o tiene poco que testimoniar.


La vejez del cuerpo es un signo de riqueza. En el mercado lo que debiera venderse son cremas que nos generen arrugas prematuramente, para presumir de un valor y una belleza que los jóvenes aún no tienen.


Lo que estamos pidiendo, si nos fijamos bien, es una radical transformación en nuestra forma de entender la vejez y por ello la vida misma. No se trata de darles un trato preferencial a los viejitos evitándoles hacer colas en las instituciones públicas o cediéndoles el asiento en las combis; porque ello solo revela la fragilidad de su situación; de lo que se trata es de comprender la riqueza que per se contiene la vejez, porque sino vamos a terminar creando un ministerio del anciano, así como hay uno de la mujer que al final no ha provocado ningún cambio radical, que eso es lo que realmente se necesita.


Solo así la muerte será el símbolo del éxito de quien ha vivido, y no, como ahora, la gran tragedia de la pérdida del último resto de juventud.


El libro lo dice en su página 171: “Al envejecer con sabiduría descubrimos / que a medida que nuestro cuerpo se debilita / nuestro espíritu crece. / A medida que las articulaciones se endurecen / nuestro entendimiento se vuelve más flexible / A medida que nuestro corazón falla / su valor se despierta. / Cuando nuestros pasos se tambalean / nuestra alma se mantiene estable. / Nos estamos convirtiendo en luz para iluminar este mundo”.

Quisiera ahora reflexionar sobre algunos textos puntuales del libro que a mí, particularmente, me parecen que tienen un hondo y especial significado.

En primer lugar hay que decir que aunque el texto base es de Lao Tsé, el libro no está en chino, quiero decir que es absolutamente comprensible para quien se acerque a él con humildad y con ganas de aprender, o para referirlo con las palabras de Lao Tsé, diciendo “no sé”.

En el poema El Camino se nos transmite la idea que no se trata de envejecer por envejecer, sino de envejecer con sabiduría. Y creo que esto no es posible si no entendemos que la vejez no es la disminución de capacidades sino la acumulación de riquezas.

En el poema Inagotable, se pone de manifiesto que la fuente de la vida no está únicamente en el nacimiento y que el transcurso de la vida consiste en su agotamiento, sino que la fuente es inagotable: está en las madres, en los mantos de seda, en la lluvia, en el misterio, en el aliento, en el amigo, en el amor.

En el poema ¿Jubilado? se dice: “Estar jubilado es poder hacer / lo que siempre hemos querido hacer”, y se nos dice que los viejos se jubilan del trabajo, no de la vida.


Esto me parece fundamental, y se trata de la idea básica del marxismo, de la contradicción entre trabajo concreto y trabajo abstracto. O para decirlo con palabras más afines a las que nuestra autora, que estoy seguro no sabía que era marxista, utiliza en el poema: existe una división entre la vida y el trabajo. El trabajo no es vida y debiera serlo. Pero entonces, la jubilación aparece como la liberación del trabajo carente de vida: trabajo abstracto le llamaba el autor de El Capital; y la gran oportunidad de dedicarnos a esas actividades que enriquecen nuestra vida, trabajo concreto o actividad vital consciente, lo llamaba ese viejo barbón que la crisis económica mundial que vivimos ha traído de vuelta con nuevos bríos.

En el poema Por el Placer de Servir, se dice: “No deseamos recibir nada a cambio / solo el sencillo placer de dar gratuitamente. / Ya no calibramos los posibles beneficios, / servimos libremente con alegría / según nuestra naturaleza”. Es cierto, los ancianos están libres de esas mezquindades. Y quizá por ello, cuando leí este poema recordé a los jubilados que en la época más feroz de la dictadura de Fujimori salían a las calles a protestar y a defender sus derechos, mientras los jóvenes se ponían, más bien, a buen recaudo.

El poema titulado “La Guerra”, hace alusión a la sexualidad en la vejez, pero para comentar esto tendríamos que escribir un ensayo, así que lo dejaremos para otra oportunidad.

El poema La Salud, deja claro que ésta es fundamental para el anciano, para cualquier persona en realidad. Pero lo que hay que entender y grabarse bien es que la vejez no es una enfermedad.

Para concluir con esta parte quiero citar parte del poema “Aunque nadie nos siga”: “Muchos nos ven como pobres viejos. / No perciben la sabiduría / detrás de nuestros ojos, / ni la serenidad en nuestra sonrisa. // Hemos alcanzado un entendimiento profundo / que ya no necesita ser comprendido. / Guardamos tesoros en nuestro interior / sin hacer gala de ello”.

Cuando hace unas semanas Patricia Roberts me entregó el libro que ahora presentamos, explicándome que estaba dirigido sobre todo a las personas de la tercera edad, no dudé en dárselo a mi madre, una señora septuagenaria que devora cuanto texto cae en sus manos. Pocas horas después me llamó para decirme que llevaba leída buena parte del libro y que éste le había emocionado profundamente; y me pidió que en su nombre felicitara y le agradeciera a su autora; ahora cumplo con ese encargo.

Finalmente quisiera decir que Patricia en la introducción nos cuenta que empezó a escribir este libro luego de que no la dejaran donar sangre por ser mayor de 65 años; bueno pues, hoy que han pasado varios años desde entonces, Patricia se dio el gusto y nos donó su sangre, con todo lo que ello implica, a través de estos poemas que, como el rojo líquido de nuestras venas, alimentan cada rincón de nuestro cuerpo.

Y ahora una queja, que en realidad no la es, resulta que el libro que a mí me dijeron que era para la tercera edad, es en verdad para quienes están en la segunda mitad de su vida, y yo con 40 años y con pocas esperanzas de llegar a los 80; resulta que estoy pues entrando a la ancianidad.

Seamos viejos pues, seámoslo siempre.

*Texto leído con motivo de la presentación del libro "Sabiduría para la segunda mitad de la vida" de Patricia Roberts

28 abr 2009

La estereotipia en el cine peruano

La estereotipia en el cine peruano. El caso de la película “Gregorio” del grupo “Chaski”*

Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

1. Introducción.
Las recurrentes frases "un país sin cine es un país sin rostro", o "un país sin cine es un país invisible" no sólo muestran la importancia de la actividad fílmica, sino también y sobre todo la importancia del resultado de esa actividad, del cine como producto, del objeto película, que es al fin y al cabo el rostro del país, su parte visible.
De lo anotado en el párrafo anterior se puede deducir fácilmente que el cine no hace visible per se la complejidad integral de la problemática de un país. El rostro hecho visible puede ser sólo una máscara o una caricatura o finalmente el rostro, pero simplemente el rostro obviando el tronco y las extremidades de insoslayable importancia para una comprensión integral de la problemática nacional.
¿Las películas peruanas son el rostro del Perú? La respuesta a esta pregunta resulta de singular importancia en países como el nuestro formado por todas las sangres. ¿Qué sangres ha hecho visibles el cine peruano en desmedro de qué otras? ¿Qué parte de nuestra problemática es la que ha hecho visible nuestra cinematografía? La búsqueda de las respuestas a estas interrogantes es lo que ha motivado la presente investigación, pero semejante objetivo está fuera del alcance de nuestros medios. Por ello nos hemos limitado a “Gregorio”, una película de gran aceptación popular, también llevada al vídeo y a la televisión; producida por el grupo “Chaski”.
Pero la importancia de nuestra investigación no sólo se debe a las razones sociológicas anteriormente expuestas sino también a razones estrictamente académicas, ya que como señala Giancarlo Carbone (Contratexto, N.9, 1996) "la relación entre el cine nacional y la historia del Perú sigue siendo un terreno bastante inexplorado, incógnito y desatendido por los investigadores nacionales". Nuestro trabajo quiere aliviar en algo esta insuficiencia y descubrir cual es el rostro nacional que nuestro cine ha mostrado en uno de los períodos más convulsos de la historia Republicana.

2. Hipótesis Provisionales
Creemos que las anotadas no sólo valen para “Gregorio”, sino para muchas otras películas, sobre todo las producidas en la década del 80.
* El cine peruano del período señalado, lejos de querer servir de entretenimiento, ha intentado interpretar - o cuanto menos reflejar- la realidad social de la época.
* La interpretación de la realidad social que ha hecho el cine nacional ha correspondido al pensamiento sociológico “de moda” de ese momento. Es decir que no ha aportado nada teóricamente.
* El cine nacional ha preferido enfocar al problema social como concepto general más que como implicancia específica en un determinado individuo. La masa es la protagonista sociológicamente hablando, el individuo es accesorio. Se ha preferido crear un cine sociológico a un cine de arte.
* El mensaje sociológico de la mayoría de películas peruanas peca de obvio.

