24 feb. 2016

Del todos contra Keiko al todos con Keiko*

                                            Por José Luis Ramos Salinas 

La campaña electoral empezó en el Perú con un escenario particular, una candidata, la del fujimorismo, partía con una clara ventaja respecto a todos los demás. No tuvo que hacer nada para conseguir el 30%, era la herencia del vulgar clientelismo que practicó su padre como táctica para que los sectores menos favorecidos vieran para otro lado mientras él cometía sus gigantescas fechorías. También cumplió su papel un electorado despolitizado al máximo, y que por tanto toma sus decisiones en base a impulsos primarios: como el miedo a la creciente inseguridad, que se combinó con la dudosa fama de mano dura, de quienes fueron y son expertos en hacer pasar por coraje lo que simplemente es violación de la ley y los derechos humanos: “Chapa tu choro y déjalo paralítico”.
La carrera electoral empezó por tanto, no con todos en el partidor, sino con una situación notoriamente favorable para Keiko Fujimori. En un inicio, esto motivó la estrategia de: “todos tenemos un enemigo político común, la democracia está en peligro, es necesario recordar a la ciudadanía lo funesto que significó para el país el gobierno de Fujimori y sus socios Montesinos y Hermoza Ríos”. Pero esto duró muy poco, resultaba tremendamente difícil para Alan García, César Acuña, Alejandro Toledo, y Pedro Kuczynski, presentarse como los representantes de la moralidad. Si alguno quiso aparecer al principio como una estrella fugaz, muy pronto quedó en evidencia que su estela era de paja.
Entonces cambió la estrategia. Dieron al fujimorismo como ganador y su único objetivo era pasar a segunda vuelta, después ya se vería cómo enfrentar al partido naranja. Esto le dio más ventaja todavía a Keiko, quien mientras viajaba, con los millones que le enviaban de paraísos fiscales y que conseguía organizando cócteles, veía como sus adversarios se desgastaban luchando entre sí. Así observó cómo los líos partidarios y el escándalo financiero de Toledo terminaban con su candidatura; cómo los narcoindultos, permanentemente aludidos en la campaña, se traían abajo a Alan García; cómo Acuña quedaba sepultado por sus plagios; y cómo PPK se desinflaba al pasar de gringo emprendedor a pituco acriollado.
En la Dinoes, los ojos se pusieron más chinitos que de costumbre por la alegría. Ahora solo había que fingir un alejamiento con Keiko, una desavenencia con Martha Chávez y mostrar un perfil conciliador con una pizca (bastante miserable por cierto) de arrepentimiento. El maquillaje duró poco y se corrió de manera horripilante en el aeropuerto arequipeño. Como si hubieran sido obligados a usar una camisa de fuerza durante mucho tiempo, los dirigentes fujimoristas corretearon a ciudadanos con puño feroz, amenazaron a la prensa, y se colocaron como víctimas de terroristas. No han cambiado nada.
Paralelamente, se hacía público que un candidato a quien casi nadie daba esperanzas al principio empezó a crecer a ritmo galopante, llegando al segundo lugar de las preferencias. Por si fuera poco, a diferencia de los demás tenía serias posibilidades de ganarle en segunda vuelta a Keiko. Se trataba de Julio Guzmán, una especie de buen Frankenstein que reunía el discurso neoliberal emprendedor de PPK, el carácter de outsider de Acuña, los pergaminos de universidades extranjeras de Toledo, pero no las mañas ni los reflejos de García, y eso puede significar su fin (si es que el JNE ya no lo sepultó a la hora que usted lee estas líneas).
A nivel de política económica, Guzmán no significaría peligro alguno en la presidencia, el FMI estaría tan contento como los grupos de poder económico que crearon y apoyan su candidatura. Pero a nivel político es otra cosa: ¿Con quién García podría hacer una alianza para gobernar a pesar de que pierda, con Keiko o con Guzmán? ¿Quién le convendría más a un inmoral como Acuña y sus negocios disfrazados de universidades? ¿Quién podría darle un espacio a PPK sin temor del serrucho? ¿Con quién Toledo podría recordar la marcha de los 4 suyos? ¿Y Reggiardo y Solidaridad Nacional de José Luna? La respuesta es obvia y siempre la misma: con el fujimorismo. Así es como pasamos de un breve y endeble “todos contra Keiko”, a un entusiasta y radical: “todos con Keiko”; y es que los políticos como cualquier especie, prefieren un hábitat que les permita crecer, así este sea un muladar.

*Publicado en el diario Noticias del 22 de febrero de 2016

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