18 ene. 2016

Los verdaderos, los bambas y los firmes*

                                                 Por José Luis Ramos Salinas 

Según algunas encuestadoras, cuyos sondeos se publicaron este fin de semana, los antes considerados candidatos chicos como Verónika Mendoza o Julio Guzmán aparecen con 5% de las preferencias, lo que podría parecer ínfimo a simple vista, pero si se le compara con lo que obtiene Perú Posible con Toledo: 3% (con todo lo que significa haber sido presidente), y lo que logra Alan García con Lourdes Flores: 7%; entonces resulta que tanto Mendoza como Guzmán se han colocado en una posición que provoca expectativas en sus seguidores y preocupación en los mal llamados candidatos grandes como Pedro Pablo Kuczynski o César Acuña que tienen solo un 13% de las preferencias.
De los dos nombrados, es evidente que la prensa da mucha más cobertura a Guzmán que a la candidata del conglomerado izquierdista Frente Amplio, pues mientras el primero no significaría  cambio alguno en el rumbo económico del país, a la segunda se le tiene cierto recelo, por el apoyo que recibe de algunos sectores que son vistos como radicales por quienes son incapaces de imaginar algo que no sea neoliberalismo.
Lo que intento decir es que si se produce lo inesperado (no sería la primera vez en la política peruana) y Julio Guzmán llega a crecer lo suficiente (9 puntos porcentuales le bastan) para pasar a la segunda vuelta, no significaría problema alguno ni para los organismos multilaterales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, ni para los grupos de poder locales; pues su discurso prescinde de toda crítica al modelo económico; tal vez, y muy benévolamente, solo en cuanto a su aplicación en el Perú, en donde encuentra algunas fallas, que denuncia en un estilo cien por ciento tecnócrata.
Si en este último párrafo el lector hace el ejercicio de reemplazar el nombre de Julio Guzmán por el de Pedro Pablo Kuczynski, se dará cuenta de la enorme semejanza entre ambos candidatos. Estoy completamente seguro que si a los seguidores de PPK (es tan tecnócrata que hasta su nombre es una sigla) se les lee los mensajes o entrevistas de Guzmán sin advertirles de esto, aplaudirían a rabiar creyendo que son las propuestas de su líder. Lo mismo pasaría en sentido contrario. Y esto es tan así que el propio PPK ha denunciado a JG (también debería identificarse con una sigla) de ser un imitador, y él se ha autodenominado “el verdadero”.
Aunque no soy de dar consejos, yo les diría a quienes creen en el neoliberalismo a un extremo tal que piensan que el libre mercado debe imponer su lógica no solo en las actividades económicas, sino en la sociedad en su conjunto. Y están convencidos que el modelo estadounidense debe imitarse y que el problema peruano no pasa por la injusticia, sino por la falta de oportunidades de alcanzar el éxito económico. Que voten por JG y no por PPK, después de todo son lo mismo, pero el primero no juega con sus nacionalidades según le convenga, ni tiene relaciones con enormes corporaciones con intereses económicos en el país, ni es conocido como un viejo lobista. PPK, tiene razón, él es el verdadero, y JG es el imitador, pero en este caso la copia es mejor que el original.
La pregunta ahora es si lo que le ha pasado a PPK, le pasa también a los otros candidatos. ¿Alguno más tiene un imitador? ¿La política peruana ha empezado a imitar a los programas cómicos y hay candidatos firmes y bambas?
Keiko no tiene un imitador, pero sería injusto llamarle una candidata firme, porque ya sabemos que el firme es su padre, en todo caso ella sería la imitadora, pero dado que no compite con su progenitor, sino que éste pretende gobernar a través de su hija, entonces lo que le corresponde más bien es el título de “candidata bamba”.  ¿Acuña puede ser llamado “firme”? Creemos que no tiene como alcanzar ese rango. ¿Y García? Luego de su alianza con el PPC no hay manera de imitarlo, y si gana, después  de expectorar a Lourdes Flores (ya sabemos que no soporta que le roben cámaras) querrá imponerse como “firme”, pero la verdad es que siempre será el “bamba” del García de su primer gobierno.
Entonces tenemos candidatos imitadores y bambas, pero ninguno firme, y es que quienes ocupa ese estatus son los burócratas que imponen los grupos de poder, tanto nacionales como extranjeros, en los ministerios y puestos claves. Después de todo si algo demostró Ollanta es que una cosa es llegar al gobierno y que otra es tener el poder, por algo le dicen cosito, solo que no es, como se piensa, porque se deja mandar por Nadine, sino por los poderes fácticos.

*Publicado en el diario Noticias del 18 de enero de 2016, en mi columna de opinión denominada Letra Menuda.

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