3. Análisis de la película “Gregorio”
Ficha Técnica
Director: Grupo Chaski (Fernando Espinoza, Stefan Kaspar, Alejandro Legaspi).
Guión: María Barea, Fernando Espinoza, Stefan Kaspar, Alejandro Legaspi, Susana Pastor. Productor: Grupo Chaski, María Barea.
Fotografía: Alejandro Legaspi
Música: Arturo Ruiz del Pozo
Edición: Grupo Chaski
Estreno: 7 de marzo de 1985

Reseña:
El Grupo Chaski.- Integrado por Fernando Espinoza (Perú, 1942), Alejandro Legaspi (Uruguay, 1948), Stefan Kaspar (Suiza, 1948), Rene Weber, Oswaldo Carpio, María Barea, Susana Pastor entre otros. Se dio a conocer en 1982 con el mediometraje "Miss Universo en el Perú" donde exhibiendo "las lacras nacionales dispuestas como un mosaico, denunciaba la indolencia de los gobernantes, la capacidad de la televisión para influir y modelar la conciencia colectiva (tema también tratado en "Reportaje a la Muerte" y en "Todos Somos Estrellas"), la aparatosa cursilería de una ceremonia transplantada al Perú, con toda su ostentación de cartón piedra, desde algún auditorio de Florida". (Bedoya, Ricardo, 1992)
El Grupo Chaski se preocupó por distribuir films no sólo suyos ni sólo nacionales en las zonas deprimidas del país. "Retratos de Supervivencia" fue una de sus series de cortos que más destacaron. En ella se registra las imaginativas y a veces dolorosas formas que utilizan los peruanos para sobrevivir en la década del 80, en medio de una espantosa crisis económica y una violencia generalizada.

Gregorio (1985): En esta película las responsabilidades en el rodaje fueron distribuidas de la siguiente forma: Legaspi tuvo a su cargo la dirección técnica, Kaspar se encargó de la dirección de producción, y Espinoza de la de los actores. El papel de Gregorio fue encarnado por Marino León de la Torre.
La ubicación tempo espacial de la cinta es la Lima de los 80.

El referente
La intención de abordar un problema social en esta película del Grupo Chaski resulta sumamente obvia. Pero lo que no resulta tan obvio es que el problema social que aparentemente se aborda (los sufrimientos y peripecias que debe pasar Gregorio, un niño migrante, en la ciudad de Lima para adaptarse a ese nuevo mundo que se le presenta hostil y amenazador) es prácticamente sólo una excusa para abordar otro problema: la contradicción entre la cultura occidental y la andina.

El Guion Literario
La historia en su eje central no recurre a matáforas para ilustrar la dramática situación que viven los niños migrantes en Lima. Pero este referente directo sirve de metáfora a una problemática mucho mayor: la contradicción entre dos culturas, la citadina y la rural (la occidental y la andina), que en la película aparecen excluyentes y cargadas de contravalores y valores respectivamente.
En la película la ciudad está representada por (en orden de aparición) acinamiento, soledad, ruido, inmovilidad, castellano, trabajo infantil, contaminación, estratificación social, niños abandonados, disputas, explotación, robos, enfermedad, desocupación, problemas de vivienda, engaño, desierto, represión, muerte, traición, sacrificio, violencia, aculturación, vitrinas, luces, infidelidad, tecnología, falta de respeto, pornografía, droga, alcoholismo, mendicidad, lujuria, golosinas, deserción escolar, y decepción. Todos estos datos pertenecen a la realidad del film, donde aparecen en imágenes o como narración de un hecho cierto. Hemos obviado las distintas representaciones mentales que algunos de los personajes se hacen de la ciudad porque o son similares a las ya anotadas o las refuerzan por medio de la desilusión posterior.
Veamos ahora la visión del campo que nos ofrece esta cinta: Movimiento, naturaleza pura, quechua, comunión con la naturaleza, respeto, libertad, pobreza, sacrificio, lucha, necesidad, tradición, música, magia, amistad, borrachera, hambre, ausencia de oportunidades.
Como vemos, la sola lectura de las dos listas anteriores nos pone en autos de la visión que del mundo citadino y rural tienen los realizadores de "Gregorio": Una idealización de lo andino y una satanización de lo occidental, y no sólo como forma de vida sino como cosmovisión, como cultura.
Por ello en el ande se habla quechua y en la ciudad castellano (Juaquín le dice a su esposa cuando llega a Lima "Acá no vas a estar hablando quechua. Nadie te va a entender!").
Un mayor análisis nos permitirá determinar hasta donde llega este maniqueísmo en la cinta.
Observemos como los realizadores han puesto especial atención en darle un valor negativo a aspectos citadinos que usualmente aparecen en el imaginario colectivo como positivos. Nos estamos refiriendo a las luces, las vitrinas, la tecnología y las golosinas.
La belleza de las luces de colores en la película está desacentuada por la artificialidad con que son presentadas al enfrentarlas con la miseria de Gregorio y los otros niños. Similar recurso es utilizado para descalificar a los escaparates de las grandes tiendas comerciales miraflorinas que son presentadas llenas de hermosos maniquíes vestidos con smoking ante los dientes chuecos y pobreza de Gregorio. La tecnología en la cinta no aparece como una valiosa ayuda para el desarrollo de la sociedad, sino como perniciosa y corruptora del ser humano. Los vídeo juegos cargados de violencia donde Gregorio malgasta su dinero; el cine que proyecta pornografía y macabros asesinatos; y los juegos mecánicos que sirven de escenario de un robo. Y finalmente, Gregorio accede a las golosinas, tan importantes en el universo infantil, primero con el dinero que tanta falta le hace a su madre y luego con el botín del robo.
Por otro lado el Grupo Chaski le da un tratamiento distinto a lo problemático de la vida del campo vistiéndolo o enmascarándolo para que pierda gran parte de su carga negativa ante los ojos del espectador.
Así por ejemplo lo sacrificado del trabajo en el campo aparece como un logro de la lucha contra el hacendado, el sudor ya no es para el beneficio ajeno, gracias a la lucha todo sacrificio es ofrecido a la familia, a la descendencia, al futuro: el sufrimiento ha sido exorcizado. La pobreza, necesidad y hambre rural son muy distintas de las urbanas, las últimas conllevan humillación, las primeras humildad. La borrachera en el campo aparece como parte de la tradición, ligada a las fiestas del pueblo, no deshumaniza, no enajena, llama a la risa. Finalmente, la ausencia de oportunidades en el campo cumple en la película la misión de la manzana en el paraíso, es el anzuelo de la ciudad, del infierno; el campesino que cede a la tentación perderá para siempre la inocencia, su andinidad.
Por otro lado en las historias secundarias y sobre todo en una serie de datos desperdigados a lo largo de toda la cinta se pueden leer las intenciones de los autores de reforzar la visión "realista" de la cinta.
Realismo distorsionado por un maniqueísmo que se hace evidente en la manera de mostrar lo negativo de la ciudad y lo positivo del campo, como ya hemos anotado.
Gregorio es un niño oriundo de un pequeño pueblo serrano que junto con su madre llega a Lima en donde los espera su padre quien emigró hace ya algún tiempo. En la gran ciudad Gregorio debe trabajar de lustrabotas para ayudar a sostener a su familia. Y luego de un pequeño enfrentamiento contra otros niños por la posesión de una plaza se integrará a este grupo de pequeños que viven en completo abandono y que hacen de todo, inclusive robar, por sobrevivir.
Así Gregorio perderá la imagen de hijo ideal que tenía hasta ese entonces participando primero con timidez y luego con desenvoltura en las actividades delictuosas de la pandilla. Pero el paso de la inocencia rural a la sordidez citadina no se debe sólo a las malas influencias sino y sobre todo a la muerte de su padre (presentada en la película, prácticamente como un asesinato por parte del mundo hostil de la ciudad) y la pérdida de la pureza de su madre quien ha encontrado una nueva pareja, tras la muerte de su esposo.
Gregorio regresará a casa cada vez más tarde y con menos dinero, preferirá comer "porquerías" (fast food) al almuerzo familiar, ir al cine a ver películas pornográficas y de acción al más puro estilo holliwoodense, se drogará, participará de robos y luego robará el botín a su propia banda, lo que le acarreará su expulsión.
Pero este suceso merece más atención, ya que si bien es el robo del botín lo que causa la discusión entre Gregorio y sus amigos, no es precisamente este hecho el que motiva en última instancia su expulsión. El detonante es la pelea a golpes que sostiene Gregorio con sus compinches ante la alusión que uno de ellos hace de su madre: "si quieres plata que putee tu mamá pue huevón". Y es que los realizadores de este film no quisieron contaminar del todo a Gregorio, por ello se le expulsa del grupo con las palabras "no sirves para esto, quítate oe".
Antes de que Gregorio regrese a ser el de antes se gastará el dinero robado (su madre no quiso recibirlo) en comida y diversión durante dos días. El paso obligado por el purgatorio antes de retornar al hogar. Pero nosotros no conoceremos al Gregorio dispendiador más que por su palabra, un recurso muy poco cinematográfico de evitar mediante el tono de confesión de travesura infantil cualquier posibilidad de un mayor deterioro de la imagen de nuestro protagonista ante el espectador.
Veamos ahora la historia del padre de Gregorio. Jacinto más que como un campesino aparece en la película como un hijo de campesino, este dato tiene relevancia en el film, pues lo presenta como un trabajador familiar y no como un propietario aunque sea de una cantidad mínima de tierras.
Su hermano menor es el heredero de todo le explica Jacinto a su amigo antes de emigrar. Es decir, que Jacinto no es sólo el típico migrante que llega a la ciudad en busca de una mejora en su calidad de vida, sino que prácticamente sale expulsado de su lugar de origen, del paraíso. Si se queda jamás podrá progresar.
El período de tiempo que el padre de Gregorio permanece solo en Lima consiguiendo los medios que hagan posible traer a la capital a su familia no está presente de manera explícita en la película. Pero es obvio que no termina lustrando zapatos como le vaticinó el abuelo (la profecía se cumpliría más tarde en Gregorio), sino consiguiendo un trabajo de albañil y de cuidante que le permiten traer a su familia a su lado.
Su estada en la capital, relativamente corta, ya ha operado algunos cambios en su modo de vivir. Se viste diferente y le pide a su esposa que no hable en quechua. Pero los realizadores del film con una visión paternalista se niegan a presentar a Jacinto como un aculturado, como un traidor a su origen, prefieren presentarlo como víctima y convertirán a la ciudad en su asesina.
Es Gregorio quien nos cuenta acerca de la enfermedad de su padre y acerca de sus causas. Hubiera sido más dramático (y más cinematográfico) verlo que oírlo, pero dado que la historia de Jacinto no es la principal no se hubiera podido abundar visualmente en los orígenes de su enfermedad, en otras palabras no se hubiera podido dejar bien en claro que fue la ciudad la que mató al padre de Gregorio, así que los realizadores han preferido que sea la inocencia de un niño la que nos lo cuente, para que no quede duda alguna.
Juana, la madre de Gregorio, juega un papel clave en la película. Es en ella donde se va a ser visible el efecto "pernicioso" de la ciudad. En su primera aparición se muestra insegura, pero resignada, con respecto a la idea de su esposo de dejar su pueblo para ir a vivir en Lima. Luego aparecerá en la capital totalmente vestida con ropas típicas y cargando a su hijo menor en la espalda con una lliclla. Para confirmar completamente su aún estado puro le habla a su esposo en quechua. Después debido a su despido, Jacinto quiere regresar a su pueblo, pero una Juana que ya no lleva pollera le sale al frente para humillarlo, para exigir que la familia participe en una invasión de tierras que les dé la oportunidad de permanecer en Lima. Esa es la única opción, dice, para que sus hijos sean "alguien", para que no sean como su padre.
Finalmente las duras condiciones a las que se ven sometidos en los primeros días de la invasión matarán a Jacinto. Una vez instalados en Villa el Salvador, Juana hará amistad con los vecinos y disminuye la atención que le presta a Gregorio. De su aspecto andino casi ya no le queda nada. Gregorio empieza a mentirle y desobedecerle. Su desmitificación final ante su hijo será pronto: Su amigo toca la puerta de muy noche. Juana abrirá y sólo se escuchan susurros, momentos antes la madre de Gregorio se soltó el pelo. Es el fin de su trenza, de su andinidad. En adelante lucirá una cola y perderá el control sobre su hijo.
Entender la historia de Juana como la de una mujer que se ha dejado absorber por los cantos de sirena de la ciudad, al punto de provocar la muerte de su esposo y que su hijo se convierta casi en un delincuente corresponde a una lógica demasiado mecánica y simplista, pero parece que esa era la intención de los autores del film.
Veamos ahora las historias de los amigos de Gregorio: Todos han huido de sus casas, aunque por diferentes motivos (expulsión del colegio, alcoholismo y maltrato de los padres), se han unido para poder sobrevivir, para enfrentarse a la bestia con un millón de cabezas. Pero mucho más que al Esteban del famoso cuento de Congrains se parecen a Pedro, al timador. Sin embargo, están todavía muy lejos de los pirañitas de los 90.
Estos niños viven en un ómnibus abandonado en un arenal y trabajan como cómicos ambulantes para poder sobrevivir. Paralelamente son carteristas, pues tienen que mantener sus "lujos": Les gusta jugar pimbol, comer golosinas, ir al cine, tomar cerveza y fumar droga. Pero no se piense que en la película aparecen como delincuentes avezados, son especies de Robinhoods que entregan el botín a los pobres, sólo que en este caso los indigentes beneficiados son ellos mismos.
Esto está evidenciado en la escena del niño que finge haberse robado un pan del desayuno. Luego de la discusión otro le dice: "Uno no roba por gusto, uno roba por necesidad, no sabes ni robar, idiota!". Otra de las características que comparten estos niños con el habitante de los bosques de Sherwood es la vida en comunidad (una posible alusión a la vida andina) que han adoptado, que es en última instancia la otra cara de la doble moral que rige sus vidas, la prueba que aún no han sucumbido totalmente en la sordidez de Lima.
El maestro Martínez, aunque de aparición fugaz en la cinta juega un rol bastante importante. Jacinto le llama su hermano de juramento y aparentemente es él quien le consiguió el trabajo como cuidante, y con ello, el alojamiento. Pero después el padre de Gregorio es despedido, contrariamente a las promesas de Martínez, quien le propone que participe en la invasión de tierras con el trágico desenlace que ya hemos señalado. Entonces, hará su última aparición en el velorio, marchándose sin responder a la pregunta de Gregorio: "¿Cuándo vuelve?" Y es que Martínez es muy citadino, está muy lejos de merecer el título de "hermano de juramento", de "compadre". Jacinto confiaba en él: "Cualquier cosa preguntan al Maestro Martínez", pero cuando más se le necesitó, respondió con su silencio. La ciudad consumó su traición.
La escena del profesor explicándole a Gregorio y sus compañeros como es la vida en la ciudad, también merece mencionarse. El maestro quien habla en un castellano obviamente aprendido como segunda lengua añade a la descripción física de Lima una apreciación subjetiva de mucha importancia en la película. El profesor afirma que la capital no es como el pueblo en donde vive la familia de Gregorio. En Lima, dice, ya no hay espacio, las casas tienen que crecer para arriba y como consecuencia de ello hay una incomunicación hasta entre vecinos. Es decir, la ciudad es, en sí misma, generadora de relaciones deshumanizadas.
Como podemos apreciar de todas las historias descritas "Gregorio" en última instancia muestra maníqueamente las contradicciones entre la nobleza de la vida rural y sus habitantes y lo sórdido de la citadina con su poder corruptor.

*El presente trabajo fue escrito en 1997 y publicado en monografías.com Recientemente la profesora de literatura comparada, Sophia A. McClennen, de la Pennsylvania State University, lo consideró como fuente para su trabajo "The theory and practice of the Peruvian Grupo Chaski", que se publicó en la revista "JUMP CUT A REVIEW OF CONTEMPORARY MEDIA".

10 dic 2008

Feminismos latinoamericanos


SI OBAMA USARA FALDA NO SERÍA LO MISMO QUE SI USARA POLLERA*


Por José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com


Dado de que comparto la tarea de presentación con dos expositoras, voy a permitirme, dedicar mi reflexión, no al contenido mismo del libro, sino a la estructura del mismo. Convencido además, que en este caso: forma y contenido se corresponden perfectamente, por lo que a lo mejor termine refiriéndome a la esencia del contenido sin que haya sido eso lo que me haya propuesto.
Este libro está compuesto por materiales de distinto tipo, y aunque no sé si esa haya sido la intención de la autora, creo que esta diversidad constituye la unidad de lo que entedemos por feminismo, aunque Virginia Vargas utiliza el plural: feminismos.
La particular estructura sobre la que queremos reflexionar queda manifiesta en el prólogo de Roxana Vásquez Sotelo, quien, casi al final, dice que el libro combina: «reflexiones teóricas con experiencias vividas; ensayos propios y alguno compartido y una emotiva carta y un importante pronunciamiento».
Así queda definido el feminismo, que es de lo que trata el libro: como una construcción teórica no rígida, sino polémica (por eso la forma de ensayo); como práctica viva; como subjetividad palpitante; y como una invitación a la acción política.
Por tanto el feminismo, no es como creen muchos, aun en la academia, lo contrario del machismo, pues este último es apenas una actitud, reinante, es cierto, pero mera actitud al fin y al cabo. Equiparar feminismo y machismo, entonces, es como pretender enfrentar a Bastet, la diosa egipsia con cabeza de gata, con el Chihuaha de Legalmente Rubia. Los machos no son pues Anubis, sino abundantes seres diminutos que caminan por la calle llamándose machos así mismos y que nosotras las mujeres conocemos como hombres. Uso la primera persona en femenino porque en marzo pasado algunas dirigentas del Sindicato de Docentes de la UNSA me nombraron mujer honoraria, por lo que si mi carrera como presentador fracaza, podría intentar el circo, en el papel de mujer barbuda.
El feminismo es humor también, por cierto.
Vayamos por partes.


El feminismo como construcción teórica o en la mirada está la tirada.

La situación de subordinación de la mujer, con respecto a la primacía del varón que lleva miles de años, resulta aún invisible para muchos, y para muchos más se trata de casos aislados, cuando no de algo deseable, o un lamentable destino inexorable que no nos queda más que aceptar porque así lo han determinado las leyes de la sociedad y hasta de la naturaleza. Ahora se hablan de asimetrías cerebrales.
Así, no nos queda más que cantar “Bendita sea mi madre por haberme parido macho” o si nos ponemos un poco cínicos: “Machistas son las mujeres porque les gustan los machos”.
Así, alguien que denuncie la inequidad de las relaciones sociales entre hombres y mujeres a menudo es puesto en ridículo -si se trata de una mujer­ o se pone en duda su virilidad –en caso se trate de un varón-. Semejante comportamiento desgraciadamente no es exclusivo de las colleras de esquina, sino que es también frecuente en ámbitos académicos como las universidades.
Ahora, si pasamos de la simple denuncia a la toma de posición y en consecuencia a dedicar parte de nuestro tiempo y de nuestras energías a intentar cambiar una situación que percibimos como injusta; habremos cruzado una línea que muy pocos y muy pocas se atreven.
Pero la teorías de género y las investigaciones que se hacen bajo su óptica van mucho más allá de la simple comprobación de la subordinación femenina y sus execrables consecuencias; más allá incluso de la denostada transformación de corriente académica en corriente política; sino que plantean la idea revolucionaria (verdaderamente revolucionaria) que la dominación masculina no consiste “simplemente” en la situación de privilegio de el hombre con respecto a la mujer, sino en la imposición de una perspectiva masculina con respecto a la sociedad, y a la construcción de la misma sobre la base de esa perspectiva.
Así, la conclusión resulta inevitable, hemos creado una sociedad masculina; por lo que ya no se trata “solamente” de cambiar la situación de la mujer en esta sociedad, sino de reconstruir la sociedad desde una perspectiva más equitativa mujer – hombre.
Pero aún, se ha llegado más allá, y se ha postulado la idea de que incluso aquello que pensábamos como parte del reino natural, como son el sexo y el cuerpo son en realidad construcciones culturales, y como no, otra vez edificadas desde la masculinidad reinante y excluyente.
Nuestros cuerpos (y nuestro sexo) no son el resultado entonces – por lo menos de manera exclusiva - de causas naturales; sino de un sistema de dominación cultural que es preciso acabar. Lo que corresponde, entonces, no es liberar al sexo oprimido, sino de reconfigurarlo, reconstruirlo; lo mismo vale para nuestros cuerpos.
No se trata entonces de poca cosa, sino de una transformación radical de la realidad y de la manera que tenemos de pensar en ella y entenderla.
Así, la misma ciencia y sus fundamentos han sido puestos bajo sospecha. Quienes nos dedicamos a las ciencias sociales, no podemos darnos el lujo de desentendernos de las arenas movedizas en las que las teorías de género han colocado nuestros pesados pies positivistas. Podemos refutarlas (académicamente), es cierto; pero no podemos ignorarlas. Lo que está en discusión, es una nueva manera de entender la sociedad.
Existe un dicho popular que sentencia: “Que en la mirada no está la tirada”. Yo creo que es al contrario. Lo que está en juego es la mirada, y lo que pone en juego es mucho. La teoría feminista ha demostrado que en la mirada está la tirada, por lo que dejémonos de hacer los de la vista gorda porque podemos terminar siendo mirados en lugar de mirar.
Claro que al mismo tiempo desde el título, Virginia Vargas Valente, nos advierte que existen varios feminismos, varias miradas podríamos decir ahora, y sin duda el debate será arduo pero también puede ser enriquecedor. Esta pluralidad debe entonces ser tomada como riqueza y no como fragmentalidad, sino el paso a la fragilidad y al suicidio será muy corto y cortante. La izquierda peruana ya nos dio una muestra de lo que no se debe hacer.


Marxismo, leninismo, feminismo

Mao decía en su cada vez menos famoso libro rojo, que un verdadero revolucionario combatía todo el tiempo, que no conocía el descanso, y que en cada propuesta política, en cada manifestación cultural, en cada conversación y hasta en la aparentemente más insignificante actitud no podía permanecer al margen, sino que tenía que dejar sentada la posición revolucionaria, avalando o, y sobre todo, criticando, desnudando las aparentes neutralidades con las que suelen vestirse las posiciones contra revolucionarias.
El feminismo en este sentido, creo yo, es maoista. Las feministas, como el revolucionario que reclamaba este empedernido mujeriego, deben estar atentas y combatiendo todo el tiempo. Porque lo que proponen, qué duda cabe, es una revolución. Y entonces como revolucionarias y revolucionarios deben estar vigilantes de todo acto social, público o privado, y aun íntimo que manifieste la ideología dominante que subordina a las mujeres y las coloca en situación de desventaja. Hay que ser histéricas, la revolución necesita cierta dosis de histeria.


Sé cuidar mi cuerpo, oye bien: mí cuerpo.

La lucha feminista es también una lucha por el cuerpo. Y aunque parezca lo contrario, nada más subjetivo que la piel. El feminismo palpita bajo las células de quienes lo abrazan y por ello no puede nunca ser una fría teoría, sino que es, también, una emoción.
En los últimos tiempos se exije de los académicos una impostura que raya en lo insípido, y en las ciencias sociales quieren imponerse estudios absolutamente impersonales (las tesis universitarias son un buen ejemplo), en el sentido que quien los escribe no parece en lo absoluto involucrado; como si el observador, no fuera, inevitablemente, también parte de lo observado. La sociedad toda va adquiriendo esa marca supuestamente neutral desde el punto de vista ideológico, generando una hegemonía, en el sentido gramsciano, que podríamos describir con el genial estribillo de Charly García: la sal no sala y el azúcar no endulza.
El feminismo, es pues, sal que sala y azúcar que endulza. La sal de la vida, pero la sal en las heridas también. La azucar que da calorías, pero el aspartame también. No nos engañemos, los granos feministas también tienen sus pajas.


Tenemos que cambiar el mundo si no nos gusta como está


Permítanme contar dos anécdotas personales: Cuando mi hija tenía 3 años fue a una actuación a su colegio, de pronto por micro anunciaron, «por favor los niños de inicial vayan a los vestuarios», entonces yo me paré y tomé de la mano a mi hija, pero ella me increpó: a dicho los niños, no las niñas. En otra ocasión le pedí que se pusiera su pantalón y ella muy convencida me contestó: «mi hermano se pone pantalón, yo me pongo pantalán».
Creo que de estas dos anécdotas se puede escribir todo un ensayo, más todavía si en la actuación del año siguiente cuando llamaron a los niños mi hija se paró y siguió las instrucciones.
Ahora, porque de eso no se trata, solo quiero decir que la innovación lingúística de Sofía, así se llama mi hija, puede ser entendida de dos formas: como un acto de sublevación que busca el reconocimiento de un espacio propio con todo lo que esto implica; o como la consagración de una esfera masculina y femenina predeterminadas que es precisamente en lo que se basa el dominio masculino. En otras palabras que las mujeres empiecen a llamar pantalán a la prenda que cubre las extremidades inferiores puede terminar siendo una trampa. La lucha feminista debe salvar esta y muchas otras trampas.
«Tenemos que cambiar el mundo si no nos gusta como está». Así reza parte de la letra de una canción de Piero que ahora suena lerdo, como perdonando el viento, en una sociedad en la que hay gente como Fukuyama que se atreve a proclamar el fin de la historia, y en la que quienes se dicen demócratas son asérrimos defensores del pensamiento único.
Pero para nosotros, y creemos también para el feminismo, el viejo cantor argentino, sigue siendo un buen tipo.
Aquí, quiero detenerme un instante, porque a esta parte debe el título esta presentación. Deseo reflexionar acerca de dos trampas, el sistema es bien tramposo eso lo sabemos bien.


La trampa de Lampedusa o el feminismo del libre mercado


Cuando las tribunas de los estadios de fútbol empezaron a llenarse de público femenino, y luego las canchas empezaron a hacer lo mismo; podría alguien ingenuamente haber creído, como Los Iracundos que le dan serenata a Fujimori, que el mundo está cambiando y cambiará más. Cuando la masa de millones de turistas empezó a tener en sus filas a un número creciente de mujeres, alguien pudo tararear la misma canción.
Pero yo creo que ese tarareo es un taradeo. Que la FIFA acepte a las mujeres me parece que tiene que ver más con la necesidad de generar nuevos mercados que con un cambio social. Si ahora hay más mujeres que viajan, eso creo no ha cambiado a quienes Turner y Ash llamaran, con justeza, la horda dorada.
Con los homosexuales y otras sexualidades distintas de la heterosexual ocurre lo mismo. Las series televisivas en las que aparecen como protagonistas y a veces hasta como héroes no son un síntoma de que el mundo esté cambiando, sino de la enorme flexibilidad del capitalismo que es capaz de vestirse de drag queen con tal de generar ganancias.
Después de todo algo tiene que cambiar para que nada cambie. Sino tendríamos que creer que el travestismo de Pinocho en Shrek, y el temporal afeminamiento de Makunga, uno de los leones de Madagascar, son revolucionarios. No señoras y señores, es puro dibujo animado.


La trampa de la inclusión


Muchos discursos feministas, y de otras posturas políticas, ponen su acento en la inclusión. Y por ello me permito repetir algo que sostuve acerca de la homosexualidad que me parece resulta pertinente en la ocasión:
«En la edición 152 (enero - febrero 2005) de la prestigiosa revista “Quehacer” la psicoanalista y feminista Matilde Ureta de Caplansky señala lo que ella considera un logro con estas palabras: “Otra cosa que creo que hemos ganado es tolerar mejor las diferentes modalidades sexuales. La gente considerará esto una aberración, pero creo que ahora los seres humanos que tienen una orientación sexual diferente de la heterosexual han ganado espacio. Eso me parece importante porque hace a los heterosexuales más tolerantes; tolerar las diferencias nos hace más humanos. Esto no quiere decir que las aceptemos para nosotros o las queramos para nuestros hijos; eso ya es materia de otra discusión”. Exacto, eso es materia de otra y muy importante discusión, el asunto de la tolerancia convertido en valor cuando se trata tan sólo de un mal menor. No se trata de tolerar las diversas modalidades sexuales, para usar las palabras de Ureta, sino de celebrar las diferencias. Porque sino, tendríamos que preguntarnos también ¿qué tan dispuestos están los no heterosexuales a tolerarlos? ¿Por qué la pregunta siempre se hace en el mismo sentido: la tolerancia por parte de los heterosexuales y no hacia ellos? Se trata de discriminación vestida de apertura, y a mí particularmente, eso me parece más peligroso que la discriminación franca y desembozada.
Por ello, creo que es un error lo que, en la misma revista, Mariano de Andrade insinúa: hay que vencer los estigmas que rodean la diferencia sexual para lograr que los homosexuales en general, “logren no sólo incorporarse y adaptarse a la sociedad, sino además, consigan ser aceptados plenamente”.
Estamos hablando de la sociedad de la injusticia y la estupidez, de una sociedad en la que miles de millones tienen como principales problemas de salud, enfermedades ligadas al hambre; y la minoría privilegiada (cientos de millones) no tiene una vida saludable, sino que padece de graves males ligados a la obesidad. ¿Es a esta sociedad a la que los homosexuales deben adaptarse? ¿Es a esta sociedad a la que debemos reclamarle la aceptación de sexualidades distintas a la hegemónica? No lo creo. Pienso que de lo que se trata no es de adaptarse a la sociedad ni reclamarle aceptación, sino de transformar la sociedad. No creo que el objetivo sea una sociedad en que heterosexuales estúpidos y homosexuales estúpidos convivan “felices” y gordos en el hemisferio Norte; y heterosexuales y homosexuales famélicos mueran armoniosamente de hambre en el hemisferio Sur. La discriminación sexual no es una disfunción del sistema, sino que es un síntoma de su constitución excluyente y opresora.
Reconozco que se ha avanzado algo, pero esos pasos adelante, mediados por el omnipresente y omnipotente mercado, han sufrido tales deformaciones que bien podrían ser interpretados también como retrocesos. Cambios culturales convertidos en nichos de mercado. Recordemos la Rebelión en la Granja de Orwell: los revolucionarios convertidos en chanchos por el whisky».
Quiero decir entonces que el problema no es la inclusión, sino la transformación de la sociedad, y esto que dije para los homosexuales, me parece absolutamente válido para las mujeres. El problema no es que no se quiera aceptar a mujeres en el ejército, el problema es el ejército mismo, sino recordemos las escalofriantes fotos de esa soldada norteamericana que torturaba soldados irakíes al más puro estilo de Rambo. El problema no es que en algunos colegios todavía no permitan que sus alumnas jueguen fútbol, el problema es el fútbol mismo, la mercantilización del deporte y de toda la vida social en general.
El feminismo, creo yo, por tanto, no debe pedir la inclusión de las mujeres a esta sociedad, sino luchar contra esta sociedad y por la creación de una completamente diferente. «Nunca más el mundo sin nosotras», pero también: nunca más este mundo.
Por ello me parece irrelevante que el presidente electo de Estados Unidos sea negro, para mí es tan blanco, no como Bush, pero sí como Clinton. Si hubiera ganado Hillary, la trascendencia del hecho tampoco hubiera sido realmente revolucionaria, quienes así lo plantean me parecen que atentan reformistamente contra la máxima de Saint Just: «La Revolución sólo debe detenerse con la felicidad».
Por ello, puedo afirmar que Condoleezza Rice me parece tan blanca y tan hombre como Bush, por eso el asunto no es ponerle faldas a Obama, sino polleras. Lo que quiero decir es que no basta que las mujeres participen más sino que su participación esté cargada de ideología feminista, sino tendríamos que aplaudir a las Marthas: la Chávez, la Moyano, la Hildebrandt.


Tik, tik, tik


Eduardo Galeano concluyó su discurso en el Foro Social de Porto Alegre con estas palabras: «Tik, tik, tik», que es como en Chiapas se dice «nosotros», explicó el escritor uruguayo. No sé si la traducción es exacta, en el sentido de si ese nosotros pretende incluir a las mujeres también, o si los indígenas de donde nació el EZLN tienen otra palabra para decir «nosotras». Lo que sí sé es que el feminismo es, o debe ser, ese «nosotras» que incluye a los varones, y a todos aquellos y aquellas que no se sientan ni mujeres ni hombres.
Por eso me parece importante que este libro, incluya ensayos compartidos, porque el feminismo es esa lucha por implantar una lógica social en la que la norma sea escuchar al otro, en que la alteridad sea un motivo de fiesta. En la que nunca más haya marchas, sino una sociedad en la que todos, como Nietzsche, podamos decir que solo podremos creer en un dios que sepa bailar. Porque se baila con uno mismo, pero sobre todo se baila con los demás. Y la danza es teoría, práctica viva, subjetividad palpitante, acción, y compartir. Nada más feminista que el baile.
Podemos concluir, entonces, diciendo que el feminismo es todopoderoso no por ser verdadero, como solía decirse del marxismo, sino porque derrumba o debe derrumbar todo aquello que suponíamos eran verdades inderribables.



* Texto leído con ocasión de la Presentación del libro «FEMINISMOS EN AMÉRICA LATINA. Su aporte a la política y a la democracia», de Virginia Vargas Valente. 5 de diciembre de 2008, Sala Melgar del Complejo Cultural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

9 dic 2008

Las trampas del turismo inmobiliario

LAS TRAMPAS DEL TURISMO INMOBILIARIO*
Por: José Luis Ramos Salinas
ramosdesal@yahoo.com

UNA ANÉCDOTA
Quiero primero contar una anécdota que me parece ilustrativa para algunas de las cosas que voy a decir. En el bus, de camino a Camaná, una señora que viajaba muy cerca de mi asiento recibió una llamada telefónica, mediante la cual le informaban que el esposo de una de sus amigas había fallecido, el velorio sería ese mismo día y el entierro al día siguiente. La señora en cuestión se disculpó, no podría dar las condolencias personalmente porque «estaba viajando a Camaná». Cortada la comunicación telefónica, le contó lo sucedido a la amiga con la que viajaba, ella respondió en tono lastimero: «Qué pena... si se hubiera muerto ayer, hubiéramos podido ir al velorio». Alguien podría decir: tenían que ser camanejas, pero eran arequipeñas.

DE QUÉ TURISMO HABLAMOS

Es menester fijar algunos conceptos para que con un relativo concenso sobre ellos podamos entendernos mejor. Mucho más si se trata de temas como el turismo, que ha merecido tan diversos, y no pocas veces, contradictorios enfoques; y más todavía si el espíritu de este trabajo es eminentemente crítico y como tal se aparta de los ya consabidos discursos laudatorios sobre la mal llamada industria sin chimeneas.
Creo que un Congreso es para debatir, y debatir arduamente y por qué no, ferozmente. ya José Carlos Mariátegui nos enseñó que es de las polémicas de las posiciones furiosamente encontradas de donde suele nacer el justo medio.
No es pues entonces, mi intención, hablar desde la tímida comodidad de las posiciones eclécticas, sino más bien colocarme en la posición beligerante de quien exajera para enfrentarse mejor a las posiciones hegemónicas con las que discrepo e intento combatir.
Urge, pues, a estas alturas precisar qué estamos entendiendo por turismo. Y a este repecto hay que decir, que una cosa es describir el turismo tal y como es, y otra plantear cómo quisiéramos que sea. Para saltarse este debate, acaso la OMT haya propuesto esa definición tan anodina que hace hincapié solo en el traslado fuera de la zona de residencia y en los parámetros temporales del mismo: más de 24 horas, menos de 365 días.
Pero todos sabemos aquí, que el traslado es en realidad el desencadenante de innumerables procesos económicos, políticos, culturales, comunicacionales, jurídicos, urbanísticos, etc. Que a menudo son dejados de lado por la onmipresencia de esa particular, y a mi juicio simplista e interesada, visión del turismo como generador de divisas, de empleo y en última instancia de desarrollo.
Sociólogo como soy, debo evitar a toda costa ser presa de la obnubilación publiscitaria y más bien buscar las 5 patas al gato, trabajo no muy dificil en una actividad como el turismo que se emparenta más al pulpo o a la araña, que al felino doméstico. Por eso, llama la atención la falta de enfoques críticos, desde la academia nacional, para esta actividad que toma acelerada importancia en nuestro país.
En ese sentido, ubico la presente ponencia dentro del rechazo al denominado turismo de marketing, posición crítica que enarbolan los mexicanos Sergio Rodríguez y Sergio Molina; y utilizo su propuesta de turismo alternativo: de comunicación intercultural, como referente de comparación para criticar todo lo que la impide. Debo advertir, no obstante, que pretendo ir más allá en mis críticas que los autores mencionados, quienes no repararon en la posibilidad dinámica del turismo de convertir en locales a los turistas, y, esto es lo más importante, convertir a los locales en turistas.
Así, interpreto, con fines de esta ponencia, la definición de turismo de Rodríguez y Molina, como un complejo proceso que implica infinidad de fenómenos entre los que destaca el posible diálogo intercultural que puede darse entre turistas y locales.
Aquí el diálogo, nótese bien, aparece como una posibilidad deseable y no como una realidad. Por ello, los autores mencionados hablan de turismo alternativo, es decir, de la necesidad de terminar con el modus operandi del turismo actual sustentado en los intereses de las grandes empresas que controlan el negocio; y convertirlo en una actividad que no se guíe por el lucro y la ganancia, sino por el evidente desarrollo espiritual que puede generar en quienes viajan, y en quienes reciben viajeros.
Nótese también que el diálogo implica, necesariamente, interlocutores válidos de uno y otro lado. No es posible el diálogo cuando quienes participan de la comunicación no están en condiciones de igualdad. En este caso: turista y local deben tener el mismo estatus y comportarse en consecuencia. Pero no se trata únicamente de igualdad, sino también de diferencias, pero no de prestigio ni de jerarquía social, sino de diferencias culturales, porque los clones no tienen nada que decirse ni nada que aprender el uno del otro. Dos cabezas piensan mejor que una, sí y solo sí, piensan cosas diferentes.
Pero estas concepciones han sido elaboradas para el denominado turismo receptivo que implica la llegada de gente de otros países, y por eso, casi con toda seguridad, de otras culturas. No obstante, nosotros creemos que al interior de países como el nuestro, pueden funcionar perfectamente. Después de todo somos un país multicultural por excelencia.

NO EN VANO SE NACE AL PIE DE UN VOLCÁN
NI FRENTE A LA INMENSIDAD DEL MAR
Pero vayamos asentándonos más en la realidad sobre la que queremos reflexionar: Camaná.
Fijemos primero quiénes vendrían a ser los turistas y quiénes los locales. Los primeros son, casi exclusivamente los veraneantes que vienen de la provincia de Arequipa (hordas bronceadas les llamé en un ensayo sobre Mollendo que creo aquí también aplica), y los segundos, obviamente los camanejos.
Si el turismo es -o debiera ser- ante todo un diálogo intercultural. Entonces, tendría, para este caso específico, que aceptarse en primer lugar que existe una cultura camaneja y una cultura arequipeña notoriamente diferenciables. Y esto es admisible si concebimos la cultura como el proceso de identidad, así como todo de lo que se sirve; pues se puede hablar, sin forzar demasiado la cosa, de una identidad arequipeña y de una camaneja. En segundo lugar ambas identidades debieran gozar de igual valoración, o en otras palabras, debe ser tan prestigioso ser arequipeño que ser camanejo. Y en tercer y último término, camanejos y arequipeños deben estar deseosos de dialogar entre sí porque piensan que tienen cosas que aprender los unos de los otros.
Dicho todo lo anterior ya podemos entrar de lleno al tema de la ponencia, es decir, a reflexionar si las actuales tendencias del turismo inmobiliario favorecen o entorpecen el desarrollo de un turismo marcado por un diálogo intercultural.

LAS TRAMPAS

Por el título del presente trabajo: Las Trampas del Turismo Inmobiliario, todos ya habrán colegido que mi opinión es que los modelos actuales sobre los que se mueve esta actividad están lejos de favorecer un turismo como el que quieren Molina y Rodríguez, y muy por el contrario generan perniciosas situaciones asimétricas que por lo general terminan beneficiando a los turistas en detrimento de los locales.
Hagamos las últimas precisiones. Estamos entendiendo por turismo inmobiliario, la variedad de turismo que se caracteriza por la posesión de propiedades inmuebles, por parte de los turistas, en la zona de destino. Para el caso de Camaná, básicamente este fenómeno se da en la denominada zona de playas, con urbanizaciones como La Punta, Las Cuevas, Primavera, Las Brisas, Sol y Mar, Cerrillos, etc. En las cuales las viviendas son de propiedad no de los lugareños, sino de quienes habitualmente vienen a Camaná a hacer turismo en los meses de verano.
Hay que destacar que este fenómeno no es exclusivo de la zona de playas, sino que ya existen varias urbanizaciones en la misma Camaná, en las que cada vez más inmuebles son de propiedad de gente que no reside en el lugar.
Esta particular forma de turismo acarrea una serie de problemas que queremos analizar, y aunque si bien es cierto que en Camaná, varios de los que vamos a mencionar no tienen aún una magnitud grave, no por ello dejan de ser peligros latentes:

LA LUCHA POR EL ESPACIO

La valoración que tienen del espacio los locales y los turistas es bastante diferente, porque ambos lo requieren para muy distintos usos. Esto motiva que sea dificultoso compartir armónicamente los mismos espacios.
La habitual es que toda zona, antes de ser un espacio turístico, haya sido una población con diferentes actividades económicas: agrícolas, pesqueras, artesanales, etc. Una vez que la zona adquiere valor turístico, empezarán a ocuparse la áreas libres por la infraestructura turística, o por el turismo inmobiliario. Pero una vez agotadas éstas, empezará una verdadera lucha por el espacio.
El resultado ha sido, invariablemente, la expulsión de los locales a través de diferentes medios. Desde la venta de sus propiedades aprovechando los altos precios que las empresas constructoras están dispuestos a pagar por ellas, hasta la expulsión violenta por parte de las fuerzas de un Estado que ve en el turismo una oportunidad de generarse ingresos.

APROPIACIÓN DE ZONAS NATURALES

Otro problema que surge alrededor del tema del espacio es la tendencia que existe por parte de los turistas de apropiarse de las zonas naturales que por definición no pueden ser propiedad privada, sino propiedad del Estado.
En el mundo los ejemplos de este tipo de hechos son numerosos y en algunos casos escandalosos. En nuestro país (Perú) he podido rastrear que la apropiación de las zonas naturales, la de las playas y su mar adyacente en particular, se remonta a la década del 60 con el club Regatas en Lima. Intento que finalmente resultó fallido por la intervención del gobierno de Velasco y la singular ideología que lo animaba.
Pero en los últimos tiempos la apropiación de las playas y aún de zonas de mar se ha ido convirtiendo en la regla, como lo demuestran las notas periodísticas que de cuando en cuando denuncian un hecho de éstos.
Estas apropiaciones van desde el colocado de rejas con huachimanes con órdenes expresas de no dejar pasar sino a los propietarios de las casas ubicadas frente a las playas arrebatadas al Estado y por ello mismo a todos los peruanos, hasta el colocado de barreras simbólicas, fisicamente fáciles de franquear, pero socialmete a veces imposible. En estos casos son los colores de piel, los niveles de consumo, el tipo de ropa de baño, el tipo de cuerpo, un particular uso del lenguaje, y otros aspectos, los que ponen el pare a los invasores, a los extraños con todo lo que Simmel nos explicó que esto significaba. Sobre todo hay que impedir el paso a toda costa (literalmente hablando) a aquellos del «ceviche en bolsa y la sopa en botellón»; aunque éstos, en muchos casos, sean los locales, con lo que los dueños de casa terminan siendo echados por los invitados.
Como siempre hay despistados, a veces hay que colocar ciertas marcas territoriales sobre la arena, o un huachimán vestido de invierno que advierte que aquella es una zona exclusiva prohibida para la «chusma, chusma, chusma», como dice, esta vez sin gracia alguna, el personaje cachetón del Chavo del 8.
En Arequipa, el ejemplo perfecto de cuanto decimos es el balneario de Mejía. Y en ese camino van incluso zonas tan populares como Mollendo, en la que desde hace varios años los vecinos de la urbanización Albatros aseguran haberse comprado un trozo de playa y de mar, y actúan en consecuencia. Que a estos veraneantes le haya afectado el excesivo sol en la cabeza es perdonable, lo que es imperdonable es que los cuerdos no seamos capaces de atravezar la cinta amarilla con la que huachafamente impiden el ingreso a lo que estos pitucos bamba creen sus dominios.

USOS DIFERENTES DEL ESPACIO

La lucha por el espacio está marcada también por los diferentes usos que hacen del mismo turistas y locales. Es sabido que el tiempo del turista y el tiempo del local, raramente coinciden. De manera tal que lo que es tiempo de descanso para aquel, es tiempo de trabajo para éste. Cuando ambos tiempos, radicalmente opuestos, coinciden en un mismo espacio, se generan varios problemas que pueden llegar a revestir una cierta gravedad.
Un ejemplo que ilustre lo que acabamos de decir, podría ser la actividad de los macheros. He visto varias veces como los turistas se sienten mortificados por la presencia de quienes se dedicaban a la captura de machas. Su aspecto, tan diferente al del veraneante promedio,causa recelos; las conchas que se abandonan en la playa, rápidamente empiezan a despedir fétidos olores y entonces lo que menos quieren los turistas es macheros cerca a sus pulcras residencias. Nunca se me ocurrió, me confieso, preguntar a los macheros lo que pensaban de los turistas, sobre todo de aquellos que como actividad lúdica empezaban a disputarles la recolección de machas; pero imagino que no debe ser muy gratificante realizar tan esforzado trabajo en medio de gente que juega pelota de playa, que se besa apasionadamente, o que se entrega a la irresistible provocación de una cerveza helada.
Estoy seguro, que ninguna señorita de las que viene a veranear a estas playas haya confesado a sus amigas que se enamoró perdidamente de un machero; y esto es prueba irrefutable de que ambos grupos no se ven como iguales; por tanto no puede haber verdadero diálogo entre ellos.

ESPACIOS PRIVILEGIADOS

Si hablamos de lucha por el espacio, y de turismo inmobiliario, estamos dando por supuesto que locales y turistas viven en la misma jurisdicción, a veces territorialmente hablando, en una área relativamente pequeña.
Por supuesto que no están mezclados, se dividen en zonas perfectamente delimitables, y entonces la comparación es inevitable; y el resultado es casi siempre el mismo. Las viviendas y las urbanizaciones en donde se ubican las casas de los turistas son mucho mejores que las de los locales, estética y confortablemente hablando. A veces, incluso, se trata de verdaderas casas de lujo.
La situación se complejiza más si nos damos cuenta que los espacios privilegiados son subutilizados, es decir que se ocupan solo unas cuantas semanas al año, el resto del tiempo permanencen deshabitadas, claro que no totalmente, lo valioso de la propiedad exige vigilancia, de manera tal que algunos de los locales podrán vivir en las mejores casas de la zona, solo que en calidad de cuidantes.

TURISMO DE ENCLAVE

Todo lo que acabamos de decir va a generar un turismo de enclave, es decir, que los turistas van a habitar una zona y con un estilo de vida que no guarda relación con su entorno. La zona inmobiliaria turística se convierte así en una especie de burbuja que va a dificultar tremendamente el posible diálogo del que habláblamos al principio.
Pero los turistas están siempre de vacaciones y la permanencia más o menos prolongada que le es inherente al turismo inmobiliario requiere de proveerse de varios servicios: cocina, limpieza, lavado de ropa, etc. Estos servicios son ofrecidos, habitualmente, por los locales; y entonces nuestro diálogo entre turistas y locales se va a empobrecer terriblemente, pues los primeros con los úlimos solo van a desarrollar relaciones de dependencia y subordinación, que pueden derivar en complejos de superioridad e inferioridad respectivamente; o en un resentimiento y consecuente rechazo por parte de los locales hacia los turistas, como hace no mucho se hizo evidente en la sublevación de Oaxaca, México.
Si regresamos otra vez a nuestra realidad particular, lo acabado de decir se complica más porque los niveles de racismo en nuestro país son exasperantes, y hay en la UNSA, la Universidad de la que vengo, una tesis que asegura que Arequipa es la ciudad más racista del Perú.
Si quienes vienen hacer turismo inmobiliario a Camaná son arequipeños, y si es verdad lo que dice la tesis en cuestión, y si la descripción que de los arequipeños que hace Vargas Llosa en El Pez en el Agua tiene asidero real, las esperanzas de hacer realidad en este balneario el turismo alternativo de Molina y Rodríguez, son pocas.

EL CONTROL POLÍTICO

Todas las cosas que hemos reseñado nos han ido revelando que si la relación turista/local es una relación de poder, Quien se va haciendo del mango del sartén son los turistas: viven en las mejores casas, y en las mejores zonas, tiene un mayor disfrute del tiempo, se apoderan de las zonas naturales, tienen mayor estatus, mayor capacidad de gasto, etc.
Pero hay algo que no tienen: el poder político. Tanto poder sin embargo invita a tener más poder. No tenemos que irnos muy lejos para tener un ejemplo de lo que estamos diciendo. Hace ya varios años los socios del Club de Mejía tomaron la decisión de tramitar ante lo que ahora es el RENIEC, su cambio de domicilio declarando que vivían donde solo iban a hacer turismo. Así en las elecciones municipales ellos participarían de la elección del alcalde y por qué no, postularse como burgomaestres o regidores.

DE LOS CAMANEJOS DEPENDE

Pero este es un Congreso que busca propuestas para un turismo sostenible, por lo que intentaremos sugerir algunas medidas que creemos podrían salvar las trampas del turismo inmobiliario que hemos mencionado.
En primer lugar debe quedar claro quiénes son los dueños de casa y quienes los invitados. Hay que ser buenos anfitriones con los invitados, pero estos no deben olvidarse que son invitados y que por tanto deben comportarse como tales.
Para ello se requiere de una nueva política urbanística que impida enclaves turísticos y que por el contrario motive una mayor interacción entre locales y turistas, convirtiéndolos en verdaderos vecinos.
Los locales deben participar de las actividades consideradas típicamente turisticas. No hay que ser turista para querer zambullirse en el mar. Y no hay que irse a zonas diferentes de donde se ubican los turistas, al contrario hay que nadar codo a codo con ellos y demostrarles quién conoce mejor los secretos del mar.
Hay que estar atentos para impedir cualquier apropiación de las zonas naturales, y tener claro que las autoridades políticas tienen por primera obligación la búsqueda de la mejora de la calidad de vida de los locales. Cualquier proyecto turístico debe hacerse bajo esas premisas. Y la calidad de vida antes que ver con el dinamismo de la economía, con la generación de empleos que lindan casi siempre con el subempleo, tiene que ver con la dignidad de vivir en nuestra casa con todos los derechos que ello significa.
Pero debemos ir aún más lejos, como lo prometimos cuando empezamos a leer esta ponencia.
Ya que quienes no tienen la suerte de vivir frente al mar, desean por lo menos venir a Camaná todos los veranos, y en consecuencia piden una serie de facilidades, que en el turismo inmobiliario exige habilitaciones urbanas, infraestructura y a veces hasta un cambio de uso de terreno agrícola a terreno urbano; las zonas de destino como Camaná deben aprovechar esta situación y exigir reciprocidad como corresponde ante iguales.
O acaso a los camanejos no les gustaría hacer turismo en Arequipa. Quieren los arequipeños tener sus casas aquí, pues esperamos de sus municipalidades iguales facilidades para viviendas o clubes en los cuales los habitantes de esta hermoza tierra puedan descansar y divertirse de cuando en cuando. Por lo menos debiera darse facilidades económicas y administrativas para que los camanejos puedan hacer uso de instalciones como el Club Internacional, el campo Ferial Cerro July, los campus de las Universidades, etc. O acaso no son los directivos de estas instituciones los que claman por un chapuzón en este mar, que no se olviden, solo le pertence a Camaná.

*Ponencia leída en el I Congreso Regional de Turismo y Hotelería: Desafíos para un Turismo Sostenible. Camaná, Perú, 21-23 de noviembre de 2008

10 oct 2008

AQUI NO FALTA NADIE 2

PRESENTACIÓN DE AQUÍ NO FALTA NADIE: Antología de la poesía puneña

Instituto Cultural Peruano Alemán – Arequipa, 24 de setiembre de 2008

Por: José Luis Ramos Salinas

Es curioso que un libro se presente dos veces, más curioso que el presentador sea el mismo, y más todavía si ambas presentaciones se hacen en una ciudad tan pequeña para estos menesteres como es Arequipa. Pero estamos aquí y eso -no diré que es lo que importa- sino que hay que hacerlo importar.

Presenté este libro hace ya algunos meses en la Alianza Francesa y luego del acto casi protocolar, como tiene que ser, pasamos a una discusión más amical del mismo, que giró en buena medida alrededor de quienes reclamaban a gritos por la ausencia de algunos poetas en el libro que comentamos. Así surgió la idea de que un buen título para una antología era: Los hijos de puta. Pues, creemos que así, nadie zapatearía para que lo incluyan en ella.

Luego, he tenido la oportunidad de leer algunas críticas al libro que nos convoca esta noche y también las respuestas que se han dado a las mismas. Y ello, junto con la anécdota apenas señalada, me convencieron de poner a debate esta noche, las ideas que propondré en unos instantes.

Pero hagamos antes una pequeña remembranza de la presentación en la Alianza Francesa. En aquella ocasión, hablamos básicamente de dos cosas, a propósito, más que de la antología misma, del método elegido por Walther Bedregal para hacer esta antología,: los rizomas formados a manera de fractales en base a hipotextos e hipertextos. Dijimos entonces que tal método chocaba con dos cuestiones:

La primera: que varios de los antologados no cabían dentro del rizoma planteado, por lo que el problema de la antología no era, como se ha dicho, el que faltan varios poetas, sino que sobraban algunos.

La segunda: iba a cuenta del subtítulo del libro: Antología de la poesía puneña, pues sostuvimos que el método del rizoma no admitía gentilicios en cuanto determinación geográfica, y por tanto entraba en crisis la puneñidad si se refería a un ámbito espacial, e incluso si se refería a una identidad cultural, si esta es pensada como algo dado y no como algo que se construye, que es el postulado de quienes proponen el rizoma como forma de organización de todo lo que se mueve (no de los que está) en la sociedad contemporánea.

También hablé, ciertamente, de los méritos que creo tiene esta antología, pero no los voy a resumir aquí. Prefiero reflexionar otra vez sobre el método de los rizomas, pero esta vez vinculándolo no a la antología misma, sino a las críticas que se le han hecho.

PRIMERA CRÍTICA: No están todos los que deberían estar.

La crítica que más se ha escuchado y leído acerca de esta antología, es que hay varios poetas que por su calidad y trayectoria merecían haber sido antologados, no haberlos considerado es una falta de respeto, y hasta una provocación e insulto si se tiene en cuenta que la antología se titula: Aquí no falta nadie.

Tratemos ahora de deconstruir esta crítica. Para eso prestemos atención a las categorías que utiliza:

Poeta: en primer lugar se reclama por la ausencia de poetas, y esto revela algo que muy posiblemente ni siquiera los antologados han percibido, esta antología es una antología de poemas, no de poetas; entre estas páginas no hay poeta alguno, lo que hay aquí son poemas. Si esto es cierto, lo que acabamos de decir vale en realidad para cualquier otra antología. Entonces, para que la crítica sea válida, para que el reclamo sobre ciertas ausencias sea coherente, no debió hablarse de poetas, sino de poemas. Debió decirse: cómo es posible que tal poema no haya sido incluido, si se trata de un texto fundacional, o para decirlo con las categorías con las que trabajó el antologador: si se trata de un hipotexto; o de un hipertexto que revaloró tal o cual hipotexto, o que diversificó el rizoma de la poesía puneña dándole una riqueza que no tenía.

Pero no se reclamó por eso, se reclamó por poetas, acaso reclamaban por ellos mismos, como si los poetas tuvieran alguna importancia. Raúl Zurita lo dice muy claro, no importa el poeta, lo que importa es la poesía, y la poesía no le pertenece a los poetas, ni siquiera sus poemas le pertenecen (mucho menos en estructuras rizomáticas, como intentaremos demostrar más adelante), la poesía le pertenece al lector, le pertenece a todo aquel que puede emocionarse ante algunas líneas impresas en un papel. Al poeta no le corresponde presentar reclamos por no ser incluido en una antología, esa es labor de la burocracia, de la mesa de partes; al poeta le corresponde la construcción de una sociedad en la que todos puedan gozar y sufrir la poesía, si para eso ecribe poemas en buena hora; si para eso lucha contra todo lo aintipoético, qué bueno.

Por tanto, este libro solo puede ser objeto de reclamo sino despertara emociones en el lector, que podría, incluso, no leer o no recordar en lo absoluto el nombre del autor o los autores. Y yo creo que este libro destila emociones por todos lados, que este libro está lleno de poesía y en ese sentido no admite reclamo alguno. Aunque para ser consecuentes con lo que acabamos de decir, sí hay algo sobre qué protestar: que se haya incluido los nombres de los autores.

Walther Bedregal subestimó a los autores de los poemas que incluyó en su libro, a ellos no les interesa en absoluto figurar, solo les interesa la poesía, solo les interesa las emociones que sus textos pueden provocar, estoy completamente seguro que estos poetas le pedirán a gritos que en la próxima edición borre sus nombres, demasiado antipoéticos para un libro tan bueno como éste.

Por eso el antologador se equivocó cuando tituló su libro Aquí no falta nadie, porque aquí no hay nadie, aquí hay algo. O al revés: Aquí sobran todos, salvo los poemas.

Vayamos a la otra categoría: la trayectoria de los excluidos. Los poetas puede que tengan trayectoria, muchas veces ésta puede ser absolutamente nefasta desde el punto de vista de las buenas costumbres, de la ley incluso; otras veces ésta puede ser brillante desde la perspectiva de los premios obtenidos, la producción bibliográfica, etc. Pero insistamos aquí no hay poetas, los poetas se antologan en las páginas sociales de las revistas de moda; aquí hay poemas, poesía, y ésta no tiene trayectoria, o es inaprensible, se presenta como un momento mágico detrás del cual puede haber mucho trabajo y mucho tiempo por parte del autor, pero veremos que en las estructuras hipertextuales los autores no importan, sino los lectores, y para ellos se trata de un instante de lucidez.

Además las estructuras rizomáticas se mueven en lo que Manuel Castells llama el tiempo atemporal, y no puede haber trayectorias en él, al menos en el sentido en que lo plantean quienes esbozaron esa crítica a este libro.

Que esta antología constituye una provocación y un insulto, me parece más una virtud que un defecto en una sociedad tan pasiva como la que vivimos, en la que la tragicómica profesía de George Orwell parece haberse cumplido en cuanto al Gran Hermano y su poder panóptico, incluidos los rizomas, por cierto. En donde la rebelión consiste en emborracharse con los cocteles que nos invitan las instituciones del sistema, o en participar de los actos celebratorios del mayo del 68 que organiza Zarkozy.

En un mundo así la poesía tiene que ser provocación, en un mundo que es una especie de estercolario planetario, la poesía tiene que ser un insulto. Si este libro es, entonces, una provocación y un insulto, ello no abona en su contra, sino a su favor.

SEGUNDA CRÍTICA: Hay algunos que no debieran estar.

Esta crítica se cae por su propio peso. En primer lugar ya dijimos que no tiene sentido hablar de personas. En todo caso debió decirse que hay algunos poemas que no debieron estar y demostrar por qué.

Y los criterios hubieran sido tan difíciles de sostener como lo son los que justifican su presencia en algo que estamos denominando, mediante una estructura rizomática: poesía puneña.

Pues tendríamos que establecer con toda claridad qué es lo puneño. Y si aceptamos la lógica hipertextual esa tarea no solo se hace difícil, sino imposible. No hay manera de establecer dónde termina lo puneño y dónde empieza lo que no lo es. Los rizomas ponen en crisis la categoría de identidad.

UNA REFLEXIÓN FINAL

Si aceptamos todo lo que hasta aquí se ha dicho y nos fijamos bien, comprenderemos que la lógica hipertextual no solo ha puesto en cuestión la identidad, sino la autoría misma.

Este libro está concebido, aunque no impreso, como una obra en sí misma, no como un conjunto de poemas yuxtapuestos, sino como un gran poema hipertextual. Pero entonces salta la pregunta, quién es el autor de Aquí no falta nadie. Y aquí tendrá que disculparme Walther, porque ciertamente en la estructura hipertextual, él, más que un autor, es un promotor de ciertas conexiones, de ciertos flujos, aunque si aceptamos las premisas que él mismo se ha planteado, ni siquiera vendría a ser un promotor, pues los lazos ya existían antes de que él publicara este libro. Entonces, Walther vendría a ser lo que dijimos en la primera presentación que hicimos de este texto, un magnífico fotógrafo de un cierto rizoma en un momento dado.

Pero si Walther no es el autor, quién lo es entonces? Los poetas cuyos poemas han sido antologados? Podría ser, pero a lo sumo de «sus propios» poemas, y lo que está aquí no es una sumatoria de poemas, ni una sumatoria de autorías, sino una estructura conformada por hipo e hipertextos. Y lo que nos estamos preguntando es quién es el autor de esta estructura: todos los poetas y a la vez ninguno, y puesto que la estructura alcanza «palpabilidad» en la construcción mental que de ella se hace el lector, en realidad el autor es el letor, o por lo menos un prosumidor, en la fórmula de Alvin Toffler, es decir que cuanto menos participa parcialmente en el proceso de creación. Los autores serían entonces los poetas y los lectores. Pero no podríamos referirnos solo a los poetas que aparecen en el índice, porque sin duda ellos se habrán valido de hipotextos escritos por poetas ausentes explícitamente de este libro, pero no creativamente. Y qué lectores? los que leyeron el libro obviamente, pero también los que lo van a leer, y no podemos responder, en este extremo, a esa pregunta, sino de manera abiertamente indefinida, con lo que la idea de autoría se difumina hasta desaparecer por completo.

Y así se cumple lo que quería Raúl Zurita, que no importen los poetas, los autores, sino la poesía. Un gesto en este sentido sería dejar de firmar los poemas, los libros. O en todo caso colocar en el pie de imprenta algo así como: texto base por fulano, recreación por usted. O fulano propone, usted dispone. Y por usted nos estamos refiriendo al lector como es obvio.

Pero nos parece poco justo que éstas recreaciones no tengan otro espacio que la mente del lector, debieran, pensamos, incorporarse al texto mismo, haciendo de éste un hipotexto y del que añade el lector un hipertexto. Notas al margen o al pie, podría ser, pero esa es una tecnología de las épocas en las que no se cuestionaba la categoría de autor. Ahora tenemos tecnologías mucho más potentes que permiten no solo hacer esos agregados, sino integrarlos en el texto base, de manera que pasa de hipertexto a hipotexto, y así puede dar paso a otro hipertexto que podrá convertirse en hipotexto y así hasta el infinito. Esa tecnología es la que usa Internet, pero no es exclusiva de ella.

Todo esto, nos lleva a decir finalmente, que si lo que se quería era llevar hasta las últimas consecuencias el método de fractales, rizomas, hipotextos e hipertextos, este libro no debió tomar el formato impreso que tiene, sino uno digital, mejor virtual, que dejara lo nodos abiertos para convertirse en fuente inagotable de hipertextos, que definitivamente ya no estarán bajo el control del antologador.

Claro que eso ya no sería poesía, sino hiperpoesía, y no sé si la vanidad de los poetas, sea capaz de resistir tanto